Juan Mari Guajardo, la voz de la Vuelta alcanza la mayoría de edad
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El ‘speaker’ navarro cubre su 18 ronda española

Juan Mari Guajardo, la voz de la Vuelta alcanza la mayoría de edad

Es el sonido del ciclismo en España y en esta Vuelta cumple 18 años de ‘speaker’ contando las andanzas del pelotón por toda la geografía de la piel de toro

Foto: Juan Mari Guajardo durante una de sus enérgicas presentaciones. (FOTO: Ramón Conejero)
Juan Mari Guajardo durante una de sus enérgicas presentaciones. (FOTO: Ramón Conejero)

Los acordes de su voz son inconfundibles. Es el sonido del ciclismo en España y en esta Vuelta cumple 18 años de ‘speaker’ contando las andanzas del pelotón por toda la geografía de la piel de toro. Se llama Juan Mari Guajardo, es de Alsasua (Navarra), mañana cumple 39 años, en cada etapa anima la línea de salida y las llegadas de la carrera, llega a pasar casi 200 días fuera de casa y es una de las personas más queridas en el mundillo del ciclismo. Esta es su historia.

“Hace 18 años, el día de mi cumpleaños, me llamaron desde la Vuelta para ofrecerme ser el ‘speaker’ de la carrera. No lo dudé y en la salida de Lisboa de 1997 me estrené. Ese día ganó Lars Michaelsen en el autódromo de Estoril”, cuenta emocionado Guajardo tirando de los datos que almacena el disco duro de su cabeza. “El último día que subió a un control de firmas estuve hablando con él y recordamos ese día de tan buen recuerdo para los dos”. Porque Juan Mari es la voz del ciclismo, pero también es amigo de los corredores, que en ocasiones le adelantan primicias por las que los periodistas luchamos días y días para poder publicar y que él, como buen amigo y confesor, guarda con celo hasta que salen a la luz. “Es emocionante que te llamen para contarte sus preocupaciones y sus alegrías”, confiesa el navarro.

El ciclismo es su trabajo, pero también su pasión. Un idilio que comenzó desde muy pequeño. “Mi padre fue periodista en los años 80. Él trabajaba en Reynolds, pero colaboraba con medios de comunicación. Cubría mucho ciclismo y pelota. Yo le acompañaba y le ayudaba. Le escribía cómo iba la carrera, recogía a los invitados para que fueran entrevistados… Y siendo un chaval me llevó al Tour de Francia. Entonces me enamoré de este deporte” señala Guajardo, que con el paso de los años fue preparándose para su futuro. “Me dijeron que pronto se iba a necesitar a alguien como ‘speaker’ y entonces comencé a prepararme”, prosigue. “Primero cubría carreras de categorías inferiores, pero me valían para ir cogiendo experiencia. Debuté como ‘speaker’ en el Gran Premio de Llodio y recuerdo que ganó José Rodríguez –el que años más tarde fuera presidente de la ACP y después prosiguiera su carrera como abogado de deportistas muy reconocidos-. Posteriormente me llamaron de la Vuelta y me preguntaron si me atrevía. Mi primer recuerdo es que estaba en una nube. Era todo enorme, como sonaba la megafonía, la dimensión que tenía la carrera, el gran número de gente que la seguía… Siguieron confiando en mí y yo empecé a hacer más carreras. Así hemos llegado hasta hoy, que en los tiempos que corren no está nada mal”, reconoce.

En tantos años, Juan Mari ha vivido momentos de mucha alegría y de tristeza. Su optimismo natural le hace quedarse con los buenos recuerdos, aunque reconoce la dureza de algunas situaciones. “Lo más duro es cuando tienes que hacer un minuto de silencio. A mí no se me puede quebrar la voz porque tengo que estar en primera línea. Hay momentos malos, pero me quedo con lo bueno, con las alegrías: cuando te regalan un maillot, que seas el elegido para hacer la despedida de algún corredor, como me pasó con Óscar Freire, que te den un abrazo cuando ganan porque les conoces desde junior, que los padres te saluden… Es un trabajo agradecido”, revela Guajardo, que en esta Vuelta a España, como es habitual, está acompañado por su hermana Mónica, otra de las voces de referencia del ciclismo en nuestro país y que también trabaja con la organización de la prueba.

La pasión de Guajardo por el ciclismo le ha llevado a vivir intensamente cada etapa en la que ha sido partícipe, pero Juan Mari recuerda una con especial afecto. “Todos los días son especiales, siempre hay algo con lo que quedarse: el día que ves a un corredor llorar de frustración, de alegría, de tristeza… Aquella ocasión en la que un ciclista se derrumbó extenuado por el cansancio antes de salir al podio, las bromas de gente como Pereiro, Gárate o Flecha entre otros, los nervios de los debutantes, auqella vez que Marcel Wust llegó con espuma de afeitar en la cara y no se había dado cuenta... Pero hay un día especial para mí y ese fue cuando la Vuelta a España arrancó desde Pamplona. Estaba en mi casa, con mi gente, ganó Movistar –el equipo de la tierra- y cuando entró en la plaza de toros de Pamplona Miguel Indurain arranqué a cantar junto a las 7.000 personas allí presentes el ‘¡Indurain Indurain!’ que coreábamos de pequeño. Ese día se me puso la piel de gallina”, confiesa.

Su privilegiada posición -por delante de él pasan cada día todos los corredores antes del inicio de cada etapa- le ha permitido ser testigo de momentos especiales. “Los días de montaña, cuando la carrera se puede decidir, se nota la tensión en la cara de los ciclistas. Yo intento rebajar algo la presión, pero hasta la gente más dicharachera en algunos casos te piden no hablar”, reconoce Juan Mari, que en su día consiguió sacarle algunas palabras al mismísimo Lance Armstrong. “Cuando regresó a la competición, en la Vuelta a Castilla y León no quiso hablar, pero a la siguiente oportunidad que lo tuve delante, en la Vuelta a Murcia, logré que se dirigiera al público”, recuerda orgulloso.

Su amabilidad y su forma de ser han calado entre los ciclistas, que le guardan especial afecto. Una complicidad que es recíproca por su parte. “Para mí todos los ciclistas son especiales. Cuando empecé en este trabajo me dijeron que me centrará en los importantes, pero para mí todos tienen el mismo valor”, cuenta sin tapujos. Sin embargo, hay un corredor que sí le ha llegado un poco más al corazón: Miguel Indurain. “Es una persona entrañable, tranquila, accesible para todos… Con lo que ha sido y es su figura es especial”, admite al tiempo que se lanza a contar una anécdota de la que guarda especial cariño. “Recuerdo que cuando Miguel corrió su primer Tour de Francia mi padre estaba cubriendo la carrera y siempre que lo veía le preguntaba: ‘¿Cuándo vas a ganar el Tour?’ Y Miguel respondía siempre con una sonrisa en la boca: ‘No voy a ganar el Tour’. Así que hicieron un pacto y mi padre le dijo que cuando subiera a lo más alto del podio de París le tendría que regalar un maillot amarillo firmado. Hoy es uno de los trofeos más queridos que hay en casa”, revela con un brillo especial en los ojos por lo emotivo de la anécdota.

El trabajo de ‘speaker’ va más allá de las horas que se pasa micrófono en mano animando al público en la línea de salida o llegada. “Detrás hay mucho esfuerzo y mucho estudio. Tengo un cuaderno escrito a mano con los logros y detalles personales de cada corredor. Ahora te los podría recitar de memoria, me basta con ver su cara para saber que han ganado, con quien han corrido, si han tenido alguna lesión grave… Ese trabajo no se ve, pero es necesario para mi día a día”, admite la voz de la Vuelta. Una voz que es la encargada de animar al público en cualquier situación: haga frío, llueva o el calor atenace a los presentes, como ocurrió en los primeros días de esta Vuelta a España. “Hay veces que basta con saludar para que el público empiece a animar, otras en las que hay que pinchar un poco y buscar su complicidad. Por ejemplo, en los últimos años lo habitual es que se coree más, pero se aplauda menos porque nadie quiere soltar el móvil y dejar de hacer fotos o grabar vídeos. Pero como en todas las profesiones hay días más fáciles y otros más complicados”, expone.

Durante 18 años, la voz de la Vuelta ha recorrido los rincones de la piel de toro repartiendo ánimo y buen rollo entre ciclistas, público y organizadores, siendo testigo de anécdotas y confidente de primicias. Su Vuelta, sin embargo, no acaba aquí, aún le queda cuerda para rato y seguirá siendo el sonido del ciclismo en nuestro país por muchos años más.

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