el TRÁGICO destino de los pilotos en los 50

La sobrecogedora historia de Ferrari: el precio de morir y ser inmortal

'Ferrari' es un sobrecogedor documental sobre la vida y muerte de casi toda la mejor generación de pilotos de los 50, con el telón del fondo de la personalidad de Enzo Ferrari

Foto: Enzo Ferrari charlando con Gilles Villeneuve, su piloto favorito (Efe)
Enzo Ferrari charlando con Gilles Villeneuve, su piloto favorito (Efe)

“Es sobre cuánto puedes asomarte a una ventana antes de caerte. Y eso es lo que hicieron los chicos de Ferrari en los 50. Se asomaron a la ventana tanto como pudieron y algunos de ellos, demasiados en retrospectiva, se cayeron”. La Fórmula 1 de entonces era una cuestión de vida o muerte. Literalmente. Fue la historia de una especial generación de pilotos que forjaron la leyenda de Ferrari. Pero fueron cayendo uno detrás de otro, como “los primeros soldados en salir de las trincheras”. Esta es la columna vertebral de 'Ferrari: carrera a la inmortalidad', el magnífico y sobrecogedor documental sobre Juan Manuel Fangio, Peter Collins, Mike Hawthorn, Alfonso de Portago, Eugenio Castelloti y Luiggi Musso. “Tan diferentes, pero al mismo tiempo unidos en su voluntad de correr grandes riesgos…”. Con Enzo Ferrari ejerciendo de sacerdote supremo. El documental no trata de su historia individual, pero su personalidad única va quedando definida a medida que se suceden los dramáticos acontecimientos.

'Ferrari' entrelaza la vida y destino de pilotos míticos determinados por el despiadado espíritu de competitividad que Enzo Ferrari maquiavélicamente les inyectaba “Ganas, o mueres y serás inmortal”, les remachaba el fundador de la Scuderia. Casi todos ellos pagaron su pasión con su vida en una Fórmula 1 donde "subían a esos coches rojos y no sabían si volverían vivos”. Con el testimonio de protagonistas directos, periodistas e historiadores, un espectacular despliegue de imágenes de la época, algunas espeluznantes, y una música extraordinaria. “Espíritus que, cuando veo una carrera hoy, forman parte de la esencia de este deporte”, como apunta uno de los colaboradores. Pero también ilumina la durísima vida emocional de Enzo Ferrari, y el precio que hubo de pagar para seguir su pasión y hacer que sus coches fueran ganadores como único objetivo vital.


“Verás que los pilotos son gente feliz que aprecian la vida más que la gente normal. Echo la vista atrás, y aquellos pilotos eran como hechos de otra pasta”. Pilotos que “entraban en éxtasis al controlar esa bestia poderosa, equilibrándolos como si estuvieras en la cuerda floja en la trazada…”. Ferrari era el equipo de referencia para toda aquella generación, y su fundador “esa araña con una enorme red, de forma que todos fueran a él y no al contrario”. Una época, donde los pilotos jóvenes “estaban dispuestos a lanzarse a la olla cuyo fuego avivaba el Sr Ferrari”.

Fangio plantó a Ferrari

El eje es la trayectoria de Peter Collins y Mike Hawthorn, dos de los mejores pilotos de la época, rivales que se hicieron amigos íntimos y acabaron ambos corriendo para el equipo italiano. A ellos se unía el aristócrata español Alfonso de Portago, un personaje único, “el James Dean de Ferrari, todo un playboy, pero al que no le importaba mancharse las manos". Y también son protagonistas Luiggi Musso y Eugenio Castelloti, quienes soportaban la presión ambiental de ser los pilotos italianos en Ferrari, y de llevar la Fórmula 1 a la Italia de la época.

Fangio dejó Ferrari por su falta de sintonía con el fundador, una decisión que sorprendió a este último porque no concebía que alguien rechazara su equipo. Lo hizo después de que el propio Collins le cediera su coche en el Gran Premio de Italia de 1956 para que el argentino ganara un título que el británico tenía en la mano. Collins se sacrificó porque reconocía la grandeza de Fangio. Conocido por no querer desarrollar relaciones ni tratar a los pilotos individualmente, Ferrari valoró aquel gran gesto de solidaridad. “Adoraba a Collins”. De pocos pilotos se pudo hablar así en el equipo. El británico estuvo muy cerca de Dino, el hijo de Ferrari con enfermedad terminal, cuya muerte marcó toda su vida, y aquello le llegó al alma al padre.


Embriagados por la velocidad, pero sin red ante las nulas medidas de seguridad de la época, rodeados por la gloria y el carisma que proporcionaba coquetear con la muerte, uno tras otro van cayendo de la forma más dramática. Portago, a punto de terminar la Mille Miglia, con varios espectadores muertos, entre ellos cinco niños, lo que hizo pasar a Ferrari por momentos muy duros ante la opinión pública italiana. Portago no había querido participar en aquella peligrosa carrera, pero Ferrari le obligó.

Un día que Maserati batía el récord de la pista de Modena, Ferrari ordenó esa misma tarde a Eugenio Castellotti que se desplazara a la pista inmediatamente para recuperar el récord con la nueva montura del equipo. El piloto italiano acabó en lo alto de una tribuna al fallar mecánicamente el coche. Peter Collins estaba delante cuando Ferrari recibió la llamada. “O no, no Castelloti morto…” se lamentó, para inmediatamente preguntar “¿E la máquina?”.

Además de su rivalidad con Collins y Hawthorn, a Luiggi Musso le pasó factura la presión italiana y los problemas financieros, y también falleció fruto de un accidente en Reims. Pero el golpe más duro para Ferrari aquella época fue cuando su querido Collins salía volando por los aires en Nurburgring, 1958. Su amigo Mike rodaba justo por detrás. Según sus allegados, Ferrari quedó totalmente devastado. Incluso pensó en dejar las carreras. Pero Hawthorn se plantó en su despacho para pedirle seguir hasta final de año e intentar ganar el título que Collins tenía en sus manos. Cada carrera era un tormento para el británico, roto por la muerte de su amigo. Lo logró en Marrakesh, en la última carrera de la temporada. Y se retiró. Meses después, falleció en un accidente de tráfico.

El equipo en pleno de Ferrari en el Gran Premio de China. (Reuters)
El equipo en pleno de Ferrari en el Gran Premio de China. (Reuters)


"Vivía como si estuviera en una guerra"

“Nos quedábamos embriagadas ante esos hombres maravillosos y desenfrenados”, reconocía una de las protagonistas femeninas del documental para ilustrar la singular personalidad de aquellos pilotos y el espíritu de la competición de aquellos días: "Era muy peligroso, pero donde hay peligro hay emoción. Eran hombres de una gran personalidad y talento". Para Ferrari fue muy duro perder uno detrás de otro. "Enzo Ferrari vivía como si estuviera en una guerra, perdiendo siempre gente” apuntaba Phil Hill, campeón del mundo de 1961.

La intensidad humana y vital de esta historia de historias emociona tanto como impresiona. Los responsables de “Ferrari: la carrera hacia la inmortalidad” deberían invitar a un pase a la cofradía actual de la Fórmula 1 porque son herederos del espíritu de aquellos tiempos aunque muchos lo ignoren. “Eran pilotos de combate, gladiadores. Hubieran sido los primeros en salir de las trincheras o en una playa de desembarco. Eran guerreros…”. Es el último plano.

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