Pogačar continúa su pulso con la Historia: su segundo Flandes es un golpe más en la mesa
Ya entonces era Flandes uno de los días mayores del año. Igual el mayor, depende de sus gustos, pero entre ellos siempre. La pasión, las implicaciones políticas, el feeling de estar viendo algo salvaje
Pogacar ganó el Tour de Flandes. (EFE/Olivier Matthys)
Las clásicas, digo. Miren de Ronde. De Ronde van Vlaanderen. Tour de Flandes, si andan jodidos de la próstata. Vuelta a Flandes, si son de natural tocapelotillas.
Hace años de Ronde lo veíamos cuatro flipaos. Pero flipaos del todo. Tú entrabas en un bar, decías, voz de grito, "Oude Kwaremont" y si alguien te sonreía... eh, a su mesa, a parlar. Eran momentos de refugio, de confort, momentos de "vamos a hacer semillero primaveral, que luego vienen los julios y no veas qué coñazo esto de las bicis". Cancellara, Boonen, Museeuw, hasta Peter van Petegem. Tales rollos, ya ven que no me piro hasta el pleistoceno. A veces ni salía en el periódico del lunes, porque Roberto Carlos había hecho una broma telefónica a Karembeu y, joder, especial de diez páginas.
Esos tiempos.
Ya entonces era Flandes uno de los días mayores del año. Igual el mayor, depende de sus gustos, pero entre ellos siempre. La pasión, las implicaciones políticas, el feeling de estar viendo algo salvaje, algo anacrónico, algo primitivo. Así debían correr Merckx y de Vlaeminck, pensabas.
(Y ahora tenemos a un Merckx y a un de Vlaeminck).
Era día de campanillas, digo, pero para cuatro frikazos absolutos. Y hoy no, hoy es mainstream, hoy es alarma en el móvil para mogollón de paisanos que andan en bici, miran bicis o, sencillamente, les gusta disfrutar con una de las manifestaciones deportivas más grandes del mundo. Así, sin paños calientes. No lean, por cierto, añoranza en eso de que "hoy es mainstream", porque nadie más feliz que yo al ver que finalmente apreciamos las Clásicas como se merecen, como ellas son. Nadie.
Hay elementos para explicar este cambio. Elementos. Nombres, más bien. Dos ciclistas que aúnan, como pocas veces en la historia, carisma y palmarés, también ese toque de glamour que te deja el luchar contra los imposibles. Y ganarlos, a veces. Porque, no nos llevemos a engaño, si su cuñado Jesús José está hoy pegándole la chapa "con eso de Flandes, joer, qué guapo eso de Flandes, joer" es por Tadej Pogačar y Mathieu van der Poel. Que trascienden, que tienen estatus histórico ya hoy (desde hace un rato). La sensación de asistir a un duelo sobre el que seguirás leyendo dentro de décadas. El yo estuve allí, el yo pude verlos. Son los dos máximos contendientes, y, si gana alguno, se pondrá con ocho de los Monumentos. Séptimo de siempre con más.
Díganme si no merecería la pena.
Es el suyo, además, un duelo extraño. Ciclotímico, si quieren. Porque tenemos a un recordman de victorias en Flandes... y al colega que le cepilló el capazo la última vez que estuvo aquí. Pero cepilló en condiciones, cepilló a lo lóquer, en duelo directo, mirándose a los ojillos. Pongamos el foco, centremos la atención. Tadej había demostrado ya antes de hoy ser mejor (o estar solventemente a la altura) del tío con mejor palmarés en esta carrera de siempre.
Es que te tienes que pellizcar.
(Ah, también acude aquí Wout van Aert, que no es el Emperador de Herentals pero sí ha nacido en Herentals. A estas alturas de Wout... uno de sus mejores avales).
Tadej Pogacar. 26 años. ¿HASTA CUÁNDO?
🌈 Mundial ruta 💛 Tour de Francia (x3) 🩷 Giro de Italia 🇧🇪 Tour de Flandes (x2) 🇮🇹 Lombardía (x4) 🇧🇪 Lieja-Bastoña-Lieja (x2) 🇮🇹 Strade Bianche (x3) 🇮🇹 Tirreno-Adriático (x2) 🇫🇷 París-Niza (x2) 🇦🇪 UAE Tour (x3) 🇪🇸 Volta Catalunya 🇳🇱… pic.twitter.com/WDKkyEe3Sg
Visto esto, con el recorrido más que memorizado, con las cartas sobre la mesa... los demás solo pueden anticiparse, jugar tácticas, meter presiones y saltarse el guión. Y es lo que hacen varios de los outsiders cuando, a cien de meta, empieza a descontrolarse el asunto. Caídas (sin consecuencias para van der Poel), equipos deslabazados, un grupo cuquísimo por delante. Pero cuquísimo, cuquísimo. Trentin, Benoot, Kung... gente de calité. Y, sobre todo, Filippo Ganna, que se trae el marchamo de San Remo, que empieza antes para intentar ser prota más tarde. No es mala, su idea. No es mala, aunque acabará explotando cual sapo.
Valiente.
Digo que no es mala porque detrás solo tiran los compis de Tadej, con Mathieu haciendo dejación de funciones (¿más dolor en la caída del que parece?, ¿ganas de poner nervioso a su némesis?), y dos o tres mascachapas haciendo ayudinas cortas. Y nos ponemos en minuto 20. Y quedan setenta kilómetros. Y da tiempo de sobra, pero cada rato es un rato menos para que dé tiempo de sobra. A nivel táctico... situación interesante.
(A nivel atlético... mira, esto me lo vi yo parecido hace dos añucos, y terminó la cosa como terminó. Que aquí no viene Devolder o similares, que esos tiempos ya no son).
Con todo... esperábamos leña en el Oude Kwaremont a cincuenta de meta. La gracia de Flandes con este bucle definitivo es que siempre gana uno de los mejores a nivel físico... La pega es que, en fin, que siempre gana uno de los mejores a nivel físico, lo que reduce matices. Así que, en Oude, atacó Pogačar, y salió van Aert, y van der Poel estaba buscando setas, porque de lo contrario no te explicas que remontase desde el puesto 7684, aproximadamente. También andan por ahí Pedersen (el corpachón de Pedersen), y Jorgenson (el corpachón-cuerpecín) de Jorgenson. Tadej pone su ritmo asesino al paso por Kwaremont, que no tiene rampas imposibles, que gasta descansillo a mitad (en las casas), que resulta terreno ideal para él (como si alguno no lo fuese). Tadej pone su ritmo asesino, y ya casi ven a los de delante, y, mira, no querría yo señalar, pero igual alguno sobreactuó antes de tiempo en sus micrófonos de referencia.
(El slalom de van der Poel es un gif que se volverá recurrente. No intenten hacerlo en su próxima salida por Flandes).
De Kwaremont a Paterberg hay solo unos kilometrillos por carreteras anchas (la bajada del Nieuwe Kwaremont, que en realidad es más Oude que el Oude, solo que como le echaron alquitrán pues qué coño, no puede ser eso Oude, lo Oude tiene adoquines, así que buscamos senda que lleve al mismo sitio, aproximadamente), carreteras estrechas y carreteras que no son ni carreteras. Pero es poco. Ah, pasas al lado de una granja de alpacas, que son bichos de lo más salaos. Yo algunos años hubiera preferido que enfocasen las alpacas antes que a los favoritos, oigan. Pero este año acelera Pogačar, luego remata van der Poel, y se van los dos solos, y les trinca Pedersen arriba, en la curva esa a escuadra que hay, y luego cazan van Aert, Jorgenson y Stuyven, pero... Cuando las carreras son a eliminación, a pura fortaleza y hostias, esto no son detalles... son predicciones
Pequeño impasse. Se junta un grupito delante, con los nombres que ustedes ya sabían que iban a estar en un grupito delante. Hay tentativas, pero... en fin, na. Eso sí, quienes esperasen un dueto de 100 kilómetros... esto es Flandes, amigos, y Flandes siempre sorprende.
Nueva selección en el Taaienberg (ese muro que tiene, en su cima, la escultura más fea e icónica de todos los tiempos... una reproducción, a tamaño natural, con las piernas de Tom Boonen... solo las piernas, aclaramos), y allí se quedan solos Pogačar, van der Poel y Pedersen, y parecen los que se van a jugar el asunto hoy. Hay poco hueco, aun, pero es que ya lo hemos visto mil veces en Clásicas, que estos pocos huecos no los cierra ni Alberto Leanizbarrutia...
Vuelta al asunto. Kruisberg, que es durillo, pero no algo imposible. Allí reincide Pogačar, allí sale van der Poel con aparente solvencia, allí da en quebrarse Pedersen. Que pierde diez metros, luego 15, luego diez segundos, luego quince. Que ya no es, ya no cuenta. Están ellos, ellos dos.
Ellos.
Sean ustedes bienvenidos al gran Clásico: Tadej Pogačar vs Mathieu van der Poel. Parte II.
(Tenemos otra en Roubaix, aviso).
Van der Poel también compitió en Flandes. (EFE/Yoan Valat)
El gusto por las Clásicas
Van Aert, Stuyven y Pedersen, con todo, no se rinden. Esto son cuentas ya hechas, todos saben lo que pasará en el siguiente berg, pero actúan de forma noble. ¿Al matadero? Sin duda, pero es que suicidarse es la única opción que tienen para salir victoriosos...
Y por eso nos encantan las Clásicas.
Miren, por ejemplo, a van Aert. Que se sabe (se ha visto) inferior, que trae maleta emocional como para llenarte tres horas en Si amanece, nos vamos. Y ¿qué hace al comienzo de Oude Kwaremont? Se anticipa. Juega a mayores envidando a chica. Hace, sí, lo que puede, pero buscando victoria (la razón por la que no está para competir de tú a tú con los otros ya la tocamos otra tarde). Inútil, porque...
Porque detrás tenemos una de las imágenes del año. El ataque de Tadej Pogačar, manos en los frenos, culo sobre el sillín. El ataque de Pogačar al que sale van der Poel, que se va abriendo, van der Poel, un metro, dos, tres, que se marcha, se marcha solo Tadej Pogačar, quiere su segundo Flandes, Tadej Pogačar.
Solo tres ciclistas han ganado de Ronde van Vlaanderen y el Tour de Francia. No el mismo año, no... en toda su carrera. Solo un trío. Louison Bobet, Eddy, Tadej. El francés logró una única victoria, dos sumó el ogro belga.
Dos, ahora, tiene Pogačar.
Por ponerles contexto. Por abrir aun más los ojos.
La Historia desfila en nuestros morrucos, colega. La Historia (con hache mayúscula) se ha dejado caer por estos años.
Tadej Pogacar wins the Tour of Flanders AGAIN! 👏👏👏
🌈 The rainbow jersey cruises to a solo victory in the final race of the Belgium classics. #RVVpic.twitter.com/RDaHRyP7ds
— Cycling on TNT Sports (@cyclingontnt) April 6, 2025
La batalla entre Van der Poel
Fue, si quieren, anticlimático de allí hasta meta. Por la superioridad de Pogačar, por su soberbio estado de forma. Fue anticlimático, porque Paterberg parecía Mijarojos, porque los cuatro que persiguen suben de puro riñón y dientes prietos. Fue antclimático porque teníamos en mente lo de hace un bienio, pero resultó hoy distinta la carrera, también tuvo menos punch Mathieu. Fue antclimático como solo pueden serlo las obras maestras de Picasso (buah, otra obra maestra de Picasso), la segunda parte de El Quijote (buah, otra gran parte de El Quijote), el nuevo estreno de Shaskespeare (buah, otro éxito de Shakespeare).
Fue tan hermoso...
De allí a meta... marca Pogačar terreno. De rodar en solitario, de mantener distancias, de enseñar cómo las planicies resultan menos planicies con desgaste, con los muslos agonizando, con gemelos acalambrados. De allí a meta se mandan whatsapp, whatsapp que alguien va a dejar en “leídos”, queriendo contestar dentro de siete días...
Después brazos en alto. Éxito. Normalizando lo anómalo. Es enorme, es inmenso. Pedersen y Mathieu van der Poel completan pódium, y en el pódium están los tres más fuertes del día.
Eso es, también, una Clásica.
Octavo Monumento para Tadej Pogačar. Solo Eddy Merckx, Roger de Vlaeminck, Girardengo, Coppi y Kelly tienen más. Empata con van Looy. Es el cuarto ciclista de siempre en ganar más de una vez en tres Monumentos (los otros son Merckx, Kelly y van der Poel, lo que da también pistas sobre el armageddon a nivel estadístico que nos acompaña). Tiene opciones claras en dos más este año (Lieja y Lombardía, donde parece inabordable). Solo un tío ha ganado tres Monumentos la misma temporada, y ya conocen todos su nombre.
Y queda Roubaix.
Pogacar subió al podio una vez más. (EFE/Yoan Valat)
Visto lo visto, queda Roubaix.
Tras la Cippressa, queda Roubaix.
Después de Kwaremont, queda Roubaix.
El ganador del Tour, que va a Roubaix. Con favoritismo (aunque allí dejar a Mathieu, meter distancia como para compensarle su técnica, es mucho más difícil), con expectativas.
Queda Roubaix. Y esa es la grandeza de Pogačar. Que gane su segunda de Ronde van Vlaanderen y pensemos en lo siguiente.