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Carapaz resucita tras San Pellegrino y los favoritos siguen igualados en el Giro de Italia
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Marcos Pereda

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Carapaz resucita tras San Pellegrino y los favoritos siguen igualados en el Giro de Italia

El ciclista ecuatoriano da un golpe en la mesa del Giro de Italia con un ataque estelar y recorta 20 segundos a Isaac del Toro. El mexicano sigue líder y Juan Ayuso pierde fuelle

Foto: Carapaz llega a la línea de meta. (Reuters/Jennifer Lorenzini)
Carapaz llega a la línea de meta. (Reuters/Jennifer Lorenzini)

Salió bien chula, ayer, la crono del Giro. Salió bien chula, aunque falsease un pelín por el agua, y aunque luego no hiciera tantas diferencias, en parte por esas gotas, en parte porque la longitud era una puta vergüenza. No me canso, yo, de señalarlo. Que ya no son las Grandes lo que fueron. Que antes quien ganaba allí debía ser el mejor (o de los mejores) en cualquier situación, y ahora hemos reducido esto de las contrarrelojes hasta extremos ridículos.

Lo cual no es solamente injusto (¿por qué esa ventaja al escalador que no contrarrelojea sobre el contrarrelojista que encima sube?) sino que resulta contraproducente, porque al no abrirse huecos nadie necesita locuras, y al estar igualados entre sí ciclistas con características muy similares todos piensan que pueden llevarse el premio gordo a base de pancartazos y, al final, nadie se mueve por miedo a perder lo aún no ganado. Que luego gana Hesjedal, pero en fin... Es eso de la emoción impostada, que resulta fatídica.

La cosa es que, además, las cronos son espectaculares, así que nos están hurtando algo muy bonito, algo defendible en su propia naturaleza, sin ir a mayores... Ay. Salió la de Pisa, como dije, complicada por la lluvia. Primož Roglič al suelo en el mismo reconocer (si te caes tanto... no sé, entiendo que hay contingencias, pero Miguel Indurain no besó el suelo en cinco Tours de Francia, así que igual algo tienes), tíos que salen en seco, otros en mojado, tormentones que cambian tendencias, maillots más transparentes que el discurso de un youtuber.

La ansiedad de Juan Ayuso

Les dije que pocas diferencias (para lo que pudo haber), pero alguna conclusión. Que al líder le falta, aún, en la disciplina. Que Ayuso está como loco por recuperar galones. Que Primož tiene más vidas que un Super Mario trucao. Sobre Ayuso... salió a vestirse de líder, salió a sentenciar no el Giro, pero sí quizá algunas conversaciones en el hotel a la hora de cenar. Salió a meter miedo desde el principio, subiéndose por los pianos, y entre que se le hizo largo y el tormentón final parece, por tiempos, que se desinfló una miaja. Es, si quieren, lo mismo que le pasó en el esterrato (aunque con matices, pero ese kilómetro final de Siena tiene un aire) y en las llegadas de rampuca los primeros días. ¿Algún problema? Ninguno.

placeholder Juan Ayuso, en acción. (Reuters/Jennifer Lorenzini)
Juan Ayuso, en acción. (Reuters/Jennifer Lorenzini)

Quizá alguien diga que muestra ansiedad, pero no importa cuando los corredores son ansias, siempre que les acompañen aptitudes. Y, en este caso, parece que acompañan aptitudes. Más dudas tengo sobre cómo lo gestionará el propio Ayuso, sobre si sabrá entender que esto son tres semanas, y que no conseguir el objetivo a la primera resulta, incluso, lógico. Manejar esas "pequeñas frustraciones" puede ser elemento definitorio de cara a lo que queda de Giro. Muy parecido tras la crono a como estaba antes de la crono. Diferencias escasitas, pero algo. Buen sabor de boca, anhelo de mucho más. Ah, ganó Daan Hoole, en parte porque salió con el asfalto muy seco.

Pantani y Casagrande, inolvidables

Y hoy... Qué ganas tenía, yo, de volver por San Pellegrino. Volver a verlo, digo, no vayan a pensarse cosas que no son. Muy duro, eso. San Pellegrino es uno de esos colosos poco frecuentados en el Giro de Italia. Casi inédito, si quieren. Aquella etapa raruna de 1989, con Fignon ganando sprint. Lo del 95 y Enrico Zaina en plan "oye, cuidadín en 1996, que vuelo, que vuelo, que soy calvo, pequeñín y de carrera, y vuelo". Y, más tarde... el Giro del año 2000. Una de mis carreras preferidas de siempre, por lo que tuvo de lupanaresca, de chipiritifláutica, de incomprensible, de "joder, no puedo creerlo". Era, entonces, San Pellegrino in Alpe (no me pregunten razones), es, hoy, Alpe San Pellegrino. Pradaccio, por concretar, más arriba del Radici ese de Tarangu.

Y allí ataca Francesco Casagrande, que es uno de los paisanucos más indescifrables que yo haya visto desde que miro esto de las bicis. El contrarrelojista que se hunde en montaña, y después pierdes kilazos y pasa a ser escalador que se hunde en contrarreloj. Bueno, y sus análisis positivos, también diremos. Pues eso, que atacó en San Pellegrino Casagrande, y se fue solo, y metió un mono bien chulo acabando en Abetone, recuerdos de Fausto Coppi. Se puso de rosa, nadie le inquieta, Pantani marcha a mil minutos, no hay rivales de espesor. Después Pantani resucita, por los Alpes, y se acerca a Casagrande Garzelli, y también Simoni, y sale en la última crono (una monstruosidad con Montgenèvre y Sestriere) con unas pintas que te las suscribe Roberto Pagnin (qué coño, que te las suscribe Blackie Lawless),y lleva cinta en la frente, y trae cara de miedo, y la caga todo lo cagable.

Ese era Franceso. Cómo no desear, sí, Pradaccio. Y eso, que vuelve San Pellegrino. Y, lo que les decía, 17 kilómetros al ocho por ciento, rampas finales por encima del 18, el segundo col más exigente de esta Corsa Rosa, justo detrás de Finestre. A 100 de metas, vale, pero es que después había terreno complicadate, poco llano, emboscadas, sitios donde parece que no puedes avanzar. A mí me gusta este modelo de etapa... puertazo muy lejos, después carreteras difíciles. Una por cada Grande, ponía yo. Porque nunca hay casi nada entre los de la general... pero cuando sale... ay, cuando sale... Como (casi) hoy. Que estuvo bien, pero ese casi...

La escapada y la respuesta de Egan Bernal

Porque se forma una escapada casi de salida. Y hay 100 y la madre, pero ninguno lo suficientemente cerca como para un buen bidonazo, que estamos anhelantes, sí, de un buen bidonazo, qué de vidilla te da, en el Giro, un buen bidonazo. Lo que les digo, muchos paisanos, los hay de calidad. Están Fortunato, en busca de la montaña, y Nairo Quintana, está Mads Pedersen (que parece el padre de Nairo), está Bilbao, y Poels, y Plapp, y Kruijswijk, y otros veinte tíos. Y suben despaciuco, con minuto y medio, porque el puerto es para subir despaciuco, y tiene curvas, y un bosque, y un pueblo casi arriba, y la rampa más criminaloide justo al lado de la iglesia, a ratos pensé si no los habrían desviado y estaban subiendo por Guzparras.

Y es entonces, al paso por ese villorrio, cuando ataca Egan Bernal. Egan Bernal muestra, en este Giro, más actitud que piernas. Lo que es malo, pero no tan malo, porque si tienes actitud quizá alcances a tener piernas, pero si no tienes actitud por muchas piernas que gastes... Vamos, que hace bien en andar probando. Y en usar al equipo, que empezó a poner hombres en plan escalera hacia el cielo. Hace bien, digo, especialmente porque quita algunas caretas. Les adelanto... no fue a mayores, porque estaba muy a mano la cima, y porque nadie puso continuidad loquérrima, pero...

A rueda de Egan salen Juan Ayuso (fácil) e Isaac del Toro (fácil), que llevan sus estampitas de Roche y Visentini en el maillot. Llega (mucho menos fácil) Antonio Tiberi, que se defiende como gato panza arriba y está a ver si caen dos manzanas y un avance, por si acaso. Y después entra Ciccone (a base de chepas), y a rueda de Ciccone... Primož Roglič. Debió estar, Primož Roglič, con Ayuso y del Toro, y no estuvo. Debió estar, el equipo de Primož Roglič, con más representación en San Pellegrino, a cien de meta, porque estaba completamente aislado, iban como 20 en el grupo de cabeza. Patas para sospechar, equipo para desconfiar mucho. Ya dije, caretas que caen, aunque sea solo poquito.

(Simon Yates va pasándolas putas, así que su careta cayó hasta el suelo. Aunque no hubiera más diferencia). Y eso, que se paran por detrás, y queda todo para los escapados, y los escapados traen selección de cinco (Poels, Plapp, Quintana, Bilbao y Fortunato), y a relevos, porque tienen, todos ellos, una posibilidad cuquísima allí, al alcance de la manuca. Parece, a un rato, que pueden cogerles, porque tira del pelotón el equipo de Pedersen, pero tiran algunos ciclistas poco pimpantes del equipo de Pedersen (salvo cuando tira Pedersen), porque el equipo de Pedersen tiene campeones, gregarios, meteorólogos y hasta un influencer con ficha. Así que a medias, se podrían quedar, que quieren disputarla con Ciccone.

Solo que no, que el último puerto no es un segunda, como nos dicen, pero sí es puerto suficiente, y que el pelotón aprovecha dos o tres rectucas, un puente y diez tirones para tenerlos a tiro de piedra. Y, además, déjate que quienes miran a roma no prueben algo, que aun traen calentura de Pradaccio. Carapaz, por ejemplo, que salta con fuerza, encogido sobre la bici como en sus tiempos rosas. Y luego remata... del Toro. Que si decíamos sobre los nervios de Ayuso imaginen el líder. Solo que salta Isaac y Ayuso no sale, no cierra, Ayuso no pareciera muy allá.

Carapaz, el más sólido y decidido

A Roglič le cuesta aún más, pierde la rueda de Storer a un ratito, no trabaja con esa suficiencia que exhibe cuando está bien. Del Toro ceja, quizá porque le han puesto la orejuca rojísima de tan gritarle, y todos reagrupan, y Carapaz abre un hueco bien cuco, de medio minutín arriba. Lo tiene. Victoria para Richard Carapaz. Un renacer, si quieren. Y ojo, que este es uno de los que suele repetir, de los que siempre saca más resultado de lo que uno podría creer. Ahora habrá que vigilarle, aunque sea en plan reojo, aunque sean miradillas de "no voy a dejar de mirar".

Detrás entran del Toro y Ciccone. Isaac que, creo yo, podría haber arrancado en el último repecho (aún más) y haber abierto hueco (aún más). Queda feo atacarse entre compis del mismo equipo, pero no quisiera yo que se arrepientan de dejar con vida a Roglič. Que parece aún con vida. Vete a saber. Este Giro tiene una composición tan particular en su recorrido que no sabremos los equilibrios (auténticos) de fuerzas hasta, creo, la última semana. Mientras tanto... divertirse, elucubraciones. Y darle la enhorabuena a Richard Carapaz.

Salió bien chula, ayer, la crono del Giro. Salió bien chula, aunque falsease un pelín por el agua, y aunque luego no hiciera tantas diferencias, en parte por esas gotas, en parte porque la longitud era una puta vergüenza. No me canso, yo, de señalarlo. Que ya no son las Grandes lo que fueron. Que antes quien ganaba allí debía ser el mejor (o de los mejores) en cualquier situación, y ahora hemos reducido esto de las contrarrelojes hasta extremos ridículos.

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