Pogacar no tiene límites, Pogacar derriba muros: todo sobre el año ciclista en 2025
El esloveno ha completado otra gran temporada, en la que sumó su cuarto Tour de Francia. Además, logró la victoria tanto en el Mundial en Ruta como en el Europeo en Ruta
Pogacar ha completado un 2025 espectacular. (Reuters/Jean Bizimana)
Y van cuatro. Y dos. También van tres, y repóker, y los dos Mundiales. Espeluzna. Sean ustedes bienvenidos a la era de Tadej Pogacar, parte... parte muchas, que tiene más que Star Wars.
Se hace complicado hablar de Tadej, porque brotan alabanzas casi de forma natural, casi sin quererlo y escribir estos rollos en plan "lamebotas y épico" resulta aburrido de narices. Para ustedes, pero, sobre todo, para mí. Aunque, cómo no caer en excesos tardoadolescentes con un tío que soporta, a su misma edad, la comparación conEddy. Con alguien que supera, a su misma edad, la comparación con Le Blaireau, con Anquetil, con el mismo Fausto (vicisitud vital al margen, que mucho margen es ese, porque menuda vicisitud vital). Se hace difícil, digo, ver lo del segundo arcoiris y no ponerse en plan "cuenta de Twitter con nombre de ciclista", no sacar vídeos de YouTube de caretas con muchas exclamaciones, no hacer topicazos en crónicas que lees un poco por leer cualquier cosa mientras haces caca. Con todo, matices. Y narrativas. A mí me encantan los matices y las narrativas.
Vale, comencemos. Ha trincado en 2025, Tadej Pogacar su cuarta Grande Boucle. Solo un póker de paisanos tiene más, solo Chris Froome tiene las mismas (ay, que me lol, Chris Froome... Premio Especial Atraco al Tren del Dinero por su ficha con los mozos esos que todo el mundo quiere). Bueno, Armstrong al margen, pero es que con Armstrong escribiría cinco mil palabras y se me duermen. Eso, que cuarta Grande Boucle, a sumar su Giro. Lleva seis podios del tirón por París (bueno, y por Niza, perdonen), más que ningún otro ciclista en la historia. Más que Eddy, más que Hinault, más que Poulidor, más que ese milagro de regularidad y rendimiento pre-Gran Guerra que fue Gustave Garrigou... dejen ahora de leerme a mí y busquen sus participaciones y clasificación en los ocho Tour donde toma la salida... ¿Sí? ¿Ya lo vieron?
Pues volvemos a Tadej. Con todo lo anterior, con esos registros históricos, con la superioridad exhibida en el último bienio (superioridad casi inédita por medio siglo, superioridad insultante a ratos, superioridad tipo "funcionario de Clase B pero estoy muy bien así, no me toques las narices con promociones internas, paso de coger leyes" en 2025) se nos revela Pogacar como un ciclista histórico en grandes vueltas. Dominador generacional, sí, pero también histórico.
Y sin embargo... Y sin embargo a mí me termina de epatar en las Clásicas. En Monumentos y alguna otra, por concretarles. Tadej parece aburrirse con tres semanas de concentración (qué quieren, estos jóvenes se alimentan con TikTok e historias de ese pelo), Tadej tenía gesto mustio al final del Tour. Bueno, al final del Tour no, que el final del Tour fue por Montmartre, y allí pareció pasarlo dabuten (ojo a la expresión moderna), pareció ser una vez más él mismo. Aquello era como una pequeña Clásica, seguramente fuera esa la razón.
Otrosí... Cuatro minutos y medio al segundo, oficialmente, pero añadan un par parisino, porque las carreras duran hasta que las carreras duran, a mí no me engañan.
Así que Pogacar impresiona sobre todo en Clásicas. Con ese cuerpo escombro que me gasta, con esa forma de subir Hautacanes. Los últimos que domeñaron Hautacam no destacaban mucho por San Remo, pero es que los últimos que domeñaron Hautacam son... espera, que he visto el listado y prefiero ni escribir. Pero, lo que decía, Monumentos. Es ahí donde nos encontramos a un tipo, seguramente, irrepetible. Cero exageraciones, no me miren raro. Nunca antes ciclista alguno trincó podio en los Cinco Monumentos la misma temporada, por concretar. Solo uno, el que ustedes piensan, ganó tres en un año. Solo uno, el mismo, pudo reunir también Mundial en esa carrera contra el tiempo. Está a un solo Monumento de Roger, está más lejos de Eddy. Pero es increíble igualmente. Por polivalencia, por constancia. Por, sí, osadía.
Cuatro de los grandes momentos de 2025 vinieron de Pogaca, y vinieron en carreras de un día. El ataque de La Cipresa, el ataque (los veinte ataques, los veinte arreones) en de Ronde, la persecución loca con Van der Poel sobre adoquines gordos, el reprís asesino subiendo Mount Kigali, allá por Ruanda. Analicen... Yo crecí (ciclísticamente) en una generación que consideraba imposible romper en Cipresa, una generación que recordaba lo de Marco Pantani en 1999 (y recuerden a Marco Pantani, aquel 1999) como un gesto cara a la galería, una exposición pública de testículos, un Épater le bourgeois. Y va este señor, ataca y sale allí el grupo bueno, el que se juega los cuartos.
Yo crecí, también, en una generación que decía que de Ronde y Roubaix eran carreras para especialistas, la generación de Tom y Fabian, la que miraba a esos dos y los ponía junto al Andy Schleck anoréxico o el Purito Rodríguez katushizado y pensaba: "Ah, imposible". La generación, por abundarles, a la que contaron que La Pascale era peligrosísima, que ningún vueltómano podría pasar por allí nunca, que es para ciclistas menores, porque los buenos, los buenos de verdad, pensaban en el Tour. La generación, en suma, que lo flipaba fuertemente porque Lemond ayudó (ayudó) a un compi por los adoquines. Qué más quieres, colega. Y crecí, por último (bueno, esto lo sufrí ya en la postadolescencia, que se nos hizo larguísima) con el mantra de que era imposible atacar de lejos, porque ahora todo estaba más igualado, y los equipos eran más fuertes, y la concentración, y los entrenamientos y Lola Flores buscando su pendiente. Pum, pues fuera todo eso.
Conquistados terrenos ignotísimos (de Ronde ya queda como algo familiar, como algo asumible cada vez que acuda), ya solo le restan a Tadej las dos pruebas que se interponen entre él y los Cinco Monumentos. San Remo y Roubaix, el más difícil todavía, dos competiciones absolutamente distintas. Solo Sean Kelly pudo doblarlos en la misma campaña. Bueno, y Mathieu van der Poel. Dos veces.
Entonces, para ser sinceros, lo que separa a Tadej de esa gloria (lo que separa a Tadej de más gloria) no son dos percorsos a las que ya logró derrotar ampliamente, donde se movió con solvencia, con técnica exquisita y fuerza exuberante. No, lo que separa a Tadej de la leyenda (de más leyenda) tiene un nombre, y se llama Mathieu van der Poel. Es otro mérito de ambos. De Tadej porque ya solo le resta un último muro, un último obstáculo, toda vez que en julio pareció infligir derrota definitiva, al menos en lo moral, a Jonas Vingegaard (y a todo su equipo). Y de Van der Poel porque se está construyendo uno de los cinco mejores palmarés de siempre en Clásicas mientras coincide con otro de los cinco mejores palmarés de siempre en Clásicas. Eddy y Roger, parte II. Van der Poel tiene ahí el récord en La Pascale, tiene ahí el récord en De Ronde, tiene solo seis tíos con más Monumentos, seis tíos en toda la Historia. Creo que, a veces, no somos realmente conscientes de lo que nos toca vivir con estos dos paisanos.
¿Ven? Se me fueron las teclas en epítetos. Que llegue ya la primavera, que llegue ya Roubaix. No hay carreras que deseé con más anhelo...
El resto del año quedó deslucido, porque el resto del año tenía un aire marcadísimo de "sí, vale, pero él (o ellos) no está(n)". Así que había ganadores, pero de mercado, ganadores con estarache, ganadores asteriscadísimos en su Wikipedia, ganadores de carisma fuerte o flojo, pero piernas flojas contra los fuertes. Ahí entra Remco Evenepoel, que al menos nunca se rinde, que quiere presentar batalla, que acepta envites gordérrimos de Tadej aunque lleve dos caballos. Se agradece mucho esa mentalidad de Remco, y tiene palmarés de espesor histórico, también (en crono apunta a dominador absoluto), pero para arriba pareciera dar pasitos atrás respecto a una versión que tampoco le alcanzaba. Es lenguaraz, gasta mala baba y, a veces, se espatarra como Alkorta en la despedida de soltero de Romario. Pero a mí dame ciclistas como Evenepoel.
El otro triunfador de 2025 fue, también, el gran perdedor de 2025. Porque se mostró más "escogido" que nunca, porque le quitó carisma a la falta de carisma, porque planteó en el Tour zafarranchos con menos pólvora que un capítulo de Heidi. A Jonas Vingegaard le pesó mucho la Grande Boucle, pues llegó allí con el entrenamiento ideal, con un equipo fuerte, sin poner excusa sobre lesiones o parón o lo que sea, con variantes tácticas los primeros días, con explosividad, y acabó derrotado frente a Tadej. Más que nunca, aunque los tiempos digan otra cosa. Pareció, incluso, renunciar a lid, que es lo peor que puede pasarle a un campeón (y este es de los grandotes, igualmente). Pero aun, vean lo paradójico que es el ciclismo, le fue peor en la Vuelta, donde gana, donde trinca otra rondita de veintiún días. Pero lo hizo sin brillo, lo hizo sufriendo frente a un gregario de Pogacar, lo hizo sin dar exhibiciones, sin hacer el tirano, el caníbal. Se esperaba, en septiembre, un Vingegaard con ansia de reivindicar, con aires atilescos y pareció el día de las fuerzas armadas en Vanuatu. Parece haber renunciado al combate contra Tadej, y dicen que mira al Giro. Decisión inteligente, pero no se hicieron leyendas con decisiones inteligentes. No era inteligente atacar en la Maddalena, ni camino de Mourenx, no fue inteligente salir a toda velocidad de Arenberg este pasado abril. Engordará palmarés, perderá grandeza.
Pero engordará palmarés, ojo. Sobre el particular desarrollo de esa Vuelta a España, su final, sus circunstancias, ya escribimos en su día, así que remito a esas piezas si alguien quiere buscar opiniones. Yo expuse y me reafirmo.
Del resto... pues a ver. Los españoles bien, gracias. Carlos Rodríguez, lesionado; Enric Mas, lesionado (y suplicando etapitas por Itzulia, que bien feo salió aquello por la tele); Landa casi se tiene que retirar por un golpazo en el Giro; Marc Soler navega dulce en su gimmick como introductor del caos y la incomprensión (Marc Soler parece, sobre la bici, el hijo bastardo de Tenet y 2001 concebido en una madrugada hasta el culo de peyote). Sumen ese problemilla de Oier Lazkano con el pasaporte y nos sale un añito como para enganchar a los chavales con esto de las bicis. Ah, y Ayuso. Ayuso que se cayó en el Giro, que ganó en el Giro, que le hicieron la trece catorce peña con su mismo maillot en el Giro, que luego vino a la Vuelta en plan folklórica desbordada, protagonista para lo bueno y para lo malo, quedándose de grupos donde aguantaba fácil Blijlevens, chuleando en escapadas con ciclistas que cobran diez veces menos que él. Bocachancladas en meta, desafíos de pitiminí. Tiene clase, tiene patas (menos de las que cree, sospecho, y con poca evolución en el último bienio), pero le faltan de aprender algunas cosas sobre el ciclismo. Al menos es joven, yo no. Y cobra un pastizal en su nuevo equipo, yo me tengo que comprar los maillots setenteros en internet. A ver su año.
Y poco más. El inimitable Ben Healy, un tío que rinde más cuanto más complicada es la prueba, que sale con gesto agónico hasta en la foto del cole, que parece siempre así, como sin ducharse, como de resaca, como de tener colegas que viven en pueblos, cultivan maría y hacen compost con sus propias heces. Seguro que conocen a alguien. Pero rinde, el tal Healy. Yo lo quiero muchísimo, estoy enamorado a niveles lóquer. Como de Landa, que renació en la Vuelta, buscando donde no había. O Bernal, que lo mismo, y este lleva ya así añucos. O Pidcock (espero que no le confunda su podio español, porque eso ni podio, ni recorrrido, ni na). O Pedersen, casi siempre el mejor de cuando no están los mejores, más curro que un obrero metalúrgico en los años setenta. O Ganna, que asoma poco pero da gusto verle. De Wout ya me espero poquísimo, porque lo veo desconectado mentalmente, pero alguien que menea como meneó en Montmartre (y en Finestre) tiene aún ciclismo en las patas. O Paul Seixas, que es la enésima promesa de los franceses, y este parece bueno de verdad, verdad de la buena...
Todos ellos, todos, vuelven en 2026.
Qué ganas de verlo.
Feliz año, amigos.
Y van cuatro. Y dos. También van tres, y repóker, y los dos Mundiales. Espeluzna. Sean ustedes bienvenidos a la era de Tadej Pogacar, parte... parte muchas, que tiene más que Star Wars.