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Llegan los puertos de verdad al Giro: Sacaroni se exhibe y Del Toro compensa malos momentos con victorias
Isaac Del Toro y Richard Carapaz se disputan el Giro tras el apagón de Juan Ayuso. El mexicano ganó la etapa 17 del Giro de Italia para seguir como líder de la general
Entra la última semana y el Giro, que venía con dirección de Francis Ford Coppola, se convierte en una de Esteso y Pajares. O de Jesús Franco. Y lo que nos vendieron como un Roglič vs. Ayuso tiene trazas de Rubén Gorospe contra Alberto Leanizbarrutia. Que, también les cuento, a mí qué más me da... quien gane lo lleva merecidísimo, y no soy yo alguien que se deje impresiones por los brillis brillis.
La cosa es que en el Trentino hubo puertos, desniveles y distancia. Etapa que termina en cinco horas y media, y eso se nota de narices, porque los tironcetes de estas dos semanas, las aceleraciones a lo Danilo di Luca, quedan en el pasado, y empieza una prueba nueva, una con ranking de fortaleza muy diferente al que teníamos hasta hoy. Fuera paisanucos, que entren tíos de pelo en pecho. Vale, primero la etapa de ayer.
Gana Sacaroni por delante de Fortunato, así que hay italianidad máxima. Buen botín de puntos para su escuadra, que se asomó al abismo, y el abismo se asomó a ella, y empezaron todos a caminar a una cuando le vieron las orejas al lobo, ejem, y gracias. Ah, trinca sus buenos segundos Giulio Pellizzari. O Pellizotti. O Caucchioli, Mazzoleni, Guerini. Pellizzari que, dicen algunos, va disfrazado de Enrico Zaina. Por estas cosas nos gusta el Giro, amiguetes.
También por lo otro. Roglič que se va para casa (tras su nonagésima séptima caída... dios bendiga a quien le convenció de cambiar los saltos de esquí por la bici), Ayuso empieza a hundirse a mil de meta y llegará a más de un cuarto de hora, con cara de mala leche, con desconocidos a rueda y con más dudas que certidumbres sobre sus opciones como vueltómano. Así que camino expedito para del Toro... salvo por él. Él. Richard Carapaz.
La aparición estelar de Carapaz
Estábamos subiendo el puerto definitivo, y andaba la cosa en plan loquérrima, porque había hundimientos, y gente osada, y Storer probó incluso antes, y van Aert trabaja para Simon, y Adam no trabaja para quien no se apellide "Yates", y Derek Gee, con un maillot feísimo, empieza a recoger cadáveres como si fuera Tonkov en Folgaria. Pellizzari sube como si no costase, pero cuesta, porque, insisto, es jornada de fondo, es ciclismo de verdad. Y vaya si quitó caretas, el ciclismo de verdad. Le deja a uno sensaciones de si no estaremos viendo, muchas veces, ciclismo de mentira, ciclismo fake. Grandes completitas que no son ciclismo de verdad.
Qué lástima, tú. Y eso, que ataca Richard. Honor, siempre, a Richard. Que ganó un Giro, que pudo ganar una Vuelta (aquella Covatilla golfeante), que siempre prueba, que se hundió en la Malga Ciapela, que parecía ya solo para parcialucos. Pero no. Osado, ofensivo. Sale Carapaz con mucha fuerza, le acaban recortando, es escalador espumoso, escalador de no aumentar distancias, de mantenerse con hilos, de virgencita-virgencita. Si lo prefieren... no es Richard Carapaz un Gilberto Simoni, pero siempre acaba probando como si tuviera las patas de Gilberto Simoni. O aproximadamente, porque otra cosa que tiene Carapaz (otra cosa que le distingue de sus pares, salvo dos o tres) es su inteligencia en carrera.
¿Tengo equipo? Endurezco. ¿Voy solo? Me resguardo. Un golpe, uno. Y sacar distancias. Le vienen bien los kilómetros y la dureza. Porque ya tiene años, porque se las sabe todas. Fue el más beneficiado (uno y medio al líder) de una etapa espectacular, una que descubrió organismos, una que nos reconcilia con lo que fue siempre este deporte, con lo que algunos quieren que deje de ser. No me extrañaría que Adam Hansen se quejara por su diseño, fíjense lo que me gustó. Quedaba todo en un pañuelo.
El líder titubeando, Yates y Carapaz en el medio minuto, después Gee, después Caruso, y Bernal. Pelizzari, que subió como los ángeles, anda a cuatro y medio. Imposible, a priori, pero podría ser agente provocador. Y hoy, etapa distinta. Más breve, de primeras. Cincuenta kilómetros menos, y eso acaba por notarse, dije. Vale, Tonale y Mortirolo. Ayuso que no está ni para sopas, Tiberi que parecido. Equipos haciendo aguas, aguas llevándose por delante a pelotones enteros. Tonale a ritmo, que es precioso, y largo, pero da para lo que da, para ir cargando desniveles, para ir formando fugas (la de hoy tiene setecientos catorce paisanos, aproximadamente). Y, luego, el Mortirolo.
El ataque de Carapaz
Na, ni de coña. Porque este Mortirolo no es el Mortirolo. Vale, es el Mortirolo original, ese de 1990, el de Leonardo Sierra y las hostias (las hostias contra el suelo, que tú dices "Sierra" y "hostias" en la misma frase y te sale Ramontxu). Y eso, que fue el primer Mortirolo en subirse, y es puerto bien duro, pero no tiene nada que ver con el legendario, con el mítico. Es un Mortimenosrolo. Y no le pidas peras al Mortimenosrolo. Sirve para ritmos, para que se queden algunos pegados al asfalto, que hay ya ciclistas con los cuatro intermitentes puestos. Y sirve para que veamos cosas.
🏔️ And we've started the final climb of the day! Just under 30" for the leaders as @romainbardet tries to go solo! #GirodItalia pic.twitter.com/IdEYbRsVfv
— Giro d'Italia (@giroditalia) May 28, 2025
Porque entonces, a cuarenta y ocho de meta, y dos de cima, sale Richard Carapaz. Justo cuando más sufría del Toro, justo cuando Yates parecía vigilar solo al mexicano. Sale Richard Carapaz, con ese estilo de Richard Carapaz, encogido sobre la bici, pareciendo que va a comerse el mundo. Sale, siempre, fortísimo Carapaz, y a veces lo terminan capturando... pero él prueba. Nunca vuelve, Richard, a su casita dudando sobre lo que pudo haber sido y no fue. Y eso no les pasa a muchos, eso no le pasa a casi nadie.
Gloria, siempre, a Richard Carapaz. Del Toro se queda de Yates, hay un grupo de siete, hay juego de gregarios, hay quince segundos de diferencia. A cincuenta kilómetros, quince segundos. Pero llega un valle "apriesco", llega una subida que no es subida, llegan opciones de abrir distancias de la manera más antigua en esto de las bicis... jugando al ciclismo. Duró, el asunto, veinticinco kilómetros hasta que capturan a Carapaz. Nunca diferencias gordas, pero dos o tres detallines. La cara de cemento armado que tienen algunos supuestos gregarios (Adam Yates, Daniel Felipe), que solo andan cuando no tienen a su líder a rueda.
La tensión de Del Toro
Y, sobre todo, los nervios de Isaac del Toro. Que se pone a tirar en primera persona, que va a saltitos, que casi revienta grupo en repechos. Le salió bien, pero pinta que le va a salir mal. Termina esto el domingo, y huele a petada gorda, si me piden opiniones... pese a que pasó luego lo que pasó. No cambia, aunque parezca mentira, mi razonamiento. Y de ahí a meta... pues el interés de la etapa. Y los fuegos artificiales en Le Motte, que es como subir Collado de Cieza, pero Collado de Cieza con todo lo de antes. Vale, no era mucho lo de antes, pero vamos en la etapa 17.
DEL TORO SE REVUELVE 💥
— Eurosport.es (@Eurosport_ES) May 28, 2025
La maglia rosa arranca, se lleva a su rueda a Carapaz y se lanza a tumba abierta en el descenso en busca de Bardet y la victoria.#GirodItalia pic.twitter.com/pfU3ekcKvP
Allí ataca del Toro, que muestra más explosividad que fondo (y eso es bueno para hoy, pero hambre para mañana), y con él va Richard, y Simon Yates no responde (no hace ni el amago de responder), Simon Yates dice que agacharse le hace salir feo en las fotos. Así que van los dos primeros en la general camino a meta, y parecen abrir hueco. Poco, pero hueco. Pillan a Bardet cuando quedan cinco kilometrines, que era final bello para Bardet una victoria en Bormio, tú.
(No). A dos de meta aprovecha del Toro (que baja fenomenalmente, y eso también es dato importante) un par de curvas para marcharse. Habilidad, pero también patas, porque mantiene y aumenta en el tramito último. Entra exultante, abre los brazos, gana seis segundos sobre Carapaz, quince sobre Yates. Clásico parcial que deja conclusiones distintas dependiendo de si lo viste entero o entras a los resultados. Sobre estos últimos... del Toro sentenciante. Pero... lean más arriba. Quedan la gran jornada de Aosta y ese Finestre que siempre asusta. Queda muchísimo. Y ya no hay sitios donde esconderse. Veremos.
Entra la última semana y el Giro, que venía con dirección de Francis Ford Coppola, se convierte en una de Esteso y Pajares. O de Jesús Franco. Y lo que nos vendieron como un Roglič vs. Ayuso tiene trazas de Rubén Gorospe contra Alberto Leanizbarrutia. Que, también les cuento, a mí qué más me da... quien gane lo lleva merecidísimo, y no soy yo alguien que se deje impresiones por los brillis brillis.