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El triunfo marcado por el equilibrio: Groenewegen se destapa en la Artic Race of Norway
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MÁS VOLUNTAD QUE ACIERTO

El triunfo marcado por el equilibrio: Groenewegen se destapa en la Artic Race of Norway

La segunda etapa parecía llana, pero había muchos cambios de rasante. Los paisajes de la carrera fueron maravillosos e hizo frío a pesar de celebrarse la prueba en pleno agosto

Foto: El pelotón, durante la segunda etapa. (Aurélien Vialatte)
El pelotón, durante la segunda etapa. (Aurélien Vialatte)

A mí siempre me han molado los ciclistas noruegos. Siempre. Creo que tiene explicación sentimental, como todo en la vida (al menos todo lo que merece la pena). Nombre y apellidos. Molan, porque aquí todos molan. Dag-Otto Lauritzen. Oh, yeah. Uno de los primeros tíos en calzarse manillar de triatlón para las cronos en ruta (sí, previo a Greg Lemond, Lauritzen lo hizo en el Tour du Trump, que es lo que su propio nombre indica).

Sucedió en 1993. Yo tenía 12 años, porque yo soy más viejo que la gripe (pero menos que Valverde). En aquel entonces la Vuelta se disputaba (ejem) por abril y mayo, porque éramos superjóvenes. Y todo tenía ese punto a colores recargados de la adolescencia. Y llevábamos chándal de táctel. Y aún quedaban yonquis, y dicen que si Míchel va a ir al Mundial, y seguro que Induráin vuelve a ganar el Giro. Más o menos.

Foto: Morgane Coston, ganadora de la primera etapa del Tour femenino. (EFE/Christophe Petit)

De aquellas tú llegabas a casa del colegio y la etapa 'è finita', porque se metían cantidad de horas en aquel edificio naranja (el río a un lado, bardales altos cual castillos, jeringuillas tiradas como erizos enfermos), y estaba oscuro cuando llegabas a Las Torres. Pero, dijimos, Vuelta. Etapa en Santander, previo paso de La Sía y Alisas, que es algo tan de mi infancia como 'Los Caballeros del Zodiaco', solo que más peligroso, porque menudos descensos eran La Sía y Alisas. Allí, precisamente, se fue solo Lauritzen, que iba con Bruno Leali (grandote, bien peinado, pinta de galán en una peli de Jaimito), pero dile tú a alguien tan guapo como Bruno Leali que se juegue cicatrices en el rostro bajando La Sía... Al final, victoria por el Paseo Pereda. Tenía Dag-Otto 36 años, y era el más viejo del pelotón. Ahora eso te lo firman muchos 'equipieres'...

(Aquella fue la Vuelta de Rominger y Zülle, la de culo suelo, bici 'flogues', la de Perico persiguiendo. Qué jóvenes éramos, qué jóvenes fuimos).

placeholder La segunda etapa ha estado cargada de emoción. (Aurélien Vialatte)
La segunda etapa ha estado cargada de emoción. (Aurélien Vialatte)

La complexión física de los ciclistas noruegos

Luego ya me gustaron más cosas. De los ciclistas noruegos, digo, porque solo con Lauritzen arriesgando pellejo entre nieblas y boñigas, pues, tampoco... Me gusta, por ejemplo, su complexión física, esas espaldas grandes, esas barrigas incipientes, esas mejillas de ven pacá que te pellizque, mozuco. Véase Thor Hushovd para lo primero, Alexander Kristoff para lo segundo y Edvald Boasson Hagen para tema 'moflis'... Ah, también molan los nombres. El que trae más futuro hoy se llama Tobias Halland Johannessen. Tobias Halland Johannessen. Joder, que gane los Cinco Monumentos, ese chico, coño. Si hasta Tommy Prim y Thomas Brolin suenan guay (y eso que son suecos). O Joona Laukka, que es finlandés, pero ese corría en Festina, y siempre me cayeron gordos los del Festina. Ya ven, análisis objetivos.

(Otro día les cuento la historia de Jaanus Kuum, otro noruego inolvidable... más inolvidable que noruego, en realidad). Sigamos con los nombres. Hoy la etapa salió de Mosjøen (bien), pero es que llegaba a Brønnøysund (joder, Brønnøysund... es épico, Brønnøysund, lo mismo sirve como equipo en Copa de la UEFA, primera ronda, que de dios primigenio a lo Lovecraft... Brønnøysund, Brønnøysund ftagn, iä, iä). Vamos, qué guapísimo. De recorrido iba más justo el tema, porque había tres puertecillos de esos de la Arctic, y mucho rato por el interior, con menos viento. Pero el final molaba todo, que Brønnøysund está en un sitio acojonante, con mil islas unidas por puentes, y montañas cerca, y 'feeling' de que, ejem, lo del género negro escandinavo no es demasiado meritorio, porque aquí el tema crimen (y su eventual ocultación) parece fácil, fácil.

Reflexión absurda, que nadie la tome por lo serio. La salida de una carrera ciclista siempre mola, porque es en todos los sitios igual, vale, pero tiene matices diferentes, particularidades propias como esa forma de sonreír arrugando comisuras que la hace inolvidable. Seguro que me entienden.

placeholder Los paisajes de este torneo son espectaculares. (Aurélien Vialatte)
Los paisajes de este torneo son espectaculares. (Aurélien Vialatte)

Fresco hasta en agosto

Hoy en Mosjøen hacía fresco. No frío, frío, de decir qué frío hace, pero sí fresco. El sitio está entre dos montañas. Una muy, muy verde, con rocas marrón oscuro y matorrales espesos; la otra casi negra, pinos verticales y ominosos mirando a las nubes. También, allí, el río Skjervo, que casi parece lago, pero tiene aguas tranquilotas, sin corrientes, y banquitos para relajarte mirando silencios, y casas más allá de la bárcena, casas que hunden vigas en el limo, casas que son de 1.000 colores, casas rojas, y blancas, y parduscas, casas de color azul, casas verde esmeralda. Es como Cudillero, para que ustedes me entiendan, pero lloviendo más. Sí, han leído bien, lloviendo más. Y en llano.

La megafonía está alta, ok, pero tampoco locamente alta. En eso es distinto a las carreras que uno visita aquí y allá, que tienen aire a verbena en Cohicillos, con Tuten parando la orquesta y Moncada dejando regalucos por el asfalto. Ay, qué jóvenes fuimos (creo que esto ya lo dije antes, ay). Aquí, en Mosjøen, suena Jump, porque siempre es buen momento, porque David Lee Roth mola de narices. Igual uno esperaba algo más folclórico de Noruega... no sé, el De Mysteriis Don Sathanas, pero ese supongo que lo reservan para el último día, en plan fiesta final.

Foto: Ciclistas en Viana, España. (Getty Images/Gonzalo Arroyo Moreno)

A los ciclistas los van presentando uno a uno, con las entrevistas que ustedes suponen y las declaraciones superpolémicas que ustedes suponen. Tienen 'caruca' de 'cansaos', como decía la mi 'güela', y no es por salir de copas, porque en Mo i Rana lo de salir de copas andaba jodido, jodido. A ver, a mí me lo ha contado un conocido común, pero al parecer abierto, lo que dices tú de estar abierto... pues solo un bar. Y raro. Rarete. Pelín raruco. Rarísimo. Moqueta multicolor, libros antiguos sobre las mesas, camarera alegre cual peli de Lars von Trier, parroquianos... en fin, parroquianos. Y hostias en los precios, hostias criminales, hostias que harían estremecer al Duque de Lerma, hostias como para convertir a George Best en un amish. Ese tono. Que muy bien, ¿eh?, pero ese tono.

Ah, hay perros. Muchos perros. Perros enormes. Pero enormes, enormes. Perros que me llegan hasta la barbilla, exagerando lo justo. Perros simpatiquísimos, claro, porque si algo te enseña viajar es que los perros son siempre simpatiquísimos...

placeholder La seguridad, justo detrás de los ciclistas. (Aurélien Vialatte)
La seguridad, justo detrás de los ciclistas. (Aurélien Vialatte)

Una etapa ¿llana?

Y eso, que empieza la etapa. De Mosjøen a Brønnøysund. Llana, o algo así, esto debería ser terreno Groenewegen. Solo que igual no. Hecha en coche... trampitas. Más que trampitas... coño, que no hay un metro liso, colega. Y hace viento. Y no veas la de curvas. Y cambios de rasante, y cepos para osos, y Selma asomando gibas por el Seljordsvatnet (vale, queda lejos, pero a mí no me extrañaría que algún primo suyo viviera en el Svenninggsvatnt o el Sarvejællanjaevrie). Que igual no llega el holandés, oigan. ¿Quieren que arriesguemos? Gleb. Gleb Syritsa. Somos muy de Syritsa, nosotros, somos soldados de Syritsa, aquí. Saluden a la gleba de Gleb. Vamos, grandote...

(Estoy de coña, ¿eh?, para mí el favorito claro es Groenewegen, lo juro por el Tour de Pereiro).

Pam, salen, fuga. La misma de Mo i Rana, prácticamente. Va Stephen Basett (otra vez), va Aaron van Pucke (otra vez), va Luis Ángel Maté (solo que hoy Luis Ángel Maté se llama Íker Mintegui, porque acabó el muchacho con fatiga y mandaron un compi de maillot idéntico para cubrir fotos), van también Johan Ravnøy. Y no veas la de curvas. Y cambios de rasante, (y terreno más chulo) y Liam Johnstone (vencedor al pelo más 'cool', 'hairy' metal nostalgia 'inside'). Mintegui se queda en un puerto, y los cuatro tiran para adelante, pero siempre con sus 30 segundos, que 30 segundos es nada, es algo ridículo, salvo que tengas 16 años y sea tu primera vez...

Sprint, parece.

placeholder La primera etapa también estuvo reñida. (EFE/Yoan Valat)
La primera etapa también estuvo reñida. (EFE/Yoan Valat)

Por las cunetas hay montones y montones de gente. Montones a nivel zona ártica, claro, no piensen en montones rollo Zona de Vinos un sábado noche. Pero está bien. Todos tienen sus banderas, sus chubasqueros (aquí es fundamental el chubasquero), sus cascos 'ridis', sus disfraces poco currados. Hay una chica que exhibe preciosa corona de flores, y todo mola mucho hasta que recuerdo Midsommar, y después pasamos por un pueblito, y los niños aplauden bajo sus disfraces, y hay uno con pieles de oso, y vuelvo a recordar Midsommar, y lo del águila de sangre me gusta regular, y saluda, Marcos Pereda, sonriendo, Marcos Pereda, hola, hola, simpáticos paganos, cómo mola, viva Thor, viva Odín, estaba Loki guapísimo en la serie, ¿verdad? Y así, que yo si no hago estos rollos me aburro mogollón.

(Eso sí... paisajes acojonantes. Abrumadores. Esa es la palabra... abrumadores. Todo inmenso. Pura maiestas). Los escapados fallecen de muerte natural a diez kilómetros de meta, porque lo más natural del mundo es que te pillen ciento cincuenta tíos tirando a por ti. Preparando el embalaje hay caída. Groenewegen adelanta casi por la acequia, otro ciclista da bandazo, efecto peonza, bici contra precioso todoterreno, un Euskaltel manchándose el naranja con marrón limo, Dylan que salva milagrosamente, equilibrista cuando lo más fácil era lamento de miserias. A veces la distancia entre fracasar o ser el 'fucking master' es realmente chica...

Porque luego, en el sprint... abrumador. Lanza desde lejos Groenewegen, pero nadie puede hacer ni amagos. Segundo es Capiot, tercero Boasson Hagen, que igual tiene una última fábula para contarnos mañana, en Skallstuggu. Nuestro ídolo Gleb solo entra décimo, porque está verdísimo en los esprints, y le han chuleado posiciones tipos que pesan 20 kilos menos. No importa, somos su gleba, seguimos a nuestro líder, líder, 'follow to the leader'. Confianza absoluta. Mañana montaña. 1, pero mañana montaña. Desde aquí se lo contamos.

A mí siempre me han molado los ciclistas noruegos. Siempre. Creo que tiene explicación sentimental, como todo en la vida (al menos todo lo que merece la pena). Nombre y apellidos. Molan, porque aquí todos molan. Dag-Otto Lauritzen. Oh, yeah. Uno de los primeros tíos en calzarse manillar de triatlón para las cronos en ruta (sí, previo a Greg Lemond, Lauritzen lo hizo en el Tour du Trump, que es lo que su propio nombre indica).

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