EN 1978 hubo DOS COCHES CASI IDÉNTICOS EN PISTA

Picaresca en la F1: cuando 'fusilas' un monoplaza y solo ganan los abogados

En un mundo donde todo el mundo se copia, el caso de Shadow y Arrows en 1978 llegó a extremo de que dos equipos utilizaron a la vez los mismos planos de su diseñador

Foto: Riccardo Patrese, con el Arrows Ford FA1, lideraba el GP de Sudáfrica de 1978 cuando se le rompió el motor. (Imago)
Riccardo Patrese, con el Arrows Ford FA1, lideraba el GP de Sudáfrica de 1978 cuando se le rompió el motor. (Imago)

Suele ocurrir con cambios radicales en el reglamento. En 2017, los ingenieros han leído la nueva normativa de Fórmula 1 con sus propios conceptos y diseños. Una cierta variedad estética frente a la aburrida homogeneidad de pasadas temporadas. El próximo año comenzarán a parecerse más. Pero no siempre fue así.

“Cuando estaba en la Fórmula 1, siempre podía señalar quién era el diseñador del coche. Como una firma en un cuadro”, explicaba el ingeniero británico Tony Southgate, uno de los grandes diseñadores en las setenta y ochenta. "Un Brabham me decía que era de Murray; un Tyrrell, de Dereck Garner… Ahora la individualidad ha desaparecido, porque todo el mundo usa las mismas herramientas, al margen de Adrian Newey. Todavía usa el lápiz y el papel”.

Curiosamente el británico fue protagonista de uno de los escándalos de plagio más sonados de la Fórmula 1. En una época de personalidad y libertad creativas, dos equipos utilizaron en 1978 prácticamente el mismo monoplaza con la ‘firma’ del mismo ingeniero. Una historia, también, de egos y fuertes personalidades.

El Shadow DN9 que condujo Hans Stuck en 1978 compartía diseño con el Arrows FA1. (Imago)
El Shadow DN9 que condujo Hans Stuck en 1978 compartía diseño con el Arrows FA1. (Imago)

Como dos imanes, uno frente a otro

Hace pocas fechas falleció a los 92 años Don Nichols. Auténtico ‘doer’ americano de mente inquieta y competitiva, su vida era un guion de película. Veterano de la II Guerra Mundial, de la Guerra de Corea, inteligencia militar… Una perla que decidió volcar su experiencia y endurecida contextura psicológica a las carreras con una sigular intensidad.

Nichols había creado un equipo primero en Estados Unidos y luego otro en la Fórmula 1. Para este se hizo con Jackie Oliver, expiloto y otra de esas personalidades tan propias de aquella etapa de la Fórmula 1. Tarde o temprano, ambos tenía que repelerse como dos imanes cara a cara. Oliver logró traer el patrocinio de una marca suiza de tabaco, Villiger, y había recibido la promesa de que el equipo sería reforzado. Pero descubrió que Nichols se llevaba el dinero a Estados Unidos para el equipo americano bajo sociedades pantalla, mientras que las deudas empezaban a ahogar al de Fórmula 1. Cuando lo descubrió, Oliver tomó la decisión de independizarse.

Por resumir: compró las deudas de Shadow, una nave y juntó a los miembros del equipo en un pub. "¿Quién se quiere venir?", les preguntó. Prácticamente todos le siguieron menos Tony Southgate, el diseñador de varios Shadow y del DN9 para la siguiente temporada, la de 1978. Pero al poco tiempo se unió a Oliver y se llevó los planos en la confianza de que, como consultor privado, le pertenecía la propiedad intelectual de los diseños. Así nació así el equipo Arrows.

Los Arrows Ford FA1 de Rolf Stommelen y Riccardo Patrese en el GP de Bélgica de 1978. (Imago)
Los Arrows Ford FA1 de Rolf Stommelen y Riccardo Patrese en el GP de Bélgica de 1978. (Imago)

Unos dibujos guardados en la mesa

En noviembre de 1977 comenzaron a trabajar en la nueva nave de Milton Keynes (Reino Unido). No había coche, claro. Sin embargo, el 20 de enero se presentó el nuevo Arrows FA1. ¿Cómo era posible, solo en dos meses? Bueno, el FA1 tenía demasiadas similitudes con DN9. Blanco y en botella, pensaron muchos. Para colmo, el FA1 casi gana en su segunda carrera, en Sudáfrica. Riccardo Patrese iba en cabeza cuando se rompió el motor.

A un veterano de guerra no le dejan en cueros así como así. Nichols contrató rápidamente personal y construyó el DN9 con los planos del monoplaza que había diseñado Southgate. Los mismos, también, que este utilizó para construir el FA1 contrarreloj. Lógicamente, se liaron a querellas uno con el otro. Nichols, por plagio. Oliver, por las deudas. Y empezó una dura guerra judicial

Una inspección judicial encontró unos papeles comprometedores en la mesa de Southgate, en la sede de Arrows. Olivier sabía que iba a perder y le pidió a su abogado que liara toda la defensa para alargar el proceso durante dos meses con el fin de construir y diseñar a la velocidad de la luz otro monoplaza. Southgate echó humo, por supuesto.

Riccardo Patrese (i) y Tony Southgate (d), ambos del equipo Arrows, dialogan antes del GP de Mónaco de 1980. (Imago)
Riccardo Patrese (i) y Tony Southgate (d), ambos del equipo Arrows, dialogan antes del GP de Mónaco de 1980. (Imago)

Solo ganaron los abogados

En julio, el juez confirmó los augurios de los abogados y Arrows perdió el caso. Veía casi la mitad del DN9 en el FA1. Tenían que entregar el material a Nichols. Sin embargo, antes hubo todo tipo de triquiñuelas y juegos de manos. Los coches nuevos se llevaron a un lado, los antiguos a otro. Cuando llegaron los abogados a la sede del equipo se encontraron los dos A1 (el nuevo diseño) y no se los pudieron llevar.

Diez días después de la visita requisatoria de los abogados, Oliver y los suyos estaban ya presentes en el Gran Premio de Austria con una nueva criatura, el A1. Habían diseñado, dibujado y construido otro coche en 52 días. Era menos competitivo que el anterior. Pero el equipo no se perdió ninguna carrera, sobrevivió y se convirtió en clase media de la Fórmula 1 durante muchos años. Con un singular récord: 372 carreras sin ganar ni una. Pero al menos serviría luego para el debut de Pedro Martínez de la Rosa, con el equipo ya en otras manos.

Al final, Nichols recibió solo 1.000 libras por la infracción del 'copyright', 25.000 por lucro cesante… Por las 250.000 libras que Jackie Oliver tuvo que pagar a los abogados. ¿Y como fue la experiencia para quien se vió envuelto en medio de todo el tiroteo? "Horrible", recordaría Tony Southgate. "Aquello nunca debió haber llegado a juicio. Se fue de las manos, y estoy seguro que dañó mi experiencia en la Fórmula 1. Fue un encontronazo de personalidades y ninguno de nosotros ganó con aquella experiencia. La moraleja fue que nunca vayas a juicio, ya que solo ganan los abogados”. Y sin ponerse un casco ni tocar un volante.

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