fallece un histórico famoso por su carácter

Guy Ligier: ¿Se imaginan a Enzo Ferrari destrozando sus propios monoplazas?

Apasionado, volcánico, de gran rudeza y determinación, Guy Ligier abrió el camino para Francia en la Fórmula 1 con su equipo. Fue uno de los grandes 'racers' de las décadas 70 y 80

Foto: Guy Ligier: ¿Se imaginan a Enzo Ferrari destrozando sus propios monoplazas?

Sus explosiones de furia eran famosas como su temperamento y pasión por la competición. Pero pocas como aquella. Guy Ligier había logrado con su pequeño equipo francés las dos primeras victorias de la temporada 79 de manera inesperada. Sin embargo el rumbo se torció según avanzaba el campeonato.

Ligier disentía sobre la evolución aerodinámica que su equipo quería seguir. En la era ‘wing car’ el diseño de los pontones laterales era clave. En plena bronca con el responsable técnico, Gerard Docarouge, Ligier tiró todos los pontones disponibles al suelo y empezó a pisotearlos hasta destrozarlos totalmente. “Ahora no tienes más remedio que hacer otros nuevos”. Sus ingenieros tomaron otra dirección técnica.

Esta semana fallecía un histórico en la Fórmula 1 de los setenta/ochenta. Alguien cuya potente y pasional personalidad se desbordaba en todos los ámbitos a los que se enfrentaba: deportes, carreras o negocios. Ese tipo de individuos que exprimía la vida con una ambición, fuerza y energía al alcance de unos pocos elegidos.

La primera victoria de un equipo, piloto y motor francés

Huérfano desde muy joven, aún adolescente empezó a trabajar en una carnicería en su Vichy natal. Su fuerza arrolladora tenía una gran metáfora en la excavadora de segunda mano que se compró con sus ahorros para construir carreteras en la Francia de los 50. Con su físico poderoso y una pila atómica de energía, también competía como piragüista y jugó en la selección francesa de rugby. La fortuna que había logrado en la obra pública le permitió luego competir en motos, prototipos, Le Mans… 

Más tarde corrió algunas carreras de Fórmula 1, pero en 1966 sufrió un accidente en Nurburgring que le costó más de cuarenta facturas, seis meses de convalecencia y su coche a la basura. “Nunca iba a recuperar ese segundo que me faltaba como piloto…”. En 1968, se unió a Jo Schlesser en la Fórmula 2. Ligier se olvidó del pilotaje definitivamente cuando su amigo Jo murió en un gran premio. 

(Foto: Imago).
(Foto: Imago).

Eran años donde hombres como Frank Williams o Guy Ligier levantaban un equipo de Fórmula 1 a base de feroz pasión y determinación. Cuando Matra decidió abandonar la competición, Ligier se hizo con el material y un grupo de brillantes ingenieros franceses. A través de sus contactos políticos, convenció a la tabaquera SEITA (de propiedad estatal) para que le apoyara. Llegó entonces Gitanes, de inconfundible icono y colores durante décadas en la Fórmula 1. En su quinta carrera, en 1976, logró el primer podio. En Monza 77, Jacques Laffite logró con el JS7 (con las iniciales en honor a Jo Schlesser) la primera victoria de un piloto, coche y motor francés en la Fórmula 1.

¿Qué dices? ¿Un francés plantando cara a los británicos?

En 1979 llegó el momento crucial de su carrera. Ducarouge y los suyos diseñaron el JS11, un monoplaza de ‘efecto suelo’ que arrasó inesperadamente en las dos primeras carreras de la temporada, Argentina y Brasil. Eran años de libertad creativa en los que el equipo modesto podía ganar si acertaba con su diseño. Que un equipo francés plantara cara a los británicos no encajaba en la onda del momento.

Pero Ligier necesitaba dar la campanada para convertirse en uno de los grandes. De ahí aquella tensión que reflejaba aquel famoso incidente de los pontones destrozados. También había decidido apostar ampliando su equipo a dos pilotos, con Patrick Depailler junto a Laffite. Pero sin grandes medios, el equipo sólo pudo terminar tercero en el campeonato. Y aunque muy competitivo en las dos temporadas siguientes, fue Frank Williams quien se coló entre los grandes y no el fornido y temperamental Ligier.

El apoyo de su amigo Francois Mitterand

Sus resultados posteriores nunca igualaron aquellos años. Siguió en la Fórmula 1, siempre con medios limitados, pero también apoyado por su amigo de la infancia, Francois Mitterrand, quien casualmente se convirtió en presidente de Francia y movió los hilos necesarios para salvar a Ligier de sus problemas económicos en 1983. En años sucesivos, contó con el patrocinio de empresas francesas como Elf, Gitanes o Loto o Renault, cuyos motores también utilizó en dos etapas de su carrera.

Incluso Mitterand se llevó el Gran Premio de Francia al circuito de Magny Cours, en medio de ninguna parte y allí estableció su sede Ligier, también con su propio túnel de viento. Cuando el poder socialista se desvaneció en 1992, Ligier anticipó el panorama y vendió su equipo. Invirtió luego con gran éxito en el campo de los fertilizantes y antes había iniciado un gran negocio con los 'micro cars', vehículos que no necesitaban carnet de conducir. 

Romper una mesa con el dedo

“Era un hombre que podía dar realmente miedo”, decía de Ducarouge del propio Ligier, “a veces podía ser totalmente encantador, otras veces horrible, gritaba a todo el mundo y se volvía loco”. Famosa es la anécdota con Andrea di Cesaris, el piloto italiano famoso por sus accidentes. Tras una impresionante e interminable ‘croqueta’ en el Gran Premio de Austria de 1985, cuando el piloto llegó a boxes se encontró de frente con el ‘ogro’ que Ligier llevaba dentro. “Vete a tomar por el c…, no quiero volver a verte” y le despidió allí mismo.

“Guy era el padre, el resto éramos los niños”, decían en su equipo. Otros de sus pilotos en los ochenta, Stefan Johansson, recordaba en su obituario en Autosport “una increíble pasión por su equipo y las carreras en general, era un verdadero ‘racer’ en el sentido más tradicional. Recuerdo una tremenda discusión con Rene Arnoux -el otro piloto del equipo- tras los entrenamientos de Mónaco, no podía entender lo que decían porque era en francés, pero golpeaba con tanta fuerza la mesa con su dedo índice, que la rompió”. 

Jacques Laffite corrió con Ligier durante nueve años, casi toda su carrera: "Era alguien fantástico, con una gran humanidad", recordaba el piloto francés, "era muy apasionado y de no haber sido así, no hubiera logrado nada. Siempre estaba trabajando, era un visionario. Iba siempre en el camino que se había marcado e iba directo a por ello hasta hacer el trabajo". Hasta el punto de destrozar sus propios monoplazas si era necesario.

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