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Un monstruo viene a verme aunque gane Zingle: así está la Artic Race of Norway
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PRIMERA ETAPA

Un monstruo viene a verme aunque gane Zingle: así está la Artic Race of Norway

Es una carrera en la que es más importante el entorno que los propios ciclistas. A pesar de ser en pleno verano, es habitual que se ponga a nevar durante los días que se disputa

Foto: Zingle, en el final de la primera etapa de la Artic Race of Norway. (EFE/Beate Oma)
Zingle, en el final de la primera etapa de la Artic Race of Norway. (EFE/Beate Oma)

Hay un fiordo.

Hay un fiordo con un barco que navega en dirección a la mar. Casco rojete, agujas y cabina de color albo. Va rápido. A por salmones, pienso, porque a los periodistas nos gustan los tópicos más que a Virenque esprintar en puertos de segunda.

Hay un fiordo, con barco, y justo enfrente la montaña, y todo es verde, pero verde oscuro, verde pinos del norte, que no son como los pinos de mi hogar. Encima lo ves solo a ratos, porque también tenemos niebla, y una lluvia fina (pero fina finísima) que cae incesante, y está helada, porque la lluvia en el Círculo Polar debe estar helada, si no estuviera helada la lluvia ya me dirás tú a qué vienes hasta el Círculo Polar, ¿no? Ayer vi hasta nieve.

Hay, también, fábricas, porque aquí tenían una fundición enorme, y eso provoca horizontes de color gris, y chimeneas, y cierto aire de familiaridad, en mi pueblo todos curraban por la industria, así que es como estar en casa, solo que a lo grande. La wikipedia dice que la acería Jernverket consume más potencia eléctrica que todo el municipio de Oslo. Yo no me suelo creer a la wikipedia, y aquí ni siquiera citan fuente, pero a veces los datos erróneos (el récord en un puerto mientras entrenas, los números inmejorables cara al año siguiente, que Olano puede con la montaña de Alpes y Pirineos) dicen más que cien verdades.

placeholder Zingle celebra la victoria en la etapa. (EFE/Beate Oma)
Zingle celebra la victoria en la etapa. (EFE/Beate Oma)

Una carrera algo mentirosa

Estamos en Mo i Rana, que es donde empieza la Arctic Race of Norway. Oh, yeah, vuelvan a leerlo, la Arctic Race. Vale, hemos hecho un poco de trampita, porque Mo i Rana está unos kilómetros más abajo del Círculo Polar Ártico, pero tampoco vamos a ponernos estupendillos cuando nos queda la Tierruca tan lejos, ¿no? Además, que anoche sí pasé por toda esa zona ártica (si es que mola muchísimo) y tampoco era gran cosa el círculo. Vamos, que ni lo ves. Para que se hagan ustedes una idea... algo como el cuadradete ese que rodea las Canarias, que luego vas a Maspalomas en el viaje de fin de curso y no hay ni rastro.

(El viaje de fin de curso se lo cuento otro día, que en Noruega el alcohol sale carísimo. Aquí hemos venido a la Arctic).

La Arctic Race of Norway es una carrera que va camino al sur, como la Gimnástica en sus desplazamientos. Es, también, pelín mentirosilla (la carrera, digo, nuestra Gimnástica va de frente... sin prometer no decepcionas), porque no empieza en el Círculo-Círculo Polar. Claro que si usted, querido lector, lee esto achicharrándose en (un purparlé) Sevilla, pues me va a decir que qué coño importan unos kilómetros hasta septentrión, si aquí hay menos de diez grados, llueve de cojones y veo nieve por cumbres y (ojo), prados bien cercuca. Así que eso, abríguense, colegas, que parte la prueba más fría del verano (más, incluso, que aquella vez con dieciocho, cuando la Vane les dijo que nanai, que vale, que muy majos, pero que nanai, que me voy con el Jonathan, nanai).

Bajamos desde el Círculo Polar, digo, y cosa digna de verse, porque parece el fin del mundo (o, al menos, el fin del mundo de los hombres), y es aquello todo páramo (pero sin chica de la curva, no como el de Masa), y hay ríos, y nieve, y brumas metiendo cuneta como si fueran el Ti-Raleigh, y casi nada de vegetación, y a veces (pero muy pocas veces) pueblos de esos donde te monta un hostel Tobe Hooper. Así que por majestuosidad (porque todo esto es majestuoso, de esa manera triste y melancólica en que a veces se manifiesta la majestad auténtica) no podrán ustedes quejarse...

La primera etapa es ida y vuelta, de Mo i Rana a Mo i Rana. A ver, hace bucle chiquitín al final, alrededor del lago Devvatnet (aquí las cosas tienen nombres chulísimos, macho... este día inaugural salimos de Mo i Rana, hay sprint especial en Finneifjord, se suben los puertos de Korgfjellet y Elsfjord... es como si Tolkien se hubiese puesto hasta el culo de peyote antes de escribir para Miroir du Cyclisme). Planita, mayormente, aunque ustedes ven datos y les parezca una Merano-Aprica. Que tiene dos puertos de primera y otro de segunda, Marcos Pereda, que eso no lo haces tú ni desayunando con Riccardo Riccò. Pasa que luego escudriñas números y... oigan, a mí esto me encanta, porque da como ánimos. Nueve kilómetros al seis... un primera. Más tarde... cinco al seis... también un primera, toma ya, como el Pirisur. Y la traca final. Kilómetro y medio, seis de pendiente (aquí todo es seis de pendiente, salvo la inflación) y te lo ponen de segunda. Sí señor, mi aplauso, mi reconocimiento, póngame a los pies de su señora. Así sí, así sí, al fin alguien que cataloga pensando en los escritores ciclistas. Obrigado.

placeholder Lance de la primera etapa. (Rune Dahl)
Lance de la primera etapa. (Rune Dahl)

Los nombres, lo de menos

(Dicho lo cual... no seré yo quien se enfade con asuntitos menores como este, que cada carrera es autónoma y comparar sin ironía resulta bastante tonto).

Ah, tema previo... los participantes. Que, oigan, tampoco les voy a vender yo esto como el Tour de 1984. Vamos, que pichí, pichá. Está Nibali, sí, pero es Antonio, y que esté un Nibali y sea Antonio es como si tienes entradas para AC/DC y aparecen por allí con Axl Rose en silla de ruedas. O Iron Maiden con Blaze Bailey. O Taburete con... nah, Taburete no puede ir a peor. Ustedes me entienden. Participación flojilla. El Nibali malo (un día les cuento sobre los hermanos tasa, que son la risión), equipos raros de cojones, un conjunto chino con maillot que mola bastante, muchos tíos con apellidos acabados en –Sen, como Johanessen, y Andersen, y Jensen. Ese rollo... Ah, y Madrazo, que si tienes a Madrazo siempre hay posibilidades de trincar la puta mejor rueda de prensa que jamás nadie haya escuchado, una mezcla de Wittgenstein con Muchachada Nui (Nui). Y eso, que vedettes... pocas. Pero no vinimos aquí por los nombres (aunque nos encanten los nombres) sino por todo lo demás. Para ver primas donnas tienen ustedes el circo de Ángel Cristo (y algunas carreras pimpantes a lo largo y ancho del año).

Así que... al turrón, como dijo el General Tani (que debía ser importante, porque cargaba más medallas que Eddy Merckx).Frío, un frío de cojones. Lluvia. Todo el rato. Que mira lo que llueve en Mo i Rana, colega, que no para de llover en Mo i Rana. Si tenían hasta cara de resignación los lugareños, no les digo más. Se va a hacer duro. Una gracia del ciclismo, que tú miras planos y altimetrías y bien, vale, ok, pero luego llega jornada concreta y se te cambia el morro por factores diversos. Aquí pasó. Y no vean ustedes las muecas del personal...

Se hace pronto fuga. Bassett, Aaron van Poucke, Culverwell, Eirik Lunder. Y Luis Ángel Maté. Que intenta el tema de la montaña, pero no puede, porque ya me dirás tú qué día me han puesto a Luis Ángel Maté. Que es de Marbella, colega, que esto no es lógico, que no tiene explicación de dios. Acabó quedándose a veinticinco del final, con cara de ir chupando un calippo de lima limón, así de gélido. También miró raruno cuando le dije alguna cosa al pasar. Coño, puto frío, si hasta imagino que me hablan en castellano. Y esos temas. Mañana a por más puntos, esta noche a reventar el calefactor de la habitación. Que debe andar tiritando, el tío.

(Vi un san Bernardo que temblaba como Tamara Falcó antes del psicotécnico. Y si un san bernardo tiembla... en fin, saquen ustedes conclusiones).

En el grupo controla uno, luego el otro, más tarde pillan chocolate caliente y churros, como yo a las diez de la mañana un uno de enero (pero sobrios). Poco a poco van descolgándose paisanos, porque la agonía no se hace sola, la agonía hay que hacerla, y qué duro es este deporte, Pedro. El recorrido tiene cosillas, ¿eh? Hay rampas locas, bajadas de tomar precauciones, van bordeando fiordos, ratonean por entre bosques tipo Peer Gynt (Canción de Solveig, concretamente). Vamos, que muy bien, porque además ponen circuito antes de meta, y dentro del circuito tendrán, no sé, 17 metros de llano, tirando por lo generoso, y eso desgasta, y desgasta, y desgasta, y sigue haciendo fresquete, y desgasta, y los buenos empiezan a meter codos...

placeholder La carrera, en acción. (Sigurd Salberg Pederse)
La carrera, en acción. (Sigurd Salberg Pederse)

¿Cobrar por correr?

¿Les dije antes que no vinimos aquí por la participación? Corrijamos, porque en la Arctic Race of Norway está corriendo mi puto ciclista preferido de todo el pelotón Pro Tour (entre aficionados y marchas de triperos tengo otros). Este, el que corre cobrando, se llama Gleb Syritsa. ¿Cómo? ¿Que no les suena? A ver, debuta hoy con los grandes, así que es lógico. Ahora háganme un favor... busquen foto del tío. ¿Vale? ¿Entienden mi querencia?

Pues es aun más enorme. Pero mucho, mucho más. Tiene la quijada de Sergio Peris-Mencheta en el primer año de Al Salir de Clase, espaldas cual Scott Steiner y las manos como mi abuelo tras cincuenta añucos de currar muy loco y plantar maíz. Y a mí me pierden los ciclistas con pintas de mazao en gimnasio barriobajero. También los que (pareciera) tienen dónde lijar. Será reflejo automático, yo que sé. Pero este, encima, es brillante. Hace dos meses arrasó el Circuito Montañés como Atila un campo de agricultura ecológica. Guarden la comparación, creo que será muy útil en años venideros.

He adelantado sutilmente (ejem) este nombre porque, no sé, igual tiene trascendencia en la resolución (ejem, ejem). Me lo huelo, y yo entiendo mucho de bicis (ejem, ejem, ejem). Piensen, además, que la meta es en leve repecho, así que la cosa va ser vatios, y vatios, y vatios, como un concierto de Manowar, así que igual perjudica menos la bisoñez...

placeholder Amaury Capiot fue tercero en la primera etapa. (EFE/Yoan Valat)
Amaury Capiot fue tercero en la primera etapa. (EFE/Yoan Valat)

Y, en fin, que últimos kilómetros... ataques sin fructificar, la carretera brillante como lavada con jabón Nenuco, los Uno X tirando porque son el equipo de casa y el equipo de casa tiene que exhibir paquete, grupitos descolgados, gente con cara de ¿por qué no estudiaría Derecho, con lo bien que se vive estudiando Derecho, con lo calentitos que están los estudiantes de Derecho?

Yo me pongo a diez metros de la meta (como en tantos bares durante mi juventud), porque siempre es chulo ver esto tan cerquita, y porque quiero transmitir lo mejor posible ambiente y situación. Tiene el asunto tinte épico, no crean, porque los noruegos gustan de pegar sus buenas hostias a las vallas en ritmo creciente a medida que se acercan los corredores, y aquello parece redoble de tambor rollo lanzacuchillos (o la intro de Enter Sandman, que tú sabes, sabes positivamente, acabará con hecatombe). Así que gallina en piel.

Poca historieta. Latigazo auténticamente criminal de Axel Zingle (mi amigo Quillo tenía una moto con menos reprís), y brazos al aire. Lleva un año interesante, el tío, pero, reconozcámoslo, aquí estaba un poco fuera de radar. Tercero es Amaury Capiot, cuarto Nicholas Schultz. El premio al nombre más fardón del top ten lo gana, por mucha diferencia, Håkon Lunder Aalrust. Y nos queda el segundo. Sí, el segundo, usted ya lo había notado, lector brillante. Detrás de Zingle llega nuestro admiradísimo... que digo admiradísimo... nuestro puto ídolo Gleb Syritsa. Gleb Syritsa, que debutaba hoy en profesionales. Gleb Syritsa, que parece su primo, el que curra de estibador. Ese Gleb Syritsa. No quiero ni pensar la potencia que genera el paisano. Tenemos campeón en ciernes, sí, pero también quizá, y solo quizá, una solución al problema energético en el mundo. Conecten setenta dinamos a Gleb Syritsa, cabezas pensantes. Ah, pocos minutos después Syritsa se acercó al coche de su equipo, sonrió (su sonrisa también es enorme, es una sonrisa a lo André el Gigante protegiendo a Robin Wright) y dijo, textualmente, “sorry, only second today”. Lo juro. Debut con los grandes. Y sorry. Me encanta.

Mañana les cuento más cosas.

Hay un fiordo.

Tour de Francia