Patrick Depailler, el piloto que sabía que moriría en un Fórmula 1
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uno de los clásicos franceses de los setenta

Patrick Depailler, el piloto que sabía que moriría en un Fórmula 1

Patrick Depallier amaba la vida como para exprimirla al límite en todos los sentidos. La F1 era el vehículo más intenso para ello, pero también intuía que en ella encontraría su final

Foto: Patrick Depailler, en una imagen de archivo (Cordon Press)
Patrick Depailler, en una imagen de archivo (Cordon Press)

“Patrick Depailler… Bueno, no tengo dudas de que tenía deseos de morir. Un tipo muy agradable, pero siempre pensé que estaba un poco chiflado. ¿Qué por qué? Mira cómo vivía su vida…”. Si el mismísimo James Hunt hablaba así del piloto francés, imaginen a quien tuvo la Fórmula 1 en su seno durante varios años. “Era el tipo que buscaba el riesgo en todo”.

La realidad es que Patrick Depailler amaba la vida como para exprimirla al límite en todos los sentidos, y la Fórmula 1 era el vehículo más intenso. “Creo que sabía que algún día moriría. Nunca pasó por su mente la retirada…”, explicaría su amigo y manager, Nick Brittan. Ese día llegó, un viernes de agosto de 1980, a bordo de su Alfa Romeo. Puede que muchos lo sintieran. A pocos les extrañaría.

"El futuro es para otros"

“Era lo más cercano a una suerte de comando de élite de las carreras. La gente así es consciente de que hay muchas oportunidades para que un día no tengas que hacer tu equipaje, pero eso no es lo mismo que tener deseos de morir”, matizaba Brittan sobre el diagnóstico de Hunt. Un día le pidió a su piloto que pusiera en orden su situación económica, pensando en el futuro. “No, no… El futuro es para otros”, le respondió Depailler.

Moreno, voz profunda, pinta de 'macho man', Patrick Depailler tenía una adicción, la adrenalina, fruto de las corrientes que circulaban por sus simas psicológicas. Conoció a su primera mujer, Huop, cuando eran niños, camino del colegio. Se hicieron novios, se casaron. Era el amor de su vida. Pero ella no podía soportar los riesgos de la competición y le rogaba que se retirase. “Está asustada por lo que hago”, recordaba en su momento el propio Depailler. “¿Cómo puedo culparla por ello? Pero, ¿cómo puedo parar esto? Por encima de todo, es necesario ser sincero contigo mismo…”. Pudo más la adrenalina.

"Fue un niño toda su vida"

Desde muy joven comenzó a competir en dos ruedas. Un grave accidente le llevó a los coches. No había tenido ninguna ocupación en su vida salvo la competición, una pasión que le quemaba. Los franceses que destacaban en los setenta encontraban el apoyo de la todopoderosa petrolera Elf. Depallier ganó la Fórmula 3 gala en 1970 y la carrera de Mónaco en la categoría. Tras algunas pruebas en Fórmula 2, debutó con Tyrrell en el Gran Premio de Francia de 1972, junto con Jackie Stewart y Francois Cevert. También corrió en Watkins Glen con un monoplaza antiguo y terminó séptimo. Tyrrell le llamó para una prueba en invierno. No pudo, un día antes sufrió un accidente con su moto.

Pero la retirada del escocés y la muerte de Cevert abrieron la puerta del equipo. “Era muy francés, nunca le faltaba su Gauloises, le encantaba el vino. De alguna manera, siempre fue un niño, toda su vida, siempre quería ir a esquiar, montar en moto, siempre con la confianza de que saldría de todas. Vivía solo para el presente”, recordaba Tyrrell quien, viejo zorro, le prohibió contractualmente practicar actividades de riesgo.

Mónaco 78, su primera victoria

Con Tyrrell lograba numerosos podios, era muy rápido en los entrenamientos, pero no remataba con la victoria. A diferencia de sus compañeros, se mostraba muy cómodo con el famoso Tyrrell P34 de seis ruedas, monoplaza que logró su único triunfo Suecia 1976. Paradójicamente, a cargo del piloto que más pestes echaba del coche, el sudafricano Jody Scheckter. Depallier terminó segundo.

Hubo que esperar a Mónaco 1978 para presenciar su primera victoria. En su mejor momento como piloto, fue fichado para el año siguiente por Ligier, patrocinado precisamente por… los cigarrillos Gitanes. Le encantaba bucear, navegar, esquiar al límite... Cuando el francés firmó, llamo a Tyrrell: “¡No tengo prohibiciones por contrato para hacer lo que quiera…!”, recordaba el británico.

"Predecible...", y doce operaciones

El equipo francés contaba con un sorprendente e inesperado ‘pepino’ en el JS11. Depallier logró su segunda victoria -y la última- en el Jarama. Tras el Gran Premio de Mónaco había un mes libre en la Fórmula 1. Fiel a su carácter se fue practicar ala delta a los valles del Puy de Dome, en las vísperas del Gran Premio de Francia. No tenía mucha experiencia, pero daba igual. Las corrientes de aire le estrellaron contra una montaña. Se destrozó las piernas. “Predecible”, según el propio Ken Tyrrell. Guy Ligier entró en cólera.

Por primera vez, Patrick Depailler tuvo miedo. “Durante un tiempo hubo peligro de amputación, estaba muy asustado”, reconocía el piloto francés. Sin las carreras no veía sentido a su vida. Para colmo, una caída de la cama en el hospital en agosto volvió a abrir la fractura de una pierna. Sufrió doce operaciones y Ligier le puso en la calle. En su convalecencia, fichó por Alfa Romeo para 1980.

Una curva de sexta a fondo

Aquel Alfa 179 blanco y rojo tenía graves problemas de fiabilidad. Depailler sufrió un primer accidente por avería mecánica en unos entrenamientos privados en Paul Ricard. La suspensión también se rompió en Silverstone. Alfa Romeo utilizaba titanio en las suspensiones para ahorrar peso porque aquel monoplaza era un ‘zambombo’. Su compañero Bruno Giacomelli sufrió tres accidentes por la misma razón.

“Llegó aquella mañana a Hockenheim como nunca le había visto en mi vida, en forma; acababa de terminar unas vacaciones con Valerie (su pareja)”, recordaba el propio Giacomelli, añadiendo que “el equipo tenía problemas con los dos coches, pero el suyo fue el primero en estar listo. Me dijo que por qué no probaba su coche. Di un par de vueltas con cuidado, y luego paré para subir a mi monoplaza. Llamaron a Patrick, que apagó su cigarrillo, y antes de subirse al coche forcejeamos en broma. Pasó una vez por boxes y nunca lo volvió a hacer otra vez”. La suspensión frontal se rompió en la Ostkurve, una curva de sexta a fondo. “Nunca hubo en su mente la idea de una retirada”. Al final, Patrick Depailler tuvo razón.

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