El peso del dorsal '1' hunde a Nibali y convierte su Tour en un tormento
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vinokourov lo califica como una "catástrofe"

El peso del dorsal '1' hunde a Nibali y convierte su Tour en un tormento

Ya empezó torcida su defensa del título en la segunda etapa, cuando se cayó y empezó a perder tiempo. Y conforme pasaban los días se iba hundiendo algo más hasta el desastre del Soudet

placeholder Foto: El líder de Astana ha dicho adiós a repetir Tour (EFE).
El líder de Astana ha dicho adiós a repetir Tour (EFE).

Hay muchos deportistas que se enfundan una camiseta, un jersey, un gorro o cualquier otra indumentaria con un dorsal al azar, el que les ha caído. No le dan ninguna importancia a si les ha tocado el 24, el 8 o el 13. Otros son supersticiosos y esas últimas dos cifras no las quieren ver juntas en ese orden ni en los segunderos de los semáforos. Y luego hay otros que eligen un dorsal por gusto, por costumbre, o por necesidad, como Maradona, que necesitaba el10o no podía ni jugar el Mundial del 82. En algunos deportes, sobre todo los de carreras, el1tiene un valor especial, porque suele identificar al ganador del anterior campeonato y todos los competidores quieren lucirlo... Pero es un número que pesa mucho, como una losa de granito. Lo demuestra, sin ir más lejos, Nibali.

Desde hace un tiempo, la libertad de dorsales en motociclismo ha permitido a los campeones del mundo escoger otro dorsal que no sea el 1. Fue Rossi el primero que prefirió el46al 1y desde entonces le han seguido Stoner,Lorenzo y Márquez. Y la Fórmula 1 también se unió a esa extraña moda yliberólos dorsales. Lewis Hamilton decidió quedarse con su44y no poner el1sobre su Mercedes. Por ahora, el ciclismo está aguantando con la tradición y todo campeón de una carrera que vuelva en la siguiente edición llevará el primer dorsal.

Así, Nibali se vistió con el1desde la salida de la contrarreloj de Utrecht, pero ya desde la segunda etapa no pudo defender con dignidad ese número místico y tan complicado de llevar. Aquel día el vigente campeón de lagrande bouclese fue al suelo entre el viento y la lluvia camino de Zelanda y no volvió a levantarse de esa extraña jornada. No tenía la misma fuerza en las piernas, pero sobre todo le faltaban convicción en las piernas y le sobraban rivales de entidad. "El balance de la primera semana y los dos primeros días en los Pirineos sólo se define como una catástrofe", dijo el director de Astana, Alexander Vinokourov, que le habría comunicado que no cuenta con él cuando se acabe su contrato a final de 2016. Eso sí, además leobligaríaa acudir a la Vuelta a España después de su fracaso en el Tour.

Fue entonces, en 2014, en la etapa quinta del pavé, cuando Vincenzo Nibali se dejó cuesta abajo su primer Tour. Tan espectacular fue su potencia sobre las piedras que eliminó tanto a Froome, retirado por una caída, y Contador, lejísimos ya en la clasificación nada más empezar. Y precisamente en esa etapa casi repetida en 2015 cuando elsquallode Messina trató de reencontrarse con el Nibali que dejó boquiabierto al planeta ciclista hace justo un año. Lo que consiguió: el premio a la combatividad del dlía y cierta satisfacción personal.

Cuando la carrera se ha empinado un poco, no hablemos ya del momento de entrar en los Pirineos, Nibali se quedó sin aliento, sin fuerzas, "no daba más de mí", dejó claro. "No soy el mismo Nibali que hace un año. No podía respirar -dice, en referencia al desastre del Soudet que entronó a Froome-. No he encontrado el ritmo adecuado a la hora de pedalear. Es como si me hubiera quedado sin fuerzas. No conseguía ni seguir a mis compañeros de equipo. He intentado gestionar el esfuerzo, pero he tirado la toalla a los 4 kilómetros y he intentado ir subiendo de la manera más gradual posible".

El martes se despidió del Tour, porque no iba a remontar casi seis minutos a un Froome espectacular y porque si el británico tuviese algún problema, hay otros muchos por delante del siciliano. Lo que le surge a partir de la 11ª etapa de este miércoles es el miedo. Miedo a seguir sufriendo cada día de carrera, miedo a contestar las preguntas hirientes de los decepcionados periodistas italianos (no quiso pasar por la televisión después deVallée de Saint-Savin), miedo a convertir su defensa del Tour en un ridículo personal. Diez días encima de la bici le quedan a partir de ahora hasta llegar a París. En su mente está la respuesta a si merece la pena aguantar el martirio o entregar la toalla y empezar a pensar en otros objetivos.

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