f1, le mans y mundial de resistencia a la vez

Alonso a Le Mans: por qué se va a meter entre pecho y espalda una verdadera locura

Fernando Alonso afronta desde las 500 Millas —y en los dos próximos años— un programa deportivo que pocos pilotos se han atrevido o podido realizar en las últimas décadas

Foto: Fernando Alonso, en el box de Toyota del WEC. (Twitter de @FIAWEC)
Fernando Alonso, en el box de Toyota del WEC. (Twitter de @FIAWEC)

500 Millas de Indianápolis. 24 Horas de Daytona. 24 Horas de Le Mans. Todo ello en el plazo de 13 meses, y con dos campeonatos del mundo de Fórmula 1 en paralelo. Nadie se ha atrevido a algo parecido en el automovilismo moderno. Fernando Alonso afronta un desafío único, de gran riesgo profesional y personal. Por ello, el piloto español ha roto los esquemas a la comunidad automovilística internacional. Solo hace falta comprobar las reacciones del 'motorsport'.

En la reciente presentación del 'Hall of Fame' de la FIA, Alonso se fotografiaba con Mario Andretti, el último gran campeón del mundo de F1 y de la polivalencia deportiva. Toda una señal y declaración de intenciones. Pero ahora son otros tiempos, tanto por la especialización a la que ha llegado el automovilismo como por las repercusiones e intereses comerciales que de un tiempo a esta parte impedían proyectos como el de Alonso. Porque el español y su equipo, efectivamente, han roto los esquemas en ambas áreas.

Poner en juego el prestigio de un campeón

Ningún campeón del mundo de F1 desde Andretti ha protagonizado un programa como el que Alonso afrontará en 2018/2019. Son muchos los pilotos polivalentes que desde entonces han alternado distintas categorías, pero no arriesgando el prestigio de títulos mundiales en la máxima disciplina del automovilismo, ni afrontando sin solución de continuidad las carreras más icónicas del mundo junto con un campeonato de F1 de 21 carreras, cifra superior a las de los setenta y ochenta.

Para ello, no solo hace falta una casi patológica hambre deportiva. También una inmensa confianza en sus propias capacidades y capacidad de adaptación. En las últimas dos décadas, el automovilismo deportivo ha alcanzado un alto grado de especialización en cada una de sus diferentes disciplinas que hacía muy difícil dar el salto de una a otra cuando de ganar o aspirar a ello se trata. No es lo mismo ser un Felix Rosenqvist, por ejemplo, un joven y fabuloso piloto del presente que brilla allá donde compite, a un doble campeón del mundo de F1 en nuevos territorios.

¿Cómo aguantarán su cuerpo y mente?

Exige un singular talento pasar de la Fórmula 1 híbrida a un monoplaza de óvalos en Indianápolis con solo un mes de preparación, meterse en un LMP2 para la resistencia en Daytona, y luego un fin de semana sí con el McLaren híbrido y otro también con un Toyota híbrido pero de tecnología y chasis diferentes. Alonso lo recordaba en Daytona: solo aprenderse instintivamente el manejo de las funciones en el volante de un coche actual exige dos semanas. Por poner un ejemplo.

Alonso afrontará así un calendario de locura, y cumplirá aquello que insinuaba el pasado año de “correr cada fin de semana”. Viajando sin parar, con numerosos cambios de husos horarios de forma continua, con el gran nivel de exigencia física y mental al que estará sometido quien vive permanentemente bajo los focos y con la mayor exigencia de máximo rendimiento en todo momento. Sin olvidar las varias simulaciones anónimas de más de 30 horas que Alonso tendrá que llevar a cabo con Toyota para preparar las 24 Horas de Le Mans. ¿Cómo aguantarán el cuerpo y la mente de Alonso semejante desafío?

Una selva de intereses distintos y sus cláusulas

Tampoco son los tiempos de Mario Andretti en el terreno comercial y de patrocinio. Al igual que el automovilismo se ha hecho extremadamente complejo y sofisticado en el plano tecnológico, ha ocurrido otro tanto con el inmenso cúmulo de intereses comerciales, contractuales y de imagen que rodean no solo la Fórmula 1 sino también otras disciplinas, como en el WEC o Indianápolis.

Por ello, Alonso y Luis García Abad, su mánager, han logrado un gran éxito al poner de acuerdo a las diferentes partes implicadas y lograr plasmar contractualmente en la realidad los sueños de su piloto. McLaren y Renault, sus patrocinadores, Toyota con los suyos, dos fabricantes diferentes de neumáticos, patrocinios personales... Un equipo de F1 adquiere los derechos de imagen una semana, para que la siguiente sea el turno del gran fabricante de automóviles y sus asociados. Si los deseos del piloto han tardado en hacerse realidad, se ha debido a la necesidad de un sofisticado y complejo ‘encaje de bolillos’ con todos los intereses en juego.

Negociaciones que podrían ser un caso práctico para escuelas de negocios y bufetes de abogados, y que han durado muchos meses. Machete en mano, García Abad se ha metido en una frondosa selva de cláusulas que desbrozar e intereses que armonizar para poner de acuerdo a todas las partes. En McLaren deben adorar a Fernando Alonso para permitirle semejante locura. Porque este plan que el piloto español se va a meter entre pecho y espalda en estos dos próximos años es una locura. Una bendita locura.

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