La evolución del gran circo

El duelo más salvaje de la Fórmula 1 que deja en ridículo la sanción a Sebastian Vettel

La polémica de la reciente sanción a Sebastian Vettel en el Gran Premio de Canadá en su duelo con Lewis Hamilton no habría existido hace 40 años

Foto: René Arnoux junto a Gilles Villeneuve (Imago).
René Arnoux junto a Gilles Villeneuve (Imago).

“Cuando echo la vista atrás a mi carrera en la Fórmula 1, creo que Michael Shumacher y yo tuvimos más libertad para correr”. Mika Hakkinen, el gran rival del piloto alemán de finales de los noventa, reflexionaba sobre su época y duelos con uno de los más duros entre los duros. En el contexto de la polémica de la reciente sanción a Sebastian Vettel en el Gran Premio de Canadá, el finlandés lo tenía claro: “ Hubiéramos tenido muchas penalizaciones de cinco segundos, o peores, si hubiéramos corrido con las reglas de hoy”.

Mientras Ferrari intenta revisar la sanción a su piloto, llega estos días el Gran Premio de Francia. Precisamente en su edición de 1979 (cuarenta años el próximo 1 de julio) tuvo lugar el duelo más espectacular y recordado de la Fórmula 1. Si Hakkinen y Schumacher hubieran sido sancionados tantas veces con las normas actuales, ¿qué hubiera ocurrido con Gilles Villeneuve y René Arnoux en aquel increíble mano a mano?

Mover la cabeza y el volante

“Los dos coches no se tocaron, no hubo colisión. Sebastian y Lewis hicieron lo que tenían que haber hecho, darse espacio el uno al otro, y siguieron compitiendo”, justificaba Hakkinen. “Nadie se quedó contento, la penalización terminó con la lucha por la victoria, y penalizó a todo el mundo que estaba viendo la Fórmula 1”. Pero con las normas en la mano, los comisarios del Gran Premio de Canadá consideraron que Vettel “volvió de forma insegura a la pista y obligó a otro coche a salirse de la pista”. Para probar el hecho punible, acudieron hasta los movimientos de cabeza del piloto y giros de volante, además de la evidencia proporcionada por los planos de ambas cámaras.

Hubieran tenido un trabajo interminable para analizar cada una de las acciones de Arnoux y Villeneuve en aquel impresionante toma y daca que ambos protagonizaron en Dijon, arquetipo último de la pugna al límite de dos pilotos, con dureza, pero también con deportividad. Aquella carrera ofreció la primera victoria de la tecnología turbo con el triunfo de Renault y Jean Pierre Jabouille. En Francia, precisamente. Pero quedó totalmente eclipsada por el furioso duelo entre el Ferrari de Villeneuve y el Renault de Arnoux.

La lucha por el título

Durante año y medio, los monoplazas amarillos abrieron el camino a una tecnología cuyos primeros estadios proporcionaron grandes dolores de cabeza y muchas chanzas hacia Renault. Poco a poco, sin embargo, mejoraba la fiabilidad y según el tipo de trazado se amortiguaba el enorme ‘lag’ de aquellos primeros tiempos, la diferencia entre el momento en el que piloto pisaba el acelerador y la potencia brutal del turbo pegaba su fenomenal patada.

Gilles Villeneuve también afrontaba sus propios problemas. Su compañero Jody Scheckter le superaba en la clasificación general. El título era aquel año tema de Ferrari. De hecho, el sudafricano sería campeón. Pero el canadiense debía recuperar puntos a toda costa. Fiel a su combatividad adelantó en la salida a los dos pilotos de Renault. Por cierto, el circuito de Dijon era propicio al motor turboalimentado francés.

Toma y daca sin parar

Villeneuve aguantó como pudo hasta que fue superado más tarde por Jabouille. El francés comprobó de primera mano que los Michelin del Ferrari estaban acabados. De hecho, en el box se esperaba al canadiense para cambiar gomas. Por su parte, y a pesar de caer a la decimoquinta posición en la primera vuelta, Arnoux remontó hasta el tercer puesto para alcanzar al canadiense y sus agonizantes neumáticos. A falta de tres vueltas le superó camino del doblete de Renault.

Sin embargo, el monoplaza de Arnoux sufría en problema puntual de encendido que no pasó desapercibido para Villeneuve, quien ni siquiera había parado para cambiar neumáticos y hacía malabarismos con su Ferrari. De repente, al iniciarse la penúltima vuelta, se tiró por dentro en la primera curva desde la distancia con una brutal apurada de frenada. Así empezó aquel delirante duelo. Porque el francés le devolvió la jugada al comenzar la última vuelta. Y se inició así un increíble recital donde ambos se pasaban y repasaban constantemente, saliendo y entrando de la pista, tocando sus ruedas en paralelo y adelantándose donde la lógica y el sentido común negaban cualquier oportunidad. Mejor volver a ver las imágenes que describir aquello. La gente se volvió loca en el circuito, los locutores en sus micrófonos y los espectadores en casa. Villeneuve terminó segundo por delante de Arnoux.

"Un par de leones"

Fue una de las carreras que cimentaron su leyenda. No hubo investigaciones, ni comisarios, ni sanciones. Cuando ambos se bajaron de sus monoplazas se fueron el uno hacia el otro, no para discutir ni hacer reproches, sino para comentar la jugada, sonrientes y encharcados en adrenalina. “No sé cuántas veces nos tocamos, pero nunca se produjo el accidente porque uno de nosotros quisiera sacar al otro de la pista”, contaría después Villeneuve al periodista británico Nigel Roebuck. “Fue muy divertido, una auténtica batalla. Pensé que terminaríamos boca abajo, porque cuando empiezas a tocar con las ruedas es muy fácil que un coche salte por encima del otro. Pero no nos estrellamos. Nunca antes disfruté una carrera así”.

“Fue una pelea contra mi mejor amigo en la Fórmula 1”, recordaría después el propio Arnoux, con un estilo al volante similar al canadiense, “¡Le llamaba el acróbata de los circuitos!. Solo podías tener ese tipo de lucha con Villeneuve. Teníamos el mismo temperamento, la misma forma de ver las cosas y el mismo hambre de victoria. Con los coches de entonces tenías que confiar completamente en el otro piloto, por eso nos tocamos varias veces. Gilles era alguien de confianza, tanto en la pista como en la vida. Si la gente sigue hablando de ello décadas después, es que realmente le llegó a muchos, tanto a los aficionados como a pilotos. Nadie recuerda que ganó Jabouille. Fue un gran episodio de mi carrera”.

Entonces aquellos temas se dirimían de otra manera. Sin televisiones, ni comisarios y una sofisticada parafernalia de fiscalización. En la reunión de pilotos del siguiente gran premio, en Silverstone, Lauda, Fittipaldi y Scheckter les reprocharon su actuación de Dijon. “¿Y ellos que sabían desde dónde estaban?”, contestaría Villeneuve, “no me podía creer las cosas que me decían. Se suponía que son pilotos de carreras”.

Aquel día, Mario Andretti lo vio de otra manera: “Nada de lo que preocuparse, solo dos jóvenes leones mordiéndose el uno al otro”. Andretti fue precisamente uno de los primeros en cuestionar en las redes sociales la sanción a Vettel. Hoy, vale la pena recuperar las imágenes de ambos incidentes. Mejor, uno después de otro. ¿Cuántas sanciones les hubieran caído con el reglamento que castigó a Sebastian Vettel?

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