UN PILOTO Y UN EQUIPO PLANEAN RETIRARSE DE LA COMPETICIÓN

Cuando la vida está por encima del 'show' americano: la Fórmula Indy no funciona

Su mujer y sus padres le llamaron pidiendo que lo dejara. Que no iba a sacar ningún provecho de la Fórmula Indy, no le iba a

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Cuando la vida está por encima del 'show' americano: la Fórmula Indy no funciona

Su mujer y sus padres le llamaron pidiendo que lo dejara. Que no iba a sacar ningún provecho de la Fórmula Indy, no le iba a servir para nada más. Paul Tracy, piloto desde hace 20 años, reconoció que está meditando su retirada de los óvalos -aconsejado por su familia y tras la muerte de Dan Wheldon- y después de haber ganado suficiente dinero y carreras. El miedo a seguir formando parte de estas pruebas también se ha apoderado del que era jefe del británico fallecido, Sam Schmidt. Este ex piloto se retiró en 2000 a causa de un accidente que le dejó tetrapléjico y ahora está sopesando el cierre de su equipo. The show must go on, pero no a cualquier precio.

Dinero, un buen puesto laboral y pasión por una competición ahogada son los motivos por los que otros, como Tony Kanaan, no dudan en seguir participando, "el día que piense que es demasiado peligroso, ese será el que diga basta", reconoció a la CNN. Ese es el pensamiento general de un paddock que intenta hacerse un hueco entre la afición estadounidense.

La Fórmula Indy ha pagado el precio más alto por incrementar su popularidad. Más allá de los amantes del motor, ahora hay más aficionados al deporte que saben que la Fórmula Indy o IndyCar se corre en óvalos norteamericanos a una media de 310 km/h (la F1 alcanza su máxima velocidad en un punto de la recta de Monza, unos 350km/h) con monoplazas iguales para todos que no evolucionan (llevan siete años corriendo con el mismo tipo de vehículo) y tienen una puesta a punto muy singular según el trazado. El 0,8 de audiencia televisiva que buscaba la organización antes de la carrera de Las Vegas se superó trágicamente.

La NFL, un enemigo imposible de ganar en la 'tele'

La Indy, con menos adeptos que la NASCAR, tiene un rival muy duro para competir por un hueco en la televisión los domingos: la NFL. El fútbol –no el soccer- ocupa la mayor parte del ocio deportivo de los norteamericanos y en torno a este giran el resto de competiciones. El beisbol (la otra disciplina que más masa mueve allí) y la NBA disputan la mayor parte de sus encuentros entre semana para no hacer sombra al deporte rey en Estados Unidos.

Ante esto no es de extrañar la anécdota que redactó el periodista británico Sean Kelly en su twitter este pasado domingo. El accidente de la Indy le 'pilló' en una sala de la aerolínea US Airways de un aeropuerto de Estados Unidos. Había diez televisores y en todos se veía fútbol americano. Pidió al manager del 'lounge' sintonizar en uno la carrera y, ante la negativa, lo hizo él mismo. A pesar de las explicaciones de que podía haber muerto un piloto, el encargado amenazó con llamar a la policía si no volvía a cambiar de canal. Con el football no se juega.

Randy Bernard, máximo responsable de la IndyCar, había declarado antes de la carrera que si no lograba un 0,8 de audiencia en Estados Unidos dimitiría. Tras el accidente comunicó el fallecimiento del piloto y ya. No ha habido ninguna palabra suya en la que se prometan acciones para impedir una nueva muerte. En cambio, sí han hablado los jefes médicos de la competición, que aseguran tomar nota para aprender de ello, y el forense encargado del suceso: "Trabajaremos para mejorar la seguridad de los pilotos".

Cubrir la cabina del monoplaza como en Le Mans

Otras voces con peso son más concretas y ya han sugerido tomar algunas medidas para ofrecer más garantías una competición que, en este sentido, tampoco tiene nada que ver con la Fórmula 1. En este espectáculo tan explosivo David Coulthard ha pedido limitar la velocidad y otro piloto, Ryan Briscoe, ha impulsado la idea de reforzar la cabina cubriéndola como los bólidos de Le Mans.

Wheldon con su hija en IndianápolisLa pelea que los pilotos de Fórmula 1 tienen con la organización para anteponer la seguridad al espectáculo, en Estados Unidos sería casi ridícula. El Gran Circo que dirige Bernie Ecclestone está más evolucionado en este sentido y la mentalidad es diferente en la Indy. Tanto es así que hasta se alteró la naturaleza de la competición para hacer más atractiva la carrera: Wheldon saldría desde la última posición y si lograba la victoria él y un aficionado de Nueva Jersey se repartirían un premio de 5 millones de euros, ¿se imaginan una apuesta y una salida condicionada en F1? Incluso las reglas giran en torno al espectáculo. Por cierto, Mario Andretti señaló que los que piensan que la presión por el pellizco económico fue uno de los motivos de su accidente están faltando "al honor" de Wheldon.

En lo que sí se parecen la F1 y la Indy es que, normalmente, tras una tragedia se evolucionan las medidas de seguridad. Más allá de las ideas de Coulthard y Briscoe, lo que parece más factible es sustituir las rejas que protegen al aficionado por unas mamparas transparentes (que no descompongan al vehículo como ahora hace la malla metálica) para que resbale el monoplaza.

El próximo año la 'segura' Fórmula 1 aterriza en Austin para tratar de ganarse un hueco entre los aficionados del motor estadounidense. Venderá historia, tradición, frenazo, aceleración y pilotos que son estrellas fuera de su país. Sin tanta espectacularidad, ruido ni velocidad como en la Fórmula Indy... ¿alcanzará la ESPN americana el 0,8 de audiencia?

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