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Bostezos y landismo por doquier: Hindley gana en Blockhaus, Juanpe sigue de líder
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Novena etapa del Giro de Italia

Bostezos y landismo por doquier: Hindley gana en Blockhaus, Juanpe sigue de líder

El lebrijano continúa una jornada más en la cabeza de la tabla, aunque tiene a Lenard Kämna a 12 segundos. Alguno ha acabado la semana con más peso que en Hungría

Foto: Juanpe López celebra su liderato una jornada más. (EFE/Maurizio Brambatti)
Juanpe López celebra su liderato una jornada más. (EFE/Maurizio Brambatti)

Yo, si quieren, les cuento historietas.

Yo, si quieren, les hablo de ritmo infernales, del calor, del frío, de los nervios, de la tensión, de qué duro es este deporte, Pedro, del puntito, de la fatiga que suma, del "tú nunca fuiste pro así que no puedes opinar", del cuñao con palillo en la boca y codo apoyado sobre la barra. Yo, si tienen ganucas, les digo todo eso, y hacemos aquí algo bien chulo sobre Sicilia, y sobre Lale y el Monte Sirino, y sobre Gaviria embistiendo, y sobre esprínters que se quedan descolgados a lo lejos y luego, hop, vuelven al gran grupo tras hacer series a doscientos catorce kilómetros de velocidad media.

Sólo pídanlo, y lo tendrán.

Pero hasta que llegue ese día... oh, oh, vamos a ser sinceros. Menudo truño de semana, colegas. Pero truño de los gordos, de los de resaca el día del Señor tras quinito a las dos de la mañana, más o menos. Poquito salvable (en la carrera, en esos domingos). Así que repaso rápido, repartición de cuentas, dos o tres hostias inmerecidas, la clásica referencia política para escandalizar y nos metemos con el Blockhaus, ¿vale?

Mesina, y gana Démare. Dos detallucos. Lo bien que se le da al francés el Giro. Que llama la atención, porque hace décadas los sprints del Giro parecían pelis de John McTiernan, con sus asesinatos, y sus vísceras, y su caos, y Jesse Ventura siendo más machote y más facha que nadie. Y, oye, ahí Arnaud se hubiese movido peor, porque es uno de los sprínters más correctos y limpios que hay. Pero tienen una historia de amor, y yo que me alegro, porque además la ciclamina es de las cosas más chulas que hay. Y, segundo... lo de Vincenzo Nibali. Que aprovecha jornada en su ciudad natal para anunciar que vale, que se retira, que es su última Corsa Rosa, su último año. Quizá el palmarés más completo y variado del siglo XXI (al menos hasta que Tadej siga con su rollo), y uno de los más grandes de siempre en Italia. Quede aquí la despedida y el respeto. La primera despedida, aclaro, porque Nibali tendrá última bala por ahí, y seguro que volvemos a hablar de él...

placeholder Maurizio Brambatti mantendrá una jornada más 'La maglia rosa'. (EFE/Maurizio Brambatti)
Maurizio Brambatti mantendrá una jornada más 'La maglia rosa'. (EFE/Maurizio Brambatti)

La carrera más fácil de Van der Poel

Scalea y repite Démare. Mathieu Van der Poel dice que es la carrera más fácil donde jamás ha tomado parte, Richie Porte pone sus números y el dibujo de un simpático caracol. Algo va mal cuando hasta los ciclistas se chotean del asunto (algo va mal en ellos también, oigan, cobran contratos muy suculentos como para andar diciendo que si entro a la fábrica a tocarme el forro escrotal durante ocho horas). Alguno acaba la primera semana de competición con más peso del que marcó en Hungría. En fin.

Potenza... peor todavía, macho, peor todavía. Porque aquí había terreno, que menudas trampas para cazar tejones, que vaya cuestas, que ni un puto metro de llano. Pues... agua. Escapada desde lejos con tíos de nivel. Dumoulin, Mollema (no fuera a ser que se quede en el pelotón y le toque trabajar para el líder), Wout Poels (otro que tal baila). Mucha ventaja al principio, me encanta el olor a bidonazo por la mañana. Solo que no, que rápidamente se controla, que hasta los tienen a tiro, pero pasan de pillar. Para qué. Acuérdense de Potenza, queridos lectores, cuando por Verona alguno salga llorando, diciendo que lo tenía en sus patas pero no hubo terrenito, que vaya mala suerte, que viento en contra durante veintiún tardes. Acuérdense, que esta peli ya la vi yo, y los hay con cara de mármol...

Exhibición de Jumbo, eso sí, que hacen lo que mejor saben (plantear tácticas rarísimas, con sus corredores descolgándose el uno al otro, ataques a destiempo y hasta el coche del equipo a punto de atropellar a Dumoulin) y eso que estamos menos acostumbrados a verles (resolver una escapada en coniciones). Victoria para Koen Bouwman, que parece bastante simpático. Detrás entran cuarenta o cincuenta tíos, porque hay cuarenta o cincuenta paisanos que tienen exactamente las mismas fuerzas, ni un segundo arriba o abajo...

Nápoles y... qué bonita es Nápoles, al menos te quedas con ese consuelo. Las apuestas apuntaban más a la probabilidad por licuefacción hemática de San Genaro que a un ataque para ganar el Giro, pero... Oigan, terreno chulo había, con una ratonera estilo clásica por la zona del golfo (de Nápoles, no piensen en ese ciclista, precisamente en ese, que nos conocemos). Y bueno, que bien. Para qué más. Escapada con mucha gente buena. Mathieu Van der Poel atacando desde Providence (la esquina donde vivía Howie), y derrochando fuerzas como un adolescente los sábados, Biniam Girmay totalmente cegado en seguirle y cometiendo varios errores tácticos por esa obsesión (es joven, tendrá que foguearse en estos escenarios, porque han de ser los suyos). Destrucción mutua asegurada, cuatro tíos por delante. Victoria coqueta para Thomas de Gendt. La anterior fue en el Stelvio, y quedó segundo Cunego, y Purito soltó a Hesjedal, pero Hesjedal ganó la maglia definitiva (sí, amigos, Ryder Hesjedal tiene un Giro más que Claudio Chiapucci, porque menuda época nos tocó vivir). Entre medias (entre Stelvio y Nápoles, digo) De Gendt ha hecho cosas cool, ha cultivado muy bien su propia imagen y también ha metido algunas lloradas bastante vergonzosas. Corredorazo, pero... (todos somos un poco "–azo, pero", también les digo). Quedémonos con lo positivo, pues. Ah, entre los buenos todo igual de cara a hoy.

placeholder Los ciclistas, al concluir la novena etapa. (EFE/Maurizio Brambatti)
Los ciclistas, al concluir la novena etapa. (EFE/Maurizio Brambatti)

Juanpe sigue líder

Durante este tiempo aguanta la maglia Juan Pedro López (me cuesta llamar a alguien 'Juanpe', porque esa 'n' antes de 'p' hace llorar gatitos). La verdad es que tiene buena pinta, porque lo del Etna fue muy serio, y tampoco era la primera vez asomando cabezuca. Vale que sobre la bici parece ir todo el rato al borde de la muerte, pero eso les pasa a tantos... Sucede que tampoco tiene mucha sustancia narrativa. Parece tan majo el tío, está todo el mundo tan sumamente contento de verle ahí, con su camisola de líder, llorando en casi cada entrevista, respondiendo en inglés correcto, sonriendo a todo y a todos, que... Si Lobezno es un antihéroe este Juanpe López es el antivillano. A ver dónde acaba, porque a veces este tipo de corredores pilla sitio en la hidalguía y te termina con generales de lo más cucas. Sea como sea, participación de ensueño ya...

Porque llegaba el Blockhaus, y el Blockhaus es uno de esos sitios que calza la suficiente historia y dureza como para que pasen cosas hasta sin querer (que algunos, a veces, no parecen ni querer).

Tiene, por de pronto, leyendas detrás. Con bici y sin ella. El nombre, que se lo pusieron por el XIX, cuando un funcionario austriaco andaba en la zona intentando reprimir bandidajes (y, seguramente, algo de contrabandeo, que es cosa muy por montañas). Su casita de piedra, su fielato para camineros y caribinieros, aproximadamente. Luego lo de las inscripciones, que se leen allí cosas gordísimas contra Vittorio Emanuele, y cómo sería el asunto para añorar esas pobres gentes a los Borbones de las Dos Sicilias, imaginen, un drama, un drama. Ay. Bueno, luego fue línea Gustav, porque todas las historias tienen otra más tarde, más jodida, más trágica. Ahora, cuentan, hay por allí lobos y osos (lobos de los Apeninos, osos marsicanos), pero están en peligro de extinción, como atacantes y escaladores en el ciclismo, así que no había mucho miedo a un asalto...

Con la Corsa Rosa tiene el Blockhaus relación igualmente intensa. Primera llegada, en 1967, y decepción. Pero qué es esto, qué miseria, qué cosa más triste. Si ha ganado un clasicómano, macho, un culo gordo de los que no suben ni los puentes. Chavalín, encima, que ni hecho del todo está. Se llama Eddy Merckx. Los periódicos claman, menudo ultraje. Que le corten la cabeza, dice la reina de corazones. Pasan facturas en Milán. Bruno Raschi. Uno de los paisanos que más y mejor han escrito sobre este bendito deporte. Aquel día debió quedarse en casa, sí, me duele un poco la cabeza, igual es covid, mejor no arriesgarse. "Egli ha dimostrato la sua limitazione in montagna. Il giovane belga potrà mai vincere una grande corsa a tappe". No me jodas, Bruno, no me jodas. Te perdono, pero solo porque yo dije en la Vuelta 2021 que veía a Miguel Ángel López mucho más tranquilo y centrado como nunca...

placeholder Jai Hindley, tras ganar la novena etapa. (EFE/Maurizio Brambatti)
Jai Hindley, tras ganar la novena etapa. (EFE/Maurizio Brambatti)

Las largas etapas

Después Blockhaus se convirtió en el reino del Tarangu, que es algo así como el mayor loco que ha tenido este asunto de locos. El de los ataques a destiempo, el de los pitillos a mitad de etapa, el de cagonmimadre, a este lo mato, el de tira, tira, que atacamos, y luego pajarón. Aquel Tarangu, José Manuel Fuente, ídolo absoluto. Dos veces primero. En 1972, además, con meta. Etapa sprint, menos de cincuenta kilómetros, salida dominguera para los escritores de ciclismo. Espatarre generalizado y Fuente que saca minuto y medio al segundo, dos y medio a Merckx. Para que luego digan sobre terrenos, y opciones, y no sé cuánto... Ah, en Blockhaus también vimos al último gran Quintana en Grandes Vueltas, allá por 2017. Tiene hecho su segundo Giro, veremos más tarde el doblete en Francia. Cómo cambia la peli, compañeros...

Etapa de casi doscientos kilómetros y cinco mil metrucos en desnivel. Macerone, Rionero Sannitico, Roccaraso (clasicotes absolutos del Giro), Lanciano, escalada final desde Scafa. Línea en La Majelletta, aun se puede subir otro ratín, hasta superar los 2000 metros. Dureza, (no poca) distancia y coloso de los grandes, grandes. Todo dispuesto, a ver con qué nos sorprenden...

Escapada, sí, pero eso ya lo esperábamos. Temporeros, buenos grimpeurs y Joe Dombrowsky, enviado especial de la revista 'Hoteles pintorescos' para el Giro de Italia. Detrás hay una caída, y dos tíos con el mismo maillot de Landa en el suelo, y todos pensamos que, vaya, a casita, fue chulo, a ver cómo hago ahora las comparaciones. Solo que no, que se tientan carnes Buitrago y Bilbao (difícil sorpasar así, amiguetes), y es que todo son señales, todo, ay, cómo no caer en ilusiones vanas, cómo no caer...

Y eso, chini, chano. Pero chini y chano a lo grande. Diego Rosa que sube bien y baja mal, Tesfatsion que chupa rueda bien, baja bien, pero acaba en el sembrao. Landa se descuelga... LANDA SE DESCUELGA, nino, nino, nino. Pero tranquis, es solo problemilla mecánico, creemos, seguimos creyendo, Mikellanda es mi pastor, nada me falta, alabaré, alabaré. A por ello, al lío.

placeholder Juanpe López, en la recta final de la novena etapa. (EFE/Maurizio Brambatti)
Juanpe López, en la recta final de la novena etapa. (EFE/Maurizio Brambatti)

La sentencia del Giro

(Ah, queda solo el Blockhaus. Qué se pensaban... lo de zafarranchos de lejos es una cosa taaan poco elegante... Ay).

Doce a meta y... Simon Yates que se queda. Simon Yates es un tipo extraño, amigos. Lo mismo te chulea una crono que se hunde subiendo San Cipriano. Hoy tiene la rodilla pocha, que es algo como excusable, pero siempre... Ojo, no descarten que gane en Cogne con treinta y siete minutos de ventaja, sentencie el Giro y vuelva a hundirse en el Mortirolo, pero por ahora petardea más que la moto de mi colega Quillo. Qué personaje enigmático (Simon, Quillo es encantador).

Tampoco es que fuese el asunto para volverse locuelos, eh, porque tira el equipo de Carapaz, y es trenecito chucuchú con treinta paisanos, y cuando aguantan treinta paisanos pues ya me dirán ustedes. Sivakov con el maillot abierto y aspecto paliducho, luego Porte pensando en lo que mola Willunga Hill. Algunos caen como ciruelas en julio (me vale también Olano por la primera etapa de montaña), pero la cosa no es para volverse locos.

Subida preciosa, eso sí. No etapa preciosa, no... subida. Qué pedazo de puerto, que cosa más bonita, con sus rejos, y sus árboles, y sus brañas allá arriba. Plop, otro que se queda. Plop, uno más. El líder hace afilador con Valverde, pone pie a tierra, sufre, sufre, lleva cara tipo "examen de Derecho Internacional Privado" (tanto), se defiende. Imposible reprochar nada...

placeholder La celebración de Juanpe López. (EFE/Maurizio Brambatti)
La celebración de Juanpe López. (EFE/Maurizio Brambatti)

Cinco a meta, y el grupo de los primeros (once tíos) tiene una media de edad cercana a los trescientos catorce años, aproximadamente. Porte, Valverde, Pozzovivo, Nibali... gente prometedora que en cualquier momento darán el gran salto. Falta Davide Rebellin, colega. Vale, ataca Carapaz, cuatro y medio hasta la cima. Bardet y Landa, sencillo. El resto... muy lejos, amigos, muy lejos. Lo esperado, también lo esperable. Landa entra al relevo, y tiene la misma cara que durante las fiestas patronales de Murguía (29 de septiembre, San Miguel). Fácil, eh. O, si no fácil, al menos lo parece, y eso cuenta mucho en este bendito deporte. No hay huecos grandes, pero sensaciones mandan. Detrás se juntan Almeida (que es un auténtico agonías), Hindley (superviviente de aquel Giro 2020 que guionizó Anthony Blake) y Pozzovivo (marcan sus rodillas las dos menos diez), que acaban llegando hasta los tres de cabeza. Ataca Bardet, sale Landa, luego Carapaz, si es que está todo inventao, colegas. Vale, no tiran a muerte, las distancias son las que son, pero hay superioridad. Sobre todo en Landa, que se cierra el maillot (también lo hace Richad, porque alcanzarán velocidades de setenta por hora en la recta del Blockhaus), se pone las gafas, saca el periódico para hacer el crucigrama, ocho letras, "movimiento cinematográfico español que tomó como icono al actor navarro Alfredo Landa", empieza por "l".

Al final... sprint entre seis, porque nos hemos mirado un montón, y así no hay forma. Hindley lo lanza desde la mismísima Canberra, y aguanta el esfuerzo divinamente. Segundo Bardet, tercero Carapaz, Landa hace cuarto, porque no se le ocurrió cómo resolver la palabra de seis letras, "acción y efecto de atacar". ¿Conclusiones? Bueno, varias... Tao Geoghegan Hart como vencedor moral, el geriátrico al completo asomando cabezuca, Landa buenas sensaciones sin mojo, Carapaz que no abre huecos, Almeida llorando por una contrarreloj seria. Los tres mejores pudieron meter palito interesante, pero como andan sobrados de parciales y palmarés prefirieron esperar para que otro les soplase etapa. Yo lo entiendo regular, pero...

Ah, que no se nos olvide. Juanpe (esa "n", esa "n"). Que salva la maglia, oigan. 12 segundos con Almeida, catorce sobre Bardet, quince a Richard. Loas a él, que hizo todo lo que estaba en su mano, y seguramente mucho más. Salvo escapada (poco probable) tira con el atuendo hasta Cogne. No es poco premio.

Y no es inmerecido...

Yo, si quieren, les cuento historietas.

Eddy Merckx
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