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La increíble historia de Ana Alonso: de romperse el cruzado a ganar el bronce en los Juegos Olímpicos
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Alcanzó la cima

La increíble historia de Ana Alonso: de romperse el cruzado a ganar el bronce en los Juegos Olímpicos

La granadina Ana Alonso, deportista de esquí de montaña, sufrió un grave accidente con su bicicleta al ser arrollada por un coche. A sus 30 años logró la medalla de bronce en Milán

Foto: Ana Alonso logró la medalla con épica. (EFE/Guillaume Horcajuelo)
Ana Alonso logró la medalla con épica. (EFE/Guillaume Horcajuelo)
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El pasado 24 de septiembre, la medallista olímpica de esquí de montaña, Ana Alonso, cogió su bicicleta para pedalear unos kilómetros. Era una actividad más dentro de los estrictos entrenamientos que llevaba a cabo para cumplir su sueño de subirse al podio el próximo mes de febrero. Aquel primer miércoles otoñal el cielo estaba bastante despejado, esto es, las condiciones climatológicas eran favorables para circular por la carretera sin temor a un resbalón por el agua de la lluvia. Le acompañaba otra chica que también estaba concentrada con el equipo nacional en Sierra Nevada.

"Conocía la ruta de sobra porque he pasado por allí miles de veces", comentaba la esquiadora de montaña que ostenta junto a Oriol Cardona el título de campeona de Europa y subcampeona del mundo en la modalidad de relevo mixto... y ahora el bronce olímpico. Cuando ambas circulaban con sus bicicletas como las de los ciclistas que participan en el Tour de Francia por la A-395 a la altura de la localidad de Pinos Genil, a escasos diez kilómetros de la capital, el destino le jugó una mala pasada que, sin embargo, no provocó que la granadina cayera en el desánimo ante la posibilidad de perderse la próxima cita olímpica.

"Un coche que estaba parado en un cruce salió de repente para subir hacia una calle en dirección a otro pueblo y no nos vio llegar porque la luz del sol le deslumbró". La brusca maniobra le cogió de improviso a la granadina de Monachil. El primer impacto fue contra la defensa frontal de un Suzuki Vitara 4x4 conducido por un hombre que viajaba solo. La violencia del golpe le hizo saltar por los aires de la bicicleta para golpearse con el cristal delantero del automóvil y, posteriormente, caer de bruces al suelo.

Una lesión muy dura

"Menos mal que, como siempre, llevaba el casco puesto", subrayaba. A su compañera le dio tiempo a reaccionar "y se fue al lado izquierdo del carril contrario". El conductor, como sostiene Ana Alonso, estuvo "correcto en todo momento". La explicación de que el sol le deslumbró le resultó creíble. "Al final, es algo que nos podría haber ocurrido a cualquiera". Ni una sola mala palabra ante la adversidad sufrida. "Los que montamos en bicicleta y practicamos deportes que tienen ciertos riesgos sabemos cuáles pueden ser a veces las consecuencias", espetaba.

La esquiadora no llegó a perder el conocimiento en ningún momento. Trató de levantarse, pero vio que la pierna le fallaba. No había sangre en el suelo. Tampoco sentía dolor alguno, por lo que en un principio creyó que la cosa no era tan grave. Ni siquiera estuvo una noche ingresada después de que la ambulancia le trasladara al centro hospitalario más cercano. "Allí solo me hicieron más pruebas para tener un diagnóstico fiable", añadía. Cuatro semanas después del accidente, la granadina tira de humor para comentar la repercusión mediática del tema.

"La verdad es que justo hace muy pocos días le comenté a mi entrenador que la prensa se ha hecho más eco de este drama que de mis victorias". No lo dice con retintín. Lo único que le ocupa y le preocupa ahora mismo es su recuperación porque el diagnóstico era un listado de lesiones que aventuraba una larga travesía del desierto antes de volver a la competición: rotura de ligamento LCA y LCI con edema óseo en la rodilla, fisura de maléolo y luxación acromioclavicular.

El alma de gladiador

Su respuesta a la adversidad fue hacer suya una frase que colgó en su perfil de Instagram: "El alma de un gladiador no se rinde. Solo se adapta, se fortalece y vuelve a brillar". Al principio tuvo "bastantes dolores" a consecuencia del accidente que fueron remitiendo según pasaban los días. Tal vez su idea de darlo todo por conseguir una medalla en los Juegos de Milán Cortina 2026 haya sido la mejor medicina. "Lo primero que piensas cuando estás dolorida y tumbada en el suelo después de un golpe tan fuerte contra un coche es que vas a tener que decir adiós al sueño olímpico", admitía. Pues ella hizo justamente lo contrario porque "según me fueron dando los primeros resultados de las pruebas que me estaban haciendo y, sobre todo, después de comprobar el alcance real de mi lesión de rodilla, que es la más importante de todas, vimos con el traumatólogo la oportunidad de evitar el quirófano".

Por fin había algo de luz al final del túnel. La posibilidad real de estar presente el 6 febrero en Cortina d´Ampezzo y con opciones de medalla no tenía por qué desvanecerse por un infortunio en la carretera. A partir de ese esperanzador informe médico, como ella misma aseguraba, "lo focalizamos todo en la posibilidad de una recuperación exprés".

Nadie podrá acusarla de no haberlo intentado. Todos los días acudía regularmente al fisio. Los lunes, miércoles y viernes nada en la piscina y realiza terapia manual a base de masajes, movilizaciones articulares y estiramientos con el objetivo de mejorar la movilidad y restaurar la función del sistema musculoesquelético, articular y nervioso. "También intento hacer un poco de aeróbico con la bici en el rodillo con la pierna buena", señalaba. Eso sin olvidar los ejercicios de fuerza en la parte no dañada y trabajar un poco, "lo que se pueda", en la zona del cuerpo lesionada.

No se quiere poner plazos

Los fines de semana tampoco descansaba. Bueno, los domingos sí. Los sábados solía acudir al gimnasio "dependiendo un poco de cómo haya ido la semana, de lo cansada que esté y de cómo me encuentre físicamente para ir adaptándonos poco a poco". Lo importante es que la pierna izquierda "vuelva a la normalidad y adquiera la misma fuerza y la movilidad de antes". Por eso no se pone una fecha para su regreso a la alta competición."Estamos trabajando día a día", precisa. En su opinión, hablar de plazos resulta una cuestión "bastante ambigua", porque depende de la condición física de cada persona.

Ahora bien, admitía que "si todo fuera genial, me encantaría poder esquiar a mediados de diciembre en Sierra Nevada, y si no se puede, seguiremos dándole a la bicicleta o haciendo otro tipo de ejercicios como ya he hecho antes". Y es que Ana Alonso sabe de lo que habla. En 2017 se fracturó la tibia y el peroné compitiendo en una Pierra Menta, una de las carreras por equipos de dos corredores más icónicas del esquí de montaña. Durante cuatro días en el Beaufortain francés deben de ascender 15 cimas por encima de los 2.000 metros y afrontar descensos vertiginosos.

"Cuatro meses después de aquello ya estaba haciendo un kilómetro en vertical en Sierra Nevada", asegura. Un año más tarde fue intervenida de dos ablaciones cardíacas. Tampoco esta dolencia le apartó del esquí de montaña. "Es que no es una cardiopatía peligrosa que no solo afecta a los deportistas porque se trata de que te salen unas ramificaciones en el corazón que te provocan taquicardias".

Con estos precedentes es fácil de entender por qué, a sus 30 años, Ana Alonso tiene entre ceja y ceja demostrarse de nuevo a sí misma y al resto de la gente que puede competir con garantías de obtener medalla en los próximos Juegos de Invierno. Y es que tal vez sea la última ocasión que se le presente, así que ya tiene marcado en rojo en el calendario del año que viene los días 19 y 22 de febrero, que son los que podría competir si las cosas no se tuercen.

"Créeme que si no me viera con opciones de medalla no hubiera elegido hacer todo lo que estoy y hacer tantos sacrificios para recuperar la forma porque el objetivo sigue siendo el mismo", añadía. Toda esa pasión por la montaña y el deporte viene de sus progenitores, "aunque si soy deportista es gracias a mi madre". Con su padre fallecido hace quince años, tanto ella como sus hermanos aprendieron a amar la naturaleza. "Ellos (una chica y un chico) no se dedican al deporte, pero les gusta la montaña y hacer cosillas", comentó.

Al principio de su actividad deportiva estuvo durante siete años dedicándose en cuerpo y alma con su madre al esquí alpino. "Fue ella la que siempre hizo hincapié en que siguiera compitiendo", afirma. Luego se matriculó en la Universidad para cursar el grado de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y el esquí de fondo dejó paso al esquí de montaña, una actividad que llegó a su vida tiempo después a través de unos amigos de su padre. "Me apunté a unas cuantas carreras y todavía sigo con eso", indicó. Todo el esfuerzo tuvo su recompensa con la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Invierno.

El pasado 24 de septiembre, la medallista olímpica de esquí de montaña, Ana Alonso, cogió su bicicleta para pedalear unos kilómetros. Era una actividad más dentro de los estrictos entrenamientos que llevaba a cabo para cumplir su sueño de subirse al podio el próximo mes de febrero. Aquel primer miércoles otoñal el cielo estaba bastante despejado, esto es, las condiciones climatológicas eran favorables para circular por la carretera sin temor a un resbalón por el agua de la lluvia. Le acompañaba otra chica que también estaba concentrada con el equipo nacional en Sierra Nevada.

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