undécimo gran premio de la temporada

Victoria de infarto de Vettel con ayuda de Raikkonen; Alonso (6º) y Sainz (7º) brillan

Ferrari lidió bien con una avería mecánica de Vettel para darle su cuarta victoria y un colchón de 11 puntos sobre Hamilton, que terminó cuarto. Alonso (6º) y Sainz (7º) brillaron con luz propia

Quizá fuera producto de la casualidad, pero apenas una hora antes del Gran Premio de Hungría salió a hablar Sergio Marchionne, presidente de Ferrari, escoltado por todos los directivos de la empresa. Se cernía una expectación casi intimidante en el 'paddock', pero esta vez no quiso dejar muchas pistas en sus declaraciones. "Hay más de un 50% de posibilidades de tomar pronto una decisión para 2018". Hablaba en clave de su alineación de pilotos, que salvo sorpresa seguirán completando Sebastian Vettel y Kimi Raikkonen. Sobre este último se ha cernido más de un interrogante por su discreto rendimiento, pero al final ha sido en este mismo escenario donde él mismo se ha encargado de dar razones (y de peso) al criterio de su presidente.

Cualquiera pensaría que Raikkonen ha cerrado este domingo su renovación con Ferrari por haber ganado la carrera, pero en realidad lo ha hecho por ser segundo y regalársela a Sebastian Vettel. Nada de esto ocurriría en un cualquier otro deporte, pero que la Fórmula 1 está en otra dimension queda manifiestamente demostrado con esta carrera de continuos altibajos. Y sí, todo iba bien encaminado para Vettel desde el principio: mantuvo el liderato en la salida e impuso un ritmo abrumador, pero huelga insistir en que este deporte no es como otro cualquiera. De repente, se dañó la dirección de su coche y tuvo que conducir con el volante girado ligeramente a la izquierda. Empezó a rodar lento, y ahí se decidió la carrera de verdad.

Raikkonen venía con buen ritmo, pidiendo paso en un día donde en vez de bañarse en la gloria acabó reafirmando su posición de escudero perfecto. Pudo haberlo evitado y hasta se pegó a décimas de su compañero, pero si Ferrari ya le había diseñado de antemano una estrategia que le impidió ponerse primero, luego directamente no le permitió atacar a Vettel. Raikkonen, que lleva casi dos décadas en la F1, sabía que estaban jugando con fuego y así se lo avisó por radio a Ferrari, pero en el muro no se inmutaban y seguían fieles a una táctica que llevan décadas ejecutando con maestría. Hoy se ha dado la misma historia y finalmente consiguieron que ganara su piloto favorito, pero Hamilton y Mercedes han conseguido meterles el susto.

Los Mercedes persiguieron a Ferrari durante la mitad de la carrera. (EFE)
Los Mercedes persiguieron a Ferrari durante la mitad de la carrera. (EFE)

El gesto de Hamilton con Bottas

No estaba siendo el día de Hamilton, y finalmente tampoco lo acabó siendo, pero tuvo ante sí una oportunidad de oro para ganar la carrera. Mientras Raikkonen se desquiciaba con Vettel, Ferrari y todo a su alrededor, Hamilton empezaba a pedirle a Mercedes que le dejaran adelantar a Bottas y así intentar acercarse a Vettel. Los ingenieros (y el finlandés) tardaron muy poco en obedecerle. Empezó desde ahí una cabalgada que cerca estuvo de culminar en lo alto del podio, pero que finalmente le dejó cuarto. Raikkonen le taponó, no encontró el hueco y en la última vuelta le devolvió la posición a Bottas, algo a lo que se había comprometido de antemano por si le salía mal el plan. De Hungría se va a 14 puntos de Vettel, con el brillo perdido y más de un lamento por lo que pudo ser (y no fue) de Raikkonen.

Al acabar la carrera se produjo una anécdota curiosa. En el podio, Vettel, Bottas y Raikkonen saludaban felices a las cámaras, especialmente los dos primeros. Pero el piloto más rápido del día no era ninguno de ellos. Lo tenían apenas cinco metros por abajo, cerca de donde se aparcan los coches, tumbado en una hamaca más sonriente que nunca sobre un cartel publicitario con la imagen para el recuerdo que dejó en el Gran Premio de Brasil 2015. "La Fórmula 1 os desea felices vacaciones", fue el ingenioso mensaje que plasmaron los nuevos jefes de Liberty Media. El protagonista de esta historia no podía ser otro que Fernando Alonso.

Alonso consigue la vuelta rápida

No sólo marcó la vuelta más rápida del día, sino que consiguió el mejor resultado del año para McLaren y su segundo mejor desde que se unió a este proyecto en 2015. Es un sexto puesto que, sin embargo, trasciende del número. Ya sólo por cómo Alonso se he encargado de dar a su 'aprendiz' Carlos Sainz una simple lección con sus propias manos. Ambos lucharon en la primera mitad de carrera, pero el madrileño le llegó a tocar con una rueda y al final no pudo hacer nada para parar el ritmo del McLaren. Alonso fue inteligente: le dejó escaparse unas vueltas para ahorrar neumáticos y luego le endosó el estacazo con un adelantamiento de libro. El resto de vueltas, un ritmo abrumador con un coche inspirado en las curvas lentas. Un resultado que supo a victoria, aunque fuera a cinco metros del podio.

Justo detrás terminó Sainz, que puede anotarse el tanto de haber hecho una salida más que excelente. Del noveno pasó al séptimo puesto, antes de que Max Verstappen se pasara de optimista en la segunda curva y embistiera a su compañero Daniel Ricciardo, que abandonó ipso facto con una cara de resignación insólita. De repente, Sainz estaba sexto y sólo Alonso le impidió repetir su mejor resultado del año. Pero la lectura positiva de fondo es cómo a los dos pilotos españoles de la parrilla les han bastado con un día sin problemas para brillar con luz propia. Uno con su brillante experiencia, el otro con su ímpetu tan fresco al volante.

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Los Force India prosiguieron su buena racha, esta vez con Sergio Pérez 8º y Esteban Ocon 9º. El 'top-10' lo cerró Stoffel Vandoorne con el otro McLaren, en su primer resultado del año dentro de la zona de puntos. Fue una carrera estable pero extraña al mismo tiempo, y el caso de Raikkonen lo desvela a la perfección. Hoy no es la primera vez (ni la última) que el piloto más rápido en pista no gana la carrera. Es así como funciona la Fórmula 1, un deporte donde una de sus grandes estrellas tuvo que reírse de sí mismo sentado en una hamaca solamente por no mirar al podio con impotencia. Un deporte extraño, en todos sus sentidos.

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