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Tiburones, Victor Lafay y una cafetera de 7.000 litros: la tercera etapa en la Artic Race
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Las grandes montañas noruegas

Tiburones, Victor Lafay y una cafetera de 7.000 litros: la tercera etapa en la Artic Race

El ciclista francés del equipo Cofidis es el nuevo líder de la carrera noruega. Lafay ganó en un recorrido de perfil montañoso con salida en Namsos y llegada a Skallstuggu

Foto: Victor Lafay selló un gran triunfo. (Imagen cedida por Gautier Demouveaux)
Victor Lafay selló un gran triunfo. (Imagen cedida por Gautier Demouveaux)

Etapa reina de la Artic Race of Norway. Bueno, vale, es una reina un poco así, pero por España anduvo Isabel II, así que igual no es buena idea ir sacando pecho. Por contextualizar, digo. Salida en Namsos, cotillas de segunda (como en Telecinco), final en puerto. Vale, no es La Planche des Belles Filles (y menos mal), pero sirvió para ver cosas y abrir diferencias. Se llamaba el sitio Skallstuggu, y es, básicamente, un merendero con sus mesas, sus bancos y su pinta de acoger muchas excursiones familiares y muy pocos cumpleaños de litros, pillamos botella y media de calimocho por persona, una de tequila para chupitos y luego ya vemos.

Vamos, sitio en medio de ninguna parte, pero en medio de ninguna parte noruega, con sus pinos imponentes (pinos de verdad esos, no los de plantación que tengo yo al ladito de casa), sus lagos, sus brumas, sus paisajes, sus bosques oscuros (y algo ominosos, oigan, porque, si hay fantasmas en el mundo, Skallstuggu sería lugar perfecto para esconderse). Vamos, que todo muy Munch, muy cuentos de trolls y muy olmos retorcidos, seguro que me entienden.

placeholder El pelotón durante la carrera. (Imagen cedida por Gautier Demouveaux)
El pelotón durante la carrera. (Imagen cedida por Gautier Demouveaux)

Aquí es que las montañas solemnizan paisajes. No son muy altas (el Galdhøpiggen está mucho más al sur) pero... eso, abrumadoras. Por grandes, por aislamiento, por desolación. En ocasiones tú miras las montañas y ves lugares llenos de vida. En Noruega no, y eso angustia. Sí, te salpimentan ojos algunos conejos de saltitos rápidos, pero parecen más excepciones que otra cosa. Hasta los ríos (gélidos, poca profundidad, piedras pulidas que casi parecen platas, bárcenas amplias con limo y fango) semejan quietos, como si estuvieran al óleo. Escuchas, pero crees (crees) que es solo un espejismo. O algo así.

¿Qué? No, renos no, renos ninguno. O igual no los vi. Esta Arctic Race of Norway tiene particularidad bien grande... dan sidra justo antes de salir. Resulta raro, porque todo el mundo sabe que los periodistas se emborrachan después de meta. Transgreder el orden natural de las cosas. Pero transgreder un montón. Como para ver renos, tú... Rostros de cansancio antes de salir. No, en los ciclistas no, qué va, si estos gastan mejor caruca que ayer, se nota que fue etapa tranquililla. Yo me refiero a lo otro. Lo otro. Un camionero, por decir algo, que dormita dentro de su cabina, barba tipo Robert Downey Jr, la boca abierta como albergando todos los gigantes de Jotunheim. O más. Y, así, a montones...

Las particularidades del trazado

Para llegar desde Namsos hasta Skalltuggu tiene que recorrer kilómetros, kilómetros y más kilómetros. Mola, porque ves cosucas. Gasolineras, por ejemplo. Dos grandes marcas. Uno X, que patrocina al equipo de Halland Johanessen, ustedes tienen cierta familiaridad con ellos. Y luego están las Circle K. Repitan conmigo... Circle K. Que es nombre de culto satánico dirigido por un escritor checo con cara tristona. O algo en honor a Cthulhu. A Cthulhu siempre hay que hacerle cariñitos, porque no está muerto lo que yace eternamente y en el paso de los eones aún la misma muerte puede morir...

También tienes otras cosas. Llamativas, peculiares. Supongo que para los de aquí pues impactan menos, pero yo es que soy un crío chico, y me encanta fascinarme con la realidad. Hay, por ejemplo, paradas de autobús que parecen casitas en cuentos de anjanucas, con sus maderas rojas, su tamaño diminuto, su aspecto recogido de invernadas bizarras. Y luego está lo que es, sin duda, el momento más especial de toda la Arctic Race. Imagen icónica. Recuerdo inolvidable. Miren, miren, me emociono al recordarlo...

placeholder Cosas que uno no se espera. (Imagen cedida por Gautier Demouveaux)
Cosas que uno no se espera. (Imagen cedida por Gautier Demouveaux)

La cafetera más grande del mundo.

Oh, sí. Otra vez. La cafetera más grande del mundo.

Siete mil litros, de cafetera. Cuarenta mil tazas, esa cafetera. Qué pila madera ennegrecida, bajo la cafetera. Un mamotreto plateado en mitad de ninguna parte, una atracción donde Haaland dio las tres voces, una delicia extremadamente friki que solo los grandes 'connaisseurs' pueden disfrutar. Leo la placa (es una dramatización, porque está en noruego, pero "otro lee la placa y me explica, en inglés, lo que dice" queda poco frenético), leo la placa, digo, y allí hacen un festival cada doce meses. Imaginen. Varios miles de personas se reúnen para tomar café. Es tan sumamente civilizado que, pienso, acabará de forma inevitable en altercados, violencia y destrucción. Me chifla.

Momentos inesperados

(Ah, allí, a diez pasos, hay un prao, un río y una pista de voley playa. Lo prometo. Una pista de voley playa. Una pista de voley playa en el interior de Noruega, tirando para lo septentrional. Una pista de voley playa, añado, sin estrenar, sin huella ninguna. Una pista de voley playa donde juegan al voley playa los chicos y chicas que acudan a beber café servido desde la cafetera más grande del mundo. Ojalá Neil Gaiman conozca este sitio. Ojalá).

Entonces... ¿quién gana hoy? Pues algunos dicen Hermans, otros que si Leknessund, los de más allá nostalgizan con Boasson Hagen. Yo, sinceramente, creo que ganará Landa. Que, vale, no participa en esta Arctic, pero es que yo siempre creo que ganará Landa. Y, además, qué le importa a Landa no participar en algo para ganar allí, si el reino de Mikel no es de este mundo. Así que eso, Landa. Háganme caso.

Salida, escapada, ustedes ya saben de qué va el rollo. Taco van der Horn, Maurice Ballerstedt, Tom Wirtgen, Håkon Lunder Aalrust. No sé, yo veo un patrón con esto de los nombres: temporeros guays, líderes un poco menos. Es poco consuelo comparado con nóminas y fama, pero, oye, algo ha de quedar... Y eso, que pillan sus minutos, y recortan de a poquitos, y tienes el feeling ese “ni de coña”, pero también la idea "costará".

placeholder El sprint final. (Imagen cedida por Gautier Demouveaux)
El sprint final. (Imagen cedida por Gautier Demouveaux)

A un momento la señal televisiva nos ofrece imágenes de impacto. De mucho impacto. La playa gélida fría del mundo. Arena negra, océano inclemente, pequeños icebergs arribando a tierra. Bueno, esto último no, es para remarcar tono. Pero hay algo más. Algo... algo digno de escalofríos. Porque tenemos una persona, una personuca allí, en plan paseo, una persona aparentemente normal, pero nosotros sabemos que no es una persona, no, es un cuadro de Munch, es fagot del Peer Gymt, es una figura escrita por Karl Ove Knausgård, que menudo coñazo eres, Karl Ove Knausgård, que te reconcilies ya con el padre y dejes de dar la barrila, Karl Ove Knausgård, que no eres Marcel Proust, Karl Ove Knausgård, asúmelo. Aproximadamente. Vidriera catedralicia, óleo sobre lienzo, altar pagano.

Allí, sobre aquel lugar inhóspito.

Cosas, detalles. Los miembros del equipo chino, por ejemplo, que se quedan casi todo el rato. Al menos los miembros del equipo chino que son chinos. Muy duro, para ellos, menudas andanadas. El equipo chino se llama China Glory, que lo mismo te vale para escuadra ciclista o para la última superproducción de Zang Yimou. Aun no pintan demasiado entre los mejores, pero no seré yo quien apueste contra... Quienes sí que pintan, y cada vez más, son los del Uno X, equipo de casa. Proyecto serio, que crece poco a poco, que (pinta) asomará morruco por el Tour de Francia a no tardar. Aquí eran los únicos con coche de equipo "verdadero", porque los otros llevaban autos blancos con pegatinas bien chicas.

(Había otros coches que sí exhibían atuendo habitual. Caravana publicitaria, asistencia neutra de una marca nipona bien conocida. No sé ustedes, pero yo siempre que veo este último acabo pensando en Froome, su maillot amarillo, su tez paliducha, corriendo de forma deslavazada Ventoso arriba. En el monte de Mussorgsky a Chris le pusieron Yakety Sax). Ah, más autos. Graciosísimos. He visto un Porsche 911 metido en el granero, herrumbroso, como si fuese secundario en cualquier peli de Tom Selleck (los cinco últimos botones de la camisa desabrochados). Y después, kilómetros más adelante... un Citroën Tiburón. Un DS clásico, como lo escuchan. Si alguna vez, en el futuro, sienten que estas crónicas les hacen ser muy, muy felices... en serio, regálenme un Citroën Tiburón. Apenas entro en él, pero compensa molándolo todo. Pura Nouvelle Vague. Ay.

Mucha gente en las cunetas. Mucha. Muchísima. La mayoría tienen pequeñas banderucas del país, y se sientan sobre sillas plantadas para la ocasión. Vistos de lejos parecen viejas de aldea haciendo un grupo de whatsapp. También tenemos customizaciones, no vayan a pensarse. Jovenzuelas cheerleaders (algo muy de Noruega, capital Des Moines), tíos con la máscara de Scream, otros que imitan pinos, tractores, campanos, un cicloturista sesentón con peluca tipo Slash haciendo punteos para November Rain.

Todos muy majos, ¿eh? La cuota de hijosdeputa se cubrió sobradamente ayer con el agresor de Salman Rushdie. Pero sobradamente. Sé que suena algo extemporáneo aquí, en mitad de estas historietas sobre ciclistas y bicis, pero tenía que decirlo... La última subida, trascendental, tiene aire a Thomas Cole, banda sonora tipo 'En la gruta del rey de la montaña'. Poco a poco, dureza creciente, dos horquillas bastante chungas, el río a la derecha, fresnos, sombras, cunetas amusgándose tímidas cuando observamos con nuestros ojos de tumbar. Ahí se va a jugar todo. Cielo e infierno, aleph de Borges y aleph de Paulo Coelho (bonitos recordares), instante definitivo. Va Mikel descolgado (la Virgen Blanca exige), así que cede la victoria graciosamente...

Un final dominado por Lafay

Digamos que los dos supervivientes (Van der Horn y Ballerstedt) aguantan mucho, mucho, pero sin apenas posibilidad de mandar fotitos cucas a casa. Ninguna posibilidad. Todo entre los líderes, solo que líderes, de esos que tú piensas "menudo líder más líder este líder", pues... pocos. Tira el equipo de Houle (lo del Tour pesa), tiran también los compis de Zingle (Axel, ya solo nos quedan Duff y Steven), hay treno sin vagones, hay un colega de amarillo que empieza a sufrir y aquello ya es pandemónium (capital del infierno, según Mignola), con uno saltando por aquí, otro que demarra por allá, la gente chepa tras chepa, sonido de piñones que triscan, cadenas bien cruzadas y jadeos como tras huir de los yonquis...

El ataque definitivo llega cuando salen de la segunda paella (como un domingo estándar), y lo hace Victor Lafay. Greñucas, cara de bueno, tiempo sin destacar, diversos problemas este año. Parece estirón en condiciones, parece algo digno de verse. En pie sobre los pedales, luego sentado, luego en pie, la bici moviéndose de un lado a otro, atrás que hay guerrillas, que nadie colabora, que todos tienen miedo de todos, que tira tú por lo de la risa, que mira cómo me duelen las piernas. Esta historia me la conozco, esta historia la he visto mil veces.

¿Resultado? Pues que gana Victor Lafay. Etapa y liderato. Le pinta bien para mañana, pero no le pinta demasiado bien para mañana, porque entre arreones de última hora y la fatiga (mira, ¿eh?, la fatiga, Pedro), pues son tres segundines, y tres segundines cuentan nada, tres segundines son fiu, ¿ven?, tardan más ustedes en leer “tres segundines” que en pasar los tres segundines. Tras él entra Vauquelin (es catorce de julio hoy por Noruega, alonsanfans), luego Hugo Houle, después Sven Erik Bystrøm, Carl Fredrik Hagen, Quinten Hermans, Jason Osborne, Nick Schultz, Igor Chzhan. Todos esos tienen suspiro perdido, todos están a hostión bien dao de ganar mañana la carrera. Madrazo hace decimosexto, por si buscaban ustedes representación patria. Maté vigésimo primero.

Y eso, que este domingo acabamos en Trondheim, y es etapa interesante. Emociones hasta el final. Cierta moderación, tampoco voy a venderles motos, pero... Emociones hasta el final. Nos vemos en Trondheim, colegas.

Etapa reina de la Artic Race of Norway. Bueno, vale, es una reina un poco así, pero por España anduvo Isabel II, así que igual no es buena idea ir sacando pecho. Por contextualizar, digo. Salida en Namsos, cotillas de segunda (como en Telecinco), final en puerto. Vale, no es La Planche des Belles Filles (y menos mal), pero sirvió para ver cosas y abrir diferencias. Se llamaba el sitio Skallstuggu, y es, básicamente, un merendero con sus mesas, sus bancos y su pinta de acoger muchas excursiones familiares y muy pocos cumpleaños de litros, pillamos botella y media de calimocho por persona, una de tequila para chupitos y luego ya vemos.

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