FUERZA Y POTENCIA, CLAVES EN LAS PRUEBAS DE PISTA

El quinto oro olímpico de Wiggins puede valer doce kilos más de peso

Wiggins usó su cuenta personal de Instagram para mostrar su cambio de peso: 12 kilos más desde mayo de 2014. El objetivo es alcanzar los 86-87 para ganar el que sería su quinto oro olímpico

Foto: Bradley Wiggins durante el Mundial de Ciclismo celebrado en Ponferrada (Efe).
Bradley Wiggins durante el Mundial de Ciclismo celebrado en Ponferrada (Efe).

Hay años que están marcados en rojo en el calendario de los deportistas y 2016 es uno de ellos. Este verano, Río de Janeiro acogerá los Juegos Olímpicos, una cita que se celebra cada cuatro años y para la que los deportistas se preparan a fondo. El 5 de agosto tendrá lugar la ceremonia de inauguración, es decir, faltan prácticamente siete meses para que el mayor evento polideportivo a nivel mundial escuche el pistoletazo de salida. Metido de lleno en su puesta a punto para lograr el que sería su quinto oro olimpico, Bradley Wiggins usó su cuenta personal de Instagram para mostrar el cambio de peso que ha experimentado: un aumento de 12 kilos desde mayo de 2014. Y todavía no ha alcanzado el peso óptimo para competir en el velódromo de Río.

¿Cómo ha llegado 'Wiggo' hasta ese punto? Para comprenderlo hay que viajar en el tiempo más allá del año en el que ganó el Tour de Francia. Concretamente, hay que ir hasta 2007. En aquel momento, Wiggins era una leyenda en el ciclismo en pista y quiso dar un paso más allá en su carrera pasándose al asfalto. Comenzó, entonces, una mutación que tenía como objetivo convertirse en el primer ciclista británico que conquistase Francia. A lo largo de cinco años experimentó una dura y necesaria pérdida de peso -por el camino se dejó hasta siete kilos- para conquistar la ronda gala. La gloria llegó en 2012 cuando llegó a estar por debajo de los 70 kilos teniendo en cuenta que Wiggins mide 190 centímetros.

 

 

El británico puso París a sus pies, pero detrás de esa victoria se encontraba un ciclista que había estado “un año pegado a la bicicleta y al hambre”, como él mismo confesó. 'Wiggo' no estaba dispuesto a repetir semejante esfuerzo y sacrificio tanto físico como mental. Se despidió del ciclismo en carretera en la París-Roubaix de 2015 y el peso en forma mínimo que aparece en la foto corresponde a su última victoria en una vuelta por etapas: el Tour de California (mayo de ese mismo año). Con Río de Janeiro en la mente, estaba preparado para dar inicio a un nueva transformación drástica en su físico cambiando tanto su preparación como su alimentación. ¿El fin? Lograr la potencia y la fuerza necesarias para colgarse el que puede ser su quinto oro olímpico, la medalla que le consagraría como uno de los atletas británicos más exitosos.

En busca de la explosividad

Sir Bradley está inmerso en un proceso con el que pretende adquirir toda la potencia y fuerza necesarias. Basadas ambas disciplinas en el sufrimiento -como todo en el mundo de las dos ruedas-, nada tiene que ver la preparación y el rendimiento que un ciclista necesita en carretera con lo que demanda una prueba en pista. Wiggins aspira a lograr la mayor velocidad punta para mantenerla durante el mayor tiempo posible teniendo en cuenta que las pruebas desarrolladas en el velódromo no son largas. En otras palabras, 'Wiggo' busca explosividad: sin variables, todos arrancan en igualdad de condiciones y deben aplicar la máxima fuerza posible en un corto periodo tiempo. En la pista se necesita fuerza-velocidad mientras que citas como el Tour requieren fuerza-resistencia, gastar lo menos posible para llegar al final con las baterías en mejor estado que el resto de corredores.

Wiggins batió en junio de 205 el récord de la hora (Efe)
Wiggins batió en junio de 205 el récord de la hora (Efe)

Los entrenamientos para conseguir tanto el mayor pico de velocidad y como el de vatios en ese breve espacio de tiempo no son más fáciles que los que desarrolla un ciclista cuyos objetivos están en la carretera. Quizás, la gran diferencia se base en que Wiggins pasa más tiempo (mucho más) en el gimnasio: el 70% del trabajo lo hacen las piernas, pero no hay que olvidar que el resto depende de brazos, espalda y pecho. ¿Afectan estos cambios tan bruscos de preparación y alimentación al cuerpo? No, teniendo en cuenta los rigurosos controles bajo los que trabajan. Probablemente, Sir Bradley acusó más el proceso de adelgazar que el de engordar: al tener que afinar todo lo posible sin que esto afecte a su fuerza-resistencia, el ciclista va perdiendo músculo y grasa y, en consecuencia, el organismo está más indefenso.

Así las cosas, las variaciones de peso en Sir Bradley no se antojan como algo extraño; son una de las claves que le han convertido en uno de los ciclistas capaces de ganar en cualquier terreno a base de clase y preparación. Y es que Wiggins pasó de ser el mejor 'pistard' a llevarse el Tour de Francia para luego batir el récord de la hora en 2015 sin olvidar los Juegos de Río. Para lograr su gran objetivo de 2016, lleva tiempo tanto trabajando en el velódromo como en el gimnasio. En la hoja de ruta de 'Wiggo' aparecen los 86-87 kilos como el peso ideal para afrontar la cita olímpica, no en vano con esos parámetros se colgó dos oros en Pekín: persecución olímpica y persecución individual. Posteriormente, también en 2008, se alzó con el campeonato del mundo en ambas categorías y en madison con Cavendish.

Wiggins, durante los Juegos de Pekín 2008 (Reuters)
Wiggins, durante los Juegos de Pekín 2008 (Reuters)

Objetivo: el quinto oro olímpico

Fuerza y potencia. Esto es lo que necesita Bradley Wiggins para repetir la hazaña en Brasil. El británico se maneja a la perfección en la pista, conoce perfectamente los mecanismos de persecución y domina tanto el control del tiempo como la técnica. A esta combinación le falta músculo y en ello está. 'Wiggo' tiene ante sí el reto de convertirse en un velocista híbrido y para ello -después de los Campeonatos de Europa en los que Gran Bretaña ganó un oro con él en el equipo-, se encerró en el Centro de Alto Rendimiento que la Federación Inglesa tiene en Manchester. Allí, además de trabajar en el velódromo, ganó peso trabajando en el gimnasio y cambió su alimentación, un pilar muy importante para aumentar kilos (el proceso contrario que experimentó en su preparación para ganar el Tour).

Wiggins no esconde que el ciclismo en pista es una disciplina que le encanta. La considera más fácil que el ciclismo en carretera porque tiene menos variables que éste; en décimas de segundo, todo está en juego y es ahí donde encuentra la motivación. La pista es algo que el británico puede medir puesto que con la potencia que muestra en una vuelta, logra un tiempo y sabe dónde puede llegar. De momento, en su meta particular figura, como mínimo, un nuevo oro en persecución individual. Si consigue colgarlo de su cuello, supondría el octavo metal olímpico de su palmarés personal en la que ya figuran un bronce, dos platas y cuatro oros sin olvidar las seis veces que ha sido campeón del mundo en pista o los títulos que coleccionó en las carreteras. Sin duda alguna, Bradley Wiggins es un campeón distinto.

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