Un sistema de movilidad para los sanitarios

Del ciclismo a Ifema: la historia de los fundadores de Rotor y su invento salvador

Ignacio Estellés y Pablo Carrasco, fundadores de Rotor, crearon un sistema de movilidad que aportaron voluntariamente al hospital Ifema, un ángel de la guarda para los sanitarios

Foto: Ignacio Estellés y su equipo estuvieron trabajando en IFEMA con un sistema de movilidad derivado de su experiencia con la bicicleta. (Mooevo)
Ignacio Estellés y su equipo estuvieron trabajando en IFEMA con un sistema de movilidad derivado de su experiencia con la bicicleta. (Mooevo)

“En ese momento, la sensación de entrar allí, en IFEMA, era la de entrar en un hospital de guerra, de campaña. Todo lleno de militares, de bomberos, de sanitarios vestidos de astronautas... Y tú solo podías decir: ¿en qué puedo ayudar?”. Ignacio Estellés es un empresario español pionero en el mundo de la bicicleta. Las circunstancias del destino le llevaron a trabajar como voluntario en el improvisado y gigantesco hospital de emergencia madrileño. Gran parte de su trayectoria personal y empresarial confluía en la tormenta desatada por el coronavirus. Lo vivido allí le ha cambiado la vida para siempre.

De crear productos innovadores para la bicicleta, a buscar soluciones de movilidad para el hijo discapacitado de un amigo. Estellés y su grupo de voluntarios estaban a punto de lanzar al mercado un producto para la movilidad. Pero, confinados en casa como todos, decidieron presentarse en IFEMA para ofrecer su ayuda. Esta es también la historia de quien ha vivido de primera mano la extremada muestra de generosidad y entrega de los sanitarios españoles. “Todo lo que se diga es poco, lo he visto desde dentro y es para hacer una reflexión acojonante…”

Con el patinete de su hijo

Ignacio Estellés y su amigo, Pablo Carrasco, fundaron hace ya tiempo la empresa española Rotor, artífices de los famosos platos ovalados y otros accesorios para la bicicleta. Pablo es ingeniero y el alma técnica de los productos y patentes de Rotor. Un amigo suyo tenía un hijo discapacitado física y psíquicamente. Tras una operación de cadera, al padre le resultaba imposible mover a su hijo, tanto en casa como en la calle. “Pablo, que es un genio y muy humano, se puso a dar vueltas, ¿cómo podemos ayudarle?”, explica Estellés. “Entonces cogió el patinete eléctrico de su hijo y empezó a hacer experimentos con la silla de ruedas. Lo fue haciendo más potente y… le cambió la vida a la familia. Los niños pequeños y el abuelo incluso podían utilizarlo con su hermano y su nieto. Cambió la experiencia de ocio y movilidad de la familia. Lo que era un sufrimiento se convirtió en otra experiencia para la familia”.

El sistema se fue perfeccionando poco a poco. Estellés y Carrasco buscaron la colaboración con los fundadores de la empresa E-bike75, especializados en kit de conversión de bici normal a eléctrica, y con su experiencia de I+D y patentes (más de 70 en Rotor) crearon un prototipo que pudiera acoplarse a una sillas de ruedas, “o a cualquier cosa que se mueva, carritos de bebe, bicis de carga… Una solución de movilidad aplicada a muchas cosas”. Crearon Mooevo, una 'star up' para lanzar el sistema de movilidad “ante la lista de espera que teníamos de la gente de nuestro entorno”. Estaban a punto de iniciar una ronda de financiación para acometer la producción, pero el coronavirus frenó todo.

Una paliza de kilómetros

“Nuestros clientes se quedan en casa y además son población de riesgo. Por sensibilidad social decidimos parar el lanzamiento porque nuestro público está afectado", explica Estellés ante la nueva situación. "Pero cuando vimos la foto de un celador con un paciente en silla de ruedas, llevándole a pie con las enormes distancias de IFEMA y teniendo en la mano sillas de ruedas motorizadas en el almacén.... pensamos que lo mejor era ir allí a ayudar. Hablamos con la gente de IFEMA mientras se montaba el hospital: 'Tenemos esto'. Lo vieron, y nos dijeron 'traed todo lo que podáis'".

El aparato se convirtió en un ángel salvador para cubrir las enormes distancias que diariamente tenían que recorrer todos los médicos, sanitarios y asistentes en las instalaciones de IFEMA.“Era una paliza enorme para los sanitarios. Por ejemplo, con mil y pico enfermos, en tres pabellones, moverse para la recogida de analíticas, el movimiento de las altas, el reparto de medicinas cada día, porque la farmacia estaba en el culo del mundo… En IFEMA había muchos pabellones y módulos. Todos los días se hacían casi veinte kilómetros, tenían podómetros y lo comprobaban. Así que fuimos aplicando esta solución de movilidad a sus necesidades según la gente del Hospital Covid 19 nos lo iba pidiendo”.

Personal de IFEMA, trasladando medicamentos a bordo del sistema de movilidad de Mooevo. (Mooevo)
Personal de IFEMA, trasladando medicamentos a bordo del sistema de movilidad de Mooevo. (Mooevo)

"No he visto nada igual"

Ignacio Estellés se metió de lleno en la “guerra del coronavirus” y dentro de IFEMA. Se presentó voluntario para trabajar y al poco tiempo se unió todo su equipo de Mooevo. “Nos dijimos: 'esto ya es meterse en la boca del lobo' porque teníamos que entrar en el hospital con la posibilidad de contagiarnos. Y teníamos además que manejar a los pacientes”. La experiencia humana fue increíble como se desprende de las palabras de Estellés, quien no oculta hasta qué punto ha quedado impactado con lo visto y vivido en IFEMA durante estas semanas: “Ha sido increíble, nuestra misión era ayudar, pero en realidad quienes ayudaban son los sanitarios. Todo lo que se pueda decir de ellos se queda corto. La parte mas impresionante ha sido, para mí, el trabajo con el equipo de sanitarios. Todo lo que se diga es poco, lo he visto desde dentro y es para hacer una reflexión acojonante. Estos tíos se metían ahí sin importarles los virus, los fallecimientos, nada. Hay que tener en cuenta que allí han ido 1.200 sanitarios y todos han ido voluntarios. Eso crea un espíritu de compromiso y de entrega total, como yo no he visto en todos los días de mi vida”.

El equipo de Mooevo contribuía en diferentes áreas y a Estellés se le encomendó la tarea de trasladar a los pacientes dados de alta. En el trayecto con cada uno de ellos experimentó todo tipo de emociones. “El hospital en sí de IFEMA eran los pabellones, que son los últimos y están muy lejos de la entrada sur, a casi un kilómetro. A las altas las ponían en la puerta del pabellón y a partir de ahí se tienen que valer por sí mismas, por sí solas con los empleados voluntarios de IFEMA, guiándolas para que no se perdieran. Pero había muchas altas de personas mayores, muchas muy débiles, incapaces de moverse. Y cargados con sus bolsas tras un mes en el hospital” explica. "En el rato que llegas hasta la puerta eran siete u ocho minutos. Vas hablando, intentando dar cariño y empatizando, te van contando su experiencia y claro…”, indica.

“Era impresionante el momento en el que cogías a un anciano, los he sacado de hasta noventa años. Por un lado, les sacabas de allí, de estar medio protegidos, y salían a la luz acobardados. He encontrado de todo, había historias maravillosas, pero también tragedias que… Pero lo acojonante era llegar a la entrada, donde les esperaban los familiares. Nosotros teníamos bien claras las instrucciones de higiene que nos daba el hospital. Que nadie se tocara, porque las altas todavía eran enfermos con el virus, teníamos que tener un cuidado extremo…. Pero al llegar ante sus familias, veías a los hijos e hijas tirándose a comer a besos sus madres y familiares. Cuando les pedías que tuvieran cuidado, te contestaban: 'Es que creía que no la volveríamos a ver, se estaba muriendo cuando se la llevaron…'. Había escenas impresionantes”.

Sanitarios, trasladando a otros compañeros y a pacientes por IFEMA. (Mooevo)
Sanitarios, trasladando a otros compañeros y a pacientes por IFEMA. (Mooevo)

La esencia el ser humano

Desde el punto de vista personal, ¿qué poso le ha dejado esta experiencia? “He intentado entregarme todo, pero me he llevado mucho más de lo que haya podido entregar. Por encima de todo, he visto qué es capaz de dar la gente en los momentos duros, que es cuando se demuestra la esencia del ser humano. He visto a los sanitarios cómo han tratado a todos, como si fueran sus padres, y cómo al final el amor… Porque es así, es el amor lo que hace superar todas las crisis y conseguir que seamos mejores. Te das cuenta también de que somos uno, de que este virus nos ha hecho unirnos a todos de una forma extraordinaria. Estamos más conscientes y más sensibles por los demás. Te produce dolor cualquiera de las personas que estaban allí. Te lo juro, iba en la silla a veces llorando... Le preguntaba a una señora si tenía familia fuera, si la estaban esperando, y te decía: 'No, no tengo familia, tenía a mi marido, con quien convivía, pero me contagió el coronavirus. Él se ha quedado, ha fallecido. Yo voy a mi casa ahora y voy sola'. Aún se me ponen los pelos de punta cuando te lo cuento”.

Estellés estuvo en IFEMA hasta el último momento, el día del cierre oficial. “Hubo algunas escenas que quizás no debían haberse producido. El acto final de cierre fue impecable, nos hicieron separarnos a todos… Pero fue a la salida, fueron los sanitarios, quienes después de fajarse durante un mes y medio en el interior, en una verdadera guerra y sin el menor temor, relajaron un poco las costumbres. Porque el ambiente era festivo entre ellos, era el de: '¡Hemos ganado la guerra!' Y las emociones se desbordaron, ¿qué se podía esperar?”.

¿Y a partir ahora? ¿Qué se lleva Ignacio Estellés y su equipo, tanto personal como profesionalmente, de esta experiencia?. "Toca reconstruir para que esta pesadilla nos lleve a un mundo mejor. Nos hemos llevado muchas lecciones para Mooevo, pero sobre todo para nosotros. Esta experiencia ha sido una fuente de motivación humana. Ahora esperamos poder ayudar a muchas áreas en el desconfinamiento, con las personas de movilidad reducida, para la desinfección de grandes espacios...Aprendes de nuevo que en esta vida lo realmente importante es ser útil para los demás. Los sanitarios nos lo han recordado una vez más. Después viene todo".

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