Los simuladores para poder montar en interior

Cómo logro subir en bicicleta el puerto de la Morcuera esquivando las multas

Un rodillo compatible y un programa de simulación puede transformar radicalmente la experiencia de varias semanas metidos dentro de casa con la crisis del coronavirus

Foto: 'Subiendo' el puerto de la Morcuera desde el salón de casa. (J. R.)
'Subiendo' el puerto de la Morcuera desde el salón de casa. (J. R.)

“A ese no le ha dado el viento en la cara en toda la etapa”. En el argot profesional y aficionado, el dicho sirve para señalar a ese ciclista avispado o más flojo de forma que se ha pasado toda la etapa en su bicicleta pegado a la estela de otros. En estos tiempos de coronavirus a ningún ciclista le pegará el viento en la cara durante unas semanas, salvo que desafíe la coherencia social y se arriesgue a una multa, pero podría subir la Morcuera, el Alpe D´Huez, o rodar por carreteras, digamos, de Nueva Zelanda. Virtualmente.

Para el asiduo, es bien sabido que tan gratificante es la bicicleta como canalla cuando se la abandona un tiempo por cualquier circunstancia. No perdona, y el estado de forma que tanto cuesta conseguir se evapora como un azucarillo. Estas semanas de encierro resultarán descorazonadoras para quien, cuando por fin acaben estos tiempos de coronavirus, sentirá que ha tardado un siglo en montar. Así es la bicicleta. Pero nunca como en el presente hubo tantas opciones para entrenar dentro de casa. Y sin olvidar la ayuda que representa para despejar la mente, aspecto también clave este en las próximas semanas.

Los rodillos de interiores tienen una larga historia, y tantos detractores o más que seguidores. Sin embargo, en los últimos años se ha extendido la oferta de rodillos asociados a programas de software cada vez más refinados, que permiten acercarse físicamente a la experiencia de rodar al aire libre. Y con el aliciente añadido de integrarse en comunidades de usuarios que transforman radicalmente la monótona experiencia de rodar en solitario en interiores. No dará el aire en la cara, pero los piques están asegurados. Se suda de lo lindo, y ayuda a mitigar los remordimientos de conciencia de no poder salir al aire libre a entrenar.

Recorridos y opciones infinitas

¿En qué consiste un simulador de ciclismo? Básicamente, en un programa de software acomplado a un rodillo compatible que, conectados entre sí, reproducirá la orografía del terreno adaptándose su resistencia según el recorrido. Además de múltiples opciones adicionales. Estos sistemas amplían de forma extraordinaria la experiencia del pedaleo respecto a la monotonía del rodillo tradicional y aislado. Porque permiten seguir en tiempo real un recorrido visualizado en un monitor, tableta, o pantalla de televisión. Y cuando el ciclista se conecta a una comunidad con la que puede competir, cambia totalmente la percepción, los estímulos, y la motivación. La oferta de simuladores y rodillos es amplia y ha crecido en los últimos tiempos, con diferentes prestaciones, características, y calidad gráfica. Por su carácter pionero tomaremos como referencia a una marca española, también en vanguardia con las competiciones on line: Bkool, que ha logrado incluirse entre las mejores del género.

La bici en el rodillo, y todo en el salón.
La bici en el rodillo, y todo en el salón.

Una vez emparejado rodillo y programa (a través de Bluetooth y ANT+) y en su caso el resto de dispositivos adicionales (pulsómetro, medidores de potencia…) se puede elegir varios tipos de sesiones. La ruta es la más amplia de oferta, con miles y miles de recorridos de todo el mundo, grabados en vídeo por los aficionados, para lo que también cuenta con una aplicación al efecto. La opción de 3D ofrece muchas variantes. Y ambas posibilidades, tanto en bicicleta de carretera como de montaña. La oferta de recorridos es infinita. ¿Que se prefiere un machaque más concentrado? El Workout permite trabajar entrenamientos de potencia. Y también está disponible la 'Opción Velódromo', la pista cubierta, para chorrear ácido láctico. No será por falta de opciones.

A palos con los amigos

Uno de los grandes atractivos de los simuladores son las vistas, que rompen la monotonía del rodillo mirando al manillar. En 3D existen gran variedad de posibilidades, mientras que el vídeo reproduce la visión del ciclista desde el manillar. Todas cuentan con numerosas opciones de información que amplian la variedad de la experiencia. Tiempo y distancia transcurridos y por recorrer, perfil, porcentaje de pendiente actual, distancia al cambio de pendiente… Potencia, velocidad, pulsaciones, pedaladas por minuto... Todo empieza a funcionar con la primera pedalada.

Las imágenes ofrecen la ruta por delante, la velocidad de pedalada se acompasa con aquellas, el porcentaje real del terreno se transfiere a la resistencia del rodillo. La sensación de realismo y esfuerzo resulta innegable. Y si se compite con rivales, conocidos o desconocidos, apaga y vámonos. La posibilidad de fundirse es real, pero metidos en casa. En las redes sociales se han visto aficionados que, sin posibilidad de acudir a la famosa Quebrantahuesos, se la han metido entre pecho y espalda a lomos del simulador en casa, dentro de un tendedero.

El perfil de Morcuera desde Soto del Real (Madrid).
El perfil de Morcuera desde Soto del Real (Madrid).

Internet, y a sudar

Pero conviene nuevamente recordar que “el viento no da en la cara”. Mentalmente, no deja de resultar duro reproducir etapas largas en el mismo espacio, sobre todo los largos puertos. Aunque también esta perspectiva representa un buen entrenamiento mental para soportar mejor este largo encierro que exigirá una cierta resiliencia. Es fundamental contar con una buena ventilación, porque la sudoración es muy abundante. La dependencia de la calidad de conexión a Internet influye, así como la carga de participantes en una misma etapa si se opta por batirse el cobre con ciclistas de todo el mundo. Estos días, desde Bkool se aconsejaban recorridos con menos de cien participantes ante la carga que están sufriendo los servidores. Pero competir aunque sea con la mitad -incluyendo los piques con los amigos- en condiciones óptimas de conexión subiendo el Alpe D´Huez no deja de resultar estimulante frente a la perspectiva de varias semanas metido en casa tirado en el sillón y rumiando.

Evidentemente, practicar el ciclismo ‘indoor’ requiere una inversión inicial. Por un lado, un rodillo compatible con los diferentes programas. En segundo lugar, la subscripción al programa. En el caso del Bkool, la opción ‘premium’ con todas sus posibilidades cuesta 9,99 al mes, y 96 euros al año. Pero con tantos días metidos en casa, después de una buena ducha tras echar el bofe se siente que no resulte una mala inversión. Es más barato que pagar una multa por sacar la bicicleta estos días y la manera de subir el puerto de la Morcuera sin riesgo. De hecho, según han indicado fuentes del mercado a El Confidencial, estos días se está disparando la compra de rodillos; así se amortigua la conciencia de culpa y remordimiento por tener que dejar aparcada a nuestra amiga en estos tiempos de coronavirus.

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