la vida después de la vida de una bici

El oscuro mercado en el que una bicicleta restaurada de Jalabert cuesta 14.000 euros

Un mundo donde coleccionistas rastrean el mercado subterráneo del ciclismo para hacerse con bici, con un maillot o un tubular para reparar una 'burra' y en el que los mecánicos están muy señalados

Los meses de invierno se hacen largos para el aficionado al ciclismo. Durante casi cuatro meses tiene que vivir de las migajas de información que consiguen a través primero de los fichajes o de los movimientos entre equipos de los grandes ciclistas. Los más técnicos buscan también regocijo en las nuevas bicicletas que presentan las escuadras para la nueva temporada. Nada de competición hasta enero, con el Tour Down Under, y sin participación mayoritaria española hasta la Challenge de Mallorca, prácticamente. Pero, ¿qué pasa entre medias? Que cientos de bicicletas usadas por los equipos profesionales se mueven en un mercado poco conocido y oscuro en el que los mecánicos son los más beneficiados.

El Team Sky, el equipo con más recursos de todo el pelotón mundial, debido, claro, a su alto presupuesto, cuenta a El Confidencial que uno de sus corredores dispone de unas cuatro o cinco bicicletas por temporada, entre las que se incluyen las de ruta, entrenamiento, contrarreloj y las bicis adaptadas (como pueden ser las que se utilizan para etapas con adoquines). Para que se hagan una idea, las plantillas suelen estar formadas por unos 30 ciclistas, por lo que el Sky puede manejar alrededor de 150 bicicletas cada año. ¿Dónde acaban esos centenares de bicis ya usadas?

Ese mundo está compuesto por cientos de coleccionistas que rastrean el mercado subterráneo del ciclismo mundial para hacerse con determinada bici, con un maillot en particular o con un tubular que necesitan para reparar una 'burra'. Se puede llegar a conocer a una persona que vive en un pueblecito italiano al pie de la montaña que posee sin saberlo una bicicleta original de Giuseppe Saronni (histórico ciclista italiano de los años 80), hasta encontrar una espectacular bicicleta de contrarreloj de Laurent Jalabert a la venta en eBay por 14.000 euros.

El ciclo de vida de una bici pro

El diseñador de aquella 'cabra' con la que el francés corrió en la ONCE en 1996 se llama Manolo Saiz. Además de ser director del, por entonces, equipo más poderoso, dedicaba su tiempo a crear bicicletas que sirvieran a sus corredores para ser los mejores. Años después de ser apartado del ciclismo profesional por sus prácticas supuestamente deshonestas, Saiz se mantiene activo en la dirección del equipo amateur Aldro Team, donde quiere encontrar la motivación de los jóvenes corredores, perdida, según él, en un momento en el que los chavales quieren llegar a lo máximo "sin esfuerzo". En su lejanía de los primeros planos, Manolo Saiz charla con El Confidencial para contar su punto de vista en este negocio de las bicicletas usadas.

"Se establece un ciclo de vida para gran mayoría de las bicicletas. Las que van de repuesto, si se sigue con el mismo material, se entregan para los entrenamientos del año siguiente, y las demás se reparten entre equipos. Nosotros, por ejemplo, dábamos bicicletas a las federaciones provinciales y algunas se daban también a categorías inferiores". Es sabido que Manolo Saiz está enamorado de las bicicletas, pero no de todas, solo de las suyas. "Yo siempre me quedaba con las que hacían historia. Tengo un modelo que hice para Nike, de la cual solo hay dos unidades. Tengo un grato recuerdo de la bicicleta con la que ganó Zülle el prólogo del Tour de Francia, la de crono de Vinokourov cuando ganó la Vuelta, una bici de Heras, la primera con la que corrió Contador el Tour de Francia...".

Su colección es, sin embargo, menor en comparación a la que tiene Johan Bruyneel. El exdirector deportivo del US Postal de Lance Armstrong, desprestigiado por su estrecha relación con el dopaje sistemático del equipo estadounidense, se ha dedicado a recolectar productos relacionados con su carrera, ya sean maillots, bicicletas, cuadros, pedales... Este medio intentó hablar con él, pero no contestó a la petición. Es un loco de la acumulación de recuerdos que ha tenido como uno de sus principales 'ayudantes' a Nicola Brunelli, un ingeniero informático residente en Rovereto, provincia de Trento, al norte de Italia, que estuvo compitiendo hasta la categoría sub-23 y entonces, tras apreciar la suciedad en la que se movía el ciclismo en los años 90, decidió salirse, pero mantuvo su pasión a través de la restauración de bicicletas antiguas.

"Reparé la bicicleta con la que salía a correr y disfruté mucho. Ahora he restaurado bicis de Wiggins, cinco de Bruyneel (una de ellas de Indurain), otras de Pantani, una de Merckx... No es lo mismo tratar con una bicicleta cualquiera que con una que sabes que perteneció a uno de los grandes. Como con la de Indurain, que es de la época en la que yo veía las grandes vueltas en la tele, le dedicaba mucho mimo y mucha pasión, lo hacía todo con delicadeza. Fui a Verona específicamente a un lugar donde conseguir unas piezas, he hablado con Bruyneel, que me puso en contacto con Manolo Saiz...", dice Brunelli.

"Un mundo de envidias"

El italiano reconoce que la bicicleta por la que ha puesto más de su bolsillo le costó 5.000 euros, pero ha llegado a recibir 14.000 euros por una ya restaurada y con piezas originales. "Hay una fiebre por la bicicleta de época, sobre todo las de los grandes corredores. Es un mundo de envidias. Yo no soy un coleccionista, yo tendré cinco bicis, más la que uso los domingos para salir. Compro bicis para repararlas, para aprender de ellas, disfruto buscando los componentes, estudiando cada bici, descubriendo que se usaba un cierto tubular porque Indurain pesaba mucho... Pero cuando te metes en el mundo de los coleccionistas, es muy complicado. Son capaces de hacerte pagar el doble solo porque muestras interés", dice Nicola.

Manolo Saiz reconoce que en este 'mercado' "hay gente que no sabe lo que tiene y se vende muy barato y gente que sabe lo que tiene y se vende muy caro". Para Brunelli, esto va mucho más allá de la voluntad de enriquecerse, algo que tratan de hacer decenas de personas que se acercan a él a intentar conseguir ciertos artículos de mucho valor. "Me gusta vender las bicis a personas a las que les brillan los ojos cuando las ven, no me gusta hacer negocios con, por ejemplo, los asiáticos, que solo la quieren para hacer dinero, ellos de Pantani saben que era bueno y estaba calvo. Para nosotros, Pantani es una leyenda".

Una bici de Marco Pantani restaurada por Nicola Brunelli. (Foto: Old Bici)
Una bici de Marco Pantani restaurada por Nicola Brunelli. (Foto: Old Bici)

¿Cómo acaba una bici en una subasta?

Saiz también asegura no ser un coleccionista y afirma que no posee un gran número de bicis, sino que "pertenecen a la sociedad familiar". "No he pagado nada por ninguna bici, es cosa de la familia y del club. No tengo bicicletas que no haya diseñado", dice. Sin embargo, el director consiguió una bicicleta de Roberto Heras en una subasta desembolsando 24.600 euros por ella. Pero, ¿cómo acaba esa bicicleta en una subasta? En eso coinciden Saiz y Brunelli: "En los años 90, las bicicletas, maillots y demás se las llevaban siempre los mecánicos, los médicos y demás 'staff' de los equipos. Muchos ciclistas o directores que quieren recuperar sus bicis tienen que negociar con los mecánicos, que se llevaron cientos de cosas", dice el italiano. Precisamente, algunas informaciones aseguran que los mecánicos de la ONCE hacían negocios en sus tiendas con las bicis usadas, incluso vendiendo como nuevos cuadros reparados y repintados.

De hecho, Brunelli cuenta cómo consiguió dos de sus bicicletas. "Una vez, en Argentina, conocí a un chico que tenía la bici de Gianni Bugno, y yo la quería, me la vendió por poquísimo. La bici de Indurain la encontré en Toscana, la tenía un mecánico del Mercatone Uno, que la había intercambiado por un cuadro de una bici de Pantani. Le convencí para que me la diera y estuve un año buscando los componentes y una vez completada, se la di a Bruyneel para su colección". La que no consiguió fue esa bici de Saronni que encontró cerca de su casa.

Pero no es sencillo encontrar lo que realmente merece la pena, pueden darse ocasiones en las que te intenten colar una bici como original cuando no lo es. "Hay que tener el ojo entrenado. Lo primero que hay que tener en cuenta es la medida del cuadro. Después hago una foto a la escuadra central, donde están los números del cuadro y lo primero que hago es contactar con el fabricante. Por ejemplo, con la de Indurain contacté rápidamente con Pinarello y me respondieron que sí, que era la de Indurain porque tenía las siglas (B, de Banesto, y 1, el número de Indurain), el número de la temporada y el mes en que la usó, y luego las medidas. Las bicis más antiguas, las de acero, tienen siempre un portadorsal, un accesorio pequeño para llevar el número del corredor. Y además, se nota la antigüedad, ya que te las encuentras desgastadas por el sol, el sudor, el agua... Se nota mucho. Las réplicas se aprecia rápido que no son auténticas, sobre todo por la pintura, que está perfecta".

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