Bostezos, hunos y Bernal de rosa: un fin de semana en el Giro
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Golpe sobre la mesa

Bostezos, hunos y Bernal de rosa: un fin de semana en el Giro

Egan Bernal ha demostrado que su apuesta por la prueba italiana va en serio. Exhibición del colombiano durante el fin de semana que le permite colocarse como líder de la general

placeholder Foto: Bernal, celebrando su liderato. (Reuters)
Bernal, celebrando su liderato. (Reuters)

El Giro de Italia es, más que ninguna otra Grande, un plato que se prepara a fuego lento. Como si fuera salsa de tomate en condiciones. O la carbonara. El sofrito de guanciale en la carbonara. La carbonara lleva guanciale, queso pecorino rallado, huevos, sal y mucha pimienta negra, que cae como si fuesen gotitas de carbón por encima. ¿Ve la nata por algún lado? No, ¿verdad? Si usted es de esos que echa nata a la carbonara debe saber que es un marrano, un cochino y alguien de mal vivir, seguramente. Para que quede claro.

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Pero hablábamos del Giro. Que va poco a poco, sumando esfuerzos, deslavazando balances. Anda que no lo hemos visto veces, lo de destacar en las dos primeras semanas, estar a punto de comerse el mundo y luego... pufff, hundidito en la general. Y sin quejarte, que no es para tanto, a otros también les pasó. No sé, recuerden a Di Luca, por ejemplo, que era un clásico de estas cosas (solo que luego mutó, y ganó un Giro, y más tarde dio positivo un montón de veces, y escribió un libro donde dice que sabía más de farmacia que los farmacéuticos). O Zülle en 1998 (también con su intrahistoria porque, según cuenta Willy Voet en Breaking the chain, se puso celosón de lo mucho que andaba Laurent Dufaux, y pidió el mismo tratamiento médico, y entonces mezclaron hormonas con corticoesteroides, que es como mezclar ácido clorhídrico encima de sulfato de so... no, de clor... no, sulfato no, no sé lo que era... vamos que la lías parda). También Ulissi, Francesco Casagrande, Davide Rebellin (este sigue corriendo), Maurizio Fondriest o hasta Michele Bartoli. Y no nos hemos ido tan lejos, ¿eh? O lo contrario, gente que no asoma el morruco en quince días y luego te hace una remontada final curiosa, amparados en los clásicos maratones que pone el Giro justo antes de terminar. Simoni, Guerini, De Gendt. También esa extraña aparición que fue siempre José Rujano...

Con esto queremos decir que oigan... pues sacar conclusiones a estas alturas es poco menos que futilidad. Pero aquí hemos venido a futilizarles la mañana, que es una cosa muy de disfrutar mientras tomas el café, eso de leer algo que caduque en setenta y dos horas. Y tampoco tenemos la más mínima vergüenza para plantear escenarios que más tarde no se reproducen en la realidad. Será culpa de la realidad, por cierto, que no hace lo que debe hacer, yo no me equivoco nunca. Así que juguemos...

placeholder Un aficionado del Giro de Italia 2021. (Efe)
Un aficionado del Giro de Italia 2021. (Efe)

Los fines de semana en Italia tienen su miga. En fin, qué les voy a contar. Que si el aperitivo (el aperitivo es por la tarde, ¿eh?, y no se pide cerveza ni loco, solo bebidas de esas amargas, aperol, cinzano, cosas así... como mucho admitimos el vermú), que si el pranzo, que si ese estilo con descuido perfectamente que-sí-que-no, que si yo creo que podemos echarnos un poco más de gomina... En fin, qué les voy a contar. Golfos, que son ustedes unos golfos.

Con el Giro pasa algo similar. Suelen programar etapas chulas sábado y domingo, por aquello de maximizar audiencias, enseñar mejor los paisajes y venderse bien del todo, que al final es de lo que se trata. Estos dos días... bueno, media montaña, es lo que toca. Ya dentro de un rato les llegan Zoncolanes y Giaus y Fedaias y todas esas cosas. Pero, por ahora... tenemos lo que tenemos.

Para llegar a Guardia Saframondi había que subir un puertecito de segunda categoría. Bocca della Selva, se llamaba, que es un nombre acojonante. Veinte kilometritos al cinco por ciento (o lo que aquí llamamos La Sía, que no solo de Morcueras vive el hombre). Con un llano en medio, que baja números. Ya ven, para soltar piernas. Qué chistosos, estos italianos. Etapa moviduca al principio, porque la escapada tardó un montón en hacerse, y eso siempre garantiza velocidad. Ah, los Ineos montaron otro abanico de los suyos, de esos que salen casi de broma, de sí pero no, de nada, nada, circulen, si estábamos cachondeándonos un ratito. Alguna vez será la buena, porque llevan ensayando varios días. En este pillaron a Evenepoel, por ejemplo, así que igual no es tan descabellado jugar a grande con el asunto. Además, que un colombiano ganase la carrera gracias al viento de costado sería hermoso consuelo para los Martinez Farfanes o Patrocinios Jiménez de esas carreteras nuestras...

En fin... después... pues oigan, menos de lo esperable, quizá. La escapada que camina, que sube el alto larguísimo (y más bonito... aquí es que tienen para dar y regalar de estas cosas), que lo baja (Gaviria se cae, otra vez), que llega al pie de la última subida, apenas colina que llega hasta el pueblo ese que ve usted en lo alto, todo un mirador, sí, se comen unos torreznos riquísimos, merece la pena. Allí ataca Victor Lafay, francés que tiene veinticinco años aunque aparenta trece o catorce (le piden el carnet cuando sale de fiesta con Peter Sagan) y lleva los mofletes rojos como el secundario de un anime. Buen ciclista, gran futuro, no le pierdan de vista.

Foto: Egan Bernal, durante el pasado Tour de Francia. (Reuters)

Por detrás... nada. Ritmillo. Primero Deceuninck, después Ineos, en lo que ya parecía un duelo a dos, y mira que es pronto. De los buenos no se descuelga nadie. Ni siquiera Attila, hostias ya, que va ahí, en el filo de la navaja, pero con él no pueden, se aferra a todo. A su caballo, a la carne esa macerada que llevaban debajo del culo, a las razzias de cada finde. Vamos, lo que viene a ser entrar en la veintena cuando eres de Torrelavega, para que me entiendan. Así que eso. Tablas.

El domingo final en Campo Felice, tras un par de kilómetros sin asfalto. Sterrato, lo llaman. A mí es una cosa que me gusta mucho, por diferente, por la estética que deja en las imágenes. Pero dentro de otros contextos, oiga. Para una tirada cortuca y cuesta arriba..., miren, pues no. El sterrato si lo sacas es para usarlo, sacar el sterrato para fardar es de parguelas. Y allí, en Campo Felice, parecía un poco de parguelas.

Tampoco es que importase demasiado. Recorrido corto, pero sin llano. Como salir a entrenar por Cantabria, háganse una idea. Se lo garantizo. Ay. Pues eso... cinco o seis puertos, cada uno catalogado como al Giro se le puso de los mismísimos (seguramente homenaje implícito a Torriani). Subir, bajar, subir, bajar, subir, bajar, subir, bajar, subir, un poco de llano y subir. Facilísimo. Terreno para emboscadas. ¿Escapada bidón? ¿He escuchando escapada bidón? Yo es que me emociono rápido.

Luego la cosa... pues nada. Mucho ritmo, que es lo que se dice en el ciclismo moderno cuando la etapa llega con adelanto y sin romperse hasta el último kilómetro. Es curioso lo de las bicis ahora... parece que importa más mantener bloques unidos que intentar sorprender. Pero en fin, qué sabré yo. Pues eso, escapada por delante (murió unos cientos de metros antes de la línea blanca), Ineos que entra fuerte, Movistar que entra fuerte (se está poniendo cara la clasificación por equipos y eso no puede ser), Molteni que entra fuerte, BIC que entra fuerte. Final tipo Flecha Valona, y eso no es buena señal.

placeholder Exhibición de Bernal en la etapa. (Reuters)
Exhibición de Bernal en la etapa. (Reuters)

Y sin embargo... cosas. Siempre se ven cosas. Al margen de paisajes, carreteritas y monumentos, digo, que ya de por sí justifica muchas veces el tema. Se vio, por ejemplo, penar al líder. Muy atrás desde muy abajo. Attila que sufre. Tormento físico, también psicológico. En un momento dado se acercó a él Filippo Ganna y empezó a chincharle. Es como en los Campos Cataláunicos, ¿eh? Y más. Aecio tiene mejores abdominales que tú, ¿lo sabías? Ese tonito. Bueno, igual no, pero el tipo sufrió como un perro. Tanto que acabó por descolgarse, que perdió su maglia. Loas a él, que siga creciendo. Necesitamos un Attila Valter en el ciclismo profesional, hostias.

Tampoco lo pasó bien Remco Evenepoel. Se entra en la tierra y anda muy atrás, lo que no suele ocurrir. Bernal lo sabe, Bernal ataca. No... Bernal remacha un ataque de Vlasov (ya bien entrados en la zona vallada, que es donde dan permiso para atacar la mayoría de las veces en el ciclismo de hoy). Solo que lo remacha en condiciones, pedaleando como un loco, bajando un instante la cadencia para engarzar el plato gordo (que es lo que hacemos los escritores de ciclismo cuando llegan bajadas de varios kilómetros). Y así hasta meta, oigan, transmitiendo sensaciones buenísimas, arrojando vatios como para iluminar una fiesta de Cayetanos. Solo le pueden ver, a lo lejos, el ruso y Ciccone (ya van tres días, igual no es casual). Digamos que la cosa es estética, con eso del sterrato y tal, pero... minucias. Evenepoel recupera y pierde diez segundos (más la bonificación). La alianza italo-rusa (como con los partisanos) entra a apenas siete. No importa... Egan se viste con el maillot de líder, y gana su primera etapa en una Gran Vuelta (ya tiene un jaune en Zipaquirá, pero siempre hace ilusión). Parece el más fuerte, el más regular, el que mejor equipo lleva. Facilísimo, me voy a poner a hacer la crónica final porque está ya todo visto para sentencia...

No hagan caso. Vuelvan a leer el principio. Por ahora... detalles sin importancia. Atacucos en bajo el triángulo rojo. Menudencias. Un mira qué bien vengo, un escucha lo fácil que voy. Fruslerías, insisto. Tres tíos en veinte segundos, los diez primeros en el minuto. Nada que no pudiésemos esperar, nada, tampoco, por lo que volvernos tarumbas.

Ténganlo en cuenta.

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