GANADOR CON TODOS LOS COCHES OFICIALES

Lo que verdaderamente sorprende de Carlos Sainz y por qué sus rivales le respetan tanto

La pasión por las carreras no se ha apagado tras casi cuatro décadas compitiendo al máximo nivel. La velocidad y el ritmo de Sainz con 57 años sorprende. Tenía cuentas pendientes en este Dakar

Foto: Carlos Sainz, bajando del Mini aplaudido por Al-Attiyah y algunos de sus principales rivales. (EFE)
Carlos Sainz, bajando del Mini aplaudido por Al-Attiyah y algunos de sus principales rivales. (EFE)

“Me gustaría elevar el récord de ganador más veterano dos años más, y ganarlo con 57. Si estamos aquí es porque la motivación sigue intacta y sigo teniendo pasión por las carreras. El año pasado cada día fue un martirio, el Dakar no salió bien. Acabé con la sensación de que no me gustaría dejar el Dakar así”. Efectivamente, Carlos Sainz no se despedirá del Dakar con esa amarga sensación, sino con su tercer "touareg" (el trofeo del ganador) tras su gran competencia este 2020. A partir de ahora, el futuro solo lo conoce él.

Ganar la prueba más dura del mundo es para pocos elegidos. Menos, para pilotos pasados los cincuenta años. Pero que quien ya ostentaba ese récord se haya superado a sí mismo es un singular logro no solo en la historia del Dakar, sino en la del deporte en general. Aquel corredor presente en el estrado del primer ‘briefing’ colectivo como representante de los veteranos ha ganado la carrera más exigente del mundo. Sin embargo, no se trata solo de edad.

Edición 2016, jornada de descanso. Sebastian Loeb, la gran estrella del Mundial de Rallies, debutaba en el Dakar. Una década atrás había coincidido en Citroën con Carlos Sainz en los últimos años del español en el campeonato. Ahora se reencontraban en la arena, con igual montura, el Peugeot 2008 DKR. Sentado en una silla al aire libre, al francés preguntaron por Sainz ante las cámaras de Eurosport. “Me sorprende lo rápido que sigue siendo Carlos…”. El análisis por GPS de los pilotos de la marca confirmó que Sainz había batido a sus compañeros por velocidad en aquella edición, que lideró hasta que la carcasa del cambio cedió. Cuatro años después, Loeb ni compite en el Dakar ni tampoco lo ha ganado, mientras que Sainz acaba de sumar su tercer triunfo. Al despedirse de Peugeot le preguntaron al galo qué había aprendido de sus compañeros: “Carlos, por ejemplo, es capaz de ir siempre al límite”. Precisamente, el factor decisivo en la victoria de este Dakar.

Peterhansel no pudo seguirle

Pasión, capacidad técnica y perseverancia para desarrollar una montura de carreras son cualidades aún intactas que siempre han distinguido a Sainz. Pero sería comprensible que la velocidad mermara con el lógico paso de los años en beneficio de la consistencia. Sin embargo, en su dilatadísima carrera: uno, la edad no ha menguado su capacidad para volar entre la élite y contra pilotos generacionalmente más jóvenes; y, dos, el español sigue manteniendo un alto ritmo durante las dos semanas de prueba, a pesar de la factura física y mental acumulada por jornada y kilometraje.

"Carlos ha impuesto una velocidad muy alta en las dunas y en la hierba de camello”, explicaba Stephane Peterhansel al término de la quinta etapa, cuando los dos Mini y Nasser Al-Attiyah se enzarzaron en un extraordinario duelo como si de una pista de karts se tratara. Sainz iba por delante: “Terminamos los últimos kilómetros como si fuera una carrera de motocross”. Se hicieron virales las imágenes del 'buggie' de Sainz devorando obstáculos y dando botes a toda velocidad. En este Dakar y en varias ocasiones Peterhansel ha reconocido no poder seguir el ritmo de Sainz. Y aunque Al-Attiyah se queje de la superioridad del Mini este curso, también le señalaba al principio de la prueba como su gran rival. Prueba de ello es que se enfundó el 'maillot amarillo' en la tercera etapa y ya no lo perdió. El español sigue rodando a un ritmo endiablado trece años después de su llegada al Dakar, en 2006, calentito del Mundial de Rallies, donde se había coronado bicampeón.

Carlos Sainz, en acción durante la séptima etapa del Dakar. (EFE)
Carlos Sainz, en acción durante la séptima etapa del Dakar. (EFE)

Una cuenta pendiente

Cuando Peterhansel logró su última victoria con Peugeot le preguntaron por su futuro. “No sé cuánto voy a estar aquí, Carlos es algo más mayor que yo, pero mira este año, ¡ha sido tan rápido!”. Si en aquel 2016 que sorprendía a Loeb el cambio le traicionaba cuando era primero, en 2017 también lideraba cuando cayó por un barranco tras un error propio. "Llevo un año con ello y no me lo perdono, ese error que cometí, yendo despacio, primeros...". Un error que rumió cada día durante un año entero. Además, se había enfrentado a Bruno Famin (director de Peugeot Sport) porque este le impidió seguir en carrera a pesar de que Carlos deseaba terminarla.

Durante 2017 hubo tensión y dudas de que el madrileño volviera a correr con Peugeot. "Carlos ha sido el único que se ha puesto cabezón ante los jefes de Peugeot para que el proyecto fuera donde tenía que ir. Tres victorias en cuatro años le han dado la razón", recordaba Lucas Cruz, su copiloto. Sainz continuó y la edicion de 2018 se vislumbraba como la última oportunidad para ganar con el coche cuyo desarrollo había liderado por delante de Loeb, Peterhansel y Despres. Amainó la tormenta interna con Famin. Volvió con Peugeot. Y aquella segunda victoria en la general despejó aquella espina profundamente clavada trás un duelo titánico con Peterhansel, que sufrió dos inusuales accidentes (aquella trasera casi arrancada de cuajo) cuando intentó seguir el ritmo del español en el mano a mano.

Bruno Famin, en el centro de la imagen, junto a Sainz y Cruz tras el triunfo en el Dakar del 2018. (EFE)
Bruno Famin, en el centro de la imagen, junto a Sainz y Cruz tras el triunfo en el Dakar del 2018. (EFE)

Ganar con tres coches distintos

Con 55 años, ganador más veterano, se especulaba con su gloriosa salida por la puerta grande, las dos orejas y el rabo, para cerrar una carrera de leyenda. Pero la llama de la pasión aún prendía con fuerza. Reyes, su esposa, era consciente de que pedirle la retirada era demasiado. Tantos años juntos, conoce de sobra el paño. El adiós a Peugeot solo dejaba la alternativa aún inmadura de Mini, unos 'buggies' crudos que todavía necesitaban mucho trabajo oscuro. Sin embargo, Sainz no quiso resistirse a otro nuevo desafío.

Tras hacer ganadoras todas sus monturas oficiales en el Dakar, (el Volkswagen Touareg y el Peugeot DKR) también ha ganado ahora con Mini. Tres cetros con tres coches distintos, y tercer piloto con más victorias de etapa en la historia del Dakar en su categoría, por detrás de Vatanen y Peterhansel. Con 57 años, sí, motivación y pasión. Pero como le han reconocido estos años hasta sus rivales, siempre, y todavía, al límite. Es lo más fascinante -y sorprendente- de 'El Matador'.

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