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Le Mans, sin manos ni piernas: cuando el ser humano logra las proezas más increíbles
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Le Mans, sin manos ni piernas: cuando el ser humano logra las proezas más increíbles

Tras perder manos y piernas por una terrible infección, el piloto amateur Frederic Sausset se impuso el desafío de competir y terminar las 24 Horas de Le Mans. Lo consiguió

Foto: Sausset, este fin de semana pasado en Le Mans.
Sausset, este fin de semana pasado en Le Mans.

Faltaban solo cincuenta minutos para acabar las 24 Horas de Le Mans. Sentado en su silla de ruedas, Frederic Sausset se apoyaba en el torso de su compañero y amigo, el piloto Christophe Tinsau. Y ambos no pudieron evitar las lágrimas. Como todos los presentes en su box. El francés se disponía a afrontar su último relevo para culminar la mayor proeza en la historia de la carrera más dura del mundo: terminarla sin contar con ninguna de las cuatro extremidades. Poco después repetía su ritual para entrar en el coche. Cuatro mecánicos le colgaban de una barra, cogido por los hombros con cinchas, y le introducían en su prototipo. Por pudor, lo hacían de espaldas a la salida del box.

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Más que una gesta deportiva, la aventura de Sausset fue un enorme ejemplo de la capacidad del ser humano para superar todos los límites. “Hacía falta terminar a toda costa para lanzar el mensaje destinado a las personas con grandes limitaciones, como yo”, explicaba Sausset al final de la prueba, “este desafío es también por ellos, para decirles que nada es imposible en esta vida, y que hace falta creer en los sueños”. Como los ganadores absolutos, subió también al podio de las 24 Horas de Le Mans entre la admiración más profunda.

Un sistema diseñado por el propio piloto

Una gravísima infección casi acabó con la vida de Sausset, de 47 años. No lo consiguió, pero forzó la amputación de piernas y manos. Como motivación, uno de sus primeros objetivos fue conducir un coche, “pero no quería hacerlo con un joystick” reconocía. Su ambición iba incluso más allá. Amigo del piloto profesional francés Christophe Tinseau, este no podía creer lo que Sausset le planteaba, cara a cara, todavía en el hospital: correr las 24 Horas de Le Mans. Contagiado por su entusiasmo, Tinseau le prometió toda su ayuda. Audi y su equipo también le ayudaron desde el comienzo.

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Sausset se convirtió así en un piloto amateur. Para ello diseñó los elementos necesarios para manejar el mismo prototipo de sus dos compañeros de equipo. Un asiento especial se montaba cada vez que Sausset se subía al coche. Diseñado para conectarse con el acelerador y freno, manejados ambos a través de unas levas que activaba con los muslos. Una prótesis en su brazo derecho se conectaba a otro elemento que hacía las veces del volante, también sustituido por uno convencional cuando los otros dos pilotos tomaban los mandos. Por razones de seguridad y sensibilidad de sus extremidades, se permitió que el prototipo llevara ABS.

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"Plantearse correr así es increíble"

Pero la realidad era muy dura y exigente. Sausset quería competir como un piloto más, y para ello debía cumplir los requisitos para clasificar al término de las 24 Horas: rodar un mínimo de seis horas, y dentro de los objetivos de tiempo por vuelta: en Le Mans, 4 minutos 10 segundos a un trazado de 13.6 kilómetros. Algo muy serio.

Tomas Saldaña ha competido en siete ocasiones en las 24 Horas de Le Mans, y es comentarista de la carrera para el canal Eurosport desde hace una década. Nadie mejor como él para valorar una proeza que le llena de admiración. “Lo primero que valoro es la valentía de alguien que no ha corrido en Le Mans en plenas facultades. Esta carrera es un reto único en el mundo por sus altas velocidades, es una de las pistas con más riesgo, y porque compiten muchas categorías con diferente ritmo. Esto ya le da mucho mérito para alguien que no haya corrido nunca en Le Mans, pero si encima no tienes piernas ni parte de los brazos, vamos... Plantearse correr aquí en estas condiciones me parece ya algo increíble”.

"Pilotar con un solo brazo tiene un valor enorme"

Por ejemplo, un prototipo puede llegar a las famosas curvas Porsche a casi 300 km/h. “El coche tenía ayudas que le permitía el reglamento, pero guiarle con un solo brazo es algo realmente difícil. Porque hay que ser muy preciso en los cambios de dirección y en las curvas rápidas para rodar en el tiempo que lo hizo, en 4.01, que es un tiempo muy, muy digno. Se soportan fuerzas g muy altas para tener este ritmo, y hacerlo con un solo brazo tiene un valor enorme”.

“Desde mi punto de vista, lo que ha hecho tiene un valor incalculable”, explica Saldaña, “poder meterse en el ritmo de carrera, pilotar seis horas, no provocar el más mínimo incidente con sesenta coches en pista, ninguno ¿eh?, cuando otros en plenas facultades han provocado muchos. Todo demuestra que es una persona con la cabeza muy bien amueblada, con una fuerza de voluntad enorme, una capacidad de sacrificio muy alta, y que ha puesto su objetivo de un sueño por cumplir por delante del riesgo personal que afrontaba”.

"Uno de los mayores actos de coraje"

Al final, el equipo de Sausset, Tinseau y Jean Bernard Bauvet terminó en la trigesimoctava posición. Incluso el actor Brad Pitt, que había dado la salida de las 24 Horas de Le Mans, quiso fotografiarse con el gran héroe de la prueba. “Aún no soy consciente de lo que he realizado por todas las emociones, pero me siento orgulloso de haber afrontado este combate y este desafío personal”. Tampoco pudo evitar las lágrimas desde lo alto del podio de Le Mans, aclamado por la multitud.

El británico Anthony Davidson fue uno de los tres pilotos que perdió dramáticamente con Toyota la victoria en la última vuelta. Tras ver rodar a Frederic Sausset en la pista, no pudo evitar un tuit durante la celebración de la carrera: “Debo decir que poder ser testigo de lo que está haciendo Frederic Sausset en la pista hoy es uno de los mayores actos de coraje, de las cosas más inspiradoras, que nunca he visto”. Seguro que millones de personas en todo el mundo sintieron lo mismo.

Faltaban solo cincuenta minutos para acabar las 24 Horas de Le Mans. Sentado en su silla de ruedas, Frederic Sausset se apoyaba en el torso de su compañero y amigo, el piloto Christophe Tinsau. Y ambos no pudieron evitar las lágrimas. Como todos los presentes en su box. El francés se disponía a afrontar su último relevo para culminar la mayor proeza en la historia de la carrera más dura del mundo: terminarla sin contar con ninguna de las cuatro extremidades. Poco después repetía su ritual para entrar en el coche. Cuatro mecánicos le colgaban de una barra, cogido por los hombros con cinchas, y le introducían en su prototipo. Por pudor, lo hacían de espaldas a la salida del box.

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