UNA AVERÍA EN EL MOTOR LE DEJA 16º

El cabreo más fuerte de Sainz: de ser el más rápido en pista a acabar tirado en la cuneta

Sainz estaba batiendo el récord de vuelta en Baréin hasta que su motor sufrió una avería. 24 horas antes, tuvo un problema similar. En su mejor versión como piloto, su paciencia se empieza a agotar

Foto: Sainz, en el Circuito de Sakhir. (Reuters)
Sainz, en el Circuito de Sakhir. (Reuters)

“Ya es la segunda vez que me pasa. No es que yo no tenga un buen fin de semana, es que mi coche se para". ¿Qué ocurre cuando un piloto está batiendo el récord de la pista y, de repente, el coche le deja tirado en la cuneta? ¿Y si esa avería se produce por segunda vez en un mismo fin de semana? Carlos Sainz no tenía palabras para describirlo. “Yo no puedo hacer más que batir los récords de la pista e íbamos a entrar fácil en la Q3”. En un margen de pocos segundos, pasó de la gloria al desastre. Nunca antes se le vio tan resignado desde su debut en la Fórmula 1.

“Mañana es la carrera, se me va a pasar pronto el cabreo”. Sólo la noción del tiempo parecía calmar el enfado de Sainz. Fue cortante hasta con su ingeniero de pista, una de sus figuras más cercanas, cuando le felicitaba por su brillante vuelta. "Me da igual", respondió antes de bajarse del coche. Si el viernes ya se perdió la sesión más importante del fin de semana por una rotura, este sábado se le agotó la paciencia cuando se repitió el problema. Lo peor, la sensación de haber tirado por la borda una mañana entera en la que se adaptó al coche en tiempo récord para luchar con los más grandes en clasificación. Para alguien que necesita buenos resultados más que nunca, fue un golpe muy duro.

Su mejor fin de semana, por la borda

Sainz afrontaba la clasificación prácticamente a ciegas. Perderse los Libres 2, la única sesión del fin de semana con las mismas condiciones nocturnas que la clasificación, era un hándicap casi imposible de salvar. Y aunque los Libres 3 no fueran representativos por disputarse bajo luz natural, Sainz se empeñó en recuperar el terreno perdido para seguir poniendo de manifiesto sus credenciales como piloto. En 60 minutos, hizo una simulación de carrera y hasta acabó por delante de Daniil Kvyat en la clasificación. Al bajarse del coche, acabar entre los diez primeros parecía hasta un trámite.

Antes de romperse el motor en la Q1, Sainz había batido el récord del primer sector y venía mejorando en el segundo. Su destino iba a ser la octava posición junto a los coches de Williams, a quienes veía inalcanzables antes del fin de semana. Las expectativas se confirmaron cuando en la sesión clasificatoria le superaban por casi 10km/h en las rectas, pero incluso con el tiempo y las circunstancias en contra, Carlos estaba a punto de ser otra vez ‘el primero de los mortales’. “Era uno de mis mejores fines de semana”, se lamentaba a sabiendas de haber estado cerca de firmar otra gesta.

Los recados al equipo fueron contundentes. No quiso nombrar directamente a Renault, a priori la gran culpable de las roturas del motor, pero tampoco reparó en transmitir su descontento en público. “Hoy ya me tocaba a mí poner ese extra de mi parte después de no rodar ayer. Y ahora empezar desde atrás y tener que remontar… es peor todavía”. Y después de ver a Kvyat fuera de la Q3 por un error de pilotaje, todo parecía algo más que una simple oportunidad perdida. Toro Rosso no resultó ir tan mal en Baréin y Sainz parecía más inspirado que nunca sin casi rodaje previo.

"Más que esto no puedo hacer"

Una periodista de 'Sky Sports' se preguntaba por qué Sainz tiene siempre tanta mala suerte en Baréin. No acabó la carrera ni en 2015 ni en 2016 y el mal augurio parecía confirmarse con las averías de este fin de semana. “Es sólo un problema del coche. Más que los mejores sectores absolutos poco puedo hacer”, respondía Sainz, aún con gesto de resignación. Y si en Baréin nunca ha sido sencillo adelantar, este año será aún más difícil con la aerodinámica de los nuevos coches. Nada parece jugar a favor de cara a mañana.

Pero después de triunfar a contracorriente en China y superar los récords de pista con un coche de mitad de la tabla, Sainz ha forjado una motivación de hierro que no le hace perder la esperanza. Pese a las negativas efemérides y una carrera siempre estable que apenas ofrece variables para brillar, consiguió sacar algunas palabras combativas a su frustración. “Yo, como siempre, voy a intentar recuperar terreno. Pueden pasar muchas cosas en carrera y vamos a ir a por ello”. Con una buena salida y algunos rivales más lentos por delante, la historia puede ser muy distinta.

“Aquí no va a llover… bueno, quién sabe si habrá una tormenta de arena”, decía Sainz en clave de humor. La lucha contra la adversidad se ha convertido ya en una rutina. No entraba en sus quinielas remontar el vuelo en Baréin hasta codearse con los Williams, pero es ese pequeño resquicio combativo lo que otorga esperanzas para la carrera. Y el reto de puntuar, por improbable que se tercie, ya es motivo suficiente para no arrojar la toalla. Por delante, 57 vueltas y mucha frustración que expulsar a base de talento.

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