una carrera llena de vicisitudes

El bautismo de fuego para Alonso en Daytona y su susto a 300 km/h

A pesar de los problemas y el resultado, Fernando Alonso se sintió más competitivo con su equipo de lo esperado y disfrutó con las nuevas experiencias de las carreras de resistencia

Foto: Fernando Alonso, durante las 24 Horas de Daytona. (EFE)
Fernando Alonso, durante las 24 Horas de Daytona. (EFE)

Fernando Alonso ha vivido su segunda experiencia automovilística en Estados Unidos y otra nueva carrera fuera de 'su zona de confort' de la Fórmula 1. Mientras en los monoplazas todo gira en torno a un piloto, en el mundo de la resistencia este se integra en un entorno donde es un eslabón más de la cadena. Y donde ha de asumir y afrontar numerosos factores fuera de su control y rendimiento. Alonso, en las 24 Horas de Daytona, lo ha vivido intensamente por primera vez, pese al 38º puesto de su coche.

“Ha sido una magnífica experiencia, todo el evento: desde los entrenamientos, las sesiones clasificatorias, las salidas [tras bandera amarilla], los relevos, la fatiga por la noche, la transición de la noche al día... Fue magnífico estar en la pista en esos momentos. Disfruté con la gestión del tráfico, con el coche en sí mismo”. Alonso hacía un balance en el que confesaba haber disfrutado tras recibir su bautismo de fuego y perder la virginidad en las carreras de resistencia. Daytona ha sido el primer contacto. El próximo gran desafío, las 24 Horas de Le Mans.

"De repente, todos empezaron a sonreír"

La experiencia de Alonso en Daytona fue la propia de la categoría: una carrera de larga duración es una sucesión de problemas y obstáculos, y quien menos padece y más tiempo se mantiene en pista consigue la victoria. Por tanto, cómo se afrontan tantas vicisitudes es parte consustancial de este juego donde prima el espíritu de equipo. Alonso, Norris y Hanson tuvieron su buena ración. Pero con una sorpresa inesperada que dejó un sabor agridulce: se pudo haber logrado un gran resultado para las oscuras expectativas de todo el equipo antes de la carrera.

“Quizá lo mejor fue lo competitivos que nos sentimos”, reconocía Alonso tras la prueba. “Empezamos la carrera sin grandes esperanzas porque nunca habíamos sido competitivos y, de repente, ganamos ritmo y todo el mundo comenzó a sonreír en el garaje. Fue una gran sensación”. Pero también lamenta la posibilidad perdida, incluso más si cabe para el otro coche del equipo, que tuvo el podio a tiro en la segunda parte de la prueba. “Tuvimos problemas por aquí y por allá. Incluso íbamos una vuelta por delante de ellos [del número 32], así que creo que perdimos una oportunidad”.

En el mejor momento de la carrera

Alonso marcó el sexto mejor tiempo de carrera en su primer relevo. Dejó el coche entre los 10 primeros. Y lo visto en las sesiones libres nocturnas previas se confirmó en la prueba. “La noche fue una gran parte de la carrera, y el coche era bastante competitivo. Fue una sorpresa porque no lo fuimos hace tres semanas, y tampoco lo éramos este fin de semana en tiempos por vuelta”. Pero fue el resultado final del segundo coche —cuarto— lo que invitaba a soñar con el podio de forma realista. “En entrenamientos fuimos decimoterceros y decimoquintos, y posiblemente estábamos entre los tres coches más rápidos mientras estábamos en la pista”. Con un Norris también deslumbrante sobre agua y en otros momentos de carrera. "Desafortunadamente para el equipo, el otro coche tuvo un problema con el embrague cuando rodaba entre los tres primeros, así que posiblemente se perdió el podio para el equipo. Pero así son las carreras".

“Tuvimos muchos problemas que estaban fuera de nuestro control”, explicaría el piloto español respecto al desarrollo de la carrera para el coche número 23, “algunas situaciones desafortunadas”, que llegaron precisamente cuando el equipo de Alonso pasaba por su mejor momento. Porque el primer incidente llegó “con cinco coches en la vuelta del líder, y éramos el quinto de ellos cuando llegó el pinchazo y perdimos cuatro vueltas, con bastantes daños en el coche”. Lo cierto es que después del pinchazo llegaron los de la frenada, quizá consecuencia de aquel. “Recuperamos dos vueltas, pero tuvimos un problema con los frenos, la primera vez que le había ocurrido al equipo, y perdimos 40 minutos. Así que ese fue el final de nuestra carrera. Luego, tuvimos un problema con el acelerado y de nuevo con los frenos”.

El susto a final de recta a 300 km/h

“Te asustas, sin duda”, reconocía al final de la carrera recordando los momentos en que se quedó sin frenos. “Por la noche llegas a la primera curva —ocurrió dos veces en esta curva— a 300-310 km/h, frenas y no hay frenos. Afortunadamente, en esta pista hay un atajo. Por la noche no ves claramente dónde está el muro de neumáticos y dónde la escapatoria. ¡Eso incluso asustó más todavía!”.

Al igual que pudo apreciarse en los meses siguientes a las 500 Millas de Indianápolis, la experiencia de la resistencia y en Estados Unidos ha ampliado los horizontes de Fernando Alonso como piloto. Incluso también fuera de la pista, como pudo apreciarse durante estos días. “Me llevo un balance positivo incluso con todos los problemas, porque he disfrutado muchísimo. Me encanta pilotar y cuando lo haces ocho o nueve horas en una carrera es mucho mejor que una hora. Así que es una gran sensación pilotar una carrera de 24 horas”. Las siguientes serán las de Le Mans. Será otra historia. Porque allí se saldrá a ganar.

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