llegará a la 'corsa rosa' en plena forma

Dumoulin, el héroe inesperado de 2015 que quiere evitar el favoritismo en el Giro

Apenas se está hablando de él en este inicio de temporada. Va de nuevo de tapado, como en la Vuelta 2015, pero ya no es ninguna sorpresa que Dumoulin pueda estar entre los candidatos

Foto: La gran baza de Dumoulin será de nuevo la contrarreloj (EFE/EPA/Sebastien Nogier).
La gran baza de Dumoulin será de nuevo la contrarreloj (EFE/EPA/Sebastien Nogier).

Para el público general, cada cierto tiempo el ciclismo va regalando un nuevo ciclista al que merece la pena seguirle la pista. Cualquier aficionado a las dos ruedas sin motor tiene ganas de disfrutar de los Froome, Quintana, Contador, Nibali y compañía, pero hay pocas sensaciones más emocionantes que ver cómo un casi desconocido les planta cara a los corredores de más caché y de más obligaciones de triunfo. El 2015 primero nos dejó a un Mikel Landa deseoso de ganar el Giro que no le permitieron ni luchar en beneficio de su propio compañero. Y cuando la temporada moría, apareció un ciclista holandés especialista en contrarreloj que de repente estuvo a punto de llegar a Madrid vestido de rojo.

Tom Dumoulin conmovió al mundo del ciclismo al desafiar la lógica de la bici actual que dice que una gran vuelta por etapas está siempre destinada para los escaladores, para los corredores delgados, fibrosos y más bien tirando a pequeños. Un tío de casi 1'90 metros de altura y 71 kilos de peso recordó los tiempos en los que la especialización era cuestión menor en estas grandes carreras de tres semanas, rememoró a Induráin, un todocamino que podía romper a los más finos ciclistas versados en la montaña y destrozar a los que viven luchando contra el crono.

Aquella demostración en la Vuelta a España fue el inicio de una carrera que promete alegrías, pero su anonimato, si bien ya está perdido, puede resultarle aún beneficioso para afrontar otras importantes rondas sin la presión que sí sufrirán los que se han ganado más nombre que el chico de Maastricht. De hecho, a pesar de que tenía opciones serias de acudir al Tour de Francia, ha querido ir poco a poco y no echarse encima un peso que puede no ser capaz de asumir todavía. Estará en el Giro de Italia que empieza en apenas una semana, y eso sí, llevará el dorsal '1' del Giant-Alpecin.

"No veo la hora de empezar el Giro. Será mi estreno y con el comienzo en los Países Bajos es aún más especial. Me concentraré principalmente en las etapas contra el reloj, esas que se adaptan más a mis características. Esta temporada me voy a centrar más en las contrarreloj y en las generales de carreras de una semana", dijo hace apenas unos días el propio Dumoulin. Rechaza cualquier tipo de favoritismo, de responsabilidad extra más allá de ganar alguna etapa contra el crono. Y tampoco su equipo le pide más que eso.

Al final, nos acostumbramos a ver de rojo a Dumoulin (EFE/Javier Lizón).
Al final, nos acostumbramos a ver de rojo a Dumoulin (EFE/Javier Lizón).

Marc Reef, director del Giant-Alpecin para el Giro, dijo que su equipo era "fuerte" y que su objetivo no era otro que "subir al podio". Pero no al de Milán, al último de la temporada, sino al de las etapas. "Ya sea en las cronos con Dumoulin, o en las llegadas al sprint, muy probables en la primera semana del Giro", comentaba Reef con visible cautela. El Giant-Alpecin acumula ya tres temporadas en el máximo nivel, pero nunca se ha caracterizado por contar con corredores capaces de vestirse de rosa, amarillo o rojo en una gran vuelta. Es un equipo medio, sin un protagonista decisivo y que vive muy a menudo de la inspiración individual y las piernas de John Degenkolb.

El alemán era, precisamente, el líder del equipo en la pasada Vuelta a España. El primer día que Tom Dumoulin se vistió con el rojo de líder en Alcalá de Guadaira, se sintió decepcionado consigo mismo por no conseguir que su jefe de filas ganara aquella etapa. Ni se había enterado que había dejado cortado a Esteban Chaves (la otra gran sorpresa de la pasada Vuelta), que llegó como primero de la general a aquel día, y que le correspondía por tanto ir al podio a recoger su camiseta roja. Él estaba en el bus del equipo con un rebote de caballo, pero le llamaron para acudir a su cita como líder. Es una muestra de quién era Dumoulin cuando estuvo a punto de ganar una Vuelta. Un gregario, un hombre de equipo que se desvive por ayudar al que manda. 

Y aun si había asumido su papel de secundario, Dumoulin fue demostrando con el paso de las etapas que su rol estaba llamado a ser mucho más significativo. casi histórico, en realidad. No hubo una etapa de montaña en la que se quedara descolgado, salvo el último día, cuando los que saben subir le abandonaron como a un bidón lanzado a la carretera. Ocurrió al final lo que debía ocurrir, pero las sensaciones que dio el holandés, y las que está dando en el actual Tour de la Romandía, donde marcha segundo por detrás de Ion Izagirre, indican que tiene las condiciones más que necesarias para un día no demasiado lejano estar ahí, con los más grandes, peleando por lo más grande.

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