un gran talento fallecido prematuramente

François Cevert, el elegido de los dioses, también para morir demasiado pronto

Su carisma único, su talento, su relación personal con Jackie Stewart y las circunstancias de su muerte hacen de su vida una historia única en la Fórmula 1

Foto: Francois Cevert antes de un gran premio de Fórmula 1.
Francois Cevert antes de un gran premio de Fórmula 1.

Creía en el destino, y llegó a visitar a un parapsicólogo antes de afrontar la final del Volante Shell. El futurólogo le predijo que lo ganaría, que luego cosecharía  fama y fortuna, pero no vería su trigésimo cumpleaños… Lo contaba en Jean Claude Halle en su biografía: 'Un contrato con la muerte'.

“Tenía una presencia impresionante, era una de esas personas especiales a quien todo el mundo quería conocer”, recordaba Jackie Stewart en su autobiografía 'Ganar no es suficiente', “a su encanto natural sumaba una férrea determinación para trabajar muy duro, para aprender y convertirse en el mejor piloto que podía ser”.  Pero el personaje ofrecía otra dimensión. “Alguna gente le consideraba un play boy, le gustaba vestir con estilo, y una vez llegó a mostrar una presencia  espectacular cuando se presentó con un abrigo de piel hasta las rodillas y un collar de peces. Pero era mucho más que eso. Para mí, siempre fue más que un compañero de equipo. Era mi hermano pequeño”.

Cevert celebrando con champán.
Cevert celebrando con champán.

Un carisma natural único

Si tu compañero de equipo es tu primer y más encarnizado rival, ¿por qué y cómo François Cevert y Jackie Stewart vivieron una relación única en el despiadado mundo de la Fórmula 1?  Fue como un guión cinematográfico, pero de trágico final. De hecho, el escocés ha estado asesorando al productor de 'Brokeback Mountain' para llevarla al cine… "Habrá muchas lágrimas", explica el propio Stewart.

Muy alto, increíbles ojos azules, pelo ensortijado, voz profunda, sonrisa profiden, educación pulida... François Cevert atesoraba el carisma natural de quien fue tocado por los dioses, a lo que unía una total ausencia de ego y pretenciosidad frecuentes en tan privilegiado perfil. A esta irresistible combinación sumaba su gran talento al volante. De hecho, estaba destinado a ser el heredero natural de Stewart.

Hijo de una familia muy acomodada que le  deparaba su futuro como pianista clásico –había estudiado más de quince años-,  aquel destino en el que creía le llevó a ganar el Volante Shell de promoción en 1966, que permitió competir luego en la Fórmula 3. En solo cuatro años se encontró ante la oportunidad de subir a un Tyrrell por la retirada de Johnny Servoz-Gavin a tres carreras del final de 1970. Junto a Jackie Stewart, nada menos.

Stewart, en el 40 aniversario de la muerte de su amigo.
Stewart, en el 40 aniversario de la muerte de su amigo.

Siempre por detrás del maestro

 Ken Tyrrell pidió al escocés que ayudara al novato. Reciente de su segundo título y en un equipo de ambiente familiar,  Stewart se convirtió en su tutor. Sobre todo, porque descubrió que el joven Cevert no era un 'trepa' y “estaba dispuesto a escuchar, algo que pocos hacían”. En su biografía, el escocés también añadía otro punto importante: “No amenazaba mi posición”.

De 1971 a 1973 pilotaron idéntico monoplaza, “en cada sesión de entrenamientos, en clasificaciones y carrera, no me importaba compartir todo con él”. Era frecuente verlos charlando y riendo en boxes, con la complicidad de dos colegas, de dos hermanos de sangre, Cevert siempre respetuoso hacia su maestro. Algunas imágenes de ambos que recoge la pelicula 'One' (aún por estrenar en España) 'hablan' más que mil palabras.

Cevert logró su primera victoria en 1971, en Watkins Glen. Stewart había cometido un raro fallo y el francés aprovechó la oportunidad limpiamente. Pero en 1972 y 1973 terminó segundo diez veces, muchas  a la estela de Stewart. “Jackie no podía hacer más por él”, contaba Ken Tyrrell, recordando el doblete de Nurburgring, cuando rodaron juntos desde la salida hasta la meta, “François podía haberme pasado cuando hubiera querido”, le confesó el escocés. En Zandvoort (Holanda) Cevert también seguía a Stewart, quien falló un cambio de marchas en la famosa curva Tarzan: ¿Por qué no me pasaste, idiota?, le preguntó sonriendo el escocés: “No te quiero ganar así”, respondió el francés.

"Tengo una oferta de Ferrari"

En 1973, Stewart decidió retirarse, solo Ken Tyrrell lo sabía. Ni siquiera Helen, su mujer, estaba al tanto.  Entre ellos acordaron que Cevert sería su heredero natural, aunque este  lo ignoraba. El escocés ya se había proclamado campeón por tercera vez en Monza, y  llegaban las dos últimas carreras de la temporada, Canadá y Estados Unidos. En la primera, Cevert sufrió un accidente con Jacky Ickx y se dañó un pie. Tuvo que andar con muletas. La familia Stewart se hizo cargo de él.

El matrimonio y el francés se fueron juntos diez días de vacaciones antes de la carrera de Watkins Glen. En Bahamas, en el hotel por las noches, Cevert hipnotizaba con sus conciertos de piano tocando la Patética de Beethoven, especialmente a las damas... Lo habitual, vamos. En Suecia, Stewart incluso llegó a encontrarse a su amigo en el hotel con dos azafatas de Marlboro, metidos todos en la ducha…

“Jackie, Ferrari me ha hecho una oferta”, le confesó en la piscina a su amigo, “algún día tengo que seguir mi camino, tu relación con Ken es tan buena que quizás nunca pueda ganarte, tengo que buscar otro equipo”. Stewart evitó anticiparle su retirada, y que el equipo Tyrrell sería para él. “Espera a final de temporada, no seas impaciente, eres demasiado bueno para que Ferrari no espere otros diez dias”. Se marcharon hacia Watkins Glen, escenario de la única victoria de Cevert en Fórmula 1. Era la carrera final del campeonato,  la última para Stewar, y  la número cien de toda su trayectoria.

"Por fávor, déjale ganar, como si le entregaras la antorcha"

Aquel fin de semana Ken Tyrrell habló con Stewart: “Por favor, déjale ganar, es como si le pasaras la antorcha”. “Es pedir demasiado, Ken, me gustaría despedirme con una victoria…”. “Lo sé, piénsalo, por favor”. “Bien, veamos como van las cosas este fin de semana, y decidimos”. Ambos estuvieron de acuerdo.

Al salir a la pista, Cevert vio a Helen, y la guiñó un ojo. Fue la última vez que se miraron.  Desde el principio atacó a fondo para lograr el mejor tiempo, consciente de que la pole podría ayudarle a lograr la victoria. En las peligrosas 'eses' del circuito Stewart entraba en tercera, pero Cevert lo hacía en cuarta velocidad, ya que la salida  era más rápida, pero también más peligrosa porque el Tyrrell era muy nervioso…  Pero pasemos la palabra al propio Jackie Stewart.

Paralizado por el horror

“Ví a los comisarios con doble bandera amarilla, señal de que había que parar, empecé a mirar, y había restos por toda la pista, parecía un accidente aéreo, pero las piezas tenían el tamaño suficiente para ver que eran azules”. Stewart vio venir andando al tercer piloto del equipo, Chris Amon, que le hizo gestos, “no he sido yo”.  y luego el pulgar hacia abajo. Stewart se bajó del coche y corrió hacia el lugar del accidente.

“Como los comisarios, Chris y Jody miraron el coche y se fueron…”, recordaba Stewart. La escena debió ser lo suficientemente espantosa como para que ninguno quisiera describir nunca lo que vio. Uno de ellos fue el joven debutante Jody Scheckter, quien luego reconocería que estuvo a punto de retirarse de las carreras en el acto. 

“Llegué y me quedé paralizado por el horror,  me dí cuenta de que nada podía hacer". El Tyrrell estaba atrapado entre los restos de los raíles, el morro hacia abajo y el habitáculo mirando hacia mí. Había humo y vapor por todas partes, un reguero de aceite… Y allí, todavía atrapado por el cinturón de seguridad, estaba mi compañero de equipo, mi protegido, mi amigo, mi hermano pequeño... Estaba muerto”. Stewart miró a su amigo, se subió a su monoplaza y volvió a boxes. Como luego reconocería, siempre lamentó no haberse quedado más tiempo junto a él. Había fallecido en el acto.

Helen, la esposa de Stewart, se marchó la habitación del Glenn Motor Inn para recoger las pertenencias personales de François Cevert. Lo mismo que hubo de hacer en el pasado con las de Jochen Rindt, fallecido en Monza justo delante del propio Cevert. Allí se juntó Sewart con ella. “Cariño, he dejado de ser un piloto de carreras para siempre”, le dijo su marido, totalmente destrozado. “Ahora, podremos hacernos mayores juntos”, le contestó ella.

Los dioses que tantos dones le prodigaron tenían preparado para François Cervert un singular destino aquel 7 de octubre de 1973. El 25 de febrero siguiente, el apolo de profundos ojos azules hubiera cumplido treinta años... 

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