Cuando Hamilton iguala a Schumacher: el 'cabezaloca' contra el Maquiavelo de la F1
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los dos tienen 69 'poles' en la f1

Cuando Hamilton iguala a Schumacher: el 'cabezaloca' contra el Maquiavelo de la F1

"Conseguir esto es algo surrealista", dijo Hamilton después de lograr la 'pole' en el Gran Premio de Bélgica e igualar el récord de Michael Schumacher

placeholder Foto: Hamilton, celebrando la pole en Bélgica. (Foto: @MercedesAMGF1)
Hamilton, celebrando la pole en Bélgica. (Foto: @MercedesAMGF1)

Hace 17 años, en el Gran Premio de Italia del 2000, Michael Schumacher llegaba "muerto de cansancio" –en sus propias palabras– a la sala de prensa tras la carrera. Aguantó como pudo la primera pregunta, pero a la segunda agachó la cabeza y se puso a llorar delante de todos. Schumacher, el duro hombre alemán que lo ganaba todo, se estaba derrumbando psicológicamente en directo. Había igualado el récord de 41 victorias de Ayrton Senna. Estuvo tres minutos sin poder hablar, secándose las lágrimas, y al coger de nuevo el micrófono sólo dijo esto. "Lo siento, pero no me salen las palabras".

El destino, o quizá aquel accidente de esquí, no quiso que Michael Schumacher viera este sábado en Spa-Francorchamps cómo Lewis Hamilton prendía la mecha a una historia parecida. Senna, obviamente, tampoco pudo ver aquellas lágrimas de Schumacher en Italia. Pero este caprichoso devenir de la vida quiso que Hamilton igualara el récord de 69 poles de Schumacher justo en el circuito donde el alemán ganó por primera vez en 1992. "Conseguir esto es algo surrealista", decía Hamilton, que manifestaba una emoción distinta, de mucho reconocimiento pero sin lágrimas. No hizo falta para que muchos en Bélgica afirmaran, con orgullo, que fue un "día histórico".

La rueda de prensa del GP de Italia del año 2000.

Por qué Hamilton y Schumacher son distintos

Cualquiera que se topara ayer con 'viejas glorias' del periodismo de la Fórmula 1 notaba algo especial. El secreto lo contaba bien Livio Oricchio, histórico reportero brasileño con varias décadas en el 'paddock' a sus espaldas. Reviviendo la historia de Hamilton y Schumacher con El Confidencial, acabó resumiéndolo de esta forma. "Que el tiempo siga y haya pilotos que se batan récords el uno al otro es lo que mantiene viva a la Fórmula 1. Nadie pensaba que iban a batir las 65 poles de Senna, pero llegó Schumacher. Y nadie piensa que alguien batirá sus 91 victorias, pero se pueden batir". Es esta continua esencia competitiva la que, incluso a gente ya veterana como Livio, les mantiene cientos de días al año alejados de sus familias.

Y Hamilton, que tiene un talento explosivo como pocos pilotos de su generación, también va camino de igualar esas 91 victorias de Schumacher. La gran cuestión es cómo lo hará, y es aquí donde Oricchio echaba la vista atrás y dibujaba una comparación aproximada entre Schumacher y Hamilton. La definición, a los ojos de otros históricos periodistas consultados por este diario, no podía ser más adecuada.

"Pienso que Schumacher utilizaba más la cabeza que Hamilton en las carreras. Hamilton tiene la característica de ser un corredor, pero Schumacher era también un corredor y además tenía una visión más amplia de las carreras. Eso explica que muchas veces ganaba carreras saliendo desde muy atrás; esto no es en absoluto una característica de Hamilton: si está atrás en la parrilla, su posibilidad de ganar es mucho más pequeña". Quizá fuera por la nostalgia, pero Schumacher hacía gala de una inteligencia y una dedicación casi enfermiza a su forma física que le convertía en imparable. Los atributos de Hamilton, que existen, son distintos.

"Lo que tiene Hamilton es que juega limpio; Schumacher casi nunca jugaba limpio. Fue capaz de poner en riesgo su vida y la de su hermano en Nürburgring 1997, por ejemplo. Y lo mismo a Barrichello en Hungría cuando intentó pegarle al muro. Schumacher era así: excencionalmente profesional, rápido y trabajador, pero tenía ese defecto. Hamilton no lo tiene". Es cierto que Hamilton parecía más emocionado cuando igualó a Senna en Canadá, su verdadero ídolo. De Schumacher le distancian varias cosas, personalidad incluida: si uno era el alemán metódico y cuadriculado, otro pende de su volátil estado emocional y un talento siempre explosivo.

El maquiavélico Schumacher

No sólo difiere la personalidad, sino la filosofía con la que cada uno afronta las carreras. "Para Schumacher, lo importante es ganar. No le importaban los medios. Para Hamilton, los medios son más importantes que ganar". Las encerronas de Schumacher a pilotos al muro o aquella jugarreta a Alonso en La Rascasse de Mónaco son ejemplos de esta actitud un tanto maquiavélica que, sin embargo, resulta a algunos más loable que condenable desde un punto de vista de competidor nato. Hamilton, también para gusto de otros, sembró en la última carrera de Hungría todo lo contrario, dejando pasar a Bottas para sentirse tranquilo consigo mismo. Ni mejor ni peor, cada uno ha sellado su propio camino al éxito. Por eso la comparación entre estos dos contrarios resultaba tan interesante.

"68 poles, piénsalo... Fíjate a Bottas, que estaba a su lado en la rueda de prensa y de repente dijo: yo tengo sólo dos...", recordaba otra veterana voz del 'paddock', que al mismo tiempo hacía énfasis en lo que está siendo una trayectoria meteórica de Hamilton. "Lleva 68 poles en 200 grandes premios. La media es muy alta, y le ha ayudado también tener coches muy buenos como McLaren y Mercedes a los que siempre les ha sacado un ritmo impresionante". Este año, con el mismo contexto, Hamilton está mostrando esos dos lados de su actitud: el emotivo que (de momento) le aparta del liderato... y el explosivo que le lleva a igualar a los más grandes.

Hamilton reconoce a Schumacher

Es cierto que Hamilton siempre ha tenido una admiración especial a Senna, pero de Schumacher también guarda uno de esos recuerdos que le convertirían en la bestia capaz de igualar su récord. "Recuerdo venir aquí en 1996 a mi primera carrera y ver a Schumacher salir de la primera curva. El sonido de aquel motor me revolvía las tripas: fue ahí cuando mi amor por este deporte fue un paso más allá. Es increíble lo que he conseguido y estoy orgulloso de estar a la par de él". Antes de eso, Hamilton se saludaba con Ross Brawn, quien fuera su jefe en Mercedes en 2013, año en el que precisamente sustituyó a Schumacher. No eran pocos en Bélgica los que deseaban, de haber sido posible, una foto de los tres juntos en ese momento para el recuerdo.

"Estoy siempre rezando por él y su familia", decía Hamilton, en referencia también a ese lado espiritual y reflexivo que forja su personalidad. El mensaje iba dirigido al estado de salud de Schumacher –mantenido en férreo secreto–. La familia del heptacampeón se encargó de agradecerle el detalle con un sentido mensaje en las redes sociales. "Felicidades a Lewis. Como decía Michael cuando corría: los récords están para romperse". De algún modo, dejaron ahí la clave que une estos dos carácteres tan especiales: la insaciable búsqueda del éxito por encima de cualquier cosa.

Al acabar la conversación, Oricchio daba un pequeño respiro con aquello de que "así es como se mantiene viva la Fórmula 1". Ver a Schumacher ganar en este circuito en 1992 por primera vez y este sábado a Hamilton igualarle en el mismo lugar no hizo más que reafirmar por otra banda el sentido de por qué jóvenes y veteranos sienten pasión por las carreras. Quizá la historia de la Fórmula 1 sea cíclica, pero que sea así le hace fiel a su esencia competitiva. Aquella que llevó al 'maquiavélico' Schumacher a derrumbarse, y la que hizo pararse a reflexionar al 'cabezaloca' Hamilton. Como algunos decían, una aténtica oda a la Fórmula 1.

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