Uno de los pilotos de mayor carisma en los 70

Clay Regazzoni, de Ferrari y la Fórmula 1 al Dakar en silla de ruedas

Dotado con un gran carisma, el piloto suizo fue gran exponente de una estirpe diferente de pilotos. Tras su accidente, vivió con la misma intensidad y pasión

Foto: Clay Regazzoni, de Ferrari y la Fórmula 1 al Dakar en silla de ruedas

30 de marzo de 1980. Gran Premio de Estados Unidos, en Long Beach. Vuelta 50. “Al final de la recta intenté frenar, y el pedal no estaba. Lo intenté otra vez, y otra vez, intenté hacer algo, pensé que el pedal regresaría, puse segunda o tercera velocidad…”.

Emerson Fittipaldi rodaba detrás del suizo Clay Regazzoni, que desde el fondo de la parrilla se había colocado quinto. Pilotaba un modesto Ensing, tras haber vivido sus mejores años en la Fórmula 1. “Le ví cómo intentaba hacer un trompo para evitar el impacto”, recordaría después el piloto brasileño, “no pudo a esa velocidad, y al pasar por su lado solo escuché un tremendo impacto”. Comenzaba en ese momento la segunda vida de Gianclaudio Regazzoni, uno de los pilotos más carismáticos de los años setenta.

Testosterona, gran bigote, y amplia sonrisa

Nacido en Lugano (Suiza), donde el automovilismo deportivo en circuito estaba prohibido desde el dramático accidente en las 24 Horas de Le Mans de 1955, su pasión por pilotar a cualquier precio lo llevó a un periplo por categorías inferiores hasta la Fórmula 2. Tenía reputación de piloto duro y rápido. Correspondía a su físico rotundo, de pura testosterona, bigote inconfundible y amplia sonrisa que delataba su vitalismo y sentido del humor.

Cerca del día de Navidad de 1968 recibió una llamada. Era Enzo Ferrari. Pensó que era una broma. Le quería para su equipo de Fórmula 2. ‘Il Commendatore” le habló poco. Le gustaba su estilo duro de pilotar y le fichó para 1969. El coche fue un desastre y Ferrari, enfadado, dio carpetazo. Pensó que le había hecho la cruz para siempre. Pero en 1970 llegó otra llamada. Era para la Fórmula 1. Regazzoni tenía treinta años.

"¿A quién quieres como compañero?"

 “Un coche de Fórmula 1 era más fácil de pilotar para mí, porque tenía mucha potencia". En su quinta carrera, Monza nada menos, logró su primera victoria. Al día siguiente de la muerte de Jochen Rindt. Con su físico y su apellido, los italianos hicieron suyo al suizo.

Pero siguieron dos años penosos en Ferrari. En 1973 le dejó ir por falta de dinero. Fichó por BRM, donde llegó un joven austríaco brutalmente ambicioso llamado Niki Lauda. Ferrari volvió a llamarle para 1974. Probó el monoplaza italiano y le encantó. Al firmar, ‘Il Commendatore? Le preguntó: “¿A quién quieres como compañero?" Hoy, un piloto hubiera dado otra respuesta. Noble y totalmente apolítico, aconsejó a aquel ambicioso austríaco y, de alguna manera, cavó su tumba: “Niki Lauda”, contestó.

"Disfrutaba de la vida, esto era lo más importante para mí”

"Nunca pensaba en el título, corría día a día. Con Niki, cada carrera se trataba de estar arriba del todo. Él había programado su vida para ser campeón, yo disfrutaba de la vida, esto era lo más importante para mí”. Con todo, en 1974 el suizo perdió el título en la última carrera por tres puntos. Pudo haber sido campeón. Luca de Montezemolo, consciente de la diferencia de enfoque, apostó por Niki Lauda. “Nadie quiso en Ferrari que yo ganara el título”, recordaría más tarde. Pero ambos se convirtieron en grandes amigos, como también recuerda la película Rush, con Regazzoni retratado como Pierfrancesco Savino.

A partir de 1975, el equipo ya era de Lauda. En 1976 rechazó confiado una oferta de McLaren y a final de año se quedó sin asiento porque Ferrari le hizo una emboscada.

"¡Bravo Frank!"

Comenzó un peregrinaje de dos años por equipos de fondo de parrilla. Sorprendentemente, recibió una llamada de Frank Williams. Necesitaba un número dos que apoyara a Alan Jones, el niño bonito en el equipo. El nuevo FW07 de Patrick Head era una joyita. "Clay era diferente a la mayoría de los pilotos”, recordaba de él, Frank “era un auténtico caballero, que amaba las carreras por sí mismas, una personalidad adorable”.

En Silverstone, en un día memorable, el suizo regaló al equipo británico su primera victoria. Williams, duro entre los duros, se emocionó en el motorhome cuando Regazzoni, mientras le chocaba a mano, le dijo con su vozarrón un simple “¡Bravo Frank!". Fue la última del piloto suizo en la Fórmula 1. Pero su carrera ya comenzaba el declive. Aceptó volver al modesto Ensing.

"Descubrí otro mundo”​.

Y volvamos a Long Beach. El monoplaza impactó por debajo de los neumáticos. Sintió “un dolor horrible” en las caderas. Le operaron, pero no estabilizaron la espina dorsal después de la descompresión vertebral. Luego descubrió que, técnicamente, se habían equivocado en Estados Unidos. De vuelta a Suiza, pasó dos meses en la cama. Durante la rehabilitación, la vértebra se movió. Cinco veces más le operaron. Ya nunca pudo andar.

"Descubrí otro mundo”. Apasionado y vitalista, no se derrumbó. “Para mí, conducir es lo importante, disfruto pilotando rápido, nunca me pongo objetivos, incluso cuando comencé a competir”. Inició una larga e impresionante amplia labor social para ayudar a la movilidad de los parapléjicos. Creó escuelas, llevó a cabo campañas de educación, desarrolló de sistemas de conducción e implicó a numerosos fabricantes de la industria. Haría falta otro artículo para describir su actividad en ese “otro mundo” surgido a raíz de su accidente. No hubo obstáculos para él.

"Siempre positivo, nunca deprimido"

Tanto que, incluso a pesar de su minusvalía, decidió participar en varias ediciones del París Dakar a bordo de vehículos especialmente preparados, fundamentalmente en la categoría de camiones. Incluso en la edición de 2005 participó con Stefano Venturino, el presidente de Guidosimplex, una empresa italiana dedicada a los sistemas de conducción manual para minusválidos.

"Siempre pensaba en positivo. Nunca estaba de mal humor ni deprimido. Eso es lo que más admiraba de él", decía Niki Lauda de su antiguo amigo. Estuvo en su funeral en Lugano, como también Emerson Fittipaldi y Jackie Stewart. El 15 de diciembre de 2006, Regazzoni murió en un accidente de tráfico cuando el Chrysler Voyager que conducía golpeó la parte trasera de un camión en una autopista italiana, cerca de Parma. Conduciendo, su verdadera y gran pasión. Aparte de vivir la vida. Clay Regazzoni, otro que también tenía nombre de piloto...

Fórmula 1
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios