"¡Estás frenando como una nenaza!": la intensa relación del piloto con su ingeniero
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"¡Estás frenando como una nenaza!": la intensa relación del piloto con su ingeniero

El ingeniero de carrera no solo es el nexo entre el piloto y el equipo. A su capacidades técnicas y analíticas también debe unirse una especial inteligencia emocional

Foto: Vettel y sus ingenieros en el Gran Premio de Singapur (2018)
Vettel y sus ingenieros en el Gran Premio de Singapur (2018)

Un frustrado Fernando Alonso le decía a su ingeniero Mark Temple que reseteara él mismo su monoplaza antes de empezar la carrera de Sochi 2017. Peter Bonnington ya es un clásico con su momento 'hammertime' a Lewis Hamilton. Carlos Sainz mandaba callar a su ingeniero y amigo Matassa en Singapur el pasado año, mientras era el equipo el que pedía a Romain Grosjean que hiciera lo propio en Estados Unidos. La relación del ingeniero y su piloto es uno de los aspectos más fascinantes de la Fórmula 1, un vínculo directo donde tecnología, factor humano y emociones se funden en una amalgama crucial.

Rob Smedley se reconocía como una suerte de “hermano mayor” de Felipe Massa. Guillaume Rocquelin sabía controlar y dirigir al rebelde Sebastian Vettel en los años buenos de Red Bull. Fernando Alonso mantenía con Andrea Stella en Ferrari una relación por la radio que no parece haberse repetido con los ingenieros de McLaren. Peter Bonnington es todo un experto en mecer los altibajos emocionales de Hamilton. No resulta fácil cuajar una relación de eficacia profesinal, respeto y amistad bajo alta presión cuando una de las partes está, literalmente, chorreando adrenalina.

El nexo con el resto del mundo

Determinar la puesta a punto y cambios necesarios según la información recibida del piloto, analisis y solución de problemas, programación de las sesiones de entrenamientos, uso de los neumáticos, gestión de la operatividad del coche con el tráfico, cuándo salir a la pista, duración de las tandas... Son funciones que el ingeniero de pista desarrolla con el piloto, además de ser el nexo entre este y los ingenieros de datos, de carrera, el ingeniero jefe y el director de operaciones del equipo. Todos participan en la dinámica del monoplaza, pero solo uno será quien lidie con quien lleva el casco.

Foto: Carlos Matallanas delante de su ordenador y con la camiseta del Fuenlabrada. (Cata Zambrano)

Antes de cada gran premio, el equipo llevará a cabo programas de simulación para llegar a la pista con un esquema inicial de puesta a punto que es necesario refinar en el asfalto. De un modelo matemático imperfecto a un coche real en el circuito. Sobre esta base, se trata de hacer el coche más rápido y no más lento. El ingeniero necesita velocidad de procesamiento mental, dominio del área técnica específica, control de las emociones, inmunidad a la presión, versatilidad psicológica…Desde el muro de boxes y a través de la radio, guía a su socio metido en la burbuja del habitáculo.

El ingeniero necesita de su piloto una grancapacidad analítica expresada con concisión, que sepa definir dónde pierde tiempo el monoplaza y priorizar las áreas a mejorar entre los diferentes problemas. Da forma en palabras a sus sensaciones, y el ingeniero las traduce a datos y respuestas técnicas, como una suerte de doctor que diagnostique y medique en función de los síntomas que el paciente le transmite. Pero también es el receptor de sus inquietudes, dudas, enfados y frustraciones. En todo este proceso jugará un papel crucial la mayor o menor sintonía personal. Porque la relación no se limita solamente al circuito.

Massa junto a Rob Smedley en Valencia 08. (EFE)
Massa junto a Rob Smedley en Valencia 08. (EFE)

"No es personal"

Los pilotos muestran temperamentos muy diferentes, y la radio es uno de sus mejores escaparates. Un ejemplo reciente lo ofrecía el Gran Premio de Austria y Lewis Hamilton, donde además de 'Bono', su ingeniero habitual, hubo de intervenir el responsable de estrategia, James Vowles. Es por tanto en carrera donde se aprecia públicamente y en toda su intensidad la relación entre piloto e ingeniero. En momentos así este se convierte en una suerte de amortiguador emocional de las reacciones del piloto, y también en catapulta para su motivación. Debe saber enfriarle cuando se calienta, y viceversa. Pero también se convierte en un saco de boxeo para recibir. Para lo que debe mostrar buena capacidad de encaje.

“El tema es entender que no es un algo personal”, explica Gary Gannon, ingeniero de Romain Grosjean, uno de los pilotos más vehementes en pista y por la radio de la parrilla, “este es un deporte muy emocional”. Y a veces, por ambos lados. Que le pregunten a Rob Smedley y a Felipe Massa, una de las relaciones más intensas y fraternales de los últimos tiempos. "¡Eres una nenaza, estás frenando como una nenaza!…”, le gritaba en Mónaco 2008 para motivar a su piloto, que minutos más tarde lograría su única pole en el Principado. Más lejos llegó en su sinceridad tras aquel “Felipe, Fernando is faster than you” de Hockenheim 2010. "Buen chico, lo siento", le intentó consolar a continuación, a la vez que reconocía implicitamente las órdenes de equipo y su disconformidad con ellas. En buenos líos que se metió dentro de su equipo. Porque también lo hizo con Ferrari, tanto con los aficionados como con la propia FIA. Que le metió un buen paquete.

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