SU LIDERAZGO, FACTOR CLAVE DE MERCEDES

La tarjeta plastificada de Toto Wolff o por qué Ferrari no puede con Mercedes

La trayectoria vital y profesional dotan a Toto Wolff de unas singulares cualidades de liderazgo que se pusieron nuevamente de manifiesto en el pasado Gran Premio de Rusia

Foto: Mauricio Arrivabene (i) y Toto Wolff, juntos en el pasado Gran Premio de Australia. (Reuters)
Mauricio Arrivabene (i) y Toto Wolff, juntos en el pasado Gran Premio de Australia. (Reuters)

“Yo asumo la culpa, porque estaba en conversación con James (Vowles, responsable de estrategia de Mercedes) cuando tenía que haberle llamado (a Hamilton para hacer su parada en boxes en Sochi)". Toto Wolff y Mercedes reaccionaron de manera singular tras el Gran Premio de Rusia. Aunque habían asestado otro golpe crucial a Ferrari para ambos campeonatos, el equipo y el propio Wolff ofrecían una cierta sensación de derrota ante la órdenes a Bottas.

El desenlace de la última carrera aporta nuevas pistas para comprender por qué Mercedes gana recurrentemente desde 2014. Entre otros factores, gracias al liderazgo encarnado en Toto Wolf, de singular trayectoria personal y profesional, que alberga una mezcla de expiloto, triunfador en el sector financiero, empresario y accionista de éxito. “La psicología juega un papel muy importante para mí, aplicada a la Fórmula 1”. El domingo tuvo que tirar de ella.

El conflicto entre el carrerista y empresario

Huérfano a temprana edad, asumió muy pronto la responsabilidad de ayudar económicamente a su madre. “El trauma puede ser un buen motivador”, ha explicado al respecto. Su precocidad vital y su inteligencia natural le llevaron a triunfar en el sector financiero. “Todo en lo que estoy involucrado está en simbiosis: por un lado, mi antiguo amor, las carreras. Por otro, la vertiente de mis intereses en los negocios. Y la Fórmula 1 es un deporte donde la parte de los negocios es megaimportante. Lo bonito de todo ello es juntar ambas cosas”. Precisamente, lo que ocurrió en Sochi: el conflicto entre el carrerista y el empresario.

La discusión entre Wolff y Vowles retrasó la entrada en boxes de Hamilton, quien sería superado por Vettel. Posteriormente, el británico dañó sus neumáticos al adelantarle. Entonces, el austríaco aplicó otra de sus máximas empresariales: “Afrontar el peor escenario y reaccionar”. Vettel podría haber superado a un Hamilton sin gomas o también el británico podría haberse visto obligado a cambiarlas y terminar sexto o séptimo. “Por eso tuvimos que poner a Valtteri (Bottas) entre medias”, justificó tras la carrera.

“Si los líderes son los primeros en admitir sus errores, crean esa cultura en tu empresa”, explicaba el propio Wolff en un reciente encuentro sobre liderazgo, y quiso ser coherente con sus predicados. Asumió públicamente la responsabilidad del error estratégico, un mensaje tanto o más hacia su propio equipo como hacia la opinión pública. Pero ante el error también reaccionó implacablemente anteponiendo al empresario y líder al carrerista, y no dudando en sacrificar a Bottas para ello. De ahí la dicotomía de sentimientos al final del gran premio.

De izquierda a derecha en la fila delantera: Hamilton, Bottas y Wolff tras el GP de España. (Reuters)
De izquierda a derecha en la fila delantera: Hamilton, Bottas y Wolff tras el GP de España. (Reuters)

La tarjeta plastificada

Buen estudioso de la la neurociencia, Wolff aplica cotidianamente fórmulas basadas en su conocimientos de la disciplina. Por ejemplo, a principios de año reúne a todo su personal un par de días para que cada uno de sus empleados contribuya a definir sus objetivos profesionales, pero también personales. Luego reciben una tarjeta plastificada —para que no se estropee y conservarla durante todo el año— y así esté siempre presente en su vida cotidiana. Al final de año, una nueva reunión evaluará hasta qué punto se han conseguido esos objetivos tanto a título profesional como empresarial.

En un mundo de extrema presión competitiva, Wolff ha fomentado en su organización procesos para gestionar el conflicto y el desacuerdo ante decisiones entre departamentos de diferentes áreas técnicas. “La neurociencia nos enseña que si hay desacuerdos, el cerebro entra en modo de combate", explica el propio Wolff. "El desacuerdo significa que la reacción inmediata es 'no me gusta'. Lo que intentamos es que, antes que entrar en modo de combate, prestar atención y respeto para ver dónde están los desacuerdos, y luego ser brutalmente sinceros a la hora de hablar”. El austríaco ha establecido un lema en su organización para potenciar la creatividad y la solución de problemas. “Lo ves, lo dices, lo arreglas”. El episodio del Gran Premio de Rusia es otra una buena muestra de ello. Y en este caso, todo en primera persona. Inevitable olvidar la gestión de Ferrari en el Gran Premio de Italia.

“Solo puedo decir sobre mí mismo una cosa: uno de mis valores fundamentales es que no miento. Hay un poema de Rudyard Kipling, 'If', que dice: 'Si mientes y se descubre pierdes toda tu credibilidad'. Desafortunadamente, es una antigua mentalidad de la Fórmula 1, la de un mundo que no era transparente, donde podías decir mentiras o medias verdades y sobrevivir. Esto se ha acabado. Alguien que miente hoy en día será cazado, y su credibilidad volará por la ventana”. Mercedes no pierde desde 2014. Parece que este año lleva buen camino otra vez. Algo tendrá que ver el liderazgo de Toto Wolff

Fórmula 1

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios