EN EL CLUB DE GANADORES DE LAS TRES 'GRANDES'

Vincenzo Nibali, el 'Tiburón' de Messina que subía al Etna remolcado con una cuerda

Vincenzo Nibali (Messina, 1984) entrará hoy en el selecto club de los ganadores de las tres grandes vueltas por etapas, un logro al alcance de muy pocos

Foto: Vincenzo Nibali ha entrado en la historia al ganar las tres grandes vueltas por etapas.
Vincenzo Nibali ha entrado en la historia al ganar las tres grandes vueltas por etapas.

Vincenzo Nibali (Messina, 1984) entrará hoy en el selecto club de los ganadores de las tres grandes vueltas por etapas. Un logro que está al alcance de muy pocos y un privilegio que se ha ganado el italiano con todo merecimiento. Se dirá que este Tour ha sido el de las ausencias de Froome o Contador, pero las caídas también forman parte de este deporte. Nibali las ha esquivado mejor que sus rivales y se ha mostrado como un verdadero campeón ganando cuatro etapas, llevando el amarillo durante 19 jornadas y aventajando en casi ocho minutos al segundo clasificado, Peraud.

El ciclismo italiano por fin ha encontrado a un digno sucesor de Gimondi o Pantani -último ciclista transalpino en ganar el Tour de Francia-. Esos grandes nombres con los que el 'Tiburón' ha tenido que lidiar mientras maduraba como ciclista. “No es fácil crecer con esa presión”, ha reconocido siempre Nibali. Sin embargo, los logros del brillante ganador del Tour de Francia están a la altura de las grandes leyendas del ciclismo, no solo italiano sino mundial -al margen de sus tres victorias, Vincenzo ha subido al podio otras cuatro veces más en sólo cinco años-. Su hambre de triunfos es tal que en Italia muchos le cambian su apodo de 'Tiburón' por el de 'Canibali'.

Nibali es siciliano, de Messina, un lugar donde las Piaggio, los balones de fútbol, los carros de caballos y las leyendas de la mafia campan por sus calles dejando poco sitio a los ciclistas, que tienen que luchar contra el salvaje viento un día sí y otro también, además de contra la anarquía circulatoria característica de la isla. Sin embargo, la pasión de Vincenzo por el ciclismo ha sido más fuerte que todo eso. Cuando tenía siete años, su padre Salvatore restauró una vieja bici y la pintó de rojo para que su hijo diera rienda suelta a su instinto. Horas y horas se pasaba el pequeño Nibali dando vueltas a la papelería familiar espantando, incluso, a la fiel clientela. 

La falta de carreras que había -y hay- en la isla, empujó al italiano a probar con el fútbol y el campo a través, pero Vincenzo había nacido para ser ciclista, no futbolista o atleta y lucharía todo lo que hiciera falta para conseguirlo. Con diez años acompañaba a su padre, un ciclista amateur, a las carreras y los domingos por la mañana se iba con su grupeta de entrenamiento a subir el Etna. Todos eran mayores que Nibali y cubrían una ruta muy dura para un pequeño de su edad, así que en las rampas del gigante volcán le amarraban una cuerda a su bici y subía remolcado hasta la cima.

FOTO: http://vincenzonibali.it.
FOTO: http://vincenzonibali.it.

A la hora de bajar, sin embargo, los problemas los tenían los mayores si querían seguir al intrépido joven -hoy en día Nibali es uno de los mejores bajadores de todo el pelotón-. Un día, su padre ante los riesgos que corría Vincenzo en los descensos, le dijo que era un temerario y que a partir de entonces montaría siempre con casco. Así, con disciplina, fue creciendo el pequeño Nibali. De hecho, cuando se portaba mal, el castigo que le imponían era quitarle la bici. Una vez su padre llegó a romper el cuadro rojo que había restaurado hacía unos años delante de él para que escarmentara, después de que Vincenzo se peleara con un compañero de la escuela.

Hasta los 14 años no pudo disputar su primera carrera. Fue segundo porque no sabía que la meta estaba justo después de una curva, pero dejó a todos impresionados. Unas maneras que fue refrendando en pruebas posteriores y que pronto llamó la atención de los cazatalentos. Sin embargo, para cumplir su sueño de ser ciclista, Nibali tuvo que emigrar a la Toscana con sólo 16 años. Allí, en Mastromarco, fue acogido por los Franceschi, cuyo cabeza de familia -Carlo- se convirtió en su primer director.

La bici se le daba bien y ganaba carreras. Por aquel entonces el joven Vincenzo protagonizaba una férrea rivalidad con Giovanni Visconti -el ahora ciclista del Movistar, también siciliano-, con quien se disputaba muchas victorias. El duelo de ambos era tan fuerte que había veces que perdían carreras con tal de que el otro no ganase. Ya se empezaba a vislumbrar el fuerte carácter del 'Tiburón', que empezó los estudios de derecho, pero que pronto tuvo que abandonarlos ante la exigencia de los entrenamientos. 

A profesionales guiado para ser un campeón

El salto a profesionales lo dio con el Fassa Bortolo de Giancarlo Ferretti en 2005. Esa temporada ya pudo conocer las grandes carreras como el Giro, la Amstel Gold Race… Pero lo hizo como espectador. Su director, sabedor de que tenía ante sí a un futuro campeón, le quiso enseñar los ‘toros’ desde la barrera. Su paso por Liquigas fue el que le consagró. Conoció las grandes vueltas, el fracaso y los éxitos. Fue gregario y fue líder, pero las desavenencias con sus directores le llevaron a 'volar' al Astana para ser el 'gran capo' sin discusión. Sin embargo, en la escuadra kazaka también ha chocado con la autoridad, esta vez con el mandamás del equipo, Alexander Vinokourov, llegando éste a reprocharle por carta su bajo rendimiento hasta el mes de mayo. El desencuentro entre ambos es tan fuerte que incluso se rumorea que si las aguas no vuelven a su cauce el italiano podría cambiar de aires a final de esta temporada

Pero antes de decidir dónde continuar su exitosa carrera, Nibali tiene que disfrutar de esta brillante victoria en el Tour de Francia. Un triunfo con el que soñaba desde niño, desde que se subió por primera vez a esa bici roja que su padre reparó, y con el que fantaseaba en muchas cenas con sus compañeros de equipo, donde a veces enunciaba en voz alta los pensamientos que se le pasaban por su cabeza. Éstos solían ser de victorias épicas, como la que logró en las Tres Cimas de Lavaredo el pasado año sepultado por la nieve para sentenciar su victoria en el Giro de Italia o el triunfo logrado en la cima de Hautacam atacando a diez kilómetros de meta y portando el jersey de líder hace pocos días. Y de conquistas de leyenda, como su Vuelta a España, su Giro de Italia o su Tour de Francia en el escaso margen de cinco años. Unos sueños que no han acabado porque Nibali hoy entra en la historia del ciclismo, pero aún tiene cuerda para rato, como la cuerda con la que subía al Etna con sólo diez años.

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