APOSTÓ TODO SU DINERO POR TENER SU EQUIPO

El 'kamikaze inteligente': así ha triunfado Christian Horner en Red Bull y la F1

Con solo 31 años ya dirigía Red Bull, pero su trayectoria personal convenció a Dietrich Mateschitz y Helmut Marko de que era la personal ideal para su nuevo equipo en la F1

Foto: Christian Horner charlando en Montmeló con Verstappen. (EFE)
Christian Horner charlando en Montmeló con Verstappen. (EFE)

En aquel momento no era consciente, pero todo empezó con un apretón de manos a un recién conocido para comprarle un camión de transporte destinado a su enclenque equipo de carreras. Christian Horner se estaba labrando el camino hacia Red Bull y el éxito personal y profesional en la Fórmula 1.

¿Cómo un piloto de regular talento se convirtió en el responsable de Red Bull con solo 31 años? Su propia vida y trayectoria personal ofrece la respuesta. Porque Horner se labró su trayectoria personal en el mundo de las carreras a la antigua usanza: como un ‘kamizake’. Pero era inteligente. Tanto, que hasta supo arrebatar a Adrian Newey de las manos de Ron Dennis y McLaren, una de las mejores actuaciones de toda su vida.

El 'hombre orquesta' en las carreras

El joven Christian llegó a un acuerdo con sus padres: se daba un año para triunfar en las carreras. Si no funcionaba, se comprometía a entrar en la universidad. Para que sus padres quedaran tranquilos incluso firmó la petición de acceso. No sabía ni la carrera ni la universidad que había elegido, porque no tenía la menor intención de abandonar su sueño.

Sus comienzos como piloto determinaron su futuro como brillante gestor. Porque Horner nunca tuvo un duro para competir. Arañando por aquí y por allá alcanzó la Fórmula 3, obsesionado por la F1. En 1995 quiso dar el salto a la Fórmula 3000. Sin dinero para comprar su asiento en un buen equipo, se le ocurrió una temeraria idea: vendió todas sus pertenencias, aceptó cualquier préstamo bancario, pidió a sus padres dinero... y compró un monoplaza. Con un chasis y dos motores en ‘leasing’, un ingeniero contratado a horas, y el monoplaza en un cobertizo, el propio Christian pilotaría su coche. Bautizó al equipo como Arden International.

Le faltaba el camión. Encontró una oferta en Graz, Austria. Viajó hasta allí. Le pidió a su propietario que si lo llevaba hasta el Canal de la Mancha se lo compraba. Sellaron el acuerdo con un apretón de manos y Horner pagó a ciegas, confiando en aquel veterano de las carreras. El dueño del camión cumplió su palabra. Se llamaba Helmut Marko.

Desde ese momento, el joven piloto se convertía así en hombre orquesta. “Era el ‘team manager, el agente comercial, secretario, cocinaba, llevaba todo el papeleo…”. Pero competía atemorizado ante cualquier posible accidente porque llevaba la calculadora de los gastos en la cabeza, “pensaba demasiado en las consecuencias, tenía que acabar cada temporada con el coche intacto”. Comprendió también que carecía del talento suficiente y en 1988 se concentró en gestionar su equipo, al que quiso convertir en un negocio viable.

De repente, responsable de Red Bull con 31 años

Red Bull y Helmut Marko, que gestionaba su programa de jóvenes pilotos, buscaban un equipo para su joven promesa, Vintantonio Liuzzi. Se reencontraron de nuevo y fortalecieron la relación. Tambien conoció a Bernie Ecclestone como representante de los equipos de Fórmula 3000. Intentó comprar el equipo de Eddie Jordan con ayuda de aquel. Por el camino, Marko le llevó a conocer a Dietrich Mateschitz. Hubo química personal. El gran jefe le dijo que iban a comprar Jaguar. En noviembre de 2004 se cerró la operación con Ford y Mateschitz le pidió que acudiera a Viena en Navidad: le ofreció la dirección del equipo. Marko voló a Gran Bretaña, despidió en cuestión de horas a la cúpula de Jaguar e incluso impidió su entrada en el edificio. Luego sentó en el despacho principal a Horner, y por la noche volvió a Austria. El treintañero no sabía por dónde empezar.

Ahora era responsable de otro equipo, no el suyo unipersonal, sino una estructura de 450 personas, en la Fórmula 1, y propiedad de una de las empresas que más ‘cash flow’ generaba en todo el mundo. Poco a poco empezó a reajustar una organización que parecía un ministerio. Contaba con David Coulthard como piloto, y su experiencia le ayudó en muchas facetas. Entre ellas, tenía el teléfono de Adrian Newey. Así empezó a forjarse la mejor y más crucial decisión en toda la carrera de Christian Horner.

Un vuelo en caza de combate

Siempre astuto, Horner empezó a notar por ciertos detalles que el ingeniero no era feliz en McLaren. En Imola le vió acercarse a la novedosa Red Bull Station del paddock, siempre la música a tope. McLaren era un monasterio de clausura en comparación. La agenda de Coulthard funcionó. Una cena de matrimonios informal fue suficiente para que Horner se reafirmara en la frustración de Newey con McLaren. Pasó al ataque.

Newey fue invitado a Austria, a las montañas. Mateschtiz desplegó el ‘estilo Red Bull’. Hasta le subieron en un avión de combate. “¿Vendrías con nosotros?”. Newey pidió “un 70% más de lo que yo esperaba y de lo que le había dicho a Dietrich. Le llamé por teléfono, se lo dije, estuvo callado durante unos segundos. “Vamos a por ello”, contestó". Aquí arrancó la historia de éxito de Red Bull.

Newey se convirtió también en cogestor del equipo junto con Horner, y con responsabilidades inéditas para un técnico antes, salvo Ross Brawn. Invirtió con carta blanca. Horner, diplomático e inteligente, sabía que su función era ejercer de aceite lubricante en la organización. Matestchitz y Marko desde Austria. Newey, un ingeniero, a su nivel de responsabilidad. Sebastian Vettel se convirtió en la piedra de toque al respecto.

El Multi21, piedra de toque

Aquel famoso Multi21 de Malasia 2013 fue el mejor ejemplo. El piloto desobedeció las instrucciones directas de un impotente Horner desde la radio. No podía ejercer su autoridad sobre el alemán, consciente del apoyo de Marko a Vettel. "Tengo toda la responsabilidad en el área operativa del equipo, tanto en la pista como en la factoría. Me comunico directamente con Dietrich, que siempre ha sido un gran apoyo. Él establece las normas", explicaba aquellos días Horner. "Soy director de Red Bull Racing junto con Christian y Mateschitz. Todo lo que ocurre en el equipo viene a mí y lo filtro, y si es necesario lo llevo hasta el jefe (Dietrich), así que yo tomo la decisión final", declaraba Marko por su parte aquellos días. Entonces se pudo comprobar cuál era su posición y el recordatorio de quién paga las facturas. Pero Horner siempre ha sabido moverse con habilidad y eficacia en el singular entorno de Red Bull.

Nadie puede negarle sus merecidos éxitos con Red Bull, fruto de su inteligencia, ambición y valentía en momentos clave de su vida. También es una voz personal dentro de los líderes de la Fórmula 1. Tambien ha saltado a la vida social británica por su matrimonio con la cantante (una de las Spice Girls) Geri Halliwell, con quien ya tiene un hijo. Con solo 44 años, el más joven team manager en llegar a la F1 en décadas. Christian Horner ha ido más rápido fuera de la pista que en ella.

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