Dopaje, delincuencia y malas compañías: así fue la caída de Aitor González
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fue detenido por un robo en una tienda

Dopaje, delincuencia y malas compañías: así fue la caída de Aitor González

El ciclista asombró a su deporte ganando La Vuelta de 2002, pero no tardó en desinflarse como corredor. Con fama de mal profesional, su vida es una espiral de problemas del que no logra salir

placeholder Foto: Aitor González, en el Euskaltel (Imago).
Aitor González, en el Euskaltel (Imago).

De repente, todo le empezó a ir mal a Aitor González. Las malas compañías, la noche, las visitas a comisaría por casos de escaso montante económico. El ciclista abandonó la página de Deportes para entrar de lleno en la de Sucesos. El último, el más reciente, un robo a un local de móviles. Él dice que no fue, que era un hombre vestido como él a quien había conocido unas horas antes. La pregunta en estos casos siempre es la misma: ¿qué pasó en el mundo de un deportista de alto nivel para llegar a esto?

González es campeón de la Vuelta y eso no se lo quitaría nadie. Su oro -por aquella época aún no se había adoptado el rojo para el campeón- se consiguió en una de las contrarrelojes más memorables, en el año 2002. Terminaba en el Bernabéu y el ciclista de Kelme necesitaba algo más que ganar, arrasar, para terminar llevándose el gato al agua. Roberto Heras, líder, tenía motivos para temer. No en vano era bastante peor corredor en solitario, cuando no existen referencias y todo es ritmo. En 41 kilómetros González consiguió más de tres minutos de ventaja, suficiente para subir a lo más alto del podium, conseguir la copa y escuchar el himno en su honor.

Foto: Aitor González

Llegaba a lo más alto un ciclista que ya había logrado etapas en el Giro. Un superclase de los que mueven la bicicleta a ritmos desaforados sin aparente esfuerzo. Con 27 años, casi la infancia del corredor, tenía por delante espacio más que sobrado para dar que hablar los siguientes años. Lo primero, obviamente, era buscar el contrato más jugoso. Fue el italiano Fassa Bortolo el equipo que puso más dinero encima de la mesa, buscando, como todos, un retorno a esa inversión. Nunca llegó, la estrella en ciernes dejó de brillar y deambuló por las carreteras sobre la bicicleta, lastrado por las lesiones.

González, con un motor privilegiado, nunca tuvo la mejor fama dentro del pelotón. Era de los ciclistas fiesteros, los que podían disfrutar de una noche sin descanso justo antes de ponerse a subir y bajar montañas. Tampoco es un 'rara Avis', ni era el primero ni será el último. Como en tantos otros deportes, como en la vida en general, hay profesionales buenos y no tan buenos. Aitor, con unas condiciones enormes para el deporte, era señalado dentro de estos últimos.

Los italianos se cansaron de González y cuando terminó el contrato ni siquiera se plantearon la opción de renovarle. Habían ganado una etapa del Tour y otra del Giro, pero estaba muy por debajo del nivel que se supone de un líder de equipo. Lo suyo no era rascar algún parcial sino pelear por la general final y eso, en sus años del Fassa Bortolo, no ocurrió.

La moneda había girado en dos años. De tener la mesa llena de ofertas había pasado a encontrarse en el paro y sin futuro. Un corredor como él, aunque solo sea por potencial, siempre tiene alguna puerta abierta y, en este caso, fue la de Euskaltel, un equipo puntero en aquellos tiempos. Era una incertidumbre lo que podía pasar con 'AitorMinator', qué corredor se vería, si el exuberante que había brillado en el Kelme o la versión vulgar que se había visto en Italia. Llegó la vuelta a Suiza, un certamen duro, de una semana, con la mejor competencia. Y ahí volvió González. De nuevo poderoso, ganando etapas y la general final. De nuevo la excitación por un corredor de clase, tremendo contrarrelojista y potente en el resto de trazados. Decía haber superado sus lesiones, comentaba que le habían hecho unas calzas nuevas, a medida, que le subsanaron un problema de pedaleo provocado por tener una pierna más larga que otra. El equipo vasco, a pesar de todo, decidió no apostar por él en el Tour. Se quedó en casa.

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Aitor González en la etapa que le dio La Vuelta 2002 (Reuters)

'Animal Pak', el principio del fin

Sí corrió la Vuelta, en la que duró pocos días. El problema llegó después. Un control antidopaje detectó el metabolito de un anabolizante y la UCI corrió a sancionarle. Aitor González comenzó en ese momento una lucha legal para demostrar que él estaba limpio, que todo había sido una equivocación. El producto que había consumido, y que le había llevado al positivo, era un complemento nutricional muy potente llamado 'Animal Pak', frecuente en los gimnasios y del que no se conocía plenamente su composición. El ciclista afirmaba que había consumido una dosis contaminada del mismo y empezó un proceso judicial para demostrar su inocencia. Solo le sirvió para dejarse más de 120.000 euros en estudios que buscaban probar su inocencia. La UCI, que en aquellos días empezaba a estar preocupada por el dopaje, y por la imagen que había dado del ciclismo el mismo, fue taxativa y no le recortó ni un día de la sanción.

En septiembre de 2007, cuando la sanción fue definitiva, Aitor González se convirtió en un exciclista. Su carrera no había dado los réditos suficientes para no tener preocupaciones de futuro y él mismo nunca había mostrado mucho orden en su vida. El proceso de convertirse de estrella en juguete roto es común en el deporte, igual incluso más en el ciclismo. Desapareció de los medios y, cada vez que volvió a ellos, fue por los motivos erróneos, por conductas inapropiadas y problemas con la ley.

En el año 2007 un juzgado alicantino -él reside en San Vicente del Raspeig- le condenaba por una infracción grave del código de circulación. Había sido detenido por poner en riesgo la seguridad víal y en el control posterior dio positivo tanto en alcoholemia como en sustancias estupefacientes, cocaína, concretamente.

No tardó mucho en volver a vérselas con la Justicia, pues en enero del año 2008, solo unos meses después del fin de su carrera deportiva, volvió a ser detenido en Elche. En este caso salió absuelto, aunque las acusaciones ya no eran por un delito de seguridad víal sino por conflictos más graves. Se le señalaba por una agresión al gerente y un empleado en un asunto relacionado con una deuda. Se presentó, según testimonios de la época, con tres sicarios en el lugar del crimen para reclamar una deuda. Malas compañías, un latiguillo que siempre estuvo asociado a Aitor González desde que dejó la bicicleta en el garaje.

Los problemas no se marcharon de la vida de González, el exciclista, y en 2011 fue, una vez más, detenido. En este caso por una estafa bancaria. Dos hombres de León se hicieron pasar por una comunidad de vecinos que no existía y emitieron recibos por una cantidad de 1.500 euros. El banco vio el fraude y avisó a la policía, que cuando empezó a desentrañar la polémica se percató de que esos dos sospechosos tenían un complice en Alicante. El nombre no resultó nuevo a las fuerzas de seguridad, pues Aitor ya era casi un viejo conocido. Fueron a buscarle a casa y, al ver como entraban en el portal, el exciclista salió corriendo. En su casa encontraron documentos que le señalaban. Las cantidades de las que se hablan son siempre bajas, más asociadas al menudeo y los problemas acuciantes, no al gran robo. Vivir para sobrevivir.

Por todo ello, a pocos sorprendió ver una vez más el nombre de Aitor González en las páginas de Sucesos esta semana. Lleva una década entrando y saliendo, y en esta ocasión le señalan por haber intentando robar una tienda de móviles en Alicante. Está en libertad provisional con cargos, pero él niega cualquier relación con el hecho. Su explicación levanta sospechas: "Estaba de copas con unos amigos y un hombre que vestía igual que yo rompió el escaparate". El hombre que iba vestido como él salió corriendo, según la versión de González. Solo estaban ellos dos, aunque teóricamente se habían conocido esa misma noche. La explicación viene con un añadido rotundo que, de algún modo explica al personaje: "Tengo 41 años, estoy un poco mayor para empezar a hacer estas cosas". Añade que su vida había dado un cambio recientemente, que tiene proyectos ilusionanes. "Todo es falso", insiste González, aquel hombre que iba tan recto en la bicicleta como virado fuera de ella.

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