Mismo gesto que en 1990

El 'déjà vu' de Carlos Sainz con la bandera española y su incierto futuro como piloto

Una singular ética de trabajo y una pasión brutal por ganar han forjado un historial deportivo único. ¿Podrá el madrileño dejar a un lado ese fuego interno y decir adiós?

Foto: Lucas Cruz y Carlos Sainz, agarrando con rabia la bandera española, en el podio de Arabia Saudí (X-Raid))
Lucas Cruz y Carlos Sainz, agarrando con rabia la bandera española, en el podio de Arabia Saudí (X-Raid))

“Cuando era pequeño veía en la televisión a pilotos como Ari Vatanen y ya entonces quería conducir como un piloto finlandés”. Era un 26 de agosto de 1990 y Carlos Sainz lograba, con Luis Moya, un hito histórico en el Mundial de Rallies: primer no nórdico en ganar el famoso Mil Lagos. Para lograr aquel singular triunfo Sainz había mantenido una lucha titánica con... Ari Vatanen, finlandés y leyenda del automovilismo.

Curiosamente, entre Vatanen y Sainz suman quince participaciones en el Dakar. Pero el español ha ido más allá. Vatanen ganó en cuatro ocasiones, todas ellas con Peugeot. En la última tenía 39 años. Sainz ha ganado con tres coches diferentes, y con 55 y 57 años sus dos últimos cetros, el más veterano de todos. ¿Cuál ha sido el secreto de 'El Matador'? ¿Hemos asistido a su última triunfo tras cuatro décadas en competición?.

"¡Hay que trabajar más!"

Ese secreto estaba ya enraizado en su genética deportiva y en una escala de valores muy definida. “Hay una anécdota que me emociona y que refleja la mentalidad de Carlos. Había que remontarse al año 1985, en los días anteriores al Rally Costa Brava”. Lo contaba Antonio Boto, su primer copiloto en el Campeonato de España, y predecesor de Moya: “Carlos sufrió un ataque de apendicitis y tuvo que ser operado rápidamente. Perderse la prueba fue un duro golpe para él, pero no tuvo más remedio que pasar por el quirófano”. Boto continúa: “Por lo visto, después de una operación, cuando se comienzan a superar los efectos de la anestesia total, el intervenido se queda en un estado en el que, ocasionalmente, habla en voz alta de forma inconsciente. Pues bien, cuando Carlos salió del quirófano, todavía en ese estado seminconsciente, ¿sabes cuáles fueron sus primeras palabras? ¡Antonio, hay que trabajar más! ¡Hay que trabajar más!”. No ha cambiado mucho. Se entiende así que sea posible ganar un Dakar con 57 años.

Cambiar la montaña de sitio

Diciembre de 2010. Un grupo de periodistas compartíamos mesa con Sainz días antes de su marcha a Argentina. La conversación viajó hacia sus inicios en el Mundial de Rallies. "En aquella época, cuando empezaba, cuando debuté en Finlandia, por ejemplo, yo me decía: ¿cuál es el piloto al que debo ganar? ¿Kankkunen? ¿en qué tramo debo ganarle? ¿en el que pasaba por delante de la puerta de su casa? ¡Pues a por él me iba en aquel tramo si hacía falta!”, contaba convencido de su estrategia.

"Oye Carlos, ¿tú no estarás viendo a mi novia, no? A ver si voy a tener que ponerme celoso". En su primera participación, el joven Sainz le había ganado en la misma carretera que Kankkunen utilizaba todos los días para ir a ver a su chica. El nórdico no se lo podía creer, nadie mejor que él conocía la zona. "Es que en aquella época cambiaba una montaña de sitio si hacia falta!" remataba entre risas el propio Sainz. Treinta años después, parece que la montaña también ha sido cambiada de sitio.

Sainz y Cruz, con el trofeo del Dakar. (EFE)
Sainz y Cruz, con el trofeo del Dakar. (EFE)

Pasión por ganar

Pero a la pasión por desarrollar una máquina, por competir, a Carlos Sainz le quema la más intensa de todas: la pasión por ganar, abrasadora cuando el orgullo y el amor propio están tocados. Como cuando, aspirante a entrar al Mundial de Rallies, Cesarie Fiorio menospreció su talento y le desdeñó para fichar por Lancia. Pegó una nota en la pared con aquello para no olvidarlo. Humilló a Lancia en aquel famoso San Remo de 1988 que le supuso el fichaje por Toyota.

Como cuando en 1994, David Richards le hizo uno de las jugarretas de su vida y perdió el título con Subaru en el último rallie del campeonato. “Se van a enterar”, se repitió mentalmente cada día de invierno. Arrasó a Colin McRae en la primera parte de la temporada, hasta que un accidente en bicicleta truncó su retirada. O en el Dakar más recientemente, con ese error de 2017 que le amargó todo el año. Volvió para ganar al siguiente curso (2018). El pasado fue “un martirio” con Mini, “no quería quedarme con ese sabor en el Dakar”, explicaba antes de partir hacia Arabia Saudí. Pues tercer triunfo.

Entre 1990 y 2003, Carlos Sainz terminó once veces entre los tres primeros del Mundial de Rallies. Todo ello, compitiendo contra Kankkunen, Biasion, McRae, Auriol, Burns, Makkinen, Gronholm, Solberg y compañía, un auténtico elenco de estrellas. Dos títulos y 26 victorias en el Mundial de Rallies (97 podios) antes de poner fin en 20004. Luego, tres Dakares y 36 victorias de etapa, solo por detrás de Vatanen y Peterhansel en esta competición. Tras superar su propio listòn de veteranía y ganar con 57 años... ¿ahora qué?.

Carlos Sainz, atravesando el desierto de Arabia Saudí a bordo de su Mini. (EFE)
Carlos Sainz, atravesando el desierto de Arabia Saudí a bordo de su Mini. (EFE)

El fuego interno

La respuesta solo llegará tras ese íntimo diálogo que mantendrá con su fuego interno, ese que le propone aventuras constantes. Hace dos años se antojaba el momento idóneo para la retirada tras su segunda victoria en el Dakar. Ese piloto que en la quinta jornada de esta edición volaba sobre las piedras dejando tras su estela a Al-Attiyah y Peterhansel... ¿Querrá renunciar a semejante capacidad, aún explosiva todavía? Puede que, ahora sí, 'El Matador' decida marcharse por la puerta grande y entre los vítores de la multitud. Pero, visto lo visto estos años, que haga lo que le dé la gana. Y ya veremos...

Al final de aquella famosa victoria en el Mil Lagos, a Carlos Sainz le acompañaba una bandera española y una montera en la mesa con los periodistas, regalo de un grupo de aficionados que le habían seguido durante toda la prueba. Hacía honor al sobrenombre que le había puesto Juha Piironen, el copiloto de Kankkunen: “El Matador”, por esa tremenda energía con la que llegó en tromba al Mundial. Cuando Carlos subió a aquel podio de Jyvaskyla, agitó la bandera con la furia del futbolista que acababa de meter un gol decisivo. Exactamente el mismo gesto de ayer, también con la enseña en mano, en el podio de su tercera victoria en el Dakar. Señal de una victoria muy especial.

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