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Del Toro es el primer mexicano de rosa y el Giro de Italia se convierte en un mar de puñales
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Marcos Pereda

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Del Toro es el primer mexicano de rosa y el Giro de Italia se convierte en un mar de puñales

El ciclista mexicano es el líder del Giro de Italia en una etapa donde Van Aert ganó la carrera y Roglic sufrió una aparatosa caída. Ayuso sigue preparado para estar en la pomada

Foto: Isaac Del Toro da otro golpe en la mesa. (Reuters/Jennifer Lorenzini)
Isaac Del Toro da otro golpe en la mesa. (Reuters/Jennifer Lorenzini)

Un Giro clásico, decíamos. Media montaña con líder para uno de casa, pesetazo mayúsculo de cualquier starlet, sterrato, caída de Primož Roglič, el equipo de Ayuso comportándose de manera un poco lupanaresca. Visto 1.000 veces, ya saben. Primero media montaña sabrosona camino de Castelraimondo. Escapada desde lejos, dos compis jugándose las habichuelas del rosa. Dos italianos. Ulissi, más vieja gloria que viejo (y qué gloria, por ser honestos) y Fortunato, que va a ganar la maglia azzurra, que tiene un aire a Ivan Parra o similares, que tira de culo.

Etapuca para Plapp, que hizo una maravilla de kilómetros finales, y la maglia finalmente sobre los hombros de Diego Ulissi. Ninguno insultó al otro, pero las caras eran de "jo, cómo me alegro, tía, que estés saliendo con ese chaval tan guapo al que puse ojillos en tercero de BUP". Seguro que saben. Entre los favoritos... pesetazo enorme de Ayuso en el kilómetro final, como si quisiera demostrar algo, quizá poner testículos encima de la mesa en su propio equipo, vaya usted a saber razones. Dos segundines, que no van a ningún lao. Pero si Juan es líder indiscutible, quién va a meterle mano a Ayuso.

Y luego el sterrato. Siena, que es precioso Siena, que merece irse a la Toscana solo por ver Siena. En Siena inventaron una movida muy cuca, que se disputó primero en versión cicloturista y luego entre los pros. L'Eroica era, en principio, más bien Montepaschi Eroica, porque los bancos renacentistas aún dan sus ricas rentas a día de hoy, y meter un Medici en cualquier rollo hace que mejore cualquier historia. Y eso, que era un percorso original, uno que pretendía repensar el futuro desde un mirar al pasado. Strade bianche, les decían, carreteras blancas, y básicamente hablamos de caminitos con grija, sin asfalto, solo polvo, reventones y légamo color caca cuando llueve. Por ahí entrenaba Bartali, seguramente, porque en ocasiones la mejor forma de afrontar grandezas pasadas sin perder ímpetus presentes es... en fin, eso. Fijarnos en lo que nos hizo grandes, en la leyenda, en aquello que todos seguían cuando todos nos seguían.

La dura caída de Roglic

Más que le pese a algunos. Y eso, que la Clásica (la carrera de un día, mejor, porque no puede ser clásica algo que parece clásico, pero se disputa por vez primera cuando ya existe el Youtube) es un éxito, y en el Giro se acogen, y en el Giro dicen que guay, que a ver esto qué tal por la Corsa Rosa, y lo meten en 2010, y sale un día de barro, y van Vinokourov y Evans en plan Belisario contra los disidentes, y va el sacerdótico Basso en plan "por qué, por qué no llevo ruedines". Vamos, referencial. Y repiten, obvio. Muchas veces. En ocasiones sale bien, en ocasiones no sirve más que para dar fotos bonitas. También te digo, otros espacios de más cacareo a veces no dan ni salvapantallas...

Así que expectación. Y, por una vez, esperanzas satisfechas. Entre otras razones por Primož Roglič. Primož es un hombre que se cae. Tremendo hostión cuando hacía saltos de esquí (menos mal que deja esa disciplina, viendo lo que llega después). Y eso, que se cae. O le tiran. O medio le tiran, medio se cae. Esprinta por dos segundines, hostia. Bajada lenta, hostia. Tú con Primož Roglič te vas de fiesta, pero no te vas a la Ruta del Cares, no te vas a la Ruta del Cares. Con tales antecedentes que bese el suelo (el suelo polvoroso) en el sterrato pues... mira, no me extraña demasiao.

Se pone la cosa de interés como a cincuenta de meta. Allí arranca del Toro, que va por las entrevistas diciendo que su ciclista predilecto es Stephen Roche, que menudo Giro el del 1987, que muy guay todo aquello. Y entonces empiezan a pasar cosas. Caídas, resurrecciones, debates, escaqueos. Por partes. La resurrección es Egan Bernal. Egan Bernal que lleva desde su Giro rosáceo sin sentirse ciclista del todo. Tuvo problemas, tuvo un accidente bien gordo, tuvo una bajada de nivel grande, tuvo calendarios que te los diseña un mono hasta el culo de farlopa.

Cuando gana aquí, Egan se exhibe en el sterrato, y es un tío que siempre tuvo patada grande. Vamos, que puede irle, el terreno. Pero es que a Bernal no le iba nada en el último lustro. Y mostró por Sien, al menos, ambición. Era, el suyo, un meneuco pensando en el Giro, nada de pósters y saludos al aficionado. Aunque terminase petando. Merece, al menos, citarse entre los que cuentan...

Roglic sufrió y el debate de Del Toro

La caída es, dijimos, de Primož Roglič. Se le caen en el morro, poco puede, arrastra a Pidcock, no hay reproche. De ahí a meta, medio centenar de kilómetros... perseguir. La rueda fastidiada, perseguir. Se le escapan un poco, perseguir. Recorta, perseguir. Tuvo momentos de game over, salva el día con dignidad. No se le ve sobrado a Primož, no se le vio sobrado en Abruzzos, y ahora esto... Siempre le pasa algo, vale, pero es que "siempre la pasa algo". Y cuando te ocurre Gran Vuelta sí, Gran Vuelta también, pues...

El debate viene por Isaac del Toro. Que se mete con el grupito de Bernal (buenos galgos allí), que releva un par de veces, que le metieron (puede) sus buenos gritos por la radio. Isaac del Toro, que tiene por delante en la general a Ayuso, pero es que tampoco está tan por delante, y tampoco es Jacques Anquetil. Con todo... a veces pareciera que ese equipo lo dirige Coriolanus Snow. Porque, encima, a veinte de meta pega un arreón gordísimo del Toro, y solo puede ir con él Wout van Aert (estaba de parranda) y un poco más lejos Egan Bernal. Tiene, del Toro, las miras en el rosa. Delirio mexicano. De Miguel Arroyo a esto. ¿Hizo bien? Discutible, pero el ciclismo es un deporte profundamente darwiniano. Y cuando nos hablan del Giro 1987 todos recuerdan la traición de Roche, pero suelen olvidarse de que Visentini perdió ese día seis minutos. Vamos, que nervios, presión y lo que ustedes quieran, pero...

placeholder Van Aert ganó la etapa. (Reuters/Jennifer Lorenzini)
Van Aert ganó la etapa. (Reuters/Jennifer Lorenzini)

Ah, el escaqueo. Graciosísimo Adam Yates. Lleva un maillot del Karpy, Adam Yates, por aquello de no tener problemillas de que alguien le pida curros... Plantados los naipes... delante se entienden, detrás (sobre el minuto a veinte de meta) gasta Ayuso, más detrás (sobre los dos minutos a veinte de meta) tira Primož Roglič y se va erosionando hasta que acelera y va solo durante unos instantes. Y es entonces, precisamente entonces, cuando va empezando el Colle Pinzuto. Subida en tierra. Subida muy exigente en tierra. Y todo termina por reventar.

Un final de infarto

Porque del Toro prueba, y Bernal no puede, y van Aert puede metiendo chepazos, y recuerda van Aert al van Aert aquel que subió a pata la Piazza del Campo, y sufre van Aert como si estuviera trabajando para Vingegaard. Pero aguanta. Bueno para Isaac, aunque parezca paradójico. Roglič parece ir con dificultades; Tiberi, Ayuso y Ciccone quieren abrir más hueco.

De ahí hasta Siena... mantener. Bernal revienta cual batracio (pero revienta el ciclista después de reventar la carrera, eso siempre es destacable). Ayuso tiene nervios, se mueve mucho, juega a las jefaturas internas. Ayuso tiene ese puntito de chulería que puede agradarte, pero a los de su cuerda tampoco les agrada siempre. Nos acercamos al final y... Cuesta, problemas para Ayuso. Problemas para Ayuso, del Toro. Que va como quiere, que es elegante, que tiene muy buen aspecto. Exhibición. No es aún favorito, si me preguntan, pero vete tú a saber si cuneguea un pocuco.

placeholder Del Toro es el líder. (Reuters/Jennifer Lorenzini)
Del Toro es el líder. (Reuters/Jennifer Lorenzini)

Acelera Isaac camino a la Piazza, saca un metro a Wout, los dos van en pie sobre los pedales, a chepazos, es una imagen bellísima, es pura estética, es una demostración de por qué este es el deporte más bonito del mundo. Y entonces van Aert adelanta a del Toro, y juega en plan clasicómano (curva suicida al final included), y levanta los brazos, y ha sido una etapa increíble, ha sido una preciosidad. Detrás vienen Ciccone y Richard, que llegan al minuto. Ayuso pierde con ellos ocho segundos, porque cuando se te cruza la tarde es que se te cruza la tarde, macho. Primož Roglič llega un minuto después, así que del Toro le ha cascado dos minutos y medio, y Ayuso, en un día tontorrón, otro minutín.

Enhorabuena para Wout van Aert, pero especialmente enhorabuena para Isaac del Toro, que se viste de rosa, que pinta fenómeno. Me encantaría estar en la cena de ese equipo esta noche, por cierto. Y mañana, que es día de descanso. Qué de risas, en el descanso. Todos jugando al Twister, me los imagino, en el día de descanso. Preguntando así, a lo tonto, ¿oye, y tú qué tal te ves en contrarreloj?, el día de descanso. Maravilla, sí, el día de descanso. Del Toro y Ayuso echando el café y leyendo la Gazzetta... Me encanta el olor a puñaladas en el Giro de Italia.

Un Giro clásico, decíamos. Media montaña con líder para uno de casa, pesetazo mayúsculo de cualquier starlet, sterrato, caída de Primož Roglič, el equipo de Ayuso comportándose de manera un poco lupanaresca. Visto 1.000 veces, ya saben. Primero media montaña sabrosona camino de Castelraimondo. Escapada desde lejos, dos compis jugándose las habichuelas del rosa. Dos italianos. Ulissi, más vieja gloria que viejo (y qué gloria, por ser honestos) y Fortunato, que va a ganar la maglia azzurra, que tiene un aire a Ivan Parra o similares, que tira de culo.

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