James Hunt, el campeón de la velocidad, el sexo y el alcohol
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GANADOR EN 1976 Y PROTAGONISTA DE 'RUSH'

James Hunt, el campeón de la velocidad, el sexo y el alcohol

 Todo un personaje y un icono, que vivió una vida de excesos al límite, acompañada por un gran talento natural y enorme competitividad al volante

Foto: James Hunt durante el GP de Brasil de 1979.
James Hunt durante el GP de Brasil de 1979.

“Había mucho riesgo en aquellos días, así que la gente vivía de forma diferente porque probablemente esperaban que las cosas fueran mal. Parecía diferente, más divertido, no solo para los pilotos, sino para todo el mundo, todo era más relajado y más abierto”. Kimi Raikkonen utilizó en dos ocasiones el casco de James Hunt en Mónaco para rendir homenaje al piloto y a una década que encarnaba su ideal para competir. No hubo desde entonces, ni hasta hoy, otro piloto igual en la Fórmula 1. Quizás solo el finlandés pueda tímidamente acercarse.

Hunt vuelve a la actualidad con motivo de la película Rush’, que este viernes se estrena en España, y que recuerda el dramático duelo por el título mantenido con Niki Lauda en 1976. Su vida fue única, exprimida al límite, y empaquetada en un compendio de anárquica y extrema vitalidad, irreverencia y excesos con el sexo y el alcohol. La velocidad en la pista era la expresión final de su actitud fuera de ella.

Devolver por miedo al fracaso

“Con 18 años pensé que por una vez haría algo bien en mi vida”. Empezó a correr con un Mini y descubrió su talento. Entró en contacto con el excéntrico aristócrata Lord Hesketh, cuyo equipo alcanzó notoriedad por sus extravagancias, y donde la explosiva personalidad de Hunt era perfecto anillo al dedo. En 1974 debutaron en Fórmula 1. Al año siguiente el británico ganó su primera carrera, en Holanda. En 1976 fue fichado por McLaren y al final de aquella temporada ya era campeón del mundo… Que todo fuera tan rápido encajaba en el molde de su contextura vital.

El piloto era un hombre con los instintos a flor de piel, y de esta fuente se alimentaba al volante. La adrenalina y su gen competitivo le guiaban tanto como la testosterona. “Sí, es cierto que a veces devolvía antes de las carreras”, recordaría el propio Hunt tras retirarse, “pero no porque tuviera miedo del riesgo que iba a correr como la gente sugería, sino por el miedo a fracasar, a no rendir en la carrera”. En 1976 y 1977 vivió sus momentos más sublimes como piloto. “Si te la pegas cuando vas a 240 km/h, no hay mucha diferencia a si te sales a 250...”, explicaba para justificar su audacia al volante, capaz de sacar partido a monoplazas inferiores.

La Fórmula 1 solo le interesaba para ganar

Su brutal competitividad le sumergía en el trance del pilotaje que explicarían sus airadas y desconcertantes reacciones con algunos de los comisarios que buscaban ayudarle tras varios incidentes de carrera. “Nunca dijo gracias a nadie, ni a mí, ni a Teddy Mayer, no creo que ni siquiera invitara nada a nadie todo el tiempo que estuvo con nosotros. Así era James. Si aquel título lo hubiera ganado Niki, posiblemente hubiera encontrado la forma de regalar un Rolex a cada empleado de Ferrari”.

A diferencia de Lauda y de todos los pilotos del presente, la Fórmula 1 era un estorbo fuera de las carreras para Hunt. “Nunca fui un trabajador, nunca me involucré mucho cuando estaba fuera del coche, sólo cuando entraba dentro de uno y comenzaba a conducirlo…”. Ciertamente, Hunt no vivía para correr, sino para la vida, y cuando dejó de contar con monoplazas competitivos creció su miedo a perderla. Fue él quien sacó a Ronnie Peterson de entre las llamas en Monza 78. Aquello le marcó y mermó su menguante motivación. “Nunca sentí placer por ser simplemente un piloto de carreras”. Cuando se rompió su Wolf en Mónaco 79, dijo adiós y no volvió a mirar atrás.

La arrogancia, una forma de camuflar la inseguridad y la timidez

“Tenía carisma, era descarado e insolente, nada aburrido, e iluminaba la habitación en la que entraba”, decía de Hunt Alaistar Cadwell, 'team manager' de McLaren en 1976, y también asesor de 'Rush'. Jochen Mass, compañero de equipo aquel año, ilustraba con una anécdota su personalidad invasiva y desconsiderada, “llegué al box, y me encontré en una ocasión a Hunt en mi monoplaza, con los mecánicos trabajando alrededor, “no te preocupes Hermann (como le llamaba) le estoy mejorando. Y se quedó con el coche…”.

“James era un hombre muy tímido e inseguro” asegura su segunda esposa, Sarah Hunt, “y la arrogancia era una forma de camuflarlo”, diagnóstico que también confirmaba Sue, la madre del piloto. Alto, de voz profunda, de piernas largas y aspecto desgarbado, con una ligera inclinación de espalda permanente, su singular físico no se refleja en la película. “Tan pronto como empezó a tener éxito, también empezó a ganar confianza como piloto”, recordaba Teddy Mayer, el por entonces 'boss' de Hunt en McLaren, “y aquello le hizo comportarse como quería mientras fuera la estrella, le hizo una persona más salvaje, menos convencional de lo que ya era”. En torno a Hunt crecieron los champiñones de una corte que desapareció tan pronto dejó la Fórmula 1.

Una "increible" adicción al sexo

El famoso periodista británico Murray Walker vivió y sufrió a Hunt como piloto y luego formando una inolvidable pareja como compañero al micrófono de la BBC. “James podía ser una persona extremadamente desagradable, y lo era frecuentemente. Era arrogante, grosero, maleducado y un borracho. Pero también tenía una personalidad sorprendente, cariñosa y de buen corazón. Pude vivir los dos lados”. Famoso por sus comentarios directos, por un humor seco sin diplomacia, triunfó como comentarista, y quienes le rodeaban percibieron que fue entonces cuando empezó a disfrutar realmente con la Fórmula 1.

Una de sus facetas, seguida y envidiada universalmente, fue “su adicción al sexo, casi una enfermedad” reconocía Walker, “su apetito por el sexo era absolutamente increíble, in-cre-í-ble”. Es fama, por ejemplo, que entró en competición con el campeón británico de motociclismo Barry Sheen para, en el plazo de dos semanas, acostarse con el mayor número de azafatas de la British Airways que pernoctaban en el mismo hotel que los 'fieras', el Tokyo Hilton. Cuenta la leyenda que ‘cayeron’ entre treinta y treinta y tres… Y la gimnasia tuvo lugar en las dos semanas previas al famosa carrera de Monte Fuji que decidió el título de 1976. La misma donde, en un momento dado, se puso a orinar delante de las tribunas principales ante un inesperado ‘apretón’.

Más que un icono, un arquetipo social

Hunt no murió al volante, pero sí demasiado pronto -cuarenta y cinco años- cuando un fulminante ataque al corazón le presentó la factura por una vida de excesos que se había tranquilizado después de la Fórmula 1. Incluso había dejado de fumar y hacía deporte moderado. Se divorció por segunda vez, algunos negocios no funcionaron y su fortuna menguó. Pero sus éxitos al volante, su personalidad, su ilimitada vida amorosa, sus excesos y juergas convirtieron a James Hunt en algo más que un icono de la Fórmula 1. Era un arquetipo social.

“La tragedia es que siempre hubo un magnífico tipo, jovial, amistoso, cariñoso, un tipo divertido viviendo dentro de James, y fueron los aduladores y la idolatría que recibió lo que sacó su parte más desagradable”, resumía Murray, En su casa de Wimbledon, ya retirado, tenía como asistente a un taxista jamaicano, Wiston, a quien empleó tras perder este su carnet de conducir cuando el propio Hunt le animó a romper los límites de velocidad.

A quién extrañará entonces que alguien tan singular como Kimi Raikkonen, alguien que presume de no tener ídolos, admire y rinda homenaje a James Hunt. Por algo será.

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