ENTREVISTA CON EL PILOTO DE RED BULL

Ricciardo: "¿Verstappen? Es más mediático para Red Bull, pero no me eclipsa en nada"

Daniel Ricciardo repasa con El Confidencial su situación en Red Bull junto a Max Verstappen, los secretos de su personalidad tan especial y todo lo que deparará el futuro, con Ferrari en la mirilla

Foto: Ricciardo, celebrando su tercer puesto en el GP de Bélgica. (EFE)
Ricciardo, celebrando su tercer puesto en el GP de Bélgica. (EFE)

Al fondo del 'hospitality' de Red Bull hay un chico moreno con la gorra hacia atrás y un tatuaje inmenso en la rodilla que parece de todo menos un piloto de Fórmula 1. Choca la mano a la prensa, hace bromas, se ríe a carcajadas y gesticula con los brazos casi en exceso. Quizá sea porque su padre es italiano, pero no es el patrón normal que uno se encuentra en el deporte más hermético del planeta, con auténticos 'bichos raros' como Ayrton Senna, Michael Schumacher o incluso Fernando Alonso. Pero Daniel Ricciardo no sólo es piloto de F1, también uno de los mejores de la parrilla. Y para colmo, una de las personalidades más simpáticas. En la mesa de al lado está sentado un sereno Max Verstappen, su compañero de 19 años llamado a ser 'el nuevo Senna' por su espectacular talento. "A mí él no me eclipsa en nada", dice Daniel Ricciardo a El Confidencial. Ni en la pista, ni fuera de ella. Porque hablar con este chico es una experiencia que todo periodista debería vivir.

Alonso siempre ha puesto a Ricciardo entre los tres mejores pilotos de la F1. Este año lleva una victoria, pero acumula otras cuatro desde 2014. En la pista, es una verdadera 'bestia' al volante como muchos otros. Si todas las piezas encajan, puede perfectamente ser campeón del mundo en el futuro. Pero cuando se baja del coche es cuando realmente destaca sobre el resto de pilotos. Ni una cara de seriedad forzada, ni una fría contestación típica de otras estrellas, y eso que sus éxitos bien podrían infundarle aires de 'prima donna'. Todo lo contrario; amabilidad, cercanía y un sentido del humor que hace a cualquiera enamorarse de su carácter. ¿Pero cómo es posible que un piloto de éxito, en Red Bull, y con tanta presión encima, tenga además la virtud de ser simpático? ¿Acaso sonreír no es de los débiles en la F1?

Ricciardo, este fin de semana pasado en el circuito de Spa-Francorchamps. (Reuters)
Ricciardo, este fin de semana pasado en el circuito de Spa-Francorchamps. (Reuters)

"Le pongo menos énfasis a las carreras y todo lo que les rodean", explica Ricciardo. "Hay que estar relajado; yo en el coche soy muy, muy serio, pero cuando tengo que hablar, con la prensa, con los ingenieros o con quien sea, siempre procuro estar calmado. Y además tengo cosas que me interesan fuera de aquí. Por ejemplo la música, suelo ir a bastantes festivales. Procuro buscarle el equilibrio a la vida. Sí, es cierto que me dedico a la F1, pero si mañana me retiro, aunque estuviera súper triste, tendría muchas cosas que hacer fuera de aquí". De momento, Ricciardo sigue en la F1 (y triunfando). Quizá Verstappen estaba tan serio a su lado por cómo la mala suerte se está cebando con él este año (seis abandonos). A Ricciardo, lo contrario: seis podios y una victoria. ¿Sólo suerte? En el esquema hay más cosas.

Verstappen ha sido el hijo predilecto de Red Bull desde 2015, y sin disimulo alguno. El presidente, Dietrich Mateschitz, dijo que su sueño era "ver a Max conseguir un título con Red Bull". Y este año en Bakú, la carrera que ganó Ricciardo, Helmut Marko afirmó estar más apenado por la avería que ese día tuvo Verstappen que feliz por el triunfo de su compañero. Red Bull, de algún modo, se ha convertido ya en una estructura articulada en torno a su estrella joven. Contextos distintos, la situacion recuerda a aquella McLaren de 2007 volcada en Lewis Hamilton. Fernando Alonso se hartó y rescindió su contrato. Pero Ricciardo, que va ya por los 28 años, sabe bien el terreno en el que juega y las cartas que tiene. Lo más fácil sería pegar un portazo, pero no lo va a hacer.

La pregunta era clara. "¿Cómo se siente uno cuando se vuelcan tanto en otro piloto?". Y Ricciardo no sólo es astuto por tener una lectura tan fina de este panorama, sino por cómo lo afronta psicológicamente. Lo llaman inteligencia emocional. "Al día siguiente de ver aquellas declaraciones de Dietrich (Mateschitz) le llamé directamente por teléfono. Le dije: 'he estado leyendo estos comentarios tuyos... mira; o me pagas mañana 10 millones de dólares o yo me piro de aquí. Métemelo en la cuenta corriente, ¿vale? Y en efecto, lo hizo. Desde entonces, todo va sobre ruedas". Frente a él, la asistente de prensa de Red Bull matiza que se trata de una de sus típicas bromas. Mientras, Ricciardo ríe a carcajadas antes de plasmar el otro lado de su inteligencia, el racional, aquel que llama a la cautela cuando el cuerpo pide explotar.

Verstappen es joven y da mucha promoción a Red Bull; entiendo que le apoyen tanto

"Si te soy sincero, no me importa demasiado lo que vaya saliendo en los medios. Y tampoco me tomo ese tipo de comentarios de mis jefes como algo personal. Sé que tengo una buena relación con Red Bull y que siempre he sido leal al equipo. Ellos nunca buscan discriminarme a mí de ningún modo. Y desde su punto de vista, yo entiendo por qué están tan encima de Max; ten en cuenta que es el piloto más joven de la historia, y como marca les aporta muy buenos titulares, muy buena promoción y así potencian sus ventas. Al final, yo ya sé que esto es un negocio". Pero en la Fórmula 1, una cosa es tratar con cordialidad a un piloto y otra reconocer sus éxitos. Y al final, Ricciardo ganó en 2016 a Verstappen por 16 puntos. ¿Igual por eso no merece la pena armar un lío en Red Bull? "Ya demuestro que soy un buen piloto. No siento que a mí Verstappen me eclipse en nada. La cuestión es que tiene mucha más cobertura en los medios", enfatiza. Un fino diagnóstico a una situación que volvería loco a más de uno. Quizá sea otro producto de esa agradable personalidad tan simpática que transmite hasta con saludos a los basureros del 'paddock'...

Verstappen, desde luego, es alguien más impulsivo. También para muchos tiene un talento más espectacular que el de Ricciardo, todo sea dicho. Tres semanas antes de aquella charla, el holandés chocó contra su coche en el GP de Hungría. Le hizo abandonar la carrera, y luego Ricciardo le llamó "mal perdedor" e "inmaduro", y reconoció que "un piloto como Alonso nunca hubiera hecho eso". Verstappen hablaba aquel día cabizbajo; había defraudado su principal atributo, ser uno de los que mejor adelantan. "Este año Max ya no está tanto en la picota mediática o el debate público, también en este sentido", decía Ricciardo, abriendo el debate a si Max intentó volver a dar de qué hablar en el 'paddock' por otra de sus maniobras espectaculares... y le acabó saliendo rana. El resultado, ¿baño de humildad? "Es cierto que en 2016 todos le criticaban por sus maniobras y ahora no es así. Fue jodido lo de Hungría, pero lo va a aprovechar para mejorar, y seguro que va a madurar. Le llegará con la edad", explica. Esa misma que ahora hace reflexionar a Ricciardo incluso sobre algunos de sus deslices profesionales (que los tiene).

Quería esperar a Verstappen para meterle el corte de mangas, pero fue algo estúpido

Nada más chocar con Verstappen en Hungría, Ricciardo cometió el error de caer preso de sus emociones y actuar en caliente. "En cuanto ocurrió me enfadé mucho. Incluso me puse a insultarle por la radio ("mal perdedor"). Cuando paré en el exterior de la pista y salía del coche, el comisario quería que me apartara de ahí porque justo estaban viniendo los coches. Pero yo le dije: 'espérate por favor, ¡espérate! ¡Que quiero que pase Verstappen para hacerle un corte de mangas!". Y lo hizo, en reflejo de la tensión que llegaría inminentemente a Red Bull. Sin embargo, los dos lo hablaron todo con calma y se encargaron de enfriar luego el ambiente por su cuenta.

Ricciardo, caminando en el GP de Hungría. (EFE)
Ricciardo, caminando en el GP de Hungría. (EFE)

Ricciardo analiza así el pensamiento instantáneo que viene a la cabeza de un piloto y cómo las emociones van acomodándose con el paso de las horas. "Ahora echo la vista atrás y en realidad todo aquello fue muy estúpido. Fue un momento de calentón, pero es normal que te pase. Imagínate que te preparas a tope para una carrera de 1 hora y media, vas con toda la adrenalina posible... y de repente se termina todo en dos minutos. Tienes tanta energía y adrenalina en el cuerpo que lo acabas expulsando en forma de ira y cabreo. Por eso son tan difíciles esos primeros momentos, pero es cierto que al final todo fue bien. Después de la carrera tuvimos una reunión, hablé con Max a solas y yo ya estaba completamente calmado". Porque cuando a Ricciardo nada le perturba y puede concentrarse al volante, lo que transmite en la pista suele ser una fina pincelada de talento que también conecta de algún modo con su personalidad.

Aquel "procuro estar relajado" con la prensa y los ingenieros tiene una conexión indudable con su coche. De sus cinco victorias, casi todas las ha ganado a base de no rendirse y esperar el momento adecuado para dar el 'zarpazo' a sus rivales. Una paciencia similar a la de Raikkonen, que a veces algunos han echado en falta en Verstappen. ¿Dónde está el secreto para que le vaya tan bien aún no teniendo un coche para ganar? "La clave está en mi mentalidad. Aunque no haga una salida perfecta, he aprendido que en la F1 pueden pasar muchas cosas. Pienso lo mismo hasta cuando hay un fallo en el primer pit-stop. Esto es muy largo, nunca pienso que estoy del todo derrotado. Y nunca acabo las carreras arrepintiéndome de no haber adelantado a alguien o no haber hecho algo. Si puedo hacer algo, lo hago". En Bakú se jugó el tipo adelantando a tres coches a la vez. El resultado final es ya conocido por todos.

Daniel Ricciardo, de niño con un polo de Ferrari.
Daniel Ricciardo, de niño con un polo de Ferrari.

No son pocos los que desearían ver a Ricciardo campeón... pero con Ferrari. Al acabar la entrevista, El Confidencial le enseñaba una famosa foto de niño donde sale vestido con un polo blanco del 'Cavallino Rampante'. Vestir uno rojo en la Fórmula 1 es un sueño de la infancia que siempre ha querido cumplir. "El problema es que han firmado ya a Raikkonen, entonces Vettel va a seguir. Así es la jugada, tío: Kimi sigue, él también", contaba ya al despedirse. "¿Algún día irás allá a ganarle otra vez a Vettel, como en Red Bull en 2014?", fue la última pregunta. "¡Ja, ja, ja! Bueno, eso ya se verá. De momento aquí estamos". Y ahí está, tomándose de la mejor forma posible una situación que infunda máxima presión en todos los frentes, en su coche y fuera de él con Verstappen. Aquella broma de "o 10 millones o me piro mañana" venía a definir por qué Ricciardo, tanto por su carácter como por su forma de entender este deporte, parece más un marciano que un piloto de Fórmula 1.

Fórmula 1

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios