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Lolailos, actores porno y un compresor: punto de partida para el Giro de Italia 2022
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Regresa la competición transalpina

Lolailos, actores porno y un compresor: punto de partida para el Giro de Italia 2022

Egan Bernal fue el ganador la temporada pasada, aunque este año no competirá tras el accidente que tuvo en enero. Mikel Landa es la esperanza española en esta prueba

Foto: Egan Bernal, tras ganar el Giro de Italia en 2021. (EFE/Luca Zennaro)
Egan Bernal, tras ganar el Giro de Italia en 2021. (EFE/Luca Zennaro)

Que se nos viene el Giro de Italia, colegas. Ay, el Giro. Lo estético que es el Giro. Lo que me gusta a mí el Giro. Si hasta escribí una obra sobre el Giro (buenísima, cómprenla). El Giro, qué tendrá el Giro. Es cuando llega la primavera, es montañas, nieve, flores, es helados sobre la bici (al menos antes, cuando lo de el consumo calórico estaba menos estudiao), es jornadas a 20 por hora y puertos imposibles de ascender, es Mussolini boca abajo (a ver, esto no, pero siempre está bien recordar a Mussolini boca abajo). Todo ello, y más.

Precisamente una de las cosas que lo molan todo del Giro es que al Duce le daba bastante asco. Que qué deporte es ese donde el mejor viste de rosa. Ma-ri-co-nes, oiga, y en nuestra Italia no queremos maricones. Pues mira, te fastidias y tragas, Benito, que el Giro sigue, y del Giro nacieron leyendas. Empieza este año la corsa en Hungría, por cierto, que con un poco de suerte también les joderá bastante a sus gobernantes la maglia color rosáceo. En fin, hay que recaudar, que triste es pedir pero más triste es etcétera. Ay. Tres días por Centroeuropa, con llegada escénica a Budapest, tomas muy chulas desde el helicóptero, libertades pelín cortitas y, en general, ambiente chungo. Menos mal que luego se vuelve a la Bota, que es catolicísima, vale, pero también tiene puntito de frívola decadencia que agrada a todos, ¿no?

Porque el Giro tiene ese ambiente. De fiesta elegante pero... su poco de extravagancia. Controlada, sin pasarnos, solo un tono más de color en los pantalones, un dedo más de tamaño en las gafas de sol, un pañuelo anudado aquí, y un cigarrillo colgando indolente allá. El Giro es Jep Gambardella en aquellas soirées romanas donde había más nieve que por el Gavia... El Tour es rascacielos de Manhattan, para hacer negocios gordísimos. ¿Y la Vuelta? Pues el chiringuito de Suances, que muy bien, y muy majos, pero las sardinas acaban repitiéndote. El equilibro entre estética mamarracha, autocomplacencia y espectáculo deportivo que regala la Corsa Rosa (casi) nunca es igualable.

placeholder Homenaje a Egan Bernal en Colombia tras ganar el Giro de Italia en 2021. (EFE/Mauricio Dueñas)
Homenaje a Egan Bernal en Colombia tras ganar el Giro de Italia en 2021. (EFE/Mauricio Dueñas)

Un recorrido pequeño

Y eso que este año de recorrido andamos justos. A ver, justos en plan Giro, que ya lo quería yo esto para la Vuelta de 1996. Qué horror, la Vuelta de 2007, macho, (sí, las fechas no coinciden, pero porque podríamos haber puesto tantos años al azar que...). En fin, a lo que íbamos, que libro de ruta flojeras. No el libro de ruta en sí, que para esto los italianos también rayan a nivel putísimos jefes, sino el contenido. Equilibrado, eso sí. Equlibradísimo. Tanto como Miguel Ángel López, para entendernos. 29 kilómetros contra el crono. No, no una crono de 29 kilómetros para empezar... 29 totales. Segundo día, en Budapest, nueve. Prólogo, uno de esos que ganaba Thierry Marie. Luego 20, última jornada, Verona. Ya ven, guiño a los 'croners'. Que aquí acuda Dumoulin solo se explica por... Bueno, es que yo a Dumoulin no le entiendo una mierda, para qué engañarnos. Pero no adelantemos.

Y, bueno, frente a este aluvión de lucha en solitario (por supuesto que estoy siendo sarcástico, Marge), tenemos la montaña. La montaña, que tampoco lleva traje tradicional aquí. No, no. Sí en nombres, no en... ideas. Trasfondo. El Giro siempre fue prueba de ir calentando poco a poco, dos semanas de Cipollini y Petacchi midiéndose los trenos (pensaban que iba a poner otra cosa, ¿eh?), llegadas en Montevergine los domingos (en el Montevergine que toque, Italia está llena de Montevergines) y luego tapones como para llegar gateando a Milán (este año acaban en Verona, que es cosa realmente estética... ¿les he hablado sobre el buen gusto del Giro?). Tradiciones, tradiciones.

Pues ni eso. Porque hay jarana desde el principio. Etna, recién devueltos a Italia. Etna, que es una cosa súper gorda, por mucho que llevemos lustros viendo por allí subidas al ritmo de Indurain y atacucos en las vallas, queda mucho aún, no podemos cansarnos, me dolía la parte superior de la oreja derecha. Luego un poco de media montaña, llegada a Nápoles (se ha licuado hace poco la sangre de San Genaro, así que lo mismo gana Valverde, ataque de lejos perfectamente planeado en el hotel con sus directores), alguna volata. Y Blockhaus. Ojo, Blockhaus doble, que primero llegan hasta Lanciano y después tiran un poco más arriba. No alcanzan los 2000 metros (es posible) pero es duro de sobra como para limpiarnos a los cron... espera, qué croners. Bueno, ya me entienden. Para limpiarnos. Línea Gustav, nada menos. Y espacio donde Tarangu cepilló el capazo a Merckx. Ese día les cuento alguna historieta...

placeholder Alejandro Valverde, en la presentación del equipo Movistar para el Giro de Italia. (Reuters/Vincent West)
Alejandro Valverde, en la presentación del equipo Movistar para el Giro de Italia. (Reuters/Vincent West)

El final, en Verona y no en Milán

Después sesteo hasta Aosta (si dices "hasta Aosta" en voz alta pareces un pijo de esos de los tiktoks). Sesteo, decíamos, si no hay ningún abanico, o ninguna caída, o si no salta un mapache americano escapado del Circo Barnum en mitad del pelotón y algún favorito se lo lleva por delante, y debe abandonar y volverse a su casa de Murgia. Seguro que saben por dónde voy. Que no pase, que no pase. Y eso, que en Aosta tres puertos gordísimos. No son los más gruesos del Valle (ese San Marco... ay, ese San Marco) pero dan de sobra para hacer diferencias. A estas alturas ya anda Kelderman perdiendo un poquito cada día, ya saben.

Después... apocalipsis, que también es algo muy transalpino. Mortirolo, Aprica y Valico de Santa Cristina. Que yo escucho eso y se me ponen los pelos como escarpias. Mira, mira, no puedo más, qué locurón. Suben también Crocedomini antes, pero palidece (y mira que es cosa gorda). Etapa decisiva, para atacar desde lejos y joder a ese ruso jovenzuelo, dios, cómo lo odio, seguro que gana cinco o seis Tours. Luego Trentino, Eslovenia, Trentino otra vez. ¿De no perderse? Pues Kolovrat (pena que no estén aquí Roglič y Pogačar para subir sacando chispas en las curvas) y el último sábado. San Pellegrino (desde Agordo, que son veintitantos kilómetros para arriba, y con un final para no mirar la pantallita, que es deprimente, se lo digo yo que anduve por allí hace na), Pordoi, Passo Fedaia. Passo Fedaia. El puerto más duro del Giro (uno de los más duros en el ciclismo pro) es el último de toda la carrera. No sé, a mí no me acaba de cuadrar demasiado (pudiendo bajar y subir otra vez Pordoi...), pero qué sabré yo, si soy un radical, y solo critico, y nunca he hecho 200 kilómetros bajo la lluvia, y fans entregados de todo pelaje me ponen verde luego en las redes, esto es el ciclismo que nos gusta, Marcos Pereda, buuu, fuera, ojalá te expulsen del mundo, tú antes molabas, pringao...

Ah, eso. Que final. Paseo con cabra por Verona, meta. Aplausos, negronis y sonrisas. Repetimos de negronis, por favor...

placeholder Roglic, vigente campeón de la Vuelta al País Vasco. (EFE/Jesús Diges)
Roglic, vigente campeón de la Vuelta al País Vasco. (EFE/Jesús Diges)

Landa, español con más opciones

¿Participantes? A ver, cómo explicárselo... ¿Recuerdan ustedes cuando miraban la startlist de una Gran Vuelta, y había un Indurain, o un Hinault, y luego un montón de tipos que decías: "Mira, este lo hará bien en alguna etapa, venderá a su madre por un plato de habichuelas en otra y perderá hasta la primogenitura en la de más allá". Pues lo mismo, solo que sin Indurain. Y sin Hinault. Vamos, que únicamente hay escopetas de feria averiadas, para entendernos.

(Y Carapaz, que es fiable. Pero me jodía el chiste).

Richard al margen (tan regular que tampoco merece más comentario... favorito casi único), pareciera que quien tiene más opciones es Mikel Landa. Tranquilo, buena escuadra, preparación perfecta, recorrido favorable. La duda es, por tanto, qué le pasará a Mikel para no ganar el Giro. ¿Ataque de marmota en Cogne? ¿Traición de Pello Bilbao estilo Sappada? ¿Abducción por unos extraterrestres que quieren aislar el gen del carisma? Excluido el covid (ya no hay coronavirus en las carreras, amigos... resfriados, gripes, bronquitis, virus desconocidos y embarazos sí, pero covid no nos queda, ninio, solo masibon) es todo un desafío pergeñar final infeliz para Landa en esta Corsa. Si ganara (no... cuando gane) yo me alegraría mucho por el alavés, se lo prometo... Pero también tendré sensación de horterada suprema, mancha en su historial, una línea desagradable en palmarés sin mácula. Giros de Italia ganaron hasta los Ryder Hesjedal que pasaban por allí, pero mantener la sublime majestuosidad de cagarla cada vez más estrambóticamente... joder, eso te mete de lleno en la leyenda...

Hay otros nombres. Está Miguel Ángel López, el tío cuyas carreras tienen dos rombos. Por si acaso, que uno nunca sabe. Se te hace difícil imaginarlo de rosa, pero espectáculo... llega seguro. Una etapa, un pódium, un feudo con el Undertaker para Summerslam, el Premio Planeta de novela... Yo de López me creo todo. También está por ahí Simon Yates. Simon Yates, con esas pintas de chuloputas, con ese aire de "van pacá, que te cuento lo de Finestre", con esa facilidad, esa carita de sufrir regular, ese maillot desabrochado mostrando pechamen (pechamen magro y paliducho, tampoco vamos a pasarnos). Es tan bueno que uno puede esperarlo todo de él. Pero también es tan Simon que en cualquier subida chica empezará a hacer ruidos como la motuca que tenía su abuelo en el pueblo, esa que asomaba gomaespuma en el asiento y sirvió para desvirgar a varias generaciones de la familia. Más o menos. No apuesten por Yates, amigos. No apuesten, así, en general, porque las apuestas son una mierda, y esta es la única línea seria de todo el artículo.

placeholder Mikel Landa es la esperanza española en el Giro de Italia 2022. (EFE/Mariscal)
Mikel Landa es la esperanza española en el Giro de Italia 2022. (EFE/Mariscal)

Más. Cuando Alejandro Valverde pasó a profesionales el Giro de Italia tuvo un pódium con Paolo Savoldelli, Tyler Hamilton y Pietro Caucchioli. Aquel año trincaron etapa Cipollini, Juan Carlos Domínguez, Julio Alberto Pérez Cuapio (te echamos de menos, Julio Alberto) y Aitor González en versión flaca. Vamos, que hace un montonazo. Valverde solo fue al Giro una vez. Año 2016. Participación lolaila, con momentos de auténtico chiste (como cuando Nibali le birló bonificación por no saber cuántos entraron delante de ellos... "Ddoh nah mah?", fue la pregunta tras meta) y otros en los que pudo hasta pillar el rosa de Turín (esos compañeros pasando de charla por la cima del Agnello...). Tampoco le puedes pedir mucho hoy a Valverde, que corre el Giro con la edad de tu tío Miguelángel, el divorciado canallita. Etapa y un tiempo con la maglia sería despedida excelsa.

También llega para homenajeos y masajillos Vincenzo Nibali. Que no tiene tantos años como Valverde (debuta en 2005... Savoldelli, Simoni y Rujano... te echamos de menos, José Rujano), pero también gasta los suyos. Por aspiraciones... como Valverde, pero vaya usted a saber.

En condiciones normales los líderes que mejor andan contra el crono son Almeida, Kelderman y Dumoulin. Ocurre que los tres me dan las mismas garantías que Belén Esteban en Pasalapabra. Almeida es un sufridor, pero es que sufre tanto porque se queda muy pronto, así que... Mucha evolución necesitaría para dominar esto. Kelderman tiene ciertos problemas para tomar la iniciativa. O eso me han contado, porque nunca sale demasiado por la tele. Junto a sus compañeros Buchmann y Hindley (que se pone todas las noches en el ordenador la etapa de Cancano, Giro 2020, sin creérselo del todo) son favoritos a los puestos quinto, sexto y séptimo de la general, al premio por equipos, a Miss Simpatía y a mejor traje regional, un fuerte aplauso, te llevas el juego del programa. Dumoulin... pues oigan, a saber. Clase le sobra, pero parece andar a otros asuntos. Lo mismo hace buen prólogo y buen Etna, se va animando, controla pérdidas... Pero me sorprendería un montón.

placeholder Magnus Cort celebra su victoria en una etapa de la Vuelta a España. (EFE/Manuel Bruque)
Magnus Cort celebra su victoria en una etapa de la Vuelta a España. (EFE/Manuel Bruque)

Un Giro con ingredientes de sobra

Entre las aportaciones folclóricas (esto en el Giro luce un huevo) está la plantilla de Vaughters, con Magnus Cort Nielsen en la tierra de Rocco Siffredi (quien recientemente anunció su entrada en política... luego anunciará su salida, porque es a lo que se ha dedicado este hombre siempre) y Mario Cipollini (que, oye, la bici mola, pero siempre quiso ser actor porno). También traen a Hugh Carthy, poniendo caras de estar al borde de la muerte en sitios como el Mortirolo, el Pordoi o entrevistas y ruedas de prensa. O Guillaume Martin, que hará entre los diez primeros a golpe de Nietzsche (y de entrenamiento, leer a Nietzsche no te garantiza nada sobre la bici, se lo digo yo). Ah, durante el Giro aparece la traducción al castellano de su nuevo libro (de Guillaume, no de Nietzsche, que lleva un montón criando malvas), así que protagonismo doble. Igualmente gasta cierto aire "camisa de Los Manolos, nainonainonaaaa" Mark Cavendish, solo que resucitó hace 12 meses, y ya no hace tanta gracia como cuando estaba gordaco, con pelos en las piernas y llegaba siempre rojísimo... Y Van der Poel, que montará numerito los primeros días (y ojo como arrastre a alguno de los dorsales "uno", que esta peli ya la vi yo). O Biniam Girmay, debutando en una Grande, busca límites. Hasta Romain Bardet, favorito para días sueltos, para la montaña y a saber si para algo más, que llevaba progresión chulísima en el Tour de los Alpes. Y, por supuesto, esos equipos invitados, que siempre tienen una nutrida representación de bandolerismo, apuñalaespaldas, asaltadores de conventos y patronos que llevan mal la soltería. Hagan memoria, salen muchísimos en la historia de esta prueba...

Y eso, amigos, que disfruten. Se pilla el Giro con ganas, para qué negarlo, porque tiene ingredientes de sobra. En lo deportivo, en lo estético. También, claro, por la vertiente cuchufletesca del asunto, que es la que más nos mola aquí.

Esperamos heroicidades, bochornos y el anuncio del compresor. Y les daremos buena cuenta del asunto.

Que se nos viene el Giro de Italia, colegas. Ay, el Giro. Lo estético que es el Giro. Lo que me gusta a mí el Giro. Si hasta escribí una obra sobre el Giro (buenísima, cómprenla). El Giro, qué tendrá el Giro. Es cuando llega la primavera, es montañas, nieve, flores, es helados sobre la bici (al menos antes, cuando lo de el consumo calórico estaba menos estudiao), es jornadas a 20 por hora y puertos imposibles de ascender, es Mussolini boca abajo (a ver, esto no, pero siempre está bien recordar a Mussolini boca abajo). Todo ello, y más.

Miguel Indurain
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