VUELVE AL CIRCUITO DONDE LE CAMBIÓ TODO

Daniil Kvyat, o cómo el tiempo te hace tomarte tu peor tragedia con humor

Kvyat vuelve al circuito donde Red Bull dinamitó una aventura que ni él sabe cómo terminará. Ya no es el hombre abatido del 2016, pero ganar a Sainz es su garantía para resucitar por completo

Foto: Daniil Kvyat, al bajarse de su monoplaza. (EFE)
Daniil Kvyat, al bajarse de su monoplaza. (EFE)

“Cuando pienso en Rusia, me acuerdo de todo lo que me gusta golpear a ‘Seb’, es mi hobby”. En su casco para este fin de semana en el Gran Premio de Rusia, Daniil Kvyat ha incluido una caricatura suya subida a un cohete, inspirado en el adjetivo “torpedo” que le propinó Vettel. Quién lo diría hace 12 meses.

“Esta decisión ha sido un shock, porque yo siempre me he dejado el culo luchando en la pista”. Todavía con lágrimas en los ojos, a Daniil Kvyat le costaba responder a los periodistas cuando Red Bull le sustituyó por Max Verstappen en el Gran Premio de España. Dos semanas antes, en Rusia, una colisión contra Sebastian Vettel le dio a Helmut Marko la excusa definitiva para apartarle del mapa. Y un año después, Kvyat vuelve este fin de semana al lugar donde empezó su ‘tragedia’. La historia sigue, y aún no se sabe cómo va a acabar.

“Últimamente hay mucha desilusión en mi vida, el que conduce no soy yo”, decía Kvyat cuando en verano le ganaban los peores coches de la parrilla. Desde aquella llamada de Marko, que le cogió viendo un capítulo de Juego de Tronos, el resto del 2016 fue una tortura. Eclipsado por Carlos Sainz, no dejó los destellos de talento que le abrieron la puerta de entrada a la Fórmula 1. Pero mientras algunos ya le veían como un ‘muerto viviente’, su continuidad en 2017 le ha dado otra oportunidad para salvar su trayectoria. No será sencillo, pero el ruso ya se lo ha tomado como un reto personal.

Salir hacia adelante a base de humor

El golpe psicológico de aquella decisión resultó letal para Kvyat. No fue hasta el mes de septiembre, en el Gran Premio de Singapur, cuando ganó a Sainz por primera vez en todo el año. Y el balance final fue desgarrador en favor de su compañero, que le sacó cuarenta puntos. Aquel Kvyat que apuntaba maneras de campeón se había desvanecido por completo. “Con un bajón tan grande, ha sido un año de supervivencia. No entendí qué pasaba”, decía derrotado a final de año. Pero Toro Rosso decidió renovar su contrato en una decisión que cuestionaron muchos críticos. 2017 sería un todo o nada.

En pista, Kvyat ha conseguido inquietar algo más a Sainz desde el inicio del año, aunque todavía no ha recuperado la consistencia del pasado. Pero su gran remontada está en el plano psicológico. Ahora, parece disfrutar más de las carreras y hasta se toma con humor el accidente que pudo truncar su sueño de ser campeón. El torpedo...

Red Bull mató varios pájaros de un tiro con su destitución en 2016. Y Kvyat, que colmó la paciencia de Vettel con un incidente muy desafortunado, aprendió bien la lección. “Lo que sí voy a recordar de verdad es que ahora tendré que frenar más en la primera curva”, explica ahora, más relajado. Cuando se hablaba de su destitución el pasado verano, Kvyat no quiso arrimarse a un psicólogo como hizo en su día Grosjean, sino acudir a sus ingenieros más fieles para recuperar la confianza en sí mismo. No fue un proceso fácil, pero le está funcionando.

“El tiempo lo cura todo, pero debes pasar por malos momentos para a calmarte”, reflexionaba el pasado año. Y a la vista del 2017, todo apunta a que el paso de los meses ha sido también clave para sanar las heridas que más le dolieron con aquella ‘patada’ de Marko. Ya sin el título en el horizonte, Kvyat ha aterrizado en un nuevo terreno con las puertas blindadas de Red Bull y sin una estampida de jóvenes que puedan sustituirle en 2018. Sólo Pierre Gasly parece una amenaza. Pero lo más importante para su eutoestima sería ganar a Sainz. Sólo así daría un golpe en la mesa.

La lucha psicológica, ¿su gran arma?

Cuando conseguía batir a Kvyat por más de medio segundo en 2016, nadie valoraba el mérito de Sainz. En una crisis tan profunda como la que atravesaba el ruso, ganarle parecía un mero trámite. “La gente cree que es fácil. Yo no le veo ni desmotivado ni preocupado. Esa percepción me empieza a tocar un poco los h…”, decía Sainz, que aún se acordaba de aquel Kvyat imparable que le ganó la GP3 y llegó a ganarse la confianza de Red Bull sin apenas experiencia. Y aunque no estuviera pasando por un buen momento, su talento seguía escondido a falta de explosionar.

Ahora, Kvyat está listo para librar la batalla con Sainz en el plano psicológico. "Él y yo no somos amigos”, decía el ruso, en un discurso contradictorio con la buena relación que les une desde que compartieron piso en Inglaterra hace años. Para sobrevivir en la F1, Kvyat puede no tener otra opción que ganar a Sainz. Por estos lares parece ir su discurso tan hostil. “En pista luchamos duro. Aún no hemos tenido problemas, pero todo es posible…”. Si el ruso tensa la cuerda, Toro Rosso puede revivir este año la historia de ambiciones cruzadas que enfrentó a Sainz y Verstappen.

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Hasta cuando todo el mundo se postulaba en su contra, Kvyat siempre ha intentado creer en sí mismo. A Red Bull le reprochó su decisión recordando que fue él quien les dió su primer podio de 2016, y no Ricciardo. En Rusia, volverá al famoso 'lugar del crimen' con una filosofía renovada, quién sabe si ya ‘a la desesperada’, para intentar brillar ante su público. Dos semanas después, Sainz lo hará en Barcelona, su carrera 'de casa' y donde tendrá una grada plagada de aficionados. La lucha está servida. También la psicológica.

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