se impuso en solitario en navarra

El incombustible Valverde 'pasa' de Flandes para ganar en el homenaje a su patrón

El ciclista murciano ganó su novena prueba de la temporada en el GP Miguel Indurain. Se realizó un gran tributo a José Miguel Echávarri, motivo suficiente para descantar la aventura en Bélgica

Foto: Valverde, en Estella. (EFE)
Valverde, en Estella. (EFE)

Fingen sorpresa en la meta, como si no esperase nadie que fuese a ganar el de siempre. Alejandro Valverde pertenece a esa saga de deportistas inmortales que ahora mismo asombran al deporte mundial. Roger Federer, LeBron James o Tom Brady. Gente que está dispuesta a desafiar toda lógica posible en cuestiones de deporte y edad. Deberían de estar retirados pero ahí les tienen, dominando sus deportes para pasmo de todos. Esta vez tocaba el GP Miguel Indurain, pero en sus piernas está la opción de ser favorito en todas las carreras de una semana y en prácticamente todas las clásicas.

Era un día de fiesta en Movistar, como siempre pasa en Navarra. El Gran Premio de Estella, que así se llamaba antes la prueba, es una carrera con señera, aunque está lejos de ser la cita marcada en rojo en este fin de semana. Esa es Flandes, pero Valverde por allí no aparece. Los muros, el adoquín, los más de 250 kilómetros... la prueba exige un sacrificio que no todos quieren afrontar. El murciano no lo ha corrido nunca, pero su excelente estado de forma, una temporada más, y la necesidad de buscar retos nuevos en una carrera que ha satisfecho casi todos, llevaba a pensar que, en esta ocasión, se tiraría al monte por las carreteras flamencas.

Nada, no fue así. Tampoco importó demasiados que las redes pidiesen que acudiese a la prueba gorda del fin de semana para saciar la curiosidad de ver lo que es capaz uno de los grandes ciclistas de su tiempo en una de las carreras más míticas del calendario. Él mismo se lo planteó, llamó a su jefe, Eusebio Unzue, y no necesitó más que una frase para darse por enterado. El sábado tenía que estar en Navarra. No discutió la decisión, en parte porque tampoco las ganas de ir a Bélgica eran locas. También porque el motivo de volver al sitio donde todo nació en su equipo era inmejorable.

Ese argumento, puramente sentimental, tenía nombre y apellido: José Miguel Echávarri. El patrón del Movistar era homenajeado en esta edición. La carrera no podía ser más del equipo, estaba Miguel Indurain, que es la leyenda; Unzue, el heredero; la estrella actual, Valverde. Todos para demostrarle respetos al patrón, aquel que empezó a crear un pequeño equipo llamado Reynolds en los años 80 y que terminó creando una de las máquinas más poderosas de la historia del ciclismo. Todos le reconocen como un innovador, un visionario y es, por encima de todo, el padre profesional de todo los presentes. Por eso mismo, cuando llamó a Unzue para comentarle lo de Lieja, la respuesta fue sencilla. No es posible, el sábado hay que estar con José Miguel.

Miguel Indurain. (EFE)
Miguel Indurain. (EFE)

Admirable estado de forma

"Es una carrera muy bonita y quería estar presente por el motivo que es", explicaba Valverde al bajarse de la bicicleta. Él mismo asumía que había presión para marchar a Bélgica, que muchos le pidieron que lo intentase, pero no coló. "Todo el mundo quería que fuese a Flandes, y está claro que es un carrerón, una carrera preciosa, pero hay que ser realista, no la conozco y por muy bien que esté de forma es muy complicado ganar. Por eso hemos decidido venir aquí, sobre todo por José Miguel", remataba el murciano como remató la carrera, de un zarpazo a Carlos Verona, su compañero en el último grupo que ya enfilaba los últimos kilómetros.

Una nueva sensacional victoria aunque, bien es cierto, con el regusto de que la energía que tiene en sus piernas le podría haber dado por descubrir nuevos parajes. Al fin y al cabo, el GP Indurain ya lo había ganado. Y la competencia era leve en comparación con lo que se hubiese encontrado en Flandes, una de las grandes clásicas del año. Es posible que se retire sin competir nunca, y nadie se lo reprochará. También porque es español y aquí las clásicas se valoran de otra manera, como una decoración bonita del ciclismo, pero no algo nuclear y necesario. La obsesión de Valverde -y otros muchos- con las carreras de tres semanas es posible que le haya quitado algún premio más a una carrera que, en todo caso, está jalonada de éxitos.

Aunque también es cierto que, en el caso de Valverde, ya va siendo hora de enterrar cualquier plan para retirarle. Igual puede ir la próxima vez. El año pasado se cayó en el Tour, en la primera etapa y tuvo una lesión inhabilitante, de esas que te dejan meses en el dique seco. Fractura de la rótula y del astrágalo a sus 37 años daban como para pensar que Valeverde no volvería a ser el mismo. Error, una vez más, se repuso al problema físico, volvió a entrenarse y volvió cual ave fénix a mandar en cada carrera que afronta. En el poco tiempo que lleva esta temporada, aún dando sus primeros pasos, ya ha ganado nueve pruebas (tres carreras de una semana, cinco etapas en ellas y el GP de Miguel Indurain).

"Estoy muy bien, cada vez que salgo a competir me quedo sorprendido por mi estado de forma, que es impresionante. Quiero dar las gracias a todo el grupo médico que me ha acompañado, a mi familia y a los que me han animado". Valverde está agradecido y tiene motivos. Es obvio que no queda ni el menor resquicio de dolor de la lesión. A su edad ya se conoce, su cuerpo, los kilómetros que necesita para echar a andar... por el momento, y hasta nuevo aviso, sigue sin valer la sorpresa cuando gane algo. Al fin y al cabo es Alejandro Valverde, no lo sabe hacer de otra manera.

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