gran rendimiento como gregario de froome

Tour: La complacencia de Mikel Landa como segundo tiene un límite, su calidad

Ni una sola queja en estas casi dos semanas de Tour como ayuda inconmensurable de Froome y situado todavía en una posición en la general que le permitiría, en otra situación, luchar por ganar

Foto: Mikel Landa está realizando un Tour sensacional. (@TeamSky)
Mikel Landa está realizando un Tour sensacional. (@TeamSky)

Nadie va a ir ahora diciendo por las esquinas que Chris Froome va a perder el Tour. Lo que pasó en la primera y muy intensa aproximación a la cordillera pirenaica no supone el final de una era, sino la transformación de la misma. No acaba el mundo para el Sky, sino que lo siguen manejando si ya no bajo un sistema dictatorial, sí como una monarquía parlamentaria con mayoría absoluta. No de otra manera se explica que después de gobernar una etapa de más de 200 kilómetros con la suficiencia de un mandato absoluto, sintieran una punzada en el corazón por dejar escapar su más preciado tesoro cuando lo único que quedaba era la última rampa, el tramo de escaleras con el que se da alcance a la puerta del cielo, el lugar que ya tanto conoce el que hasta este jueves iba de amarillo.

A Froome se le fueron cayendo todos sus hombres. Los siete que le acompañan de aquí hasta el final, si no ocurre alguna otra desgracia similar a la de Geraint Thomas, que vista la proyección de abandonos importantes por accidente en esta ronda no es descartable que alguno más se pueda producir. El mucho esfuerzo que se acumulaba en las piernas dejó por el camino a todos, incluido el insaciable Mikel Nieve, reventado en los últimos kilómetros de ascensión. Como si no le costara pedalear, sentado e impasible, con la mirada fija en el horizonte y sin preocuparse por los que tenía alrededor, Mikel Landa siempre lideraba al grupo de los mejores, entre los que ya no se encuentran Quintana y Contador.

Nairo y Alberto venían a Francia con la proposición firme de luchar por ganar el amarillo, los mensajes que mandaban cada vez que tenían un micrófono cerca consistían en influirse a sí mismos y a sus miles de seguidores la esperanza de poder estar hasta el final peleando con Froome por subierse en lo más alto del podio de París. Si ellos en algún momento se creyeron sus propias palabras, dejaron en evidencia a su propia voluntad en las carreteras. Siempre que hubo un movimiento de ataque por parte de quien fuera (por lo visto, casi siempre de Aru), los dos soltaban la rueda del hombre al que perseguían y se hundían en la clasificación hasta ver imposible alcanzar la cima. Landa, en cambio, resistía siempre arriba, con los buenos, con los que son como él porque tiene cuerda y una voluntad a prueba de bombas de demostrarse poderoso.

Cuando Fabio Aru, apurando sus últimos miligramos de energía, se levantó de la bicicleta para sorpresa del mundo Sky, Mikel Landa respondió para reducir o eliminar la distancia posible entre su líder y el campeón de Italia. Era el movimiento natural del conjunto inglés: los ataques no los neutraliza Froome, sino sus escoltas. Lo que no esperaba Landa es que Froome no pudiera más. Por primera vez en todos sus Tour, a Froome le faltaron fuerzas. De repente, era humano, una persona de carne y mucho hueso y pálido, como buen inglés. "Era una llegada muy, muy dura. No tuve piernas al final, pero queda mucha carrera todavía. Hay que felicitar a Bardet, quien ha merecido ganar la etapa y ha logrado una victoria muy bonita, y también a Fabio Aru por haber conseguido el maillot amarillo", dijo el hasta ahora líder del Tour, derrotado (parcialmente), una sensación muy nueva para él.

Tour: La complacencia de Mikel Landa como segundo tiene un límite, su calidad

Su segundo entró en meta 17 segundos antes que él. 17 segundos que se generaron en apenas 200 metros mientras Landa alcanzaba a sus adversarios y Froome hacía eses hasta la meta con el molinillo a toda velocidad, pero sin avanzar. "Estaba disputando la etapa y no se me ha ocurrido mirar para atrás. Iba muy bien, y si hubiera jugado a disputar hubiera tenido opciones", reconoció el de Murgia una vez acabado el sufrimiento suyo y de Froome. No se percató del mal estado de aquel a quien debía proteger. Y la pregunta es... ¿y qué iba a poder hacer él en esa situación? Aparte de nada, claro. No se puede esperar a nadie para ayudar a 200 metros de la meta, por muy empinada que sea la llegada.

Así lo decía Nicolas Portal, director del Sky. "No me he enfadado con Landa por no esperar a Froome al final. La carrera se presentó de esa manera, un final muy complicado, con muchos ataques y tampoco se puede esperar a 300 metros de meta. Siempre que hacemos algo un poco diferente la gente ve problemas". Y los hubo, bien que los hubo. No de otra manera se explica que al arribar Landa al autobús del equipo dialogara con Portal con vehemencia. Las cámaras no lograron captar la conversación, pero no era una explicación tranquila de lo acaecido apenas unos instantes antes, sino la controversia por una acción que uno entendía de una manera y otro, el que manda, de otra.

El ímpetu de Mikel es enorme. Ahora mismo resulta literalmente inconmensurable. ¿Hasta dónde puede llegar? Ni lo sabe él ni lo sabe el Sky, pero al menos el ciclista está ansioso por encontrar ese punto máximo de sus capacidades, que van creciendo conforme crece su responsabilidad. Ejercer de Thomas para Froome es un reto enorme, pero Landa ahora mismo está en situación de ser más que eso, más que Thomas. Por qué no ser un Froome para Froome. Cuando el keniata estaba en una evidente progresión ascendente en el Tour de 2012, el Sky le frenó para que ganara Wiggins, el líder. A falta de nueve etapas, algunas de las más duras todavía por venir, Landa está a 2.55 del primer puesto de la general. Todo eso, siendo gregario, teniendo como objetivo primario ayudar a Froome. ¿Qué podría hacer sin ese lastre?

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