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Tadej Pogačar derrotó a la Milán-San Remo, pero no pudo con Mathieu van der Poel
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Marcos Pereda

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Tadej Pogačar derrotó a la Milán-San Remo, pero no pudo con Mathieu van der Poel

El neerlandés firmó las tablas con el esloveno como ciclista con más Monumentos (siete). En Italia, Van der Poel repitió el sprint que ya protagonizó en el Tour de Flandes en 2022

Foto: Van der Poel triunfó en la Milán-San Remo. (EFE/Roberto Bettini)
Van der Poel triunfó en la Milán-San Remo. (EFE/Roberto Bettini)

A veces las historias se empiezan por el final, y el final nos dice que ganó Mathieu van der Poel.

El final nos dice, también, que Mathieu lleva cuatro años seguidos ganando al menos un Monumento (sexto ciclista que lo hace desde Stalingrado, tras Fausto Coppi, Fred de Bruyne, Eddy Merckx, Roger de Vlaeminck y Tadej Pogačar), nos dice que es el tercero de siempre con más de dos victorias en más de dos Monumentos (Merckx y Sean Kelly), nos cuenta que siete en total, y que solo hay seis paisanos que lleven mejor palmarés (Eddy, Roger, Girardengo, Coppi, Kelly y van Looy). Todo eso, sí, nos dice el final.

Que habla de una leyenda, claro.

A veces las historias las cuentas desde el subcampeón. Y el subcampeón es del país que más veces triunfa, pero que se acerca a la década sin triunfos, que suma dos en 20 ediciones. El subcampeón es único hijo de Italia pisando pódium en el lustro, único, junto a Nibali, en hacerlo desde la última victoria de Freire. Esa cuenta, sí, la historia del subcampeón.

Que le quiten el "sub", grita esa historia.

Pero también ocurre, en ocasiones (y son las ocasiones que recuerdas, son las ocasiones grandes) que un relato se escribe desde el capítulo tres, desde el no-derrotado de lujo, desde quien intentó lo imposible. Porque igual vale más Mallory que Hillary. Porque tiene, seguro, aliento épico mayor.

Foto: tadej-poga-ar-eddy-merckx-hinault-ciclismo

El conquistador de lo imposible

Y ese se llama Tadej Pogačar.

Tadej Pogačar es, hoy, un conquistador de lo imposible. Es el tío que sale a pegarse con todos en la carrera preferida de Zabel, el que compite en julios contra la sombra de Hinault. Tadej Pogačar tiene en el punto de mira a Coppi y a Merckx en colinas lombardas y ardenesas. Tadej Pogačar batalla en Flandes frente al, quizá, (examinen Gotha) mejor corredor de siempre en kinderkopje... y, encima, sale victorioso. Tadej Pogačar es, por último, el que tiene ojillos puestos allá por las Hilaturas, que ya es apuesta mayor, que ya es casi imposible. Los Cinco son, los Cinco que solo ganaron tres.

Aspira al póker.

Claro que para triunfar en Arenberg, y llevarse glorias, ha de lograr antes lo mismo en San Remo. Que (leyeron primer párrafo), ya ven que no. Volverá en doce meses, lo hará aun más duro, le acabará tocando alguna vez. Dicen de San Remo que es una lotería, pero, como saben Eddy Merckx y Carlos Fabra, los premios hay que buscarlos.

La tragedia de Tadej (la inmensa suerte que tiene Tadej) es coincidir en tiempo, forma y ambiciones con uno de los mejores clasicómanos de siempre. Asusta pensar lo que sería esto si en lugar de Mathieu tiene delante, durante las primaveras, a, no sé, Simon Gerrans y Purito Rodríguez. Asusta, digo, y descorazona un poco, porque los profesionales viven de su profesionalidad, pero quienes disfrutamos de las bicis queremos cuantas más hostias mejor. Y encontrarme con un Merckx vs de Vlaeminck así, a mi edad, puro palo seco, pues... qué quieren.

Bendiciones.

Las victorias de Pogacar

A estas alturas ustedes ya saben qué pasó, en incluso saben cómo es esto de la San Remo. Saben que son casi trescientos kilómetros, saben que son (nos dicen) siete horas de aburrimiento, nervios y estar siempre atento, para resolver todo en cinco minutos de intensidad enorme. Vamos, el sueño de cualquier adolescente, no sé si me explico. Saben que Turchino y escapada, Cipressa y ritmo trotón, saben que il Poggio, tren, ataque a partir de la famosa alcantarilla, esa que decía Fignon, el estacazo que te deja casi arriba, casi en la cabina de teléfonos (ya no hay, no, cabina de teléfonos, porque hasta en Italia se muestran a veces irrespetuosos con los mitos), descenso de pasar cague y meta.

Eso es la San Remo desde hace... no sé... casi 50 años (salvo ediciones tontas).

Hasta él, podríamos añadir.

Porque Tadej Pogačar gana mucho, y gana, además, por la vía del ko. Sabe que es mejor que el resto, y sabe que ese diferencial surge, naturalmente, de forma más fácil cuanto más difícil sea el asunto. O, dicho de otra forma, que a más dureza, incremento de opciones. Y, como es de natural ambicioso... pues dureza.

Vean hoy. La Cipressa es, siendo generosos, un pachangueo de carretera ancha y pendientes trotoneras. El típico puerto que te suben hasta los escritores especializados en ciclismo. La Cipressa es, háganse cargo, un sitio donde lanzó ataque de fulgores Marco Pantani en 1999 (aquel Marco Pantani, fíjense bien en el tamaño de mis cursivas), cuando estaba picadísimo con Bartoli. Un sitio donde no pudo hacer distancia suficiente... en fin, suficiente para nada. Y era Marco. Y, desde entonces, esto de La Cipressa resulta un obstáculo menor, un Andore chico antes de llegar al monstruo en condiciones, es los caballeros de plata, es semifinales contra el Flynet.

Hasta Tadej Pogačar.

placeholder El podio de la Milán-San Remo. (EFE/Mateo Berreti)
El podio de la Milán-San Remo. (EFE/Mateo Berreti)

La ventaja a los perseguidores

Que promete y cumple. Volvemos a mirar con ilusión a La Cipressa, volvemos a pensar que el éxtasis de San Remo se extiende más allá del Poggio. El éxtasis de verdad, el éxtasis de "hostia, cómo lo estoy pasando" (entiéndanme, me encanta San Remo, no cambiaría nada de esta prueba, pero el contexto es el contexto). Todos con expectación. Todos pensando “no, es imposible, esta vez es imposible”.

Y ocurre.

El equipo que entra como si fuera el Flandria por Oude Kwaremont. Gasta una bala, otra, otra. Y, entonces, él. Ataque de Tadej Pogačar. Faltan veinticinco kilómetros a meta. Hace diez años... un mundo. A día de hoy, distancia que vemos, finde sí, finde también. Ataca Tadej en esas rampas que ni rampas parecen, ataca Tadej y van más rápidos que Dario Pieri en un buffet libre, taca Tadej y, mira que estamos medio acostumbrados a Tadej, pero... no puedes dejar de echarte manos a la cabeza. Porque se va solo con Mathieu van der Poel (enemigo generacional, campeón histórico) y Filippo Ganna (sufriente, moviendo vatios como para prender el Mazinger Z, terreno de estropicios para un ciclista como él). Ataca el esloveno y qué suerte para nosotros.

Ataca el esloveno y esta tarde es más fácil ser feliz.

Los tres (Tadej, Mathieu y Ganna) obtienen más de medio minuto sobre sus perseguidores, más de medio minuto sobre paisanos que vuelan estos meses, o que tienen galón gordo aquí, o que serían, otros años, otras épocas, firmes candidatos a ganar. Solo que no, solo que ahora los triunfos son más difíciles, están más caros, exigen calité. No es que, como dicen algunos mustios, cinco o seis ciclistas se repartan todo en nuestros días, no... Es que hoy no se regalan victorias a paisanos que no calzan caché para lograrlas, como sucedía antes...

Coronan los tres, con Ganna perdiendo años de vida en cada arreón de los otros (sumado a Il Poggio calculo que Filippo está ya en la reserva), hacen descenso sideral, estratosférico, aumentan distancias, se la van a jugar. El sitio donde era imposible abrir espacios, la subida que solo sirve como desgaste, terminó transformada, hoy, en Borodinó...

placeholder Pogacar completó otra gran actuación. (EFE/Mateo Berreti)
Pogacar completó otra gran actuación. (EFE/Mateo Berreti)

El pedaleo del resto

Y, queda, aún, Austerlitz.

O Leipzig, veremos.

Porque esto es cosa para mayores de 18, es una cinta de esas que vendían en los videoclubs detrás de la cortinita, es el séptimo chupito tras los seis que te sobraron. A todo o nada, buenos recuerdos o malas sensaciones, fue bonito mientras era, será bonito siempre.

El Poggio.

Se entienden los tres de delante, porque hay, estos días, ambición, porque igual es Tadej quien enciende mechas, pero nadie niega envites, nadie arruga el morro, no hay campeón (y actualmente tenemos campeones de verdad, no campeones de bolsillo) que se escude en ruedas, gregarios o estrategias. Se entienden los tres de delante hasta la primera rampa de esa cota (diminuta, ridícula... gigantesca, eterna) del Poggio. Y allí vuelve Pogačar sobre sus pedales, y se levanta, y mueve la bici de un lado a otro, la cimbrea con furia de viento sur sobre aliso, parece que la pudiera romper. Sale Mathieu, Mathieu aguanta, Filippo pierde unos metros, un puñado luego quince, Filippo se mantiene en ese golpe de mirarse, Filippo muere sin poder morir, porque tiene patas para que los otros no terminen de matarlo.

Y fue hermoso, también, ese ascenso de Ganna.

Prueba el esloveno tras cada curva, en cada arrancar. Prueba el esloveno, hace todo el gasto, descompone su rostro, enseña los dientes en mueca de dolores (la mueca de un guepardo mirando gacelas, la mueca de un criptobro mirando chavalines con hucha), pero no descuelga, nunca, a van der Poel. Que va pletórico. Que se permite, incluso, gesto a la galería, casta de panaché, un ataque antes de la cima. Inútil. Sintomático.

El resto no cuentan, porque el resto son ciclistas, y ellos leyendas. Uno pedalea contra los ciclistas, pero solo puede rendirse frente a una leyenda...

Finalmente los coge Ganna casi en la recta definitiva. Allí Tadej Pogačar deja unos metros... cinco, seis. ¿Estrategia para salir con más inercia? ¿O es que iba fundido y buscaba planes donde ya solo cabe fuerza bruta? Fuera como fuese... sprint. Y, casi desde el principio, posiciones inamovibles. Mathieu que vence, Mathieu que suma su segunda San Remo. Desde Freire no repetía nadie, y eso ya nos dice mucho sobre quién es Mathieu. Otro que está en posición inmejorable para firmar dos meses de ensueño (otros dos meses de ensueño, digo). Filippo Ganna después, Tadej Pogačar entra tercero. Igual que en 2024. Esta vez su sprint fue peor, esta vez su carrera fue mejor.

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Esta vez venció sin necesidad de ganar del todo.

Un último apunte. El pódium. Allí estaba van der Poel sonriente y exultante, Ganna sonriente y satisfecho, Tadej... joder, Tadej con cara de mala hostia, Tadej con la cara que ponía Hinault cuando le traían una pizza helada, Tadej con rostro de Eddy Merckx tras perder la Carrera del Pavo. No iría yo, hoy, a venderle un coche usado a Tadej Pogačar. Y eso también lo hace grande.

Porque eso son los campeones, eso son las leyendas.

Hace menos de diez años el pódium de San Remo fue Démare, Ben Swift y Jürgen Roelandts. Sprint, por supuesto.

Díganme ustedes si no debemos atesorar cada instante compartiendo bicis con estos paisanucos...

A veces las historias se empiezan por el final, y el final nos dice que ganó Mathieu van der Poel.

El Confidencial
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