héroes de nuestro barrio

La silla de ruedas de la felicidad o por qué el piloto Albert Llovera siempre ríe

El piloto andorrano Albert Llovera, un ejemplo de positividad y optimismo a pesar de su condición, afronta todo tipo de 'berenjenales', incluidos varios Dakares y un Mundial de RX

Foto: Albert Llovera, dentro de su camión durante el pasado Dakar.
Albert Llovera, dentro de su camión durante el pasado Dakar.

Parapléjico desde los 18 años cuando enfilaba una gran carrera profesional en el ski. Piloto de carreras en el Mundial de Rallycross, con cinco Dakares en su haber, Albert Llovera es una de las personalidades más positivas y carismáticas en el mundo de las carreras. Estos días, viviendo además su particular cuarentena tras estar en contacto con un paciente infectado con coronavirus en su consulta de ortopedia. A pesar de todo, el andorrano nunca abandona su permanente optimismo. Es otro 'héroe de nuestro barrio' que tiene su historia de superación e inspiración, como la que hemos contado de Desirée y Toni.

Desde su domicilio andorrano frente a la montaña ("ahora echo de menos no salir a buscar setas con mis padres"), Llovera comparte con El Confidencial su particular situación, sus ‘batallitas’ dakarianas, su forma de vivir la vida y las carreras desde su silla de ruedas y dentro del coche. En la entrevista no van a faltar las risas en ningún momento. Genio y figura.

"Sacar lo mejor de ti"

Lo primero: ¿qué tal estos días de encierro? “Como todo el mundo, creo. Nos han cambiado los hábitos a todos, y ahora encuentras unos días que necesitabas para ti. Si los dividimos bien, no hace falta hacer todo a la vez. Tenemos tiempo para hacer otras cosas. Leer, escuchar música, incluso bailar... No hay que pasar todo el rato delante de la tele. Ni tampoco entrenando, aunque también hago rodillo en la bicicleta”. Tumbado en una bicicleta, eso sí. Abro el ventanal, y tengo la montaña enfrente. Hace poco tiempo hablaba con Purito (Rodriguez, vecino del andorrano) sobre unos temas de la cadencia...”.

A Llovera, la transformación vital le llegó casi instantáneamente tras un accidente en competición, esquiando. ¿Cómo cambió la perspectiva, y cómo fue el proceso posterior? “He tenido mucha suerte. Lo entendí bastante rápido, pero es que tuve un equipo muy bueno, mi familia que siempre ha estado allí y ayuda siempre, y luego mis amigos, que me trataron igual que antes. No me di cuenta que con 18 años había tenido un accidente esquiando. Pensaba que iba a vivir de mis piernas, y con 18 años las perdí. A esa edad se te puede ir mucho la olla. Un poco como estos estos días, igual, son cambios de hábitos, pero sigues siendo el mismo. Se trata de sacar lo mejor de ti, no son momentos buenos pero tampoco puede ser malo, puede sacar lo mejor de dentro de ti”.

¡"Pero si vas a todo rabo!"

Si algo distingue a Albert Llovera es que nunca para quieto. Carreras, patrocinadores, reuniones, conferencias... Como el rabo de una lagartija. “Me encantar en meterme en follones, ni yo mismo hubiera pensado llegar hasta aquí. Pero no lo he hecho por abrir puertas (como parapléjico), es que a mí me llena todo el trayecto hasta conseguir las cosas, es lo que disfruto. Aunque sea pesado, porque hago de mánager, piloto, secretaria… (risas) hago de todo. Entonces lo vivo al 100 %. En la ortopedia que tengo tampoco lo entienden, me ven de un lado para otro, cojo el coche, me bajo a Madrid a reuniones y subo a casa… Es una forma de vida me que permite conocer a personas y llamo a muchas puertas, a mucha gente no la vuelvo a ver, pero otras me llaman luego para hacer conferencias, que es una buena entrada para cerrar programas deportivos”.

Albert Llovera en su silla de ruedas especial...
Albert Llovera en su silla de ruedas especial...

A pesar de su condición física, Albert Llovera ha participado en cinco Dakares. En este último, en uno de los mejores equipos de la disciplina, el de Gerard De Rooy, un apellido mítico en el Dakar. Antes, le hicieron una prueba para ver su nivel. “Como yo hago tierra, asfalto nieve, arena tracción delantera, me intento acoplar a todo lo que me den. Y en un camión me tuve que calmar un poco. El día que me probó De Rooy no me decía nada. “¡Oye, no me dices nada! ¿Qué te parece?”, le tuve que preguntar ¡Pues no te digo nada porque vas a todo rabo…!”.

Sin movilidad en las piernas, metido en una cabina durante horas, dando botes y tumbos en un camión, ¿cómo se lleva el tema? “En este Dakar lo pasé muy bien dentro de la cabina. Como nunca. Hemos llorado y reído muchísimo. Pero esta vez he tenido la gran suerte de tener a Marc Haro como copiloto/mecánico, y a Ferrán Marco como navegador. Los otro cuatro dakares había tenido que hablar en otros idiomas, si en tantas horas no tienes la facilidad de tu lengua materna te consume mucho por dentro. Aquí, Ferrán era el más centrado, si hacías algo mal le tenías que mirar a él. Y luego, Marc es más como yo, en seguida quería dar caña y como está mas alto que yo en el camión me daba la señal para atacar: ¡gas, gas!. De vez en cuando pegábamos unos saltos enormes, me sacaba el guante, me tocaba la boca y me preguntaban de coña: "Qué, ¿otro trozo de muela? ¡A mí no me da la risa!". "¡Pues a nosotros sí!”. Se partían mientras íbamos a toda castaña”.

"¡Tíos, que parezco un besugo!"

“Tampoco es oro todo lo que reluce”, explica Albert, recordando malos momentos. Pero siempre los salpica con buen humor y cachondeo. "El día que se nos rompió el turbo, nos quedamos sin asistencia. Había que reparar la avería y mis compañeros me preguntaron si bajaba del camión (Llovera necesitaba una arnés y una suerte de pequeña grua para entrar y salir de la cabina). Como en principio iba a ser una hora y media les dije que me quedaba dentro. Pasaban las horas, y yo de coñas, haciéndome el gracioso. “¿Qué? ¿Llamo a los de Racc? Oye, al ritmo que llevamos, si lo sé lo dejo en el concesionario?”. Y ellos me miraban medio mosqueados. Estuvimos cuatro horas, ellos currando y yo colgado allí dentro, en el coche. Y al final, yo, claro, gritando “¡Eh tíos, ya, que tengo los cinturones apretándome los huevos. No puedo más!”. Así estaba durante varias horas. “¡Tíos, que tengo los ojos que parezco un besugo!” (risas).

¿Y qué pasa en esos momentos con los ‘apretones’ fisiológicos? ¿O en plena carrera? “Yo no tengo apretones, y si tengo problemas se me va todo al lío”, explica Llovera, “no tengo ni movilidad ni sensibilidad del pecho para abajo. Cuando tienes una lesión medular tienes alteraciones para hacer tus necesidades. Cuando hay que hacer pis, a mí me viene sudor a la altura de las mamas, porque a esa altura noto algo, pero no sé si voy a hacer pis en cinco minutos o tres segundos. Llevo un preservativo con una bolsa enchufado, y ya salgo sondado antes de las especiales. En el caso de tener que ir al lavabo rápido, o lo hago, o lo paso fatal. Es muy jodido. Pero el colector que uso con la bolsa de orina ya lo usan copilotos y pilotos”. ¿Y tantas hora atado, sin moverse ni poder andar, no dan neuras? “Me hizo mucha gracia, porque Fernando (Alonso) me vino a ver uno de los días, se subió al camión y me preguntaba: "A ver, ¡explícame cómo se hace esto aquí dentro!”, no lo entendía”.

"¡Que estoooy aquííí!"

En su particular condición, para Albert Llovera las ‘batallitas’ no acaban fuera del camión. “En Arabia hacía mucho frío, más que en Sudamérica. Yo duermo en una tienda de 4x4 metros y la compartía con el fisio osteópata, Jordi Zaragoza, quien me lleva. Me despertaba cada media hora del frio. Una noche me caí de la cama al suelo, embutido en el saco de dormir, estás apretado y pareces una salcicha y solo te sale la cabeza. Le llamaba a Jordi, se levantó pero miraba la cama, y no estaba yo. Y miraba la silla de ruedas, y tampoco. Se iba a la puerta como si me hubiera pirado. Yo que solo puedo mover los brazos, desde el suelo le gritaba: ¡Sí hombre, dónde te crees que me voy a ir, que estoooy aquíííí…!”. (Más risas) Y también lloramos de emoción, de haber podido llegar, o de terminar una etapa muy difícil, al final del rallye te sale todo lo bueno y lo malo que hemos hecho durante dos semanas”.

Albert Llovera en su camión del Dakar 2020. (EFE)
Albert Llovera en su camión del Dakar 2020. (EFE)

Fernando Alonso patrocinó a Albert Llovera con su marca Kimoa. ¿Cómo vio al español en su debut dakariano? “A mi Fernando me sorprende siempre, porque este es peor que yo por los berenjenales en los que se mete. No tiene nada que demostrar y mira. Los 25 o 30 primeros del Dakar se dedican solo a ello, y el tío ha llegado allí y estuvo entre los diez primeros, en dos etapas delante y una la tuvo que haber ganado. Hay que saber llevar estos coches, saber dónde vas a rebotar la tercera vez y no la primera (risas). A mí no me costó mucho lo de conducir porque vengo del esquí, las suspensiones son nuestras rodillas, esto lo tenía claro, igual que las trazadas. Los pilotos de coches y motos hacen los mismos gestos y tienen las mismas sensaciones que los esquiadores”. ¿Y la relación con el resto de los españoles? “Muy bien. Carlos (Sainz) siempre me ha ayudado en todo, y Lucas fue copiloto mío antes de estar con él. Y con todos los españoles hubo muy buen rollo, los de motos, coches camiones. No somos de los que buscamos problemas, nos ayudamos entre todos, y yo además corro con licencia española”.

Para terminar, ¿por qué siempre se ve feliz y de risas a Albert LLovera? ¿Es el ‘software’ genético con el que ha nacido? ¿O es cuestión de enfoque y filosofía? “Lo que intento hacer es ayudar al máximo a la gente, en muchas cosas. Hago lo que me gusta, y las cosas que me salen mal y no las consigo, las intento apartar. Me muevo y veo gente que no está bien, y pienso que lo mío es insignificante, le doy la importancia que tiene. Si no puedo hacer una cosa, busco otra, no se me caen los anillos. Tengo una ortopedia, también estoy allí, pero ahora estoy confinado en casa, porque un paciente que toqué nos han puesto en cuarentena hasta el viernes que viene. En Andorra estamos igual, no se sale para nada. A veces necesito una semana para mí, pues mira ya la tengo, y quizás de más de una”. Y lo remata entre risas.

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