gp de singapur, la carrera más dura del año

Cómo pilotar un Fórmula 1 en una ola de calor española, pero a lo bestia

Las singulares condiciones del GP de Singapur justifican que el coche de seguridad haya salido a la pista en todas sus ediciones dada la dureza de sus exigencias físicas y mentales

Foto: Lewis Hamilton ganó el GP de Singapur en 2018. (EFE)
Lewis Hamilton ganó el GP de Singapur en 2018. (EFE)

Imaginemos un día de ola de calor en España del pasado julio, con numerosas zonas superando los 40 ºC. Recordemos las sensaciones tales temperaturas. Pero añadamos índices de humedad ambiental al 70% de media. Si se trata de condiciones ya por sí difíciles de soportar sin moverse, imaginemos —si es posible— como podría ser dos horas dentro y al volante de un monoplaza de Fórmula 1.

Durante dos horas —el reciente GP de Italia no llegó a la hora y media— exige grados extremos de concentración ante su especial configuración urbana. Con 50 ºC mínimo de temperatura dentro del habitáculo. "Es como sentarse en una sauna con el casco y el mono ignífugo. Si diez es la temperatura más elevada posible en esa sauna, la carrera de Singapur es un siete", explica Lewis Hamilton con una imagen que permite apreciar las condiciones únicas que arroja este gran premio. El británico ha ganado cuatro veces allí. "La única carrera en la que te abres la visera para que entre aire, pero te das cuenta que mejor no haberlo hecho porque hace más calor todavía fuera", apunta Daniel Ricciardo. "En la vuelta de calentamiento la botella de bebida está a la temperatura de una taza de te recién echada", añade el australiano.

La dureza de Marina Bay se convierte en un tema recurrente antes de cada gran premio. Pero conviene recordar sus particulares circunstancias, que golpean exponencialmente en la segunda parte de la prueba y explican muchos de los incidentes en pista. Una de las pocas donde se puede apreciar a los pilotos en el prepodio verdaderamente desfondados y hasta desencajados.

Hamilton durnate el gran premio del año pasado. (EFE)
Hamilton durnate el gran premio del año pasado. (EFE)

"Eres vapuleado constamente"

Marina Bay es más exigente que otras pistas también porque se rueda en sentido opuesto a las agujas del reloj. Aunque los pilotos entrenen específicamente para este trazado, no es el comportamiento habitual de cuerpo y cuello durante el resto de la temporada. "No hay respiro, porque estás girando constantemente: derecha, izquierda, derecha, izquierda", ilustra Hamilton. Spa-Francorchamps tiene casi dos kilómetros más de longitud que Marina Bay y se tarda casi el mismo tiempo en completar una vuelta en manoteo constante.

Un piloto de Fórmula 1 llega a cambiar más de cinco mil veces durante la carrera. Pero con los cambios secuenciales no es este el mayor problema. Cada frenada supone aplicar una fuerza media de 80 kg en el pedal para activar un freno de carbono en 23 curvas, una detrás de otra, típico trazado de los de 'stop and go'. Hagan números de las sesiones de carga que supondría en una tarde de gimnasio. Pero a ello se suma además la naturaleza bacheada que afronta un monoplaza con suspensiones de una dureza inconcebible para el conductor normal. "Eres vapuleado constantemente, la columna vertebral está constantemente comprimida, las piernas no paran de moverse, tú cuerpo está vibrando todo el rato, esperando que no bloquees los frenos (cuando se activa la frenada) es una locura".

Cuestión de 'coco'

El factor físico es el soporte básico del realmente crucial y decisivo: el rendimiento mental. Porque si aquel cede, este se desploma. Las funciones cognitivas (la concentración y la atención) y las sensoriales (la visión, fundamentalmente) pierden rendimiento a medida que el cansancio físico crece durante la carrera. De aquí el especial entrenamiento cardiovascular que los pilotos, ya de por sí atletas, han de acometer. La elevada temperatura corporal que se produce ante las exigencias del pilotaje en este trazado provocan un alto ritmo cardíaco medio, con un elevado ritmo de sudoración con el que el organismo responde para intentar refrigerarse. La pérdida de líquidos y sales minerales necesita ser repuesta al máximo, pero también prevista con anticipación para conocer el grado de hidratación necesario antes de la la carrera y durante la misma. Algunos pilotos inician planes de hidratación con semanas de antelación.

Un error de cálculo al adelantar, al rodar cerca de otro monoplaza, una trazada que inexplicablemente termina contra el muro o una errónea apurada de frenada pueden parecer errores fútiles desde el exterior, pero también más explicables ante las singulares condiciones de este gran premio. Curiosamente, cabe recordar los de Michael Schumacher en Marina Bay en su etapa final en la Fórmula 1. Implacable durante tantos años, en 2011 y 2012 cometió sendos errores al golpearse contra un rival, especialmente en la última edición, cuando embistió por detrás violentamente a Jean-Éric Vergne tras un violento fallo de frenada.

Todos los pilotos han debido llevar a cabo una preparación previa específica. Así como viajar con al menos con cinco días de antelación y disponer de tiempo para ejercitarse y adaptarse a las condiciones ambientales. Y de postre, la singular rutina de mantenerse en el horario europeo para competir en la noche de Singapur. Como meterse en la gama cuando cantaría el gallo o despertarse por la tarde. Sin olvidar uno de los factores más importantes —y desesperantes— para todos. Aislar bien las habitaciones para evitar cualquier rayo de luz diurno. Algunos incluso usando bolsas de basuras negras y cinta aislante para rematar hasta el último resquicio.

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