La Camperona, una subida inédita donde la Vuelta subestima a la gravedad
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rampas de hasta el 28% en el tramo final

La Camperona, una subida inédita donde la Vuelta subestima a la gravedad

Un infierno final de tres kilómetros con una pendiente media del 15% y una sorprendente rampa del 28% espera a los ciclistas al inicio de la montaña asturiana

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La Vuelta a España incorpora otro gran puerto (EFE)

La Vuelta a España guarda cada año una as en la manga. Una carta con la que sorprender a los aficionados y desafiar la resistencia de los corredores. De esta manera la ronda española en los últimos años ha descubierto para el gran público subidas como las del Mirador de Ézaro o el Cuitu Negru entre otras. En esta edición no iba a ser menos y esta vez el planeta bici conocerá La Camperona, el alto donde se sitúa la meta de la décimocuarta etapa.

El trazado de hoy no es más que un entremés de lo que aguarda a los ciclistas en tres jornadas dantescas. De hecho, en el tríptico montañoso que debe ser decisivo en el desenlace de esta Vuelta se subiran 10 puertos de montaña y hasta 108 kilómetros de pendiente retando a la gravedad. Ascensiones míticas como Lagos de Covadonga (más de 12 km de subida con rampas de hasta el 17,5% de pendiente máxima), El Cordal, San Lorenzo o La Cobertoria (10 kilómetros de carretera empinada con una pendiente media del casi 9%). Otras con menos historia, pero no menos importantes en el recorrido de este año, como La Farrapona, San Glorio (21 km al 6% de desnivel medio) y La Colladona. Pero también subidas inéditas como la de La Camperona.

Situada en las montañas leonesas, La Camperona retará a la gravedad en unos tres kilómetros finales de infarto. Apenas un puñado de corredores han visitado sus rampas, ninguno de los que se van a jugar el jersey rojo de Santiago. "Lo único que sé de esta subida es de oídas y me dicen que es muy duro", admitía Alejandro Valverde. "No conozco nada de la subida. Sólo lo que he podido ver en el libro de ruta y parece que al final 'pica' mucho para arriba. Tendré que conocerlo sobre el terreno", admitía el actual líder Alberto Contador.

Se trata de una subida de ocho kilómetros bien diferenciada en dos sectores. El primero, más suave, de cinco mil metros bastante llevaderos y donde no se esperan movimientos entre los favoritos. Los tres kilómetros finales, sin embargo, son un infierno cuesta arriba. En ese tramo la pendiente media es del 15% y la rampa más sorprendente del 28%. Tan sólo el Mirador de Ézaro, con un muro del 29%, se le aproxima. Ni siquiera el Angliru, que tiene su máximo desnivel en el 23,5%, se le acerca. Un 'potro' de tortura constante, sin descanso. La media de esos tres kilómetros finales es del 16,1, 16,4 y 12,5%. Se verán muchos ciclistas retorciéndose sobre sus bicis para alcanzar la línea de meta.

Se le conoce como 'la cuestona', el 'hijo del Angliru'...

Su dureza es de ta calibre que en la zona se le conoce como 'la cuestona', el 'hijo del Angliru'... Referencias que solo de oídas ya asustan. Esos kilómetros finales que se han asfaltado para que los ciclistas puedan hollar su cima, esa que está repleta de antenas de telefonía, televisión y de radioaficionados porque hasta entonces nadie se asomaba por esos lares. De hecho, algunos corredores que sí quisieron conocer la subida antes de que hoy les sorprenda en el final de etapa, como Dani Navarro, el brillante ganador de ayer en el Parque Cabárceno, pero no pudo poner sus piernas a prueba. "Quería conocerla y me acerqué no hace mucho, pero dio la casualidad de que estaban asfaltando la parte final, la más dura, y solo pude ver un tramo en coche y no en bici", admitía el ciclista asturiano del Cofidis. Otro que sí se acercó fue Nairo Quintana, el colombiano que ayer abandonaba el hospital de Pamplona tras su intervención quirúrgica en el hombro para restaurar la escápula fracturada camino de San Miguel de Aralar, y que habrá dado los consejos pertinentes a Alejandro Valverde.

La conozcan o no, de lo que no cabe duda es que La Camperona -sobre todo sus kilómetros finales- no va a dejar indiferente a nadie, y en sus tortuosas rampas se espera un día de épica y drama. Un nuevo escenario que la Vuelta presenta al mundo y que como ocurrió en su día con el Mirador de Ézaro en breve se convertirá en lugar de culto para los cicloturistas que gustan de retar sus fuerzas como los héroes del pelotón que día a día se fajan por las carreteras de la piel de toro.

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