la vida personal del genial ingeniero británico

Así conquistó Adrian Newey a su mujer, quien no tenía ni idea de F1

En su libro 'How to build a car', Adrian Newey cuenta algunos detalles divertidos de su personalidad tímida e introvertida. Por ejemplo, como cuando conoció a su actual mujer

Foto: El ingeniero de Red Bull Adrian Newey. (Reuters)
El ingeniero de Red Bull Adrian Newey. (Reuters)

“Adrian ¿Quién eres tú”? Adrian Newey acaba de publicar su autobiografía, 'How to build a car', un jugoso relato de su vida profesional y personal. De este último terreno ofrece algunos divertidos episodios que alumbran esa vertiente más íntima y desconocida del brillante triunfador en el ultracompetitivo mundo de la Fórmula 1. Como la forma en la que conquistó a su actual esposa, un buen reflejo de su personalidad discreta y tímida en la que no falta un gran sentido del humor.

Todo comenzó en una barra de bar. Newey se había divorciado recientemente de Marigold, la madre de sus hijos, y andaba en ese período habitual de despiste post ruptura. El propio Chris Horner y su pareja intentaban ayudarle como ‘celestinas’, con éxito relativo. Una noche, su vecino y amigo personal le sacó de paseo. Fiel a su timidez, Newey acabó arrinconado por un cliente pasado de copas, hasta situarse casi detrás de la barra del bar. En esas estaba cuando una joven cliente le pidió una copa de champán. “Por supuesto, pero me temo que no trabajo aquí”, le contestó el ingeniero, al que habían confundido con uno de los camareros. “¿Y para quién trabajas entonces?”. Newey, fiel a sí mismo. “Trabajo para una compañía de bebidas gaseosas”, fue su respuesta.

"Trabajo de ingeniero en el equipo de F1"

Adrian Newey y Amanda. (Foto: 'How to build a car')
Adrian Newey y Amanda. (Foto: 'How to build a car')

Amanda, su nueva interlocutora, se dedicaba al mundo del marketing y empezó a bombardearle con preguntas sobre la compañía. Newey comenzó a hablar de Red Bull en lo que vulgarmente se llama 'tirarse el rollo' porque, según sus propias palabras, “no tenia la menor idea de lo que estábamos hablando”. Su verdadera labor profesional seguía en el anonimato. Su amigo y vecino consiguió que las copas siguieran en casa de Newey. Estuvieron de charla –y nada más- hasta las siete de la mañana. Sintonizaron y comenzaron a verse, ignorando ella a quien tenía enfrente. Hasta que llegó la forma de enterarse, y a lo grande.

Durante esos primeros días Newey dio un paso más. “Le dije que mi trabajo en la compañía de bebidas era como ingeniero de su equipo de Fórmula 1, aunque ella no tenía la menor idea de lo que implicaba”, explica el británico en el libro, “esto era al final de 2011, cuando habíamos ganado nuestro segundo campeonato. Milton Keynes (la localidad donde está la base de Red Bull) estaba muy orgullosa de nosotros. Christian (Horner) y yo ya habíamos estado en una inusual ceremonia donde nos habían dado las llaves de la ciudad, lo que creo que significaba que podíamos llevar un rebaño de ovejas por la calle principal si queríamos”, bromeaba al respecto.

"Adrian, pero ¿quién eres tú?"

Pero después se celebraría un desfile con los coches de F1, pilotados por Sebastian Vettel y Mark Webber. Las autoridades cerraron las vías principales para ello. Todo muy solemne. “Mandy, vamos a sacar los coches de carreras por las calles de Milton Keynes. ¿Te gustaría venir a verlos?”, le propuso el ingeniero. “¡Me encantaría!” Aquí empezaba lo bueno. “Así que la mañana de nuestra tercera cita, los dos con una buena resaca todavía, la recogí y allá que fuimos a Milton Keynes”.

“Supongo que yo no había pensado en la que se iba a montar”, explica el propio Newey, “pero al llegar a la fábrica, nos encontramos que estaba rodeada de aficionados y medios de comunicación. Y según salí del coche, se echaron encima de mí unas cuantas docenas de personas para pedirme fotos y autógrafos”. Mandy se quedó con la boca abierta. “Empezó a mirarme a mí, a los aficionados y periodistas una y otra vez, y empezó a verme bajo una luz diferente”. Flipaba, claro. “Adrian, pero ¿quién eres tú?”. Quien iba camino de convertirse en una de las mujeres de su vida no daba crédito. “No sabía mucho de carreras. Casi nada, de hecho”. La vida cambió para uno de los ingenieros más brillantes en la historia de la Fórmula 1. “Nos hicimos inseparables desde entonces”. Pero aún faltaba rematar la faena.

El anillo colgado del cuello

“Antes de la pausa veraniega de 2016, fui al garaje y recuperé mi caja de herramientas, en la que tenía escondido un diamante que le había comprado a un amigo años atrás, una inversión que había escondido en esa caja por seguridad”. Newey montó el diamante en un anillo para pedirle en matrimonio a su pareja. Para ello organizó un viaje a la isla de Antigua. Tenía previsto declararse en alta mar. “Estaba paranoico ante la posibilidad de perder el anillo, me lo coloqué alrededor del cuello y lo oculté bajo la camiseta olvidando que, por supuesto, saltaríamos del barco para nadar. Así que estaba todo el rato tapándome, intentando mantener el anillo a salvo y fuera de su vista”. De momento, consiguió salvar el anillo. Quedaba la segunda fase.

Newey tenía todo preparado. Le pidió al capitán del barco que se escondiera detrás del timón mientras él se declaraba a su pareja. Y, si todo salía bien, después les haría un par de fotografías. “Cuando comencé la rutina de la pedida, Mandy rompió a reir. Pensé: “¿Por qué narices se está riendo? ¡Esto no es lo que esperaba! Pero aun así, seguí adelante, le hice mi pregunta y, para mi alegría, dijo que sí. Solo después me explicó que se reía porque el capitán subía y bajaba una y otra vez desde detrás del timón, esperando el momento de tomar las fotografías”.

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